jueves, 11 de noviembre de 2010

Precipicios (11)

Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho, voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…



“PÓRTICO

Estaban terminando de encapuchar con terrones recién arrancados –todavía en la hierba las gotas de rocío matinal-, y cada pila de carbas y de tojo, bien cubierta, era una montañuela redonda y verde. Laertes levantaba doce cada temporada en aquel alivio cerca de la cumbre rocosa del Panerón, al abrigo del vendaval. El padre del buen carbón del monte es el viento del norte. Algunas pilas ardían ya lentamente, lanzando por el tiro una continua columna de humo negro. Todo el arte del carboneo en el monte consiste en el fogueo seguido y pausado de la pila, y en que no haya más humaza que la del hornillo; el carbonero, mientras el bóreas poderoso aviva la bocana, escucha como dentro de la pila crepitan las leñas, y al ir naciendo, el carbón parece moverse en el oscuro y cálido vientre de la pila, en el que el fuego habla, incansable, en voz baja. Laertes, más que con los ojos vigilando el color de los humos, seguía la cochura con el oído, o mirando el agosto de las hierbas de la capucha, desde que el humo comienza a cocerlas, hasta que se deshacen en ceniza, blanca como harina de trigo. Laertes era un buen carbonero, y cada año bajaba a los pueblos de la marina veinte carros de noble carbón montañés, bien quebrado, que al encenderlo de nuevo en el hogar, en el brasero o en la plancha, embrasaba vivo, del color de los rubíes antiguos, sin una sombra de humo…”

Álvaro Cunqueiro (Las mocedades de Ulises)

1 comentario:

  1. Tengo debilidad por Cunqueiro, más aun cuando habla de gastronomía. Su "Cocina cristiana de Occidente" es una auténtica delicia.

    Salud

    Francesc Cornadó

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