miércoles, 22 de diciembre de 2010

R.M. Rilke



Rue Cassette 29, Paris VI,
3 de octubre de 1907



… ¡si estuvieras conmigo en este frío y desganado día de lluvia que inútilmente transcurre, y que a otros también llena de extrañeza y turbación (como he comprobado en el Jouven)! ¡Si estuvieras a mi lado ante la carpeta de Van Gogh (que con gran pesar voy a devolver)! Me han hecho mucho bien estos dos días: era justo el momento. Cuántas cosas verías tú en ella que aún no puedo ver yo. Quizá no habrías leído la pequeña nota biográfica, de apenas una decena de líneas, que precede al índice, entregándote toda tú al solo mirar. Es muy concreta, y sin embargo, extraordinariamente rica de lectura. Marchante de cuadros, y al comprender tres años después que no, que no era esto, modesto maestro de escuela en Inglaterra. Y en esto la resolución: meterse a cura. Se va a Bruselas a aprender griego y latín. Pero, ¿por qué este rodeo? ¿No hay en algún lado gente que no le exija griego ni latín a su predicador? Se convierte así en lo que llaman un evangelista, y se va a las cuencas carboníferas y les cuenta el Evangelio a las gentes. Y mientras lo cuenta empieza a dibujar. Y al fin ni se da cuenta de cómo se calla, y ya sólo dibuja. Y desde entonces ya no hace otra cosa, hasta que le llega la última hora, cuando se decide a romper con todo, porque quizá durante semanas no le fuera posible pintar; esto de dejarlo todo, la vida antes que nada, le parece natural.






¡Qué biografía! ¿Es de veras cierto que ahora todo el mundo hace como si entendiera, esto y los cuadros surgidos de ello? ¿Marchantes y críticos de arte, no deberían, en el fondo, mostrarse más perplejos o indiferentes ante este encantador fanático, en el que revive algo de san Francisco? Me asombro de su rápida fama. ¡Ay, cuánto también él había quitado y quitado! En el autorretrato de la carpeta tiene mal aspecto, atormentado, casi desesperado, pero no calamitoso: como cuando a un perro le va mal. Tiende el rostro y se advierte que noche y día lo pasa mal. Pero en sus cuadros (L’arbre Fleury) ya se ha enriquecido la pobreza: un gran resplandor interior. Y así lo ve todo, como pobre; basta con cotejar sus Parques. Lo dice con toda tranquilidad, con toda sencillez, como si esto ya supusiera alguna parcialidad. No está de ningún lado, ni del de los parques, y su amor por todas las cosas va hacia lo anónimo y se mantiene oculto a él mismo. No muestra su amor, lo tiene. Y lo saca de él y lo mete rápidamente en el trabajo, en lo más profundo e imparable del trabajo: ¡deprisa!, ¡que nadie lo vea!
Así se le siente en estas cuarenta láminas: ¿no te has encontrado un poco a mi lado, ante esta carpeta?...
R.M. Rilke (Cartas sobre Cézanne)

No hay comentarios:

Publicar un comentario