miércoles, 22 de septiembre de 2010

Coetzee sobre Beckett



“…es justo decir que Beckett no se sintió cómodo como escritor hasta que se pasó al francés.”

“(Se hacen visibles)…las líneas mayores del mundo beckettiano (…) así como los procedimientos mediante los cuales se generan sus ficciones. Es un mundo de espacios confinados o, en caso contrario, de terrenos yermos e inhóspitos, habitados por monologuistas antisociales y, desde luego, misántropos, incapaces de terminar sus monólogos, vagabundos de cuerpos enfermos y mentes que no los dejan dormir jamás, condenados a una rutina de purgatorio en la que repasan una y otra vez los grandes temas de la filosofía occidental…”


“…una criatura constituida por una voz sujeta, por razones desconocidas, a una especie de cuerpo encerrado en un espacio más o menos reminiscente del Infierno de Dante, es condenada durante un período de tiempo determinado a hablar, a tratar de encontrar sentido a las cosas. Es una situación que describe bien el termino de Heidegger Geworfenheit: ser arrojado sin explicación a una existencia gobernada por reglas incomprensibles.”



“Una carta de Beckett de 1983 capta bien el espíritu (…) y al mismo tiempo humorísticamente escéptico sobre lo que puede lograrse:
“La recta larga y torcida es difícil pero no carece de emoción. Cuando todavía era “joven” comencé a buscar consuelo en la idea de que entonces, si alguna vez, es decir, ahora, las palabras verdaderas por fin, de la mente en ruinas. Continúo aferrándome a esta ilusión”.





“…es justo considerar a Beckett un escritor filosófico, cuyas obras pueden leerse como una serie de ataques sostenidos y escépticos a Descartes y a la filosofía del sujeto fundada por Descartes. En sus sospechas sobre la axiomática cartesiana, Beckett se suma a Nietzsche y Heidegger, así como a su contemporáneo más joven Jacques Derrida. El interrogatorio satírico al que somete el “cogito” cartesiano (pienso, luego existo) es tan próximo en espíritu al plan de Derrida de dejar al descubierto las suposiciones metafísicas subyacentes al pensamiento occidental que deberíamos hablar, si no de una influencia directa de Beckett en Derrida, al menos de un sorprendente caso de vibración empática.”




“Después de empezar como un joyceano intranquilo y como un proustiano todavía más intranquilo, Beckett finalmente se decidió por la comedia filosófica como medio para su temperamento arrogante, escrupuloso, cargado de una angustia única y totalmente inseguro de sí mismo. En la mentalidad popular, su nombre se relaciona con el misterioso Godot que tal vez venga o tal vez no pero al que esperamos en cualquier caso, pasando el tiempo lo mejor que podamos. De este modo Beckett parece definir el estado de ánimo de una era.”




“Beckett era un artista poseído por una visión de la vida sin consuelo ni dignidad ni promesa de gracia, ante la cual nuestro único deber –inexplicable, imposible de lograr, pero un deber de todas maneras- es no mentirnos a nosotros mismos.”

J.M. Coetzee (Mecanismos internos)

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