miércoles, 23 de junio de 2010

Kafka no siente las piernas


En una noche, sin interrupciones, Kafka escribe “La condena”.
En su Diario, 25 de septiembre de 1912, lo narra con precisión extrema.


“Esta historia, “La condena”, la he escrito de un tirón, durante la noche del 22 al 23, entre las diez de la noche y las seis de la mañana. Casi no podía sacar de debajo del escritorio mis piernas, que se me habían quedado dormidas de estar tanto tiempo sentado. La terrible tensión y la alegría a medida que la historia iba desarrollándose delante de mí, a medida que me iba abriendo paso por sus aguas. Varias veces durante la noche he soportado mi propio peso sobre mis espaldas. Cómo puede uno atreverse a todo, cómo está preparado para todas, las más extrañas ocurrencias, un gran fuego en el que mueren y resucitan. Cómo empezó a azulear delante de la ventana. Pasó un carro. Dos hombres cruzaron el puente. La última vez que miré el reloj eran las dos. En el momento en que la criada atravesó por primera vez la entrada escribí la última frase. Apagar la lámpara, claridad del día. Ligeros dolores cardíacos. El cansancio que aparece a la mitad de la noche. Mi tembloroso entrar en el cuarto de mis hermanas. Lectura. Antes, desperezarme delante de la criada y decir: “He estado escribiendo hasta ahora.” El aspecto de la cama sin tocar, como si la hubiesen traído en ese momento.”

Le gustó especialmente la perfección del último párrafo:

“En aquel momento atravesaba el puente un tráfico realmente interminable.”

( “Una frase perfecta” le dirá años más tarde a Milena.)

2 comentarios:

  1. Me ha gustado leer este fragmento del diario de Kafka. Qué debe sentir un autor viendo como su obra va toma vida y crece ante sus ojos.
    El cansancio y el desgaste de esta especie de parto valieron la pena.
    Hermoso último párrafo
    Salut

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  2. Luis, una maravilla de texto, que me recuerda, por lo que cuenta, por la descripción de esa esa escritura febril, el "nacimiento" de Alberto Caeiro en Pessoa. Como escribió en una carta a Casais Monteiro el propio Pessoa:

    "Año y medio, o dos años después, me acordé un día de gastarle una broma a Sá-Carneiro -de inventar un poeta bucólico, de especie complicada, y presentarlo, ya no me acuerdo cómo, en cierta especie de realidad. Tardé unos días en elaborar al poeta pero nada conseguí. Un día en que finalmente había renunciado -fue el 8 de marzo de 1914- me acerqué a una cómoda alta, y, tomando un papel, empecé a escribir, de pie, como escribo siempre que puedo. Y escribí treinta y tantos poemas de un tirón, en una especie de éxtasis cuya naturaleza no conseguiré definir. Fue el día triunfal de mi vida, y nunca podré tener otro así. Abrí con un título, El Guardador de Rebaños. Y lo que siguió fue la aparición de alguien en mí, a quien di de inmediato el nombre de Alberto Caeiro. Perdóneme lo absurdo de la frase: había aparecido en mí mi maestro. Fue ésa la sensación inmediata que tuve."


    Un saludo

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