miércoles, 20 de octubre de 2010

Nazim Hikmet


Tus manos y la mentira

Graves como las piedras,
tristes como canciones de presidio,
pesadas y macizas como bestias de carga,
tus manos se parecen
al rostro endurecido
de los niños hambrientos.

Ágiles, laboriosas como abejas,
pródigas como ubres desbordantes de leche,
intrépidas lo mismo que la naturaleza,
bajo su dura piel, tus manos guardan
la amistad y el afecto.
No está nuestro planeta sostenido
por los cuernos de un buey:
Tus manos lo sostienen...

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Los mantienen a fuerza de mentiras,
siendo que andan hambrientos,
faltos de carne y pan,
y dejan este mundo, al que cargan de frutos,
sin poder verlos en la mesa propia
ni siquiera una vez.

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Sobre todo los de Asia, los de África,
del medio Oriente, del Cercano Oriente,
los de las tantas islas del Pacífico
y los de mi país,
es decir, mucho más del setenta por ciento
de los hombres del mundo:
Están adormecidos, están viejos,
siendo listos y jóvenes como lo son sus manos...

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Ustedes, mis hermanos de América o Europa,
tan alertas y audaces,
a quienes, sin embargo, los aturden
lo mismo que a sus manos,
y les mienten,
y los hacen marchar...

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Si mienten las antenas de las radios,
si mienten las enormes rotativas,
si miente el libro y mienten los afiches,
si mienten los anuncios de los diarios,
si mienten las desnudas piernas de las muchachas
en el teatro y en el cine,
si hasta mienten las canciones de cuna,
si miente el sueño, si el pecado miente,
si miente el violinista de la boite,
si miente el plenilunio
en las noches sin ninguna esperanza,
si mienten la palabra,
el color y la voz,
si miente el que te explota,
el que explota tus manos,
si todo el mundo y todas, todas las cosas mienten,
a excepción de tus manos,
es para que tus manos siempre sean
dóciles como arcilla,
ciegas como la noche,
idiotas como el perro del pastor,
y para que jamás se subleven tus manos

Y para que no acabe jamás tanta injusticia
-Ideal del traficante-
Sobre este mundo nuestro,
este mundo mortal
Donde poder vivir
sería lo mejor.

Nazim Hikmet

2 comentarios:

  1. De este poeta turco sólo conocía
    I come and stand at every door
    que la cantó Pete Seeger
    y la tradujo al catalán Ramón Casajoana, he aquí una traducción al español

    El niño de Hiroshima

    Por todas partes os voy llamando,
    pero nadie me puede oír,
    y cuando os hablo no me veis,
    porque estoy muerto, porque estoy muerto.

    Tenía siete años cuando morí
    en Hiroshima, hace mucho tiempo.
    Todavía tengo esos siete años,
    cuando los niños mueren
    no crecen más.

    Todo mi cuerpo se quemó,
    con los ojos ciegos me deshice,
    todos mis huesos se hicieron polvo;
    después, el viento se lo llevó.

    No quiero dulces, no necesito el pan,
    no quiero arroz, frutas tampoco,
    yo no pido nada para mí
    porque estoy muerto, porque estoy muerto.

    Lo que os pido es que ahora luchéis,
    pero por la paz, pero por la paz,
    para que los niños de todo el mundo
    puedan crecer, vivir y jugar



    Salud

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  2. oh!
    adoro a hikmet

    lo tengo aquí, a mi lado
    enmarcadito debajo de beckett
    junto a giacometti

    usted siempre dando en el clavo
    oh!

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