miércoles, 22 de diciembre de 2010

Precipicios (19)

Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho, voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…



“Hace años, antes de que dejaran de pasar trenes por tantos ramales, una mujer de alta frente pecosa y flequillo rubicundo entró en la estación de ferrocarril a averiguar qué había qué hacer para despachar muebles.
El encargado de la estación solía aventurar a las mujeres algún piropo, sobre todo a las feúchas que parecían apreciarlos.
-¿Muebles?- dijo, como si la idea nunca se le hubiera ocurrido a nadie-. Bien. A ver. ¿De qué tipo de muebles estamos hablando?
-Una mesa de comedor y seis sillas. Un juego de dormitorio, un sofá, una mesita de té, rinconeras, una lámpara de pie. También un armario chino y un aparador.
-Caramba. Eso es una casa entera.
-Yo no diría tanto –repuso ella-. No hay nada de cocina y es sólo una habitación.
Los dientes de la mujer se agolpaban delante de la boca como dispuestos a discutir.
-Necesitará un camión –dijo él.
-No. Quiero mandarlos por tren. Tienen que ir al oeste, a Saskatchewan.
La mujer le hablaba en voz muy alta, como si él fuera sordo o estúpido, y algo no encajaba en su forma de pronunciación. Un acento. Pensó que tal vez fuera holandés – últimamente se establecían muchos holandeses por allí-, pero la mujer no tenía el aplomo de las holandesas, ni la tersa piel rosada ni el pelo rubio. Debía de estar por debajo de los cuarenta, pero ¿qué importaba? No era una reina de la belleza, que se dijera…”



Alice Munro (Odio, amistad, noviazgo, amor, matrimonio.)

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