miércoles, 31 de marzo de 2010

Philip Roth / Indignación


(…)
- “Me opongo a tener que asistir a cuarenta servicios religiosos como requisito para obtener la licenciatura, señor. No veo qué derecho tiene la universidad a obligarme a escuchar a un clérigo del credo que sea ni siquiera una sola vez, o a escuchar un himno cristiano que invoca la deidad cristiana ni siquiera una sola vez, dado que soy un ateo que, para ser sincero, se siente profundamente ofendido por las prácticas y las creencias de la religión organizada. (Ahora no podía detenerme, pese a lo debilitado que me sentía). No necesito los sermones de moralistas profesionales para que me digan cómo debería actuar. Y, desde luego, no necesito ningún Dios que me diga cómo debo hacerlo. Soy totalmente capaz de llevar una vida regida por la moralidad sin reconocer creencias que no es posible corroborar y son inverosímiles, que, a mi modo de ver, no son más que cuentos de hadas para niños sostenidos por adultos y que, en realidad, no tienen más fundamento que la creencia en Papá Noel. Supongo, decano Caudwell, que está familiarizado con los escritos de Bertrand Russell, el distinguido matemático y filósofo británico que el año pasado recibió el premio Nobel de literatura. Una de las obras literarias por las que le concedieron el premio Nobel es un ensayo muy difundido, que inicialmente fue una conferencia pronunciada en mil novecientos veintisiete, titulado Por qué no soy cristiano. ¿Conoce usted ese ensayo, señor?
- Por favor, vuelva a sentarse (me pidió el decano).
Hice lo que me dijo, pero seguí diciendo:
- Le pregunto si conoce usted ese importante ensayo de Bertrand Russell, y entiendo que la respuesta es no. Bien, yo lo conozco porque me impuse la tarea de memorizar grandes fragmentos del texto cuando era capitán del equipo de debate de mi instituto. Todavía no lo he olvidado, y me he prometido a mi mismo que jamás lo olvidaré. Ese y otros ensayos contienen el argumento de Russell no solo contra el concepto cristiano de Dios, sino también contra los conceptos de Dios que sostienen todas las religiones del mundo, cada una de las cuales le parece a Russell falsa y nociva. Si leyera usted ese ensayo, y le incito a que lo haga para fomentar su imparcialidad, vería que Bertrand Russell, que es uno de los lógicos más importantes, así como filósofo y matemático, desmonta con una lógica inapelable el argumento de la primera causa, el argumento de la ley natural, el argumento del diseño, los argumentos morales que explican la existencia de una deidad y el argumento de la reparación de la injusticia. Le pondré dos ejemplos. En primer lugar, respecto a que el argumento de la primera causa no puede tener ninguna validéz, dice: “Si todo debe tener una causa, entonces Dios debe tener una causa. Si puede existir algo sin causa, tanto podría ser el mundo como Dios”. En segundo lugar, respecto al argumento del diseño, dice: “¿Creéis que, si os concedieran omnipotencia, omnisciencia y millones de años en los que perfeccionar vuestro mundo, no habríais producido algo mejor que el KU Klux Klan o los fascistas?”. También comenta los defectos de las enseñanzas de Cristo tal como aparece este en los Evangelios, aunque señalando que, históricamente, resulta muy dudoso que Cristo haya existido. Para él, el defecto más grave del carácter moral de Cristo es que cree en la existencia del infierno. Russell escribe: “Yo no creo que una persona profundamente humana pueda creer en un castigo eterno”, y acusa a Cristo de furia vengativa contra quienes no escucharan sus sermones. Menciona con absoluta franqueza cómo las iglesias han retrasado el progreso humano y cómo, con su insistencia en lo que deciden llamar moralidad, infligen a toda clase de personas un sufrimiento inmerecido e innecesario. Declara que la religión se basa fundamentalmente en el miedo: el miedo a lo misterioso, el miedo a la derrota, el miedo a la muerte. El miedo, para Bertrand Russell, es el padre de la crueldad, y, por lo tanto no es de extrañar que la crueldad y la religión hayan ido de la mano a lo largo de los siglos. Conquistad el mundo por medio de la inteligencia, dice Russell, y no por estar sometidos como esclavos bajo el terror que conlleva vivir en él. Llega a la conclusión de que el concepto de Dios es indigno de hombres libres. Esos son los pensamientos de un ganador del premio Nobel reconocido por sus aportaciones a la filosofía y por su dominio de la lógica y la teoría del conocimiento, y estoy totalmente de acuerdo con ellos. Tras haberlos estudiado y reflexionado a fondo, procuro vivir de acuerdo con ellos, y estoy seguro, señor, de que admitirá que tengo todo el derecho a hacerlo.”


Indignación / Philip Roth

martes, 30 de marzo de 2010

Juan Benet / Desinformación


“Nadie pondrá en duda que los medios informativos son los mayores responsables del estado de la opinión pública de un país. Pero no para ahí la cosa. Son responsables también del estado previo a la formación de la opinión, del clima en que se recibe una noticia y de la esperada reacción que suscita; son responsables de que la sociedad esté ávida de ciertas informaciones y se muestre en todo indiferente a otras; de la acumulación de datos innecesarios sobre un asunto que ha despertado interés y del mantenimiento de la ignorancia sobre otros de mayor trascendencia”.


Juan Benet.

Raymond Carver


Miedo

Miedo de ver una patrulla policial detenerse frente a la casa.

Miedo de quedarme dormido durante la noche.

Miedo de no poder dormir.

Miedo de que el pasado regrese.

Miedo de que el presente tome vuelo.

Miedo del teléfono que suena en el silencio de la noche muerta.

Miedo a las tormentas eléctricas.

Miedo de la mujer de servicio que tiene una cicatriz en la mejilla.

Miedo a los perros aunque me digan que no muerden.

¡Miedo a la ansiedad!

Miedo a tener que identificar el cuerpo de un amigo muerto.

Miedo de quedarme sin dinero.

Miedo de tener mucho, aunque sea difícil de creer.

Miedo a los perfiles psicológicos.

