viernes, 19 de noviembre de 2010

Ramón (Greguerías)


Un paquete de sal parece que va a durar mucho, pero se gasta en seguida porque la sosería de la vida es atroz.

Lo peor del viaje de la vida es la llegada a la estación.

El niño intenta sacarse las ideas por la nariz.

Como con los sellos de correo sucede con los besos, que hay los que pegan y los que no pegan.

Los obeliscos debían de ser fecundados y tener obelisquitos.

Cuando decimos “primo segundo” tenemos algo de porteros situando a un vecino.

En Turquía todos van con gorros de cotillón.

Los días de lluvia, el “Metro” se convierte en submarino.

No está bien que nos quiten esas migas que teníamos ahorradas sobre el primer plato.

Contar la velocidad en nudos me parece un sistema retardatario.

Los que meriendan en el campo llevan un perrito para que se coma los huesos, ¿pero por qué no llevan otro para que se coma los papeles?

La cumbre sólo desea unos prismáticos.

Me gustaría pertenecer a esa época del futuro en que la historia tendrá doscientos tomos, para ver cómo se la aprenderán los niños.

¿Qué es peor? ¿Tener microbios o bacilos? No hay que vacilar: bacilos.

El tranvía aprovecha las curvas para quejarse de la empresa.

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