martes, 20 de julio de 2010

Thomas Bernhard / Los maestros antiguos





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"Si contemplamos un cuadro bastante tiempo, aunque sea el más serio, tenemos que caricaturizarlo, dijo, para soportarlo, y así tenemos también que convertir a nuestros padres en caricaturas, a nuestros superiores, si los tenemos, en caricaturas, al mundo entero en caricatura, dijo. Mire usted bastante tiempo un autorretrato de Rembrandt, cualquiera, y se le convertirá a la larga, con toda seguridad, en caricatura, y se apartará de él. Mire usted bastante tiempo el rostro de su padre, y se le convertirá en caricatura y se apartará de él. Lea a Kant con insistencia y con más insistencia aún y de pronto le dará un ataque de risa, dijo. Al fin y al cabo, todo original es ya en realidad, en sí, una falsificación, dijo, ya comprende lo que quiero decir. Naturalmente, hay fenómenos en el mundo, en la naturaleza, como usted quiera, que no podemos ridiculizar, pero en el arte se puede ridiculizar todo, todo hombre puede ser ridiculizado y convertido en caricatura si queremos, si lo necesitamos, dijo. Eso, si estamos en condiciones de ridiculizar, no siempre estamos en condiciones, y entonces se nos lleva la desesperación y luego el diablo, dijo.


Da igual qué obra de arte, puede ser ridiculizada, dijo, que se le presenta a uno como grande y, en un instante, uno la ridiculiza, lo mismo que también a un ser humano, al que hay que ridiculizar porque no se puede hacer otra cosa. Pero la mayoría de los seres humanos son realmente ridículos, dijo Reger, y uno se ahorra el ridiculizarlos y la caricatura. La mayoría de los seres humanos, sin embargo, son incapaces de caricaturizar, lo contemplan todo hasta el final con una terrible seriedad, dijo, y no se les ocurre la idea de hacer una caricatura, dijo."

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