Miedo a llegar tarde y de llegar antes que cualquiera.

Miedo a ver la escritura de mis hijos en la cubierta de un sobre.

Miedo a verlos morir antes que yo, y me sienta culpable.

Miedo a tener que vivir con mi madre durante su vejez, y la mía.

Miedo a la confusión.

Miedo a que este día termine con una nota triste.

Miedo a despertarme y ver que te has ido.

Miedo a no amar y miedo a no amar demasiado.

Miedo a que lo que ame sea letal para aquellos que amo.

Miedo a la muerte.

Miedo a vivir demasiado tiempo.

Miedo a la muerte.

Ya dije eso.

Raymond Carver

Philip Roth


(…)
-No me molesta llamarle señor, decano.
Pero sí me molestaba. Lo odiaba. ¡Por eso lo hacía! Quería tomar la palabra “señor” y metérsela por el culo, por haberme elegido para acudir a su despacho y someterme a semejante interrogatorio. (…)
-No escribí nada en el apartado de preferencia religiosa, señor.
-Ya lo veo. Y me pregunto por qué.
-Porque no tengo ninguna. Porque no prefiero la práctica de una religión a otra.
-¿Qué le proporciona, pues, sustento espiritual? ¿A quién reza cuando necesita consuelo?
-No tengo necesidad de hacerlo. No creo en Dios y no creo en la oración. (Como miembro del equipo de debates del instituto, me había ganado fama de dejar bien clara mi postura…y eso es lo que hice). Me sustenta lo que es real y no lo imaginario. Rezar, para mí, es ridículo.
-¿Cree que lo es? (replicó el decano con una sonrisa). Y, sin embargo, muchos millones de personas lo hacen.
-Millones de personas creyeron que la Tierra era plana, señor.
-Sí, eso es cierto. Pero ¿puedo preguntarle, Marcus, solo por curiosidad, cómo se las arregla para ir por la vida, esta vida nuestra inevitablemente llena de padecimientos y tribulación, careciendo de guía religiosa o espiritual?
-Saco sobresaliente en todo, señor.
Esta respuesta provocó una segunda sonrisa, una sonrisa de condescendencia que me gustó todavía menos que la primera. Ahora estaba dispuesto a despreciar al decano Caudwell con todo mi ser por obligarme a pasar aquella tribulación.
-No le he preguntado por sus calificaciones (me dijo). Sé cuáles son. Tiene todo el derecho a sentirse orgulloso de ellas, ya se lo he dicho.
-En ese caso, señor, conoce la respuesta a su pregunta sobre cómo me las arreglo sin ninguna guía religiosa o espiritual. Me las arreglo muy bien.
Me daba cuenta de que había empezado a irritarle, y de una manera que no podía hacerme ningún bien.
-Pues, si me permite decirlo (replicó el decano), no me parece que se las arregle tan bien. Al menos no parece llevarse bien con la gente con quien comparte habitación. Por lo visto, en cuanto surge una diferencia de opinión entre usted y uno de sus compañeros, recoge sus cosas y se marcha.
-¿Qué tiene de malo una solución como la de marcharse discretamente? (le pregunté, y dentro de mi cabeza empecé a oírme cantar:”¡Alzaos, los que os negáis a ser esclavos! ¡Con nuestra carne y nuestra sangre levantaremos una nueva Gran Muralla!”.

Philip Roth / Indignación.

Instrucciones para dar cuerda...


Instrucciones para dar cuerda al reloj
Preámbulo a las instrucciones para dar cuerda al reloj



Piensa en esto: cuando te regalan un reloj te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de aire. No te dan solamente el reloj, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, suizo con áncora de rubíes; no te regalan solamente ese menudo picapedrero que te atarás a la muñeca y pasearás contigo. Te regalan -no lo saben, lo terrible es que no lo saben-, te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca. Te regalan la necesidad de darle cuerda todos los días, la obligación de darle cuerda para que siga siendo un reloj; te regalan la obsesión de atender a la hora exacta en las vitrinas de las joyerías, en el anuncio por la radio, en el servicio telefónico. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia de comparar tu reloj con los demás relojes. No te regalan un reloj, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del reloj.


Instrucciones para dar cuerda al reloj


Allá al fondo está la muerte, pero no tenga miedo. Sujete el reloj con una mano, tome con dos dedos la llave de la cuerda, remóntela suavemente. Ahora se abre otro plazo, los árboles despliegan sus hojas, las barcas corren regatas, el tiempo como un abanico se va llenando de sí mismo y de él brotan el aire, las brisas de la tierra, la sombra de una mujer, el perfume del pan.
¿Qué más quiere, qué más quiere? Átelo pronto a su muñeca, déjelo latir en libertad, imítelo anhelante. El miedo herrumbra las áncoras, cada cosa que pudo alcanzarse y fue olvidada va corroyendo las venas del reloj, gangrenando la fría sangre de sus rubíes. Y allá en el fondo está la muerte si no corremos y llegamos antes y comprendemos que ya no importa.


Historias de Cronopios y de Famas

Julio Cortázar, 1962

PASEO / José Sacristán


PASEO ( cortometraje short film ) from Entrevagones on Vimeo.

Beckett / Bram van Velde





El pintor Bram van Velde fue un hombre que vivió hasta tal punto aislado en el transcurso de su larga existencia (1895-1981) que, según nos explica su amigo Charles Juliet, no tuvo más que cuatro o cinco personas que verdaderamente le prestaron atención porque intuyeron lo que palpitaba en él. Una de ellas fue Samuel Beckett, que en 1945, cuando nadie aún estaba esperando a Godot, reparó en este holandés profundamente solitario y callado al que pintar le resultaba muy difícil, porque buscaba eliminar lo accesorio y encontrar lo esencial.

