viernes, 10 de septiembre de 2010

Tim Robbins responde...



En aquella época, una suerte de fascismo posmoderno andaba al acecho. Era toda una ola amenazante. ¿Ha terminado ya?

Nunca acaba. Ustedes en España también lo saben. Mejor que en otros sitios.
Pero me interesa el fenómeno estadounidense.

Yo creo que en Estados Unidos ha funcionado durante años. No podemos olvidar que hubo empresas potentes de nuestro país que apoyaron a Hitler y a Mussolini, que les abastecían con acero, con fábricas a las que se prohibió bombardear por los aliados. Siempre estuvo ahí y lo volví a percibir de manera muy fuerte en los ochenta. Para mí, la primera guerra del Golfo fue un ensayo, una prueba para que ese nuevo fascismo en ciernes hiciera músculo. Además, en la etapa de Reagan supieron aprovechar bien corrientes artísticas que se apropiaron para parecer que se les apoyaba. Por ejemplo, cuando intentaban utilizar canciones de Springsteen como Born in the USA…

¿A qué edad corres ese riesgo, el de estar seguro de todo?

A cualquiera. A todas.
Más a los 10 que a los 50, me temo. ¿Y usted?

Yo no estoy seguro de nada nunca. Una de las cosas más grandes que aprendí de Robert Altman es que la humildad es una fuerza y que la honestidad también. Que no debes ser el puto amo. Una vez, cuando le pregunté una duda sobre mi personaje en El juego de Hollywood, me dijo: “Mira, no lo sé. No tengo ni idea”. Era un tío al que le consideraba una especie de mentor y nunca fingía saber lo que desconocía. Simplemente admitía sus dudas y te animaba a resolverlas con él.

Pero, insisto, seamos valientes para formularnos todas esas preguntas.
Me aparto de las etiquetas. Mi trabajo es contar historias y no preocuparme de cómo se perciben. En el oficio de contar historias me comporto como un ciudadano más, con el mismo derecho que tienen los panaderos, los pasteleros o los zapateros a expresar su opinión. Algunos quieren señalarme como si fuera un iracundo, un radical; repetirlo es darles una satisfacción. Es ridículo. Yo no soy así, y el propósito de todos aquellos que se empeñan en atacarme de ese modo no es aportar claridad, sino dividir, distraer. Hacerte creer que si expresas tus puntos de vista como yo suelo, te atacarán de la misma forma. Es una manera de amedrentar, de intimidar preventivamente. A mí me resulta una forma sutil de fascismo. Algo premeditado para que te calles, para que no opines.
Lo que digo es que para sentirse libre hay que poner en práctica la libertad, hay que perseguirla allá donde está y donde falta, constantemente. Apagar la tele. Yo no veo la tele. No leo los periódicos. No quiero sentirme atrapado en la rabia, en la impotencia constantemente. Ya me he cabreado bastante. No necesito sentir rabia contra un sistema que me frustra y me atormenta. No voy a verme enjaulado en un ambiente en el que mi hambre de indignación por las cosas que ocurren supere a mi gusto por disfrutar de la buena música, de bailar y celebrar la verdadera y positiva naturaleza del ser humano.

1 comentario:

  1. Robert Altman no me da como del tipo humilde, pero bueno...
    Y claro, no puedes estar cabreado y agobiado por las injusticias del mundo continuamente. En lo de la tele y los periódicos tiene mucha razón.
    De todas formas, es más fácil que Robbins pueda no verse enjaulado que no otra gente que sí, que disfrutará de sus pequeños ratos, pero que igual tiene encima las "pequeñas cargas" de la vida (además de las de la tele y la prensa) y se agobie más.
    Un saludo.

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