lunes, 4 de octubre de 2010

Ricardo Reis / Odas


ODAS


IV


No consienten los dioses sino vida.
Todos pues rehusemos, que nos alce
a irrespirables cimas,
perennes mas sin flores.
La ciencia de aceptar tengamos sólo,
y mientras dé la sangre en nuestras sienes,
ni se arruga con nosotros
el mismo amor, duremos,
cual vidrios a las luces transparentes
y dejando escurrir la lluvia triste,
sólo tibios al sol caliente,
y reflejando un poco.


NO TENGAS nada en las manos
Ni un recuerdo en el alma,
Que cuando te pongan
en las manos el óbolo último,
al abrirte las manos
nada te caerá.
¿Qué trono quieren darte
que Átropos no te quite?
¿Qué laureles que no se mustien
en los arbitrios de Minos?
¿Qué horas que no te hagan
de la estatura de la sombra
qué serás cuando estés
en la noche y al final del camino?
Coge las flores pero suéltalas,
de las manos apenas las miraste.
Siéntate al sol. Abdica
y sé rey de ti mismo.


NO QUIERO recordar ni conocerme.
Estamos de más si miramos en quienes somos.
Ignorar que vivimos
cumple asaz la vida.
Tanto cuanto vivimos, vive la hora
en que vivimos, igualmente muerta
si pasa con nosotros
que con ella pasamos.
Si el saberlo no sirve saberlo
(pues sin poder ¿qué vale conocernos?)
mejor vida es la vida
que dura sin medirse.
¡Tan pronto pasa todo cuanto pasa!
¡Muere tan joven ante los dioses cuanto
muere! ¡Todo es tan poco!
Nada se sabe, todo se imagina.
Circúndate de rosas, ama, bebe
y calla. Lo demás es nada.

RICARDO REIS

1 comentario:

  1. Este Reis monárquico y epicureo es tan excelente poeta como camaleónico era Pessoa, el poeta atlántico que miraba los aterdeceres desde su escaño melancólico.

    Salud

    Francesc Cornadó

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