Van Velde había abandonado su Holanda natal a los 25 años -"desaparecí en mi aventura; no más país, familia, vínculos"- y no regresó hasta que era ya un completo anciano. Hasta los 50 años, trabajó en una soledad absoluta, dedicado exclusivamente a pintar, pero sólo cuando sentía que podía hacerlo. Sus primeras exposiciones, cruzada la barrera de los 50, fueron un absoluto fracaso. Cuando la miseria apabullante había llegado al límite extremo de lo que un artista puede soportar se encontró con Samuel Beckett, cuyo primer ensayo en francés después de la II Guerra Mundial -incluido en su libro Disjecta- estuvo dedicado a la pintura de Van Velde, "diría que no abstracta, sino concretamente metafísica".

Beckett, que se dedicó a exponer en ese ensayo sus teorías sobre su propio arte, no hacía mucho que acababa de tener una revelación junto al mar; una revelación tan simple como decisiva. Descubrió el camino de su vida en el momento mismo de ser consciente de su estupidez. A partir de entonces expresaría sólo todo aquello que en verdad sentía. Y por ahí comunicó sin duda con Van Velde.
Fue una noche inolvidable aquella en la que se produjo para Beckett esa especie de epifanía, de revelación junto al mar. Fue uno de aquellos momentos, raros en la vida, en los que se tiene la impresión de que, a pesar de la nulidad del hombre, hay unos cuantos instantes privilegiados en la tierra, momentos que hay que saber captar y canalizar.
Como tantas veces, el escritor erraba solitario y se encontró de pronto en la punta de un muelle barrido por la tempestad. Entonces le pareció que todo recuperaba su lugar: años de dudas, de búsquedas, de preguntas, de fracasos, cobraron de pronto sentido y la visión de lo que tendría que realizar se le impuso como una evidencia. Entrevió el mundo que debía crear para poder respirar. Entrevió que debía instalarse en lo más ínfimo y marchar siempre rumbo a lo peor. Y comprendió de inmediato que nada puede sucederles a los seres que están de por sí ya muy hundidos.
Sólo una solución les queda a los vencidos: no esperar ninguna.
"El cambio horrible -decía Edgar, el hijo del conde de Gloucester en Rey Lear- llega siempre desde lo mejor. Lo peor nos devuelve a la risa. Bienvenido, pues, aire insustancial que abrazo. El miserable a quien has lanzado con tu soplo rumbo a lo peor no debe nada a tus soplos".
Instalado en lo peor, nada más infame podía ya llegarle. Y nadie como Beckett para descubrir que van Velde se había instalado allí. Una vida secreta. Encuentros con Bram van Velde, de Charles Juliet, es una aproximación en dos fases al mundo de este pintor holandés visionario y de obra pictórica intensa, difícil, esencial. Lo ha publicado Rosa Cúbica, la heroica editorial que dirigen Victoria Pradilla y Alfonso Alegre Heitzmann.
Al modo de Carl Seelig en sus Paseos con Robert Walser, Charles Juliet se acerca al pintor holandés para tratar de comprender ciertos enigmas de su relación con la vida y la pintura. Pero el misterio permanece en gran parte. En algunas ocasiones se diluye, como cuando Juliet habla de sí mismo y le dice al pintor que ha empezado a sentirse menos ávido de lo que en arte pueda hacerse en otros lugares, y van Velde le comenta: "A partir del momento en que uno cae en su propia aventura se deshace de todo ese fárrago".

Van Velde se revela, a través de sus paseos o encuentros con Juliet, como uno de los artistas menos habladores de la tierra, aunque su amigo consigue arrancarle, a lo largo de los años, una serie de parcas frases que alcanzan para la comprensión parcial del misterio de la actitud de este artista en quien Beckett detectó una especie de "negligencia categórica, de altiva desidia" hacia lo más ligado a la pintura: el trabajo con los colores y las formas. Como dice Hugo Gola -traductor y prologuista del libro-, los intensos diálogos de Juliet con Van Velde son iluminadores para aquellos que, más allá de aprender el oficio o la técnica de la pintura, quieran adentrarse en las etapas de un proceso de inmersión y de tanteo de la oscuridad.

Una vida secreta es un libro que nos acerca a la médula del problema que el arte verdadero tiene siempre con la sociedad y, además, nos sitúa en un paisaje moral. "Cuando no pinto, estoy siempre en el camino. Espero, me preparo". En Van Velde las frases caen de tarde en tarde y lo esencial no se le escapa nunca. Dice, por ejemplo, como si hablara de sí mismo, pero refiriéndose a Beckett: "Se le ve desamparado y posee una fuerza que da miedo. Ambos extremos son necesarios". Y ambos extremos están en este libro, que nos habla de verdades olvidadas. Verdades como puños, que decíamos de niños. Verdades para las que no hay más que mirar dentro de uno, porque todo está allí. Y porque nada es tan cierto como que hay que arrancarse de este mundo, de esta vida que llevamos, aunque sólo sea para estar en el camino, a la espera del acontecimiento en el paisaje moral del último muelle: una de esas pinturas de van Velde que siempre atraviesan una tempestad.

