miércoles, 8 de septiembre de 2010

Daniel Pennac


El derecho a hojear: yo hojeo, nosotros hojeamos, dejemos que hojeen, todos hemos necesitado el uso de este verbo para saber y conformar la visión de lo que vamos o no a leer y disfrutar, en el hojeo está el primer contacto de placer con la lectura.

El derecho a leer en voz alta: no creo que nadie haya no experimentado alguna vez la oportunidad de sentirse a si mismo leyendo un diálogo o una cita que nos embriaga de emoción, escucharnos participando con el autor en nuestra consigna preferida es uno de los placeres más reconfortantes y estimulantes de la lectura.
El derecho a callarnos: el hombre construye casas porque está vivo, pero escribe libros porque se sabe mortal, vive en grupos porque es gregario, pero lee porque se sabe solo…no necesitamos comentar ni analizar lo que leemos, más bien puede ser siempre, un acto de resistencia, una lectura bien llevada salva de todo, incluido de uno mismo, y por encima de todo, leemos contra la muerte.

Daniel Pennac

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