lunes, 6 de septiembre de 2010

Sobre Robert Walser

“El día de Navidad de 1956, la policía de la ciudad de Herisau, al este de Suiza, recibió una llamada: unos niños se habían tropezado con el cuerpo de un hombre muerto por congelación en un campo nevado. Cuando llegó a la escena, la policía primero tomó fotografías, luego retiró el cuerpo.


El difunto no tardó en ser identificado: era Robert Walser, de setenta y ocho años de edad, que había desaparecido de un hospital mental de la zona. (…)
Las fotografías de la policía mostraban a un anciano ataviado con un abrigo largo y botas, despatarrado sobre la nieve, los ojos totalmente abiertos, la mandíbula floja. Estas fotografías se han reproducido amplia (y desvergonzadamente) en la literatura crítica sobre Walser (…)



“Me pregunto –escribió Elías Canetti en 1973- si entre todos aquellos que construyen su ociosa, segura, rígida y regular vida académica sobre la de un escritor que había vivido en la angustia y la desesperación, hay alguno que se avergüence de sí mismo.”
Robert Walser nació en 1878 en el cantón de Berna, el séptimo de ocho hijos.(…) (En su juventud)…poseído por el sueño de convertirse en actor…huyó a Stuttgart. Una vez allí, se presentó a una audición, que terminó siendo un fracaso humillante: lo rechazaron por demasiado acartonado, demasiado inexpresivo. Abandonadas sus ambiciones escénicas, resolvió convertirse –“si Dios quiere”- en poeta.(…)
(En 1905 fue a Berlín). Como medida prudente, también se inscribió en un instituto de formación de sirvientes y durante un corto periodo trabajó como mayordomo en una casa de campo, donde llevaba librea y respondía al nombre de “monsieur Robert”. (…)

Su obra comenzó a aparecer en prestigiosas revistas literarias y él era bien recibido en círculos artísticos serios. Pero no le resultaba fácil acomodarse al papel de intelectual metropolitano. Después de unas copas, tendía a mostrarse grosero y agresivamente provinciano. Poco a poco fue alejándose de la sociedad para vivir de manera solitaria y frugal, pasando la mayor parte del tiempo en pequeñas habitaciones.(…)
Walser nunca fue un escritor abiertamente político. De todas maneras, su implicación emocional con la clase de la que provenía, la clase de los tenderos y los oficinistas y los maestros de escuela, era profunda. Berlín le ofrecía una clara oportunidad de huir de sus orígenes sociales, de desertar, como había hecho su hermano, a la intelligentsia cosmopolita y déclassé. Él intentó seguir por ese camino y fracasó o lo abandonó, y escogió, en cambio, regresar al abrazo de la provinciana Suiza. (…)
En 1931, Walser se marchó de Berlín y regresó a Suiza como “un autor ridiculizado y fallido” según sus propias, autodespreciativas palabras. (…)
Se trasladó de Biel a Berna, donde aceptó un empleo en los archivos nacionales; pero pocos meses más tarde fue despedido por insubordinación.

Cambiaba todo el tiempo de alojamiento. Bebía copiosamente; padecía insomnio, oía voces imaginarias, tenía pesadillas y ataques de pánico. Intentó suicidarse pero no lo logró porque, según su propia y conmovedora admisión, “ni siquiera pude hacer una horca correcta.”
Estaba claro que ya no podía vivir solo. Venía de una familia que era, según la terminología de la época, defectuosa: su madre había sido una depresiva crónica; uno de sus hermanos se había suicidado; otro había muerto en un psiquiátrico. (…)

¿Era Walser un gran escritor? Si uno, finalmente, titubea antes de llamarlo grande, comentó Canetti, es solo porque nada podría serle más ajeno que la grandeza. En uno de sus últimos poemas, Walser escribió:

“No le deseo a nadie ser yo.
Solo yo soy capaz de soportarme.
Saber tanto, haber visto tanto y
no decir nada, absolutamente nada.”

J. M. Coetzee (Mecanismos internos)

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