miércoles, 11 de agosto de 2010

Philip Roth sobre Kafka



1990. En noviembre, mientras un marginado y ex presidiario, Václav Havel, hablaba a los manifestantes que en aquel momento ocupaban Praga y cuya acción daría lugar al nacimiento de la nueva Checoslovaquia, yo estaba dando un cursillo sobre Kafka en un college de Nueva York. Los alumnos leyeron El castillo, la tediosa e infructífera lucha de K. para conseguir que le sea reconocida la condición de topógrafo por el poderoso e inaccesible dormilón a cuyo cargo esta la burocracia del castillo, el tal señor Klamm. Cuando apareció en el New York Times una foto en que se veía a Havel tendiéndole la mano, de lado a lado de una mesa de conferencias, al antiguo primer ministro del régimen, se la enseñé a mis alumnos. “Bueno”, les dije: “K. por fin consigue reunirse con Klamm.” A los estudiantes les encantó que Havel tomara la decisión de presentarse a las elecciones: así entraba K. en el castillo nada menos que como sucesor del jefe de Klamm.La clarividencia irónica quizá no sea el mas notable atributo de la obra de Kafka, pero nunca deja de sorprendernos cuando pensamos en ella. Kafka es todo menos una mente fantasiosa creando un sueño o pesadilla, en cuanto pudiera ser lo contrario de una mente realista. Su narrativa insiste, una y otra vez, en un punto: que aquello que se nos antoja una alucinación inimaginable, una paradoja imposible de superar, es precisamente lo que constituye la realidad de cada cual.


En obras como La metamorfosis, El proceso y El castillo, nos traza la crónica de como alguien es educado para aceptar—más bien demasiado tarde, en el caso del acusado Joseph K.—que lo que parece fuera de lugar y ridículo e increíble, muy por debajo de la dignidad y de los intereses de una persona, es de hecho lo que esta sucediéndole a uno: esto que se sitúa por debajo de mi dignidad resulta ser mi destino.“No era un sueño”, escribe Kafka, poco después de que Gregor Samsa despierte al descubrimiento de que ya no es un buen hijo que ayuda a su familia, sino una asquerosa alimaña. El sueño, según Kafka, es un mundo de probabilidad, de proporción, de estabilidad y orden, de causa y efecto: lo que a él le parece absurdamente fantástico es un mundo fiable, hecho de dignidad y de justicia. Cuanto le habría divertido a Kafka la indignación de esos soñadores que nos dicen a diario: “¡No he venido a este mundo a que me insulten!” En el mundo de Kafka, y no únicamente en el mundo de Kafka, la vida solo empieza a tener sentido cuando nos damos cuenta de que para eso precisamente es para lo que estamos aquí.”


De Philip Roth, El oficio: un escritor, sus colegas y sus obras.

2 comentarios:

  1. Hola Luis:

    Interesante la reflexión de Roth, aunque la extensión de su lectura se queda en conclusiones un poco fáciles.
    Dos observaciones. Por una parte, deja a K. sustituyendo a Klam, sin duda muy ingenioso el recurso, pero se olvida que lo kafkiano es lo que permanece en el sistema y resiste a todas las críticas. Se olvida que al K. "Václav Havel" -del cual hay para hablar un rato- lo ha vuelto a suceder Klam, un tal Václav Klaus, un personaje de extremísima derecha -elegido en demokratísimas elecciones-, del cual se puede consultar en la Red su amplia biografía ya que fue presidente de la UE en el primer semestre de 2009.

    Pero por otra parte,Philip Roth,se olvida que la dinámica de El Proceso o de La metamorfosis la tiene en la dinámica del sistema judicial y penal de EE.UU.

    Omar Khadr, hijo de un dirigente de Al Kaeda, entró en Guántanamo con 15 años, a los 16 en un vídeo que publicó una televisión canadiense, pedía la muerte para dejar de sufrir. Hoy he vuelto a ver el vídeo en el Telenoticies del mediodía de TV3. Hoy, 11-8-2010 ha comenzado un juicio con un tribunal militar de los que está prohibido y penado "dibujar el rostro de ninguno de ellos". Nada de lo que se le acusa a Omar tiene valor jurídico, sólo una gran voluntad de revancha. En Omar no sólo confluye el protagonista de El Proceso, también lo han reducido a insecto: Omar es un Gregorio Samsa al que la "familia de la civilización occidental y cristiana" ha reducido a insecto. Omar tiene 23 años y se somete a un juicio por el que se le piden 6 kafkianas cadenas perpetuas.
    Es inútil, siempre necesitarán El Castillo, El Proceso y la Metamorfosis, siempre necesitarán Guantánamo y Obama lo sabe, por eso no lo cierra.

    nos leemos,
    salut,
    hugo

    ResponderEliminar
  2. Hola Hugo:
    Como siempre muy interesante tu comentario.
    Sobre el chiste "ingenioso" de Roth a sus alumnos del college de Nueva York, es cierto que es un poco oportunista situando a su amigo de oficio Havel en el lugar de K. Pero, pienso yo, que quienes realmente reconstruyeron (allí) y consolidaron "una realidad kafkiana" y en todo el area sovietica fueron toda esa calaña de burócratas stalinistas que no solo redujeron a la categoría de insectos a todos los que no pensaban como ellos si no que los eliminaron físicamente, resolviendo de una manera muy poco dialéctica las contradicciones en el seno del pueblo. Un hipotético Lenin II con 20 añitos en los años treinta en la Unión Sovietica y en los años cincuenta en la Europa del Este se hubiese podrido en cualquier mazmorra o campo de concentración o simplemente hubiese sido fusilado por contrarrevolucionario y algún funcionario habría citado un párrafo de las obras completas de Lenin I, para corroborar la justicia del procedimiento.

    Sinceramente pienso que las realidades Kafkianas existen desde el principio de los tiempos y como nos explicó Marx con el desarrollo de la lucha de clases, cada clase triunfante ha perfeccionado los instrumentos de poder, control y dominio sobre el resto de la sociedad, es decir, los sometidos, los insectos.
    Por eso mismo entiendo yo que el único objetivo revolucionario es la sociedad sin clases.
    Comparto completamente lo que dice Roth que dice Kafka:Su narrativa insiste, una y otra vez, en un punto: que aquello que se nos antoja una alucinación inimaginable, una paradoja imposible de superar, es precisamente lo que constituye la realidad de cada cual.
    No se tú Hugo, pero mi experiencia personal se refleja perfectamente en esas palabras.

    Un saludo

    ResponderEliminar