lunes, 13 de septiembre de 2010

La niña con gafas que no le temía a nada



Llevo cuarenta años viviendo en Madrid y vaya usted a saber por qué, nunca, hasta el pasado día 11 de septiembre –¡Chile en el corazón!-, había puesto los pies en la Residencia de Estudiantes, centro que este año celebra su primer centenario: fue fundado en 1910 como producto directo de las innovadoras ideas de la Institución Libre de Enseñanza (1876) de Giner de los Ríos.


Esta es la Residencia que sale en todos los libros y que ha pasado a la historia del arte y del pensamiento porque en ella coincidieron Dalí, Lorca, Buñuel, Pepin Bello... y también por ser el lugar donde dictaron sus conferencias: Einstein, Stravinski, Marie Curie, Le Corbusier, Paul Válery y un largo etcétera de intelectuales absolutamente mareante.

¿Y porqué encaminé mis pasos a la tan famosa Residencia de los niños de papás adinerados del primer tercio del siglo veinte?

(“...por si era eso lo que me faltaba“)

Y porque esa noche estaba anunciado un recital poético titulado “Jugar con la poesía“ en el que –entre otros- participaba una poeta malagueña a la que conozco (parte de su obra) desde hace poco –gracias a otra poeta, Ana Pérez Cañamares- a través de sus blogs, y que visito diariamente como el que va a la fuente.

Hay bloguer@s que dicen que prefieren no conocer cara a cara a los otros bloguer@s con los que comparten lectura y comentarios a través de la red. Hay quién opina todo lo contrario. Y están los “majetes“ que predican su amor a todo el mundo y de todas las maneras (y supongo que posturas) en cumplimiento estricto de su vocacional patología. Yo me callo. Me contradigo. Y me fui a escuchar.

Una estupenda noche de verano, cálida que no calurosa, en la que se permite a la gente tomar la calle por unas horas y acudir a los “eventos“ o simplemente pasear y curiosear. Nuestro acto se celebra en los jardines de la Residencia que han sido salpicados, por algún instalador, de luces de colores y de altavoces amatojados que susurran poemas. Unas cien sillas de tijera -con un ejemplar que contiene los poemas que serán recitados por sus autores, lo que en algunos casos se revelará completamente desacertado- se alinean en semicírculo en torno al pequeño escenario.

En su caso, su extraordinaria poesía resultó aún más fascinante escuchada de su propia voz, con su tono, con su “tempo“, con su acento malagueño.
Luego, hablamos de poetas, de Camus, de insomnios y sueños, de dolores, de los ojos marrones, de Vonnegut, de pintura... una noche inolvidable, para mi; “Vendrán noches y más noches. Pero nunca ésta“. La versión en carne y hueso de la bloguera ha resultado un excepcional hallazgo. En ocasiones conviene jugar y callarse y contradecirse.

Gracias Isabel.

ELOTRO

2 comentarios:

  1. y yo me pregunto:

    si un poema en la página de un libro
    es ver al poeta en 2d

    si asistir a una lectura
    es ver al poeta en 3d

    en qué dimensión toda tu generosidad aquí?
    en qué dimensión todo mi rojotomate agradecimiento aquí?

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  2. Parafraseando a K. te diré que el rojotomate esta oscilando de un lado a otro (entre málaga y madrid) como una ola. Así que te propongo hacer lo que el grifo de Duchamp: dejar de gotear cuando nadie lo escucha.

    Un beso.
    (en la dimensión que prefieras).

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