martes, 13 de julio de 2010

Mark Strand / Poemas


Lo que queda


Me vacío de los nombres de los otros. Vacío mis bolsillos.
Vacío mis zapatos y los dejo al lado del camino.
Cuando se hace de noche atraso los relojes.
Abro el álbum de fotos familiares y me miro de chico.
¿De qué sirve? Las horas hicieron su trabajo.
Digo mi propio nombre. Me despido.
A las palabras se las lleva el viento, volando una tras otra.
Yo amo a mi mujer, pero quisiera que se fuera lejos.

Mis padres se levantan de sus tronos, y suben
a las lácteas estancias de las nubes. ¿Cómo voy a cantar?
El tiempo me revela lo que soy, y cambio y soy el mismo.
Me vacío de mi vida y aún me queda mi vida.


Cuando las vacaciones se hayan terminado de una vez


Va a ser extraño darnos cuenta al fin
de que esto no podía continuar para siempre,
la voz confiada que nos repetía una y otra vez
que nada iba a cambiar,

y recordar, también,
puesto que para entonces todo habrá terminado,
lo que teníamos, la forma en que perdíamos el tiempo
como si no quedara otra cosa que hacer,

cuando, en un fogonazo, cambió el clima
y el aire altivo se volvió de pronto
insoportablemente denso, soplaba un viento mudo,
y las ciudades parecían de ceniza,

y saber, además,
lo que no sospechábamos, que era algo parecido al verano más augusto,
excepto que las noches eran más templadas,
y que las nubes daban la impresión de brillar,

y aun así,
porque no habremos cambiado demasiado,
preguntarnos qué habrá de ocurrir con las cosas,
y quién va a quedar para hacer todo de nuevo,

e intentar de algún modo,
aunque aún no podamos, descubrir
qué fue lo que salió tan mal, o la razón
de que estemos muriéndonos.

La buena vida


Estás parado junto a la ventana.
Afuera hay una nube de vidrio que parece un corazón.
Los suspiros del viento son como cuevas entre tus palabras.
Eres el fantasma en ese árbol de afuera.

La calle está en silencio.
El tiempo, de la misma manera en que el mañana y que tu vida,
parcialmente está aquí, parcialmente en el aire.
No puedes hacer nada.

La buena vida llega sin aviso:
erosiona los climas de la desesperación
y se presenta, a pie, de incógnito, sin ofrecerte nada,
y tú estás ahí.


Mark Strand

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