martes, 13 de julio de 2010

Joseph Brodsky / Poemas


En una cafeteríaBajo un olmo frondoso que cuchichea
convirtiendo esta cafetería en cualquier lugar,
-como cualquier árbol, sea olmo o abedul-
puesto que el verdor nos sobrevivirá a todos,

yo, vale decir nadie –o un hombre cualquiera-
una pincelada medio seca de una pintura viva,
que pinta el Tiempo untando el pincel en la realidad
debido a que probablemente carece de mejor paleta.

Estoy sentado hojeando el diario,
pensando ¿cuál habrá sido el modelo
con que se pintó todo esto?
¿qué quietud sin nombre, sin dirección?
¿qué forma de inexistencia repetimos nosotros,
el olmo y yo, en esta tarde de verano?




A mi hijaDame otra vida y seguiré cantando
en el café Raffaela. Y me quedaré ahí sentado
o parado como un mueble en un rincón
si esta vida nueva es menos generosa que aquella.

Así y todo, en parte porque desde ahora ningún siglo podrá
arreglárselas sin jazz ni cafeína, soportaré este sufrimiento
y a través de mis huecos y mis grietas, de todo el polvo
y los barnices, te observaré, en veinte años, en tu florecida flor.
Recuerda que, en general, seguiré existiendo. O más bien
que un objeto inanimado podría ser tu padre,
en especial si los objetos son más viejos o grandes que tú,
así que míralos atentamente, porque sin duda te juzgarán.

Ama esas cosas, te tropieces o no con ellas.
Además, quizá todavía recuerdes una silueta, un contorno,
cuando yo haya perdido hasta eso, junto con el resto del equipaje.
Así, estos versos, algo acartonados, en nuestra lengua en común.

Joseph Brodsky

No hay comentarios:

Publicar un comentario