martes, 11 de mayo de 2010

Omar Hefling / Gato traicionero



Mucha gente sospecha que los gatos son irremediablemente traicioneros. Los que sospechan tienen razón, con conocimiento de causa puedo asegurar que es así.Te miran lastimosamente, con tus caricias recomponen rápidamente al ser gatuno y luego, a la primera de cambio, te engañan; se van sin culpa alguna con cualquier gata o mujer.Te hunden en la soledad.Son animales perversos, pero uno no puede dejar de quererlos. Es así.Son bellos, ariscos y tiernos, y diría que en la mayoría de los casos, seducen a las mujeres con relativa felicidad. Mi gato, por ejemplo, lo hizo con Luen en menos tiempo que un abrir y cerrar de ojos.



Lo recogí en la calle. Era un esqueleto apestoso que no podía mantenerse sobre las cuatro patas. Lo hallé maullando entre unas bolsas de basura. Me jodió. Me miró a los ojos y maulló como Billy Holliday. No podía dejar un blues en la calle. No podía dejar otra vez sangrando a la negra, sangrando hasta que la muerte la chupara como por un embudo. No podía dejar un blues, no podía dejar a un gato negro, negro como un presentimiento.En ese tiempo vivía solo; Luen llegó después con el arribo del otoño.La noche que halle a Fatha hacía un calor insoportable. Lo bauticé así porque lo primero que hizo fue treparse al piano de la tía Francisca y no sé porqué razón algún acorde me hizo acordar a Earl “Fatha” Hines. Llené un plato con leche hasta colmar los ojos de Fatha. Parecía feliz asomando, hacía uno y otro lado del hocico, furibundos lengüetazos. Esa misma noche, creo, nos hicimos muy compinches.Los gatos suelen ser como los buenos amigos, no se eclipsan con un plato de comida. Recuerdo que le conté, ¿por qué no habría de contárselo?, que estaba solo como una ostra.Lo comprendió rápidamente, lo noté rápidamente, lo noté en sus ojos sin fondo. Me miró como un filibustero. Tal vez porque los filibusteros duermen con la tristeza de los demás, como los gatos.Hablamos largo y tendido sobre las baldosas.¿Gato de dónde viniste?Y Fatha se encogía de bigotes.¿Gato conocés todos los artículos públicos?Y, Fatha maullaba con toda el alma.¿Gato, reconocerías el corazón de Billy Holliday , entre todos los corazones pisoteados?Y, Fatha centellaba el lomo negro en la oscuridad.Así, como dos viejos amigos pasamos la noche. Me demostró su habilidad al poner al borde del nocaut a una intrépida cucaracha con dos zarpazos al estilo Sugar Leonard.Le aclaré sin embargo, que aquí las cucarachas no se mataban. Solo se las espantaban. Esa noche Fatha ganó los aljarafes.De gato a gato éramos de la misma calaña. Le curaba las heridas con un blues y Fatha levantaba el lomo hasta hacer estornudar a las estrellas.



En el otoño llegó Luen.Arribó de pronto desacomodando el cielo como un planeador amarillo. Con una marea de ternura, nos redujo a los dos a sus encantos. Fatha, más que nunca y como nunca interpretaba a Hines en el piano de la tía Francisca. Para ese entonces el corazón de Luen ya le pertenecía.Fatha interpretaba trémulos compases. Era implacable y contundente. Luego, Luen lo acariciaba, Luen le festejaba los bigotes.Cuando Luen decidió abandonar el país porque prácticamente el aire la asfixiaba, Fatha desapareció con ella consumando la traición.De Luen he recibido algunas cartas, está muy feliz, y creo que ya no volverá. De Fatha, en cambio, sólo oigo algunos aullidos por la noches. O bien anda detrás del corazón de Billy Holliday o bien perdido de amor por las terrazas.


Omar Hefling de Las baladas del corazón rojo.

3 comentarios:

  1. En casa de mi abuela siempre tuvimos gato. Iba y venía a su antojo. Le hicimos una gatera para no tener que levantarnos por la noche si quería salir. Yo le tenía miedo a la gatera, pensaba que por allí se nos colaría algún monstruo y me pasaba horas ideando como taparla con cartones y tela. Cuando lo conseguía volvía el gato y me quitaba el tan bien elaborado plan.
    Ahora tengo una perra, que no necesita gatera. Lástima porque ahora ya no le temo a los monstruos.
    Salut

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  2. Los gatos en la literatura son como las manzanas en la pintura, omnipresentes. Este cuento lo encontré casualmente, no me parece gran cosa pero es la coartada para el xilograbado que lo ilustra. Lo tenía desde hace tiempo esperando su oportunidad.
    Un saludo

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  3. Pues efectivamente la ilustración por si misma merecía estar en el blog, aunque no hubiera tenido un cuento al lado.

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