sábado, 4 de diciembre de 2010

Ramón (Greguerías)


Cuidado con vestir de gnomo al niño, porque se puede ir al bosque.

En el río pasan ahogados todos los espejos del pasado.

En las grandes solemnidades llenas de personajes uniformados parece que hay algunos repetidos.

Al darse cuenta el Creador de que el hombre se iba a comer al pollo, le complicó las articulaciones para que fuese difícil el trincharlo.

Hay unas monjas que parecen llevar en la cabeza una enorme pajarita de papel a medio hacer.

-¿Hay peces en el sol?
-Sí, pero fritos.

Al limpiar con el pañuelo las gafas parece que sus cristales hubiesen llorado ante el espectáculo de la vida.

El mono nos observa como si nos tomase por pedagogos.

Si la realidad es apariencia, resulta que la apariencia es la realidad, eso si no es la realidad la apariencia de la irrealidad.

Las pasas parecen uvas octogenarias.

La nieve se apaga en el agua.

El agua no tiene memoria: por eso es tan limpia.

¿Dónde está el busto del arbusto?

En la guía de teléfono todos somos seres microscópicos.

Una turbamulta turbulenta es lo más temible de la calle.

No nos gusta tener esófago, ¡pero que le vamos a hacer!

El mono no entiende, pero está siempre queriendo entender.

Imponiendo silencio a una cosa que se cae, se suele romper menos.

Panacea es la cesta del pan.

Lo que suena en las caracolas es lo llenas de ausencia que están.

Para mayor paciencia en cafés o restaurantes hay que saber que un mozo que tarda alarga la vida.

Cuando el sociólogo habla de la moda es cuando más pierde el tiempo, pues la moda está hecha sólo para despistar a los sociólogos.

Hay perros de caza que se pasan la vida mirando a su dueño para ver si al fin se deciden a ser cazador.

Las moscas parecen extraviar la tapa del azucarero.

Cuando la belleza hace la escala musical suprema, es cuando baja la escalera corriendo.

Lo más bonito de la piel que usa el animal salvaje es que no se notan sus costuras.
Ramón Gómez de la Serna

No hay comentarios:

Publicar un comentario