Historia
de Maruja
Hoy, 30 de marzo, Día del Servicio
Doméstico, no viene mal contar la breve historia de una trabajadora de uno de
los oficios más ninguneados del mundo.
Maruja no tenía edad.
De sus años de antes, nada decía. De sus
años de después, nada esperaba.
No era linda, ni fea, ni más o menos.
Caminaba arrastrando los pies, empuñando el
plumero, o la escoba, o el cucharón.
Despierta, hundía la cabeza entre los
hombros.
Dormida, hundía la cabeza entre las
rodillas.
Cuando le hablaban, miraba el suelo, como
quien cuenta hormigas.
Había trabajado en casas ajenas desde que
tenía memoria.
Nunca había salido de la ciudad de Lima.
Mucho trajinó, de casa en casa, y en
ninguna se hallaba. Por fin, encontró un lugar donde fue tratada como si fuera
persona.
A los pocos días, se fue.
Se estaba encariñando.
Eduardo
Galeano
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