miércoles, 1 de septiembre de 2010

J.M. Coetzee / Italo Svevo



“Desde Sócrates hasta Freud, la filosofía ética occidental ha suscrito la máxima délfica “Conócete a ti mismo”. Pero ¿de qué sirve conocerse a uno mismo si, siguiendo el ejemplo de Schopenhauer, uno cree que la personalidad se funda en un sustrato de voluntad, y duda que esa voluntad quiera cambiar?Zeno Cosini, el protagonista de la tercera novela de Svevo y la obra maestra de su madurez, es un hombre de mediana edad, cómodamente casado, próspero, holgazán, que obtiene ingresos de la empresa fundada por su padre. Siguiendo un capricho, para ver si puede curarse de lo que sea que padece, inicia un tratamiento psicoanalítico. Como preámbulo, su terapeuta, el doctor S., le pide que apunte sus recuerdos a medida que se le ocurren. Zeno obedece y redacta cinco capítulos de la extensión de un cuento cuyos temas son: fumar, la muerte de su padre, su noviazgo, uno de sus romances, una de sus sociedades comerciales.



Desilusionado del doctor S., a quién encuentra obtuso y dogmático, Zeno deja de asistir a la consulta. Como compensación por los honorarios no percibidos, el doctor S., publica el manuscrito de Zeno. Y ese es el libro que tenemos ante nosotros: las memorias de Zeno más la historia de cómo se produjeron, “una autobiografía, pero no la mía”, según las palabras de Svevo en una carta a Montale
(…) Zeno es un fumador empedernido que quiere dejar de fumar, aunque no posee la fuerza de voluntad suficiente para llegar a hacerlo. No duda de que fumar le hace mal, anhela sentir aire fresco en los pulmones –las tres grandes escenas de muerte de Svevo, una en cada novela, están protagonizada por personas que jadean y luchan desesperadamente por respirar en el momento en que mueren-, pero se rebela contra la cura. Sabe, en un nivel instintivo, que abandonar los cigarrillos es concederles la victoria a personas como su esposa y el doctor S., quienes, con la mejor de las intenciones, quieren convertirlo en un ciudadano corriente y saludable, y por lo tanto, despojarlo de sus preciados poderes: el poder de pensar, el poder de escribir. Con un simbolismo tan tosco que hasta Zeno se ríe de él, el cigarrillo, la pluma y el falo se representan mutuamente. (…)



Decir que Zeno tiene una posición ambivalente sobre el acto de fumar y por lo tanto sobre la posibilidad de curarse de su indefinida enfermedad equivale apenas a raspar la superficie del escepticismo corrosivo y al mismo tiempo curiosamente alegre de Svevo sobre la posibilidad de mejorarnos a nosotros mismos. Zeno duda de las pretensiones terapéuticas del psicoanálisis así como duda del concepto mismo de curación; sin embargo, ¿quién se atrevería a decir que la paradoja que termina adoptando al final de su relato –que lo que llamamos enfermedad es parte de la condición humana, que la verdadera salud consiste en aceptar lo que uno es (A diferencia de otras enfermedades, la vida (…) no admite curación)- no invita en sí misma a una interrogación escéptica y zenoniana? (…)



Y, por cierto, desde un punto de vista más amplio, Zeno no es solo un cuestionamiento del psicoanálisis en forma de comedia, sino una exploración de las pasiones, incluyendo algunas más bajas como la codicia, la envidia y los celos, siguiendo la tradición de la novela europea, pasiones a las que el psicoanálisis aporta una guía muy parcial. La enfermedad de la que Zeno quiere y no quiere curarse es, finalmente, no menos que el MAL DU SIÈCLE de la propia Europa, una crisis de civilización para la que tanto la teoría freudiana y La coscienza di Zeno son respuestas”.

J. M. Coetzee (Mecanismos internos)

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