martes, 2 de noviembre de 2010

Ramón (Greguerías)


El dolor más grande del mundo es el dolor de colmillo de elefante.

En el fondo de los espejos hay un fotógrafo agazapado.

Lo más difícil de digerir en un banquete es la pata de la mesa que nos ha tocado en suerte.

Si ya ha caído el rayo, el aviso del trueno sobraba.

Lo que más le duele al árbol de los hachazos es que el hacha tenga mango de palo.

En la cueva troglodítica que hay en nosotros – quizá en el bazo- están agazapados los llamados atavismos.

En lo que se ve si la mujer nos quiere o no nos quiere es en si se acuerda de ponernos la cuchara de la medicina cuando prepara la mesa.

¡Y pensar que todos los de la guía telefónica un día no estarán ni en la guía telefónica!

Hay unos perros que vemos entrar en las estaciones, mirar y volverse a marchar, como si llevasen el aviso de “tampoco ha venido en este tren” a una oculta mujer ciega de esperanzas en la casilla del olvido, allí en las afueras.

El que está en Venecia es el engañado que cree estar en Venecia. El que sueña con Venecia es el que está en Venecia.

Entre el hombre vulgar y el vulgo aún media un abismo.

Funcionaba su cerebro como aparte de él, como el despertador funciona en la alcoba, aunque el dueño esté en el comedor.

Lo peor de la ambición es que no sabe bien lo que quiere.

Hay pensamientos pacificadores, como éste: “El sexo daría interés a un peñasco”.

Un consomé de hotel es un agua que se toma por superstición, como las beatas el agua bendita. Es agua bendita caliente.

Son más largas las calles de noche que de día.

Ramón Gómez de la Serna

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