Enrique Vila-Matas

lunes, 29 de marzo de 2010

Alexander Scriabin


No creo que ampliando nuestros conocimientos reduzcamos nuestra ignorancia pero el concierto del domingo pasado lo podemos complementar con estos curiosos datos sobre el compositor ruso. No me extraña que el viejo Woody lo recomendara en Vicky, Cristina...
Wikipedia dixit: Scriabin nació y murió en Moscú (1872-1915). Estudió piano a una temprana edad.Se convirtió en un pianista notable a pesar de sus pequeñas manos que cubrían poco más de una octava (en alguna ocasión incluso se lastimó al practicar piezas que requerían mayor alcance).
Se escribió que Scriabin fue "el gran pionero de la nueva música del renacimiento de la civilización occidental, el padre de la música del futuro" y un antídoto para "los reaccionarios latinos y su apóstol, Stravinsky" y la música "ordenada por la regla" del "grupo de Schoenberg".
Hipocondríaco de por vida, Scriabin murió en Moscú de septicemia. Antes de su muerte, planificó un trabajo multimedia que se presentaría en el Himalaya, sobre el Armagedon, "una grandiosa síntesis religiosa de todas las artes que anunciaría el nacimiento de un nuevo mundo". La pieza, "Mysterium", quedó inacabada.
Estaba emparentado con Viacheslav Mólotov, político ruso y epónimo del cóctel molotov. El apellido de nacimiento de Molotov era Scriabin.
Sus obras son un reto extremadamente complejo. Primero hay que resolverlas técnicamente (la Sonata Nº 4 termina con un prestissimo volando de dificultad legendaria); segundo, estudiarlas estilísticamente porque las primeras recuerdan a Chopin y las últimas son modernísimas para su tiempo. Finalmente hay que sumergirse en sus ocultos contenidos que van de la confidencia romántica de las sonatas juveniles al esoterismo misterioso: la N° 9 se llama Misa Negra o Sonata De La Obscuridad, la N° 7 Misa Blanca o Sonata De La Luz, la N° 5 trae un epígrafe del poema del Éxtasis y la N° 6 según el mismo Scriabin ¨Tiene facetas demoníacas, y fue inspirada por el demonio¨.Scriabin desarrolló su muy propio y abstracto misticismo basándose en el papel del artista en relación con la percepción y la afirmación de la vida. Sus ideas sobre la realidad se acercan a las de Platón y Aristóteles pero de manera etérea e incoherente. Las principales fuentes de su pensamiento filosófico pueden encontrarse en sus numerosos cuadernos inéditos, en uno de los cuales escribió su famoso "Yo soy Dios". Scriabin también usó la poesía como medio para expresar sus nociones filosóficas, aunque casi todo su pensamiento filosófico fue llevado a la música, siendo el ejemplo más reconocible su 7ª sonata mesiánica.
Scriabin poseía, supuestamente, sinestesia, la habilidad de percibir mediante un sentido, estímulos normalmente perceptibles mediante otro sentido. En el caso de Scriabin, él se jactaba de poder oír colores.Mientras Scriabin escribió solo un pequeño número de obras orquestales, éstas están entre sus más conocidas y frecuentemente interpretadas. Estas incluyen 3 sinfonías, un concierto para piano (1896), El Poema del Éxtasis en (1908) y Prometheus: El Poema del Fuego, en la cual incluye una parte para "clavier à lumières", que era un órgano colorido diseñado específicamente para la sinfonía. Era tocado como un piano, pero proyectaba luces de colores en una pantalla del teatro donde se presentaba en vez de notas. Su estreno no incluyó este instrumento y no fue hasta 1919 (¿) en Nueva York cuando Scriabin pudo realizar su obra como la imaginaba.
En su autobiografía Recolecciones, Sergéi Rajmáninov grabó una conversación que él había tenido con Scriabin y Rimsky-Korsakov (quien también poseía la condición) acerca de la habilidad sinestésica de Scriabin. Rajmáninov se sorprendió al darse cuenta de que la asociación entre notas y colores era la misma en ambos, aunque escéptico, luego logró darse cuenta que Scriabin asociaba un Mi bemol con púrpura, mientras que Rimsky-Korsakov con azul. Sin embargo Rimsky-Korsakov protestó que un pasaje de la ópera de Rajmáninov El miserable caballero sustentaba su asociación; la escena en la que el viejo barón abre un baúl con un tesoro lleno de oro y joyas brillando estaba escrita en Re; es decir en amarillo oro. Scriabin escribió a Rajmáninov diciéndole que "su intuición ha seguido inconscientemente las leyes que su razón ha negado".

The front page.


DR. EGGELHOFER: Dígame, señor Williams: ¿tuvo usted una niñez desgraciada?
EARL WILLIAMS: Pues no, tuve una niñez perfectamente normal.
DR. EGGELHOFER: Ya, deseaba matar a su padre y dormir con su madre…
EARL WILLIAMS: Si va a empezar a decir guarradas…
DR. EGGELHOFER: Cuando estaba en la escuela, ¿practicaba la masturbación?.
EARL WILLIAMS: No señor. Nunca abusaría de mí mismo o de alguien. Quiero a la gente, quiero a todo el mundo.
SHERIFF: Por lo visto aquel policía se suicidó…
DR. EGGELHOFER: Regresemos a la masturbación. ¿Le sorprendió su padre alguna vez haciéndolo?
EARL WILLIAMS: Oh, mi padre nunca, nunca estaba en casa. Era maquinista de tren.
DR. EGGELHOFER: ¡¡Muy significativo!! Su padre llevaba uniforme, igual que aquel policía, y cuando él desenfundó la pistola, símbolo fálico inequívoco, usted creyó que era su padre y que iba a utilizarla para acabar con su madre.
EARL WILLIAMS: ¡Está loco…!


The front page. Billy Wilder (1974).


De 39escalones

Jean Ferrat




“Hacía años que solo lo escuchaban sus incondicionales. Y los tenía. La gente en su soledad, en sus entusiasmos, escuchan canciones, poemas, que las modas ignoran. La gente tiene vidas que desconocemos, aspiraciones, sueños, intensos, sorprendentes en su verdad secreta.Ferrat vivía retirado en un pueblo de la Ardèche, trabajando al margen de la industria discográfica. Fue un hombre de izquierdas y sus recitales de La Mutualité eran mítines en favor de unos valores en lo que dicen, se escucha de manera machacona, que ya no cree apenas nadie, desvirtuados, manipulados, impracticables, abandonados en ruta... Cantó como nadie lo ha hecho (con otra voz que la de Léo Ferré) a Louis Aragon en Los ojos de Elsa: Je suis pris au filet des étoiles filantes/ Comme un marin qui meurt en mer en plein mois d'août.Hijo de inmigrante de origen ruso deportado, por sus canciones pasa la Francia de la Ocupación y de la guerra de Argelia, tan olvidada, la Francia de la Comuna, cantada por Clément, la inmigración, los movimientos de liberación, la épica de los perdedores, los poemas de Prévert, Aragon, Éluard, Boris Vian incluso en Pauvre Boris (lamentando que los sueños de Vian fueran ceniza)... Aragon sobre todo, en sus poemas de amor y en sus poemas de combate, como ese L'affiche rouge, sobre el asesinato del escritor armenio Missak Manouchian, que ha servido de base para un esplendido libro de verdadera y sólida pesquisa humana: Missak, de Didier Daeninckx, que leía estos días. Los inmigrantes patriotas. Versos y páginas que ponen sobre el tapete la verdad sangrante: los que vienen de lejos creen más en nuestras instituciones que nosotros mismos. La visión de las cosas de los estómagos ahítos es muy distinta de la de aquellos que quieren llenarlos.”

