jueves, 28 de octubre de 2010

Salinger / Un día perfecto para el pez plátano






“-Dime, ¿has hablado con ese psiquiatra?
-Bueno…sí… más o menos…-dijo la chica.
-¿Qué dijo? ¿Dónde estaba Seymour cuando le hablaste?
-En la sala Océano, tocando el piano. Ha tocado el piano las dos noches que hemos pasado aquí.
-Bueno, ¿qué dijo?
-¡Oh, no mucho! Él fue el primero en hablar. Yo estaba sentada anoche a su lado, jugando al bingo, y me preguntó si el que tocaba el piano en la otra sala era mi marido. Le dije que sí, y me preguntó si Seymour había estado enfermo o algo por el estilo. Entonces yo le dije…
-¿Por qué te hizo esa pregunta?
-No sé, mamá. Tal vez porque lo vio tan pálido, y yo qué sé –dijo la chica-. La cuestión es que, después de jugar al bingo, él y su mujer me invitaron a tomar una copa. Y yo acepté. La mujer es espantosa. ¿Te acuerdas de aquel vestido de noche tan horrible que vimos en el escaparate de Bonwit? Aquel vestido que tú dijiste que para llevarlo había que tener un pequeño, pequeñísimo…
-¿El verde?
-Lo llevaba puesto. ¡Con unas cadenas…! Se pasó el rato preguntándome si Seymur era pariente de esa Suzanne Glass que tiene una tienda en la avenida Madison…la mercería…
-Pero ¿qué dijo él? El médico.
-Ah, sí…Bueno…en realidad, no dijo mucho. Sabes, estábamos en el bar. Había mucho barullo.
-Sí, pero… ¿le… le dijiste lo que trató de hacer con el sillón de la abuela?
-No, mamá. No entré en detalles –dijo la chica-. Seguramente podré hablar con él de nuevo. Se pasa todo el día en el bar.
¿No dijo si había alguna posibilidad de que pudiera ponerse…ya sabes, raro, o algo así…? ¿De que pudiera hacerte algo…?
-En realidad, no –dijo la chica-. Necesita conocer más detalles, mamá. Tienen que saber todo sobre la infancia de uno…todas esas cosas. Ya te digo, había tanto ruido que apenas podíamos hablar.
-En fin. ¿Y tu abrigo azul?
-Bien. Le subí un poco las hombreras.
-¿Cómo es la ropa este año?
-Terrible. Pero preciosa. Con lentejuelas por todos lados.
-¿Y tu habitación?
-Está bien. Pero nada más que eso. No pudimos conseguir la habitación que nos daban antes de la guerra –dijo la chica-. Este año la gente es espantosa. Tendrías que ver a los que se sientan al lado nuestro en el comedor. Parece que hubieran venido en un camión.
-Bueno, en todas partes es igual. ¿Y tu vestido de baile?
-Demasiado largo. Te dije que era demasiado largo.
-Muriel, te lo voy a preguntar una vez más…¿En serio va todo bien?...”

J.D. Salinger (Un día perfecto para el pez plátano.)

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