martes, 14 de diciembre de 2010

John Berger / August Sander



“¿Qué les decía August Sander a sus retratados antes de fotografiarlos? ¿Y cómo se lo decía para que todos lo creyeran por igual?
Todos ellos miran a la cámara con la misma expresión en los ojos. En la medida en la que hay diferencias, éstas son el resultado de la experiencia y el carácter del fotografiado: el cura ha vivido una vida distinta a la del empapelador; pero para todos ellos la cámara de Sander representa la misma cosa.
(…)
Su único objetivo era encontrar en los alrededores de Colonia, en la región en la que él mismo había nacido en 1876, arquetipos que representaran todas las clases sociales, subclases, profesiones, vocaciones y privilegios posibles. Esperaba hacer en total 600 retratos. Su proyecto quedó interrumpido por el Tercer Reich.
Su hijo Erich, militante socialista y luchador antinazi, fue enviado a un campo de concentración, en donde murió. Su padre escondió sus propios archivos en el campo. Lo que hoy se conserva es un extraordinario documento social y humano. Ningún otro fotógrafo ha sido nunca tan translúcidamente documental a la hora de retratar a sus propios paisanos.
En 1931 Walter Benjamin escribía lo siguiente a propósito de la obra de Sander:
“No fue desde el punto de vista estudioso, asesorado por teóricos de la raza o investigadores sociales, cómo el autor (Sander) llevó a cabo su enorme tarea; sino que su obra es, en palabras de su editor, “el resultado de la observación inmediata”. Una observación, en verdad, carente de prejuicios, atrevida y, al mismo tiempo, delicada, muy en el espíritu del Goethe que afirma:”Existe una forma delicada de lo empírico que se identifica tan íntimamente con su objeto que se convierte en teoría”. Por consiguiente, no es de extrañar que un observador como Doblin se fije precisamente en los aspectos científicos de esta obra y señale lo que sigue: “Así como hay una anatomía comparativa que nos permite comprender la naturaleza y la historia de los órganos, así también el fotógrafo ha producido aquí una fotografía comparativa, alcanzando con ello un punto de vista científico que lo aleja del simple fotógrafo del detalle”. Sería lamentable que las circunstancias económicas impidieran la subsiguiente publicación de este extraordinario corpus…La obra de Sander es algo más que un libro de imágenes, es un atlas de instrucción”.






Quiero examinar, bajo el mismo espíritu crítico de las observaciones de Benjamin, una conocida fotografía de Sander: la de los tres jóvenes campesinos que se encaminan al baile al caer la tarde. Hay en esta imagen tanta información como en las páginas de un maestro de la descripción de la talla de Zola. Sin embargo, yo sólo quiero tomar en consideración una cosa: sus trajes.
La foto fue realizada en 1914. Los tres jóvenes pertenecen, como mucho, a la segunda generación de campesinado europeo que utilizó este tipo de traje. Veinte o treinta años antes, estas ropas no eran asequibles a un precio que pudieran pagar los campesinos. Hoy, en los pueblos, por lo menos en los de Europa Occidental, no es frecuente que los jóvenes lleven este tipo de traje formal, oscuro. Pero durante gran parte de este siglo, la mayoría de los campesinos –y de los trabajadores- se han vestido de traje oscuro en las ocasiones especiales, los domingos y las fiestas.
Cuando voy a un funeral en el pueblo donde vivo, los hombres de mi edad y los más viejos siguen llevando esos trajes. Claro está que ha habido modificaciones en la moda: la anchura de los pantalones y de las solapas y el largo de las chaquetas han cambiado. Pero el carácter físico del traje y su mensaje siguen siendo los mismos.
(…)
Sin embargo la estática fotografía muestra, tal vez más claramente que la vida, la razón fundamental por la que los trajes, lejos de disfrazarla, subrayan y acentúan la clase social de quienes los llevan.
(…)
Volvamos a mirar ahora a los tres jóvenes que se encaminan hacia el baile. Sus manos son demasiado grandes, sus cuerpos demasiado delgados, sus piernas demasiado cortas. (Utilizan el bastón como si estuvieran conduciendo ganado.) Podemos hacer el mismo experimento con sus caras…( ). Lo único que les sienta bien es el sombrero.
(…)
Sin embargo, nadie obligó a los campesinos a comprarse un traje, y los tres que se encaminan hacia el baile están claramente orgullosos del suyo. Lo llevan con una suerte de presunción. Ésta es precisamente la razón por la que el traje podría convertirse en un ejemplo clásico y fácil de explicar la hegemonía de clase (Gramsci).
(…)
Quizá, pese a todo, podríamos suponer que al llegar al baile, después de beberse una o dos cervezas y de echar un ojo a las chicas (cuyos trajes todavía no habían cambiado tan drásticamente), los tres jóvenes campesinos colgaron sus chaquetas, se quitaron la corbata y bailaron, probablemente con el sombrero puesto, hasta el amanecer y el siguiente día de trabajo.

John Berger (Mirar)

1 comentario:

  1. La lectura de la imegen de los campesinos me ha parecido sensacional, la reflexión sobre los trajes, el bastón, la forma de llevar el sombrero, la información recogida y deducción inteligente sobre una fotografía es de gran agudeza.

    salud

    Francesc Cornadó

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