viernes, 26 de noviembre de 2010

Vladimir Nabokov / El Quijote


“Vida real” y ficción.


Vamos a hacer todo lo posible por no caer en el fatídico error de buscar en las novelas la llamada “vida real”. Vamos a no tratar de conciliar la ficción de los hechos con los hechos de la ficción. El Quijote es un cuento de hadas, como lo es Casa Desolada, como lo es Almas muertas. Madame Bovary y Ana Karénina son cuentos de hadas excelsos. Pero sin estos cuentos de hadas el mundo no sería real. Una obra maestra de ficción es un mundo original, y en cuanto tal no es probable que coincida con el mundo del lector. Por otra parte, ¿qué es la tan cacareada “vida real”, qué son los “hechos” ciertos? Nos entra la sospecha cuando vemos a los biólogos acecharse unos a otros con sus genes cargados, o a los historiadores rodar trabados en combate sobre el polvo de los siglos. Se podrá discutir si el periódico y un conjunto de sentidos reducido a cinco son las principales fuentes de la llamada “vida real” del llamado hombre medio, pero una cosa sí es segura, afortunadamente, y es esta: que el mismo hombre medio no es sino un ente de ficción, un tejido de estadísticas.


La idea de “vida real”, pues, se basa en un sistema de generalidades, y si los llamados “hechos” de la llamada “vida real” enlazan con la obra de ficción es únicamente en cuanto generalidades. Por lo tanto, cuanto menos general sea una obra de ficción menos reconocible será en términos de “vida real”. O viceversa, cuantos más detalles vívidos y nuevos haya en una obra de ficción, más se apartará ésta de la llamada “vida real”, dado que la “vida real” es el epíteto generalizado, la emoción media, la multitud de los anuncios, el mundo del sentido común. Me estoy metiendo directamente y de cabeza en aguas un tanto heladas, cosa que es inevitable si se quiere romper el hielo. De nada vale, pues, buscar en esos libros una representación material y pormenorizada de la llamada “vida real”. Por otra parte, existe alguna correspondencia entre ciertas generalidades de la vida. Pensemos en el dolor físico o mental, por ejemplo, o en los sueños, o en la locura, o en cosas como la bondad, la misericordia, la justicia: pensemos en estos elementos generales de la vida humana, y estaremos de acuerdo en que sería provechoso estudiar de qué manera los maestros de la narrativa los trasmutan en arte.”


Vladimir Nabokov (El Quijote)

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