lunes, 26 de julio de 2010

Flann O'Brien


“Pero, ¿quién de nosotros puede pretender tantear con dedo indagador los confusos pensamientos que revolotean dentro de la cabeza de un loco? Un individuo puede llegar a pensar que tiene el trasero de cristal y tener miedo a sentarse por si se le rompe. Y puede ser por lo demás un hombre de gran vigor intelectual, capaz de acompañarnos en una excursión mental por los laberintos de las matemáticas y la filosofía, siempre que se le permita permanecer de pie durante tales disquisiciones. Otro individuo puede ser perfectamente cortés y bien educado pero no girará bajo ninguna circunstancia más que a la derecha y llegará al extremo de comprar una bicicleta construida de modo que no pueda girar más que en esa dirección. A otros pueden obsesionarles los colores y atribuir méritos indebidos a artículos que son rojos o verdes o blancos solo por ser de ese color. Otros reaccionan y se dejan influir por la textura de una tela o por la redondez o angulosidad de un objeto. Sin embargo, los números son responsables de una gran proporción de humanidad desequilibrada y doliente. Hay individuos capaces de recorrer las calles buscando automóviles con números divisibles por siete. Bien conocido es, por desgracia, el caso de aquel pobre alemán que estaba muy encariñado con el tres y que convirtió todos los aspectos de su vida en cuestión de tríadas. Una noche volvió a su casa y se tomó tres tazas de té con tres cucharadas de azúcar cada una y se cortó la yugular tres veces con una navaja barbera y garrapateó con una mano agónica sobre una foto de su esposa adiós, adiós, adiós.”

Flann O’Brien (En Nadar-Dos-Pájaros)

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