martes, 31 de agosto de 2010

Kurt Vonnegut / Barbazul


“Después de la guerra, cuando le comenté a Terry Kitchen algo sobre mis tres horas de sexo ideal con Marilee, y de cómo me hicieron sentir maravillosamente a la deriva en el cosmos, él me dijo esto:
-Estabas experimentando una anti-epifanía.-¿Una qué?
-Es un concepto de mi propia invención –me explicó. Eso fue cuándo él todavía era un parlanchín y no un pintor..
(…)
-Lo malo de Dios no es que se deje ver con tan poca frecuencia –continuó-. Lo malo de Dios es precisamente lo contrario: nos tiene a ti y a mí y a todos agarrados por el cogote casi constantemente.Me dijo que acababa de pasar la tarde en el Museo Metropolitano de Arte, donde había muchos cuadros que representaban a Dios dando órdenes, a Adán y Eva y a la Virgen María, y a varios santos en agonía, etcétera.
-Esos momentos son muy extraños, de creer a los pintores. Pero ¿quién ha sido alguna vez tan mentecato como para creer a un pintor? –me dijo, y pidió otro whisky doble, seguro de que yo lo pagaría-. Esos momentos suelen llamarse epifanías, y te digo yo que son tan frecuentes como las moscas domésticas –me aseguró.
-Entiendo –le dije. Creo que Pollock estaba allí, escuchando todo esto, aunque a él y a Kitchen y a mí todavía no se nos conocía como Los tres Mosqueteros. El era un verdadero pintor, y por eso casi no hablaba. Cuando Terry Kitchen se convirtió en un verdadero pintor, también él dejó de hablar, prácticamente.
-¿Maravillosamente a la deriva en el cosmos, dices? –me dijo Kitchen-. Es una descripción perfecta de una anti-epifanía, esos momentos rarísimos en que Dios Todopoderoso te suelta el cogote y te deja ser humano durante un rato. ¿Cuánto duró la sensación?
-Oh, quizá media hora –le contesté.
Y se reclinó en la silla y dijo con honda satisfacción:
-Ahí lo tienes.
(…)
En aquellos tiempos, en Manhattan los estudios eran baratísimos. ¡Un artista podía, en efecto, permitirse el lujo de vivir en Nueva York! ¿Os imagináis?
Cuando alquilamos el estudio, le dije:
-Si mi mujer se entera de esto, me mata.
-Dale siete epifanías a la semana –me recomendó Terry- y estará tan agradecida que te dejará hacer lo que quieras.
-Es más fácil decirlo que hacerlo."

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