lunes, 22 de noviembre de 2010

El fracasado escolar / Daniel Pennac


Identifica usted al fracasado escolar con la palabra cancre...


Es una palabra específicamente francesa, difícil de traducir en ninguna otra lengua. Cuando me preguntan qué es un mal alumno me cuesta responder. Hoy nadie habla de cancres: simplemente se le califica de zoquete, o inútil. Un cero a la izquierda. Pero, etimológicamente, el cancre es el cangrejo, un animal que camina de lado, lentamente; la otra acepción se refiere al cáncer, la enfermedad del miedo y la vergüenza que le marca a uno de por vida. Ser un fracasado en la escuela es como un cáncer que no se cura, un proceso sometido a sucesivas recaídas. Una persona acomplejada. Yo me enfrento a ese niño que no comprende al profesor. Ese, que tras las primeras evaluaciones negativas, acaba confinado en la inhibición intelectual. En esa tristeza, que conozco tan bien, se incuba la personalidad del que huye, del perezoso, de aquel que no consigue nunca explicar lo que le ocurre. El cancre vive instalado en el estupor permanente, una situación que me interesa como profesor. Un objeto de análisis que se asemeja mucho al niño que yo fui y que nunca olvidaré. Niños que llevan la misma cicatriz que yo conservo: que sienten una profunda vergüenza cuando no consiguen dar con la respuesta correcta. Un malestar que me asalta en cualquier momento: puede ser en el transcurso de una cena, o cuando empiezo a escribir un libro. ¡Y la escuela no se interesa por ese problema, sino por lo sociocultural y lo lingüístico!
¡No olvido ni un instante que yo fui cancre! En la vida adulta se traduce en complejos: de inferioridad, pero también de superioridad. El complejo de superioridad es muy frecuente en Francia, casi una enfermedad nacional, tan peligrosa como el complejo de inferioridad.


(…)


La sociedad de consumo nos infantiliza a todos, no importa la edad. La mejor forma de ser adultos es revisar nuestra adicción al consumismo. El tiempo mental que dedicamos al consumo nos produce una preocupación gigantesca. Un tiempo que podríamos dedicar a nuestros hijos. Mientras tanto, ellos se han situado en esa misma lógica consumista y al final nadie se ocupa de nadie. No se trata de un discurso moralista, sino de una convicción personal.


Daniel Pennac

Fuente: Barcelona Metrópolis

1 comentario:

  1. Hoy mi hermana me ha mandado esto por mail:

    http://www.youtube.com/watch?v=nPB-41q97zg&feature=related

    Un saludo.

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