martes, 31 de agosto de 2010

Kurt Vonnegut / Barbazul


“De todas las formas de herirme –continuó Gregory con aquel acento británico suyo-, no podríais haber elegido otra más cruel. Te he tratado como a un hijo – me dijo a mí-, y a ti como a una hija –le dijo a Marilee-, y así me lo agradecéis. Y lo más insultante no es que hayáis entrado ahí. No, no es eso. ¡Es lo felices que estabais cuando salíais! ¿Qué otra cosa podía ser esa felicidad sino una burla de mí y de todas las personas que alguna vez han intentado manejar un pincel?
(…)
-¡Fuera! –gritó-. ¡La basura, al cubo con ella!
¡Qué acción más surrealista estaba a punto de hacer el maestro realista! ¡Iba a instalarse en un velero de veinticinco metros en dique seco! ¡Tendría que subir y bajar por una escalera, tendría que usar el teléfono y el lavabo del astillero!
(…)
¡Todo lo relacionado con Dan Gregory, salvo sus cuadros, tenía menos conexiones con la realidad y el sentido común que el más radical arte moderno!(…)
Total, que Marilee y yo nos volvimos del Museo de Arte Moderno a casa con la cabeza gacha, como si nos hubieran dado unos azotes. A veces nos reíamos, también, nos abrazábamos y no parábamos de reír. Y durante todo el trayecto nos metíamos mano mutuamente y nos gustábamos muchísimo.”

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