jueves, 14 de octubre de 2010

Precipicios (5)

Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho, voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…



“PRIMEROS PASOS
Abril. El Museo. Un amigo

Dulces son de dormir las mañanitas de abril, dice el dicho. Dulces de vivir también, cuando la vida no aprieta demasiado. Cuando deja, por ejemplo, tres horas completas, para el goce del arte. Ejercicio mejor, y fruición, que el sueño y que la vida.
Madrid tiene abriles exquisitos (afirmaba Octavio de Roméu que Madrid era una villa de muchos cientos de abriles de edad) y un sin par Museo…Tantas veces he asociado yo entrambos elementos de felicidad, que ya suele tentarme la inclusión de un tercer elemento: la alegría de servir de cicerone a un amigo, para una visita así, en una mañana así.
El amigo ideal para el ensayo es joven, inteligente; posee un gusto instintivo y sólo atisbo de cuatro confusas generalidades en materia de arte. Conviene, además, que el doctrino no sea vanidoso: rara vez el vanidoso entiende; nunca, a media palabra…”

Eugenio d’Ors (Tres horas en el Museo del Prado)

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