miércoles, 14 de julio de 2010

Flann O'Brien / (2)


“¿Qué es el alcohol? Todas las autoridades de la medicina nos dicen que es un doble veneno: un veneno irritante y narcótico. Como irritante, excita el cerebro, acelera la actividad del corazón, produce embriaguez y ocasiona la degeneración de los tejidos. Como narcótico, afecta principalmente al sistema nervioso; embota la sensibilidad del cerebro, la espina dorsal y los nervios; e ingerido en cuantía suficiente sobrecarga el trabajo de varios órganos, en particular los pulmones. Estos, así sobrecargados, degeneran y es por eso por lo que tantos ebrios padecen de una forma especial de tuberculosis llamada tisis alcohólica. Cuántos y cuántos casos hay de ella, desgraciadamente, en nuestros hospitales, donde las desdichadas víctimas aguardan la llegada lenta pero segura de la muerte. Es un hecho irrefutablemente demostrado que el alcohol no solo no da fuerza sino que la quita. Relaja los músculos o instrumentos del movimiento, cuyo poder disminuye en consecuencia. Esta depresión muscular va a menudo seguida de una parálisis completa del cuerpo, por haber trastornado la bebida el sistema nervioso en su totalidad, el cual, por causa de dicho trastorno, deja el cuerpo como un barco sin cabos ni velas, como algo inamovible o ingobernable. El alcohol puede que tenga aplicaciones en el mundo de la medicina, al que debería relegarse; pero es un amo terrible y despiadado cuando un hombre se convierte en su víctima y se halla en ese estado patético en que toda la fuerza de voluntad ha desaparecido y pasa a ser un imbécil perdido, torturado a veces por el remordimiento y la desesperación. (…)
Por otra parte, hombres jóvenes de mi conocimiento directo que tenían por costumbre colocarse ellos mismos bajo la influencia del alcohol habíanme sorprendido muchas veces con la relación de sus extrañas aventuras. El alcohol puede trastornar la mente, cavilaba yo, pero quizás esta pueda quedar placenteramente trastornada. Juzgué que la experiencia personal era el único medio satisfactorio de aclarar mis dudas. Consciente de que era la primera vez que tomaba cerveza, acaricié el pie de la jarra antes de alzarla. Y me sometí alegremente a la interrogación interior.”


Flann O’Brien (En Nadar-Dos-Pájaros)

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