domingo, 14 de noviembre de 2010

E.M. Cioran / Los cuadernos...


* Mi estado habitual es incompatible con la discusión seria de un problema. Estoy demasiado febril y en exceso deprimido para ello. Un mínimum de objetividad, éso es todo lo que anhelo, sin conseguirlo.

* Todo lo que no me concierne directamente me aburre... Me resulta penoso hacer tamaña confesión, que tiene, en cambio, la excusa de parecer perfectamente natural a los ojos de un poeta o de cualquiera que persiga su propia salud.


* Es incisiva la idea de Spengler de que la autobiografía tiene sus orígenes en la “confesión” católica.¿Hay “confesiones” antes del cristianismo?


* Lo cierto es que la idea de indiferencia ha hecho en mí progresos tan increíbles que la tomo por un estado.

* No estás “muerto” cuando dejas de amar, sino de odiar. El odio conserva.


* Depresiones como las mías no son “normales” más que durante la adolescencia y en la extrema decrepitud.

* He pasado un par de horas maravillosas con una familia rusa. ¡Lo poco que han cambiado desde sus grandes novelas! Y cuán hermosa esa inadaptación. Por lo demás, la adaptación es señal de falta de carácter y de vacío interior.

* 22 de febrero... Hace un tiempo primaveral. Todo se deshace en mí, cada célula se abre, muy abierta. La primavera, recién cumplidos ya los cincuenta y tres, se dedica a cada momento a abrir todas mis heridas.

* Estoy mal dotado para la “lucha por la vida”. Y es que la “vida” no me interesa lo bastante como para luchar en su nombre.

* La depresión está ligada a todos los fenómenos importantes, y por tanto cotidianos de la vida…, a la digestión en primer lugar. Ya lo tengo dicho: todo lo que en nosotros hay de profundo hunde sus raíces en la fisiología.

* Me gusta contradecirme hasta la demencia; no, no se trata de una manía, sino de una fatalidad: algo que no puedo evitar.

* Mis ataques de angustia: no puedo escapar de ellos más que saliendo…, la calle como remedio. Quedándome entre cuatro paredes es imposible atajarlos.

* Ninguna crísis profunda carece de su trasfondo fisiológico y metafísico a la vez.

* Cada uno cree que sólo él persigue la verdad, y que los demás son incapaces de buscarla y no merecen encontrarla.


E.M. Cioran



Fuente: Los cuadernos de Emil Cioran

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