martes, 5 de octubre de 2010

Precipicios (1)


Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.
Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho, voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…


“Hacia finales del año de 1612, en una fría mañana de diciembre, un joven cuyas ropas eran de muy humilde apariencia se paseaba ante la puerta de una casa situada en la calle de los Grandes Agustinos, en París. Después de caminar largo tiempo por esta calle, con la irresolución de un enamorado que no se atreve a presentarse en casa de su primera amante (por muy fácil que ella sea), terminó por franquear el umbral de esa puerta, y preguntó si el maestro François Porbús estaba en casa. Tras la respuesta afirmativa que le dio una anciana ocupada en barrer una sala baja, el joven subió lentamente los escalones, deteniéndose en cada uno, como un cortesano bisoño que no supiera cómo va a recibirlo el rey…”
Honoré de Balzac (La obra maestra desconocida)

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