viernes, 15 de octubre de 2010

Eclipse / John Banville


“Me puse a soñar. Había una habitación, fresca, de suelos y paredes de mármol, como una villa romana, y a través de unas ventanas sin cristales se veía una empinada colina ocre y una hilera de árboles que hacían de centinelas. Había pocos muebles: un sofá adornado con volutas en los extremos y una mesa baja en la que había ungüentos en tarros de pórfido y frascos de cristal de colores, y en la otra punta un alto jarrón con una sola azucena inclinada.
En el sofá, de cuya superficie podía ver unos tres cuartos, una mujer estaba echada de espaldas, era joven, pecho abundante, una piel inverosímilmente pálida, los brazos desnudos estaban levantados y ocultaba la cara con abandono y vergüenza. Junto a ella estaba sentada una negra cubierta con un turbante, también desnuda, una figura inmensa con unos muslos lustrosos como melones y unos pechos duros, grandes y relucientes, y las palmas de las manos anchas y rosadas.
Los dedos corazón y pulgar de la mano derecha se hundían hasta el nudillo y la base del pulgar en los orificios del regazo que con tanta licencia ofrecía la mujer. Observé los flecos rosáceos de la vagina, exquisitos como las volutas de la oreja de un gato, y el tenso borde del ano, aceitoso y de color té. La esclava volvió la cabeza y me miró por encima del hombro con una amplía y desenvuelta sonrisa, y, en honor a mí, agitó sus dedos en el interior de la carne abierta de su señora, y la mujer se estremeció y emitió un maullido.
En el sueño súcubo mi cara formaba un rictus, y a medida que el sueño se apoderaba de mí, arqueaba la espalda y apretaba la nuca en el almohadón, y entonces me quedé quieto durante un instante muy prolongado, como un dictador muerto que yace en la capilla ardiente sobre un lecho de felpa.
Abrí los ojos y no sabía dónde me encontraba…”

John Banville (Eclipse)

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