miércoles, 19 de mayo de 2010

Arthur Rimbaud (1854 - 1891)



Arthur Rimbaud fue un contemporáneo insoportable. Le conocí. Comía vorazmente y no tenía modales en la mesa. Guardaba un silencio desdeñoso durante horas, y después vomitaba con volubilidad injurias e invectivas. No era nada divertido.
Edmond Lepelletier








Desde la llegada de Rimbaud (mi marido) empezó a vestir de una forma muy descuidada; se había vuelto a poner bufandas espantosas y sombreros blandos; pasaba a veces una semana sin cambiarse de ropa interior y sin hacerse limpiar los zapatos; pero aquel día, después de haber pasado la noche completamente vestido, estaba especialmente sucio y desaliñado. Fue, sin embargo, con este atuendo con el que aquella misma noche acudió al Théâtre-Francais para ver la primera representación de L’Abandonnée, una obra de Francois Coppée. Allí, entre los fracs negros y las corbatas blancas de sus compañeros, al lado de los elegantes trajes escotados de las mujeres, Verlaine, vestido del modo que he descrito anteriormente – botas embarradas, chaqueta arrugada y sombrero blando- acompañado de su amigo Rimbaud, se paseó por la antesala.
Huelga decir que su compañero no iba más elegante que él. Rimbaud era por aquel entonces terriblemente sucio. Cuando abandonó la casa y entré en la habitación que él había ocupado, me sorprendió ver pasear por encima de la almohada unos animalitos que yo veía por primera vez: eran piojos. Cuando se lo dije a mi marido, soltó una carcajada y me contó que a Rimbaud le gustaba tener ese tipo de insectos en su cabellera para tirárselos a los curas con los que se encontraba.
Mathilde Mauté








Mis últimas palabras aquí no pueden ser otras que éstas: Rimbaud fue un poeta que murió joven (a los dieciocho años, pues, nacido en Charleville el 20 de octubre de 1854, no conocemos versos suyos posteriores a 1872), pero virgen de toda vulgaridad o decadencia; fue un hombre que también murió joven (a los treinta y siete años, en el hospital de la Concepción de Marsella), pero fiel a su deseo perfectamente formulado de independencia y a su absoluto desprecio por cualquier compromiso con todo aquello que no le gustara hacer o ser.
Paul Verlaine


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