viernes, 12 de noviembre de 2010

Ramón / (Greguerías)


Se ha caído ruidosamente la cucharilla de la niña: eso es que quiere más postre.

Habría que llamar también a los bomberos en caso de infundio.

Incunable es el libro que no se puede leer en la cuna.

El verdadero nombre del pedicuro es practipédico. ¡Nunca le toca una buena palabra!

La curiosidad del cielo por ver la tierra abre muchas veces el nublado.

No hay que tirarse desde demasiado alto para no arrepentirse por el camino.

No puedo soportar una vela torcida en su candelabro. Un cuadro no me importa tanto porque muchas veces está mejor así.

El tiempo no es oro: es purpurina.

Las estrellas están tan deslumbradas por su luz que no pueden verse unas a otras.

Lo más humano que tiene la calle es el recodo.

Cuando en el árbol no queda más que una hoja parece que le cuelga la etiqueta de su precio.

Hay moscas chismosas que vienen de casa de los cuñados.

Si no las vigilasen los astrónomos, las estrellas variarían de sitio todos los días.

Lo que más repugna de la mosca es que –vista al microscopio- resulta que además es peluda.

¿Y si las hormigas fuesen ya los marcianos establecidos en la tierra?


Ramón Gómez de la Serna

1 comentario:

  1. Vaya con las hormigas,y si fuesen marcianos o los cuervos fueran la encarnación de los ejecutivos de multinacionales.

    Salud

    Francesc Cornadó

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