Miguel Sánchez-Ostiz

Miguel Hernández


CASIDA DEL SEDIENTO


Arena del desierto

soy, desierto de sed.

Oasis es tu boca

donde no he de beber.


Boca: Oasis abierto

a todas las arenas del desierto.


Húmedo punto en medio

de un mundo abrasador

el de tu cuerpo, el tuyo,

que nunca es de los dos.


Cuerpo: pozo cerrado

a quien la sed y el sol han calcinado.




Miguel Hernández murió el 28 de marzo de 1942 en la prisión de Alicante. La "Casida del sediento" es uno de los últimos poemas que escribió. Está firmado en la prisión de Ocaña en mayo del año anterior.
De lo-bueno-si-breve

Sepulcros blanqueados


Sepulcros blanqueados

Se multiplican cada día las sospechas de que el papa Benedicto XVI, ya desde años lejanos, hubiese podido participar en la penosa operación de ocultar a los sacerdotes que se habían manchado con el crimen de violación de menores, incluso de sordomudos.
(…) Viví muchos años de cerca, por mi profesión de informador, los misterios del Vaticano. Allí conocí a eclesiásticos íntegros que creían en la Iglesia como elemento de paz y unión entre los pueblos y que llevaban una vida austera y digna. Conocí también a altos prelados más preocupados por su carrera y por tener una buena cocinera, que por su alma. (…)
Bastaría abrir el Evangelio de Mateo. En el capítulo 23, Jesús de Nazareth se dirige a los fariseos y maestros de la ley, que eran los que se arrogaban el poder de decidir sobre las conciencias de los judíos -como la jerarquía de la Iglesia lo hace hoy con los católicos- y les llama "sepulcros blanqueados", que "por fuera aparecen hermosos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de podredumbre". Continúa Jesús: "Por fuera parecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de crímenes" (27-28).
Versículos antes, en el mismo capítulo de Mateo, Jesús critica a los maestros de la ley porque, les dice: "Limpiáis por fuera el vaso y el plato, y por dentro estáis llenos de codicia y rapiña. Maestros ciegos, limpiad primero el vaso y el plato por dentro para que también por fuera queden limpios" (24-26).
No hace falta ser teólogo ni biblista para entender que la actual actitud de la Iglesia con los sacerdotes y obispos violadores de menores está en total contradicción con la doctrina del que considera su fundador, el profeta Jesús. (…)
Es curioso que un tema como el del celibato, que no tiene ningún fundamento bíblico -ya que todos los apóstoles, todos los primeros obispos y los primeros papas de la Iglesia, y con toda probabilidad el mismo Jesús, estaban casados y tenían familia- continúe siendo tan importante cuando un Papa podría acabar con esa ley canónica de un plumazo. Entretanto, la Iglesia no se preocupa lo más mínimo por los sacerdotes que se saltan a la torera su compromiso evangélico con la pobreza mientras aplauden y se contaminan y hasta dan la comunión a dictadores y asesinos públicos.
(…) Si ya Jesús decía hace más de 2.000 años que nada de lo que está oculto lo permanecerá para siempre, también hoy le va a ser cada día más difícil a la Iglesia, por más malabarismos que intente hacer, que los vasos y platos sucios de su perversa actitud contra inocentes queden en el silencio o en el olvido.


Juan Arias / 28-03-2010

Rafael Sánchez Ferlosio


"Mihi uindicta, Ego retribuam". Si no debe ignorarse la intención pedagógica tradicional de la pintura cristiana, más inexcusable será pasar por alto la grandiosa lección de teodicea de una representación mundialmente conocida y admirada como la del Juicio Final en la Capilla Sixtina.
Sentado como en un escabel en la parte alta del centro del cuadro y con un tamaño algo mayor que el de las figuras que lo rodean, Cristo aparece semidesnudo, cubiertos sólo el hombro izquierdo y el regazo, el cuerpo levemente escorado hacia la izquierda como acompañando al rostro, que forma ya un perfil de algo más de tres cuartos hacia ese mismo lado; del poderoso torso se levanta el brazo derecho, bien musculado, formando un ángulo algo menos que recto con el antebrazo, que remata en la mano abierta, con los dedos separados pero curvados en forma de concha, como formando un espejo cóncavo que concentrase los rayos de luz, ahora rayos de ira, hacia el mismo rincón inferior de la izquierda al que apunta la mirada: el rincón más oscuro del cuadro, donde se retuercen los réprobos: la mano del Salvador no está salvando, está condenando. El Hijo no se hizo hombre para redimir a los hombres, sino para vengar al Padre.

Rafael Sánchez Ferlosio, es escritor.

