martes, 24 de agosto de 2010

Alice Munro


“Donald era dermatólogo, y yo estaba haciendo mi tesis sobre Mary Shelly, pero no muy de prisa. Conocí a Donald cuando fui a su consulta porque tenía un sarpullido en el cuello. Tenía ocho años más que yo; era un hombre alto, con pecas, que se sonrojaba fácilmente, más inteligente de lo que parecía a primera vista. Un dermatólogo ve aflicción y desesperación, aunque los problemas que llevan a la gente a su consulta no pertenezcan a la misma categoría que los tumores o las arterias atascadas. Ve el sabotaje interior, y la auténtica mala suerte. Ve que asuntos como el amor y la felicidad pueden depender de un montoncito de células sulfuradas.”

Alice Munro (La virgen albanesa)

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