sábado, 8 de mayo de 2010

Fogwill / Tienes un e-mail


Rodolfo Enrique Fogwill (y 3)

Ahora, mi idea era simplemente conseguir la novela para leerla mis amigas y yo. Pero cuando abrí mi casilla de mail y me encontré con la novela, me puse loca. Corrí a un teléfono y lo llamé totalmente histérica al divino de Juan Diego, y le dije: loco, tenemos una bomba para la revista, tengo adentro de un comprimido adjunto, titulado “Sarlitas Putitas”, el archivo word con la última novela de Fogwill, entera, ¿qué hacemos?
Estuvimos discutiendo largo y tendido, y decidimos que era canalla guardarnos la novela para leerla nosotras solas.
Claro que estaba el tema de los “derechos” del libro.
Fogwill en el mail era claro, los contratos le chupan un huevo, y aparte, la novela ya la había vendido, cobrado y reventado la guita. Además, le hacíamos circular una novela que a la editorial le importa nada que se lea en Argentina –o en cualquier otro país del tercer mundo donde no es rentable publicar cierta literatura.Pero estaba también el tema de los “derechos para todo el mundo” de la novela que “compró” Mondadori. ¿Qué hacer frente a esto? Si respetábamos los derechos de Mondadori violábamos los nuestros —los de la revista y sus lectores— y viceversa. ¿Qué hacer?, nos preguntábamos, como el camarada Lenin. Entonces, ahí, recordamos las palabras, una y mil veces repetidas, de nuestro maestro David Viñas: si los libros no se pueden comprar hay que robarlos, los libros son de quien los quiere leer y no de quien lucra con ellos. Y me acuerdo que después, David, nos dio cátedra de cómo hacer en una librería para robar libros —los de él inclusive, claro.
Así es que decidimos publicar la novela íntegramente y al que no le guste, como dicen los españoles, que vayan a tomar por culo.
No quiero ni tengo ganas de explicar quién es Fogwill o qué lugar ocupa dentro del sistema literario argentino. Pero sí quiero anotar algunas observaciones personales.
Fogwill es junto a Laiseca, Fontanarrosa, Leónidas Lamborghini, uno de cada diez libros de Aira, Rivera, Saer, Asís, y tres o cuatro más, la literatura argentina actual.
Fogwill es el único escritor que ha logrado que me tuviera que hacer tres pajas en una sola noche leyendo alguna de sus páginas de La experiencia sensible, y otras tantas pajas más leyendo Vivir afuera o el cuento “Luz mala”.
Fogwill, como David Viñas, es para mí el chongo de las letras. Claro que entre Quique y David hay diferencias, de estilo, del decir, del hacer, pero no en cuanto a la incomodidad que genera el lugar que eligieron ocupar, y mucho menos, en cuanto a esa sensación indeleble y penetrante, que no encuentro otro forma de describir que diciendo que ambos sudan olor a hombre. O para decirlo sin eufemismos, sus presencias sudan un exquisito olor a pija.

2 comentarios:

  1. Cuando crees que ya lo has leído todo lo bueno que se ha escrito o que te parece que nada puede sorprenderte siempre hay alguien que va más allá. Tengo pendientes sus cuentos completos. Yo dije que no sé de donde voy a sacar el tiempo para leer todo. Al menos hago boca con lo que has colgado.
    Salut
    PD: Gracias por tu gentileza al comentar en mi blog.

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  2. Hola micromios, es un placer comentar contigo, aquí y allí. Un saludo

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