domingo, 28 de marzo de 2010

Monet


Monet y la abstracción, en el Thyssen (pagando) y en cajamadrid (por la patilla). A los “comisarios” o “curators” o “enteraos”, cualquier título o etiqueta les sirve para montar una exposición “histórica”, total la mayoría de la gente no tiene ni puta idea y tampoco les importa, no es que les cuelen lo que sea es que les da igual, ellos “hacen la cola y la ven” y papeleta resuelta y mira que ocio más cultural practico y qué al día estoy.
Lo mejor de la exposición de Monet y la abstracción, para mí, son los dos cuadros de Turner que hay nada mas entrar a la izquierda, en el Thyssen. Sobre todo uno, el de la derecha, parece que está pintado mañana. Y lo pintó el tío cuando Monet acababa de nacer y los papás de todos los expresionistas abstractos no lo habían hecho todavía. En el cuadro no hay una sola forma concreta a la que agarrarse, hay más colores que en el pantone, y se relacionan entre sí, ahora contrastando, ahora armonizando, ahora te complemento, ahora hago como que te ignoro. Se nos insinúa un leve horizonte y claro, ponemos de nuestra parte el cielo y la tierra, o mejor dicho, el mar y, sus respectivas luces y sus reflejos y sus vibraciones cromáticas y como juegan entre sí y todo lo que seas capaz de ver si miras con atención y sin filtros academicistas ni anteojeras. Cuando Rothko, visitó la Tate y pudo ver atentamente las obras de Turner dijo: “Este tío ha aprendido mucho de mí”. En lo que a esta exposición se refiere se confirma otra postura de Rothko, “mis obras no funcionan en las colectivas”. El gran Cy Twombly acompaña muy bien al Monet más tardío y gestual, está bien representado y es probablemente el que mejor sintoniza con el viejo maestro. A mi parecer de Kooning no es abstracto, y lo demuestran las excelentes obras de la muestra, aunque quizá sea un poco pronto para tener una opinión con suficiente perspectiva temporal (a Chu En- Lai, que fue ministro de Exteriores en tiempos de Mao, un escritor francés le preguntó en los años sesenta del pasado siglo su opinión sobre la repercusión de la Revolución Francesa -1.799- en la historia contemporánea y contestó que era muy precipitado, que no había transcurrido el tiempo suficiente para valorarlo adecuadamente) si los chinos no tienen prisa, no vamos a ser nosotros más maoístas que Mao, en cualquier caso Willem no encaja para nada en esta exposición, para mí es el más interesante de todos los etiquetados como “expresionistas abstractos” y de largo el más inquietante ( hace horas que abandoné el Thyssen y todavía tengo sus poderosos y sinuosos brochazos de septuagenario relampagueando en mi mente). Pollock, Still, Francis, Hofmann, Gottlieb… me temo que no resisten muy bien el paso del tiempo, el tiempo destroza lo que puede, suele rascar la pintura y si en esas aparece la base, el soporte material a las primeras de cambio: “no queda nada que rascar”, lo mismo que les ocurre a las obras de Barceló de las últimas dos décadas, mal que nos pese a algunos.
El hiperrealista fotográfico y al mismo tiempo abstracto, Gerhard Richter es tan honrado cuando pinta, quiero decir, que se le nota a distancia y de cerca que sus obras – las que bonito y las no sé qué es - no suenan a superfluas, te llegan y otra cosa es que te interese el envío, hablando en plata, que son inteligentes, no improvisadas si no muy pensadas, curradas y pulidas y por eso no se arrugan por muy noble que sea la compañía. Afortunadamente Guston, dio un volantazo brutal a su pintura cuando intuyó el agotamiento de su aportación a la etiqueta “expresionismo abstracto” y su última pintura (no presente en la muestra) sigue siendo rabiosamente de ahora, actual, contemporánea.
Mitchell (sobre todo), Ryman, Tobey…acompañan y complementan los hermosos nenúfares y vistas del jardín de Giverny de Monet, sus pinceladas sueltas, sus armonías exquisitas y las transparencias, sus encuadres “a la japonesa” ( Monet como Van Gogh era un enamorado de las estampas japonesas que decoraban la pared de su estudio) en definitiva, éstas últimas obras son el resultado destilado de toda la sapiencia pictórica del más grande de los llamados impresionistas.
Con ser magníficos las obras expuestas del jardín de Giverny, es recomendable a quien tenga ocasión, la visión de la serie de los grandes nenúfares expuestos en el museo parisiense de L’Orangerie, la pequeña “Sixtina” de Monet, y dejarse envolver y sumergirse en esas obras vibrantes y sonoras de las que emana una música pictórica delicada y sublime.
( He podido observar a un visitante encarándose, brazos en jarra, a una de las obras de Pollock, con una mirada entre obtusa y escrutadora acompañada de una serie de muecas simiescas que afortunadamente han cesado cuando su acompañante femenina pegando literalmente la nariz al cartelito le ha informado: un Pollock, cari, ¡es un Pollock!)

sábado, 27 de marzo de 2010

Isaac Rosa



Qué le dice un "broker" a un cardenal


Isaac Rosa / 20-03-2010 / Público


“Como prueba de mi profunda preocupación he escrito una carta pastoral sobre esta dolorosa situación de los abusos de menores.”
Benedicto XVI, Papa de la Iglesia Católica

Lo contaré como un chiste, aunque no da risa: esto es un ejecutivo de Wall Street que entra en un bar. Se sienta junto a la barra y descubre a su lado, en un taburete y cabizbajo ante un whisky, a un cardenal del Vaticano, con su sotana, solideo y todos los adornos habituales.
“Monseñor, ¿se encuentra bien?”, pregunta el broker al purpurado, que suspira y habla en voz baja: “Regular, hijo, regular. No levantamos cabeza con los casos de pederastia. Cada vez salen más denuncias, y no ha hecho más que empezar. El Santo Padre está desesperado, no sabe qué hacer para salvar la imagen de la Iglesia. Estamos en crisis.”
“¿Crisis?”, responde el ejecutivo, sonriendo. “De eso yo sé mucho. ¡Crisis! Hace un año estaba yo como usted, hundido y pensando que era el final. Y míreme ahora. Tan tranquilo. Si quiere, puedo darle algunos consejillos.” El cardenal se gira y lo toma por los hombros: “Por favor, hijo, cuéntame cómo lo hicisteis.”
“Se lo explicaré con sencillez”, dice el ejecutivo, que saca su blackberry para mostrarle un powerpoint. “Lo primero es dejar claro que se trata de casos aislados, individuales, que nada tienen que ver con el funcionamiento del sistema. Nosotros culpamos a la codicia de unos cuantos; ustedes pueden denunciar la lujuria de unos pocos. Pero que los fieles tengan claro que no hay nada en el sistema católico que favorezca esos abusos. Ni el celibato, ni el secreto, ni las relaciones de dominación, ni la homofobia, nada. Todo es culpa de unos pocos pecadores, manzanas podridas que hay que apartar.”
“Segundo, propósito de enmienda. Ya me entiende. Prometan algo grande, generen expectativas: digan que van a refundar la Iglesia, que han aprendido la lección, que no volverá a pasar.”
“¿Crees que funcionará?”, pregunta el cardenal, con un brillo en los ojos. “Claro, padre. Nosotros ya hemos conseguido que la culpa de la crisis sea de los trabajadores, de sus sueldos y su baja productividad. Si me hace caso, en un año acabarán echando la culpa a los niños, por ir provocando. ¿Pedimos otra copa?”

Woody Allen


PADRE: ¡Melodie!
MELODIE: ¡Papá!
PADRE: Mi niñita, te he encontrado. Dios mío, tu madre y yo te hemos buscado y buscado pero perdimos las pistas. He usado todos mis contactos con la policía, hasta llamaron al FBI, pero estás bien, todo se arreglará, tu calvario ha terminado.
MELODIE: ¿Pero qué calvario?
PADRE: Te raptaron. Esta es mi teoría: te durmieron con cloroformo los mormones polígamos. Te llevaron para ser novia de alguien.
MELODIE: No me raptaron. ¿Es que nadie llegó a leer mis cartas?
PADRE: Sí, pero supuse que te obligaron a escribirlas a punta de pistola. ¿Quién es éste?
BORIS: ¿Y usted quién es?
MELODIE: Éste es Boris, mi marido.
PADRE: Boris… ¿tu qué?
MELODIE: Mi marido, soy la señora Yellnikoff.
PADRE: ¿Quién es usted?
BORIS: Soy su marido. ¿Quiere desmayarse aquí o pasar a la sala?
PADRE: ¿Y tu madre?
MELODIE: ¿Y a ti qué más te da? La engañaste, la dejaste nada menos que por Mandy Blackburn.
PADRE: Cometí una gran equivocación, el pecado de autoindulgencia. He venido a implorar su perdón.
MELODIE: Quizá deberías pensártelo bien.
PADRE: Quiero verla.
BORIS: Va a ser una muerte por choque cultural.
PADRE: Puedes decírmelo, Melodie, tiene todo el derecho a odiarme.
BORIS: Y le odia, créame.
PADRE: Puedes contarme la verdad. ¿Me odia?
MELODIE: Bueno, fue bastante horrible lo que hiciste con su mejor amiga.
PADRE: Entonces, ¿me odia?
BORIS: Sí, sí, sí, le odia. No aguanto esto. Le odio yo y acabo de conocerle.


Whatever works. Woody Allen (2009).


De 39escalones

Apocalypse now


CAPITÁN WILLARD: Cuando estaba aquí, quería estar allí; cuando estaba allí, sólo pensaba en volver a la jungla. Aquí estoy ahora una semana… esperando una misión… ablandándome; a cada minuto que estoy en este cuarto me debilito más y a cada minuto Charlie se fortalece en la jungla, se hace más fuerte.




***
CORONEL KILGORE: ¿Hueles eso? ¿Lo hueles, muchacho? Napalm, hijo. Nada en el mundo huele así. Qué delicia oler napalm por la mañana. Una vez durante doce horas bombardeamos una colina y cuando todo acabó, subí: no encontramos ni un cadáver de esos chinos de mierda. Pero aquel olor a gasolina quemada… Aquella colina olía a… victoria.


***
CORONEL KURTZ: He visto el horror… horrores que tú no has visto. Pero no tienes el derecho a llamarme asesino. Tienes derecho a matarme. Tienes derecho a hacerlo… pero no tienes derecho a juzgarme. Es imposible describir el horror en palabras a aquellos que no saben lo que verdaderamente significa. Horror, horror. El horror tiene una cara… y tú debes hacer del horror tu amigo. Horror y terror mortal son tus amigos. Si ellos no lo son, entonces son tus enemigos, a los que debes temer. Son en verdad tus enemigos. Recuerdo cuando estaba con las fuerzas especiales. Parece que han pasado siglos. Nos internamos en un campamento a inocular niños. Dejamos el campamento después de haber inoculado a los niños de polio y un hombre viejo vino corriendo hacia nosotros. Estaba llorando, no podía ver. Volvimos allí y ellos habían llegado y… habían amputado cada brazo inoculado. Estaban en un montón. Un montón de pequeños brazos. Y recuerdo… yo… yo lloré. Lloré como una abuela. Quería arrancarme los dientes. No supe qué quería hacer. Y quiero recordarlo; nunca quiero olvidarlo. Nunca quiero olvidar. Y entonces me di cuenta… como si me hubiesen disparado… como si me hubiesen disparado con un diamante… una bala de diamante justo en mi frente. Y pensé: Dios mío… el genio de esto. El genio. El deseo de hacer esto. Perfecto, genuino, completo, cistalino, puro. Y entonces me di cuenta de que eran más fuertes que nosotros, porque ellos podían soportar eso… ellos no eran unos monstruos. Eran hombres… oficiales entrenados. Estos hombres que luchaban con sus corazones, que tenían familias, que tenían hijos, que estaban llenos de amor… pero tenían la fortaleza… la fortaleza… para hacer eso. Si yo hubiese tenido diez divisiones de estos hombres, entonces nuestros problemas hubiesen terminado rápidamente. Tienes que tener hombres que tengan moral… y al mismo tiempo que sean capaces de utilizar sus instintos para matar sin sentimentalismos… sin pasión… sin juzgar… sin juzgar. Porque es el juzgar lo que nos derrota.


Apocalypse now. Francis Ford Coppola (1979).


De 39escalones

viernes, 26 de marzo de 2010

Virginie Despentes / "Teoría king kong"


(que sí, que sigue...)


Son, sin embargo, mis cualidades viriles las que hacen de mí algo distinto de un caso social entre otros. Todo lo que me gusta de mi vida, todo lo que me ha salvado, lo debo a mi virilidad. Así que escribo aquí como una mujer incapaz de llamar la atención masculina, de satisfacer el deseo masculino y de contentarme con un lugar en la sombra. Escribo desde aquí, como mujer poco seductora pero ambiciosa, atraída por el dinero que gano yo misma, atraída por el poder de hacer y de rechazar, atraída por la ciudad más que por el interior, siempre excitada por las experiencias e incapaz de contenerme con la narración que otros me harán de ellas. No me interesa ponérsela dura a hombres que no me hacen soñar.
Nunca me ha parecido evidente que las chicas seductoras se lo pasen tan bien. Siempre me he sentido fea, pero tanto mejor porque esto me ha servido para librarme de una vida de mierda junto a tíos amables que nunca me habrían llevado más allá de la puerta de mi casa. Me alegro de lo que soy, de cómo soy, más deseante que deseable. Escribo desde aquí, desde las invendibles, las torcidas, las que llevan la cabeza rapada, las que no saben vestirse, las que tienen miedo de oler mal, las que tienen los dientes podridos, las que no saben cómo montárselo, esas a las que los hombres no les hacen regalos, esas que follarían con cualquiera que quisiera hacérselo con ellas, las más zorras, las putitas, las mujeres que siempre tienen el coño seco, las que tienen tripa, las que querrían ser hombres, las que se creen hombres, las que sueñan con ser actrices porno, a las que les dan igual los hombres pero a las que sus amigas interesan, las que tienen el culo gordo, las que tienen vello duro y negro que no se depilan, las mujeres brutales, ruidosas, las que lo rompen todo cuando pasan, a las que no les gustan las perfumerías, las que llevan los labios demasiado rojos, las que están demasiado mal hechas como para poder vestirse como perritas calentonas pero que se mueren de ganas, las que quieren vestirse como hombres y llevar barba por la calle, las que quieren enseñarlo todo, las que son púdicas porque están acomplejadas, las que no saben decir que no, a las que se encierra para poder domesticarlas, las que dan miedo, las que dan pena, las que no dan ganas, las que tienen la piel flácida, la cara llena de arrugas, las que sueñan con hacerse un lifting, una liposucción, con cambiar de nariz pero que no tienen dinero para hacerlo, las que están desgastadas, las que no tienen a nadie que les proteja excepto ellas mismas, las que no saben proteger, esas a las que sus hijos les dan igual, esas a las que les gusta beber en los bares hasta caerse en el suelo, las que no saben guardar las apariencias; pero también escribo para los hombres que no tienen ganas de proteger, para los que querrían hacerlo pero no saben cómo, los que no saben pelearse, los que lloran con facilidad, los que no son ambiciosos, ni competitivos, los que no la tienen grande, ni son agresivos, los que tienen miedo, los que son tímidos, vulnerables, los que prefieren ocuparse de la casa que ir a trabajar, los que son delicados, calvos, demasiado pobres para gustar, los que tienen ganas de que les den por culo, los que no quieren que nadie cuente con ellos, los que tienen miedo por la noche cuando están solos.
Porque el ideal de la mujer blanca, seductora pero no puta, bien casada pero no a la sombra, que trabaja pero sin demasiado éxito para no aplastar a su hombre, delgada pero no obsesionada con la alimentación, que parece indefinidamente joven pero sin dejarse desfigurar por la cirugía estética…


Virginie Despentes / “Teoría king kong”

Traducción de Beatriz Preciado
Editorial Melusina, s.l., 2007

Virginie Despentes




Virginie Despentes / “Teoría king kong”
Traducción de Beatriz PreciadoEditorial Melusina, s.l., 2007


Tenientas corruptas*
Escribo desde la fealdad, y para las feas, las viejas, las camioneras, las frígidas, las mal folladas, las infollables, las histéricas, las taradas, todas las excluidas del gran mercado de la buena chica. Y empiezo por aquí para que las cosas queden claras: no me disculpo de nada, ni vengo a quejarme. No cambiaría mi lugar por ningún otro, porque ser Virginie Despentes me parece un asunto más interesante que ningún otro.
Me parece formidable que haya también mujeres a las que les guste seducir, y otras que sepan casarse, que haya mujeres que huelan a sexo y otras a la merienda de los niños que salen del colegio. Formidable que las haya muy dulces, otras contentas en su feminidad, que las haya jóvenes, muy guapas, otras coquetas y radiantes. Francamente, me alegro por todas a las que les conviene las cosas tal y como son. Lo digo sin la menor ironía. Simplemente, yo no formo parte de ellas. Seguramente yo no escribiría lo que escribo si fuera guapa, tan guapa como para cambiar la actitud de todos los hombres con los que me cruzo. Yo hablo como proletaria de la feminidad: desde aquí hablé hasta ahora y desde aquí vuelvo a empezar hoy. Cuando estaba en el paro no sentía vergüenza alguna de ser una paria, sólo rabia. Siento lo mismo como mujer: no siento ninguna vergüenza de no ser una tía buena. Sin embargo, como chica por la que los hombres se interesan poco estoy rabiosa, mientras todos me explican que ni siquiera debería estar ahí. Pero siempre hemos existido. Aunque nunca se habla de nosotras en las novelas de hombres, que sólo imaginan mujeres con las que querrían acostarse. Siempre hemos existido, pero nunca hemos hablado. Incluso hoy que las mujeres publican muchas novelas, raramente encontramos personajes femeninos cuyo aspecto físico sea desagradable o mediocre, incapaces de amar a los hombres o de ser amadas. Por el contrario, a las heroínas de la literatura contemporánea les gustan los hombres, los encuentran fácilmente, se acuestan con ellos en dos capítulos, se corren en cuatro líneas y a todas les gusta el sexo.
La figura de la pringada de la feminidad me resulta más que simpática: es esencial. Del mismo modo que la figura del perdedor social, económico o político. Prefiero los que no consiguen lo que quieren, por la buena y simple razón de que yo misma tampoco lo logro. Y porque, en general, el humor y la invención están de nuestro lado.
Cuando no se tiene lo que hay que tener para chulearse, se es a menudo más creativo. Yo, como chica, soy más bien King Kong que Kate Moss. Yo soy ese tipo de mujer con la que no se casan, con la que no tienen hijos, hablo de mi lugar siempre excesiva, demasiado agresiva, demasiado ruidosa, demasiado gorda, demasiado brutal, demasiado hirsuta, demasiado viril, me dicen.

(…sigue…)

Ludwig Wittgenstein


"Revolucionario será aquel que pueda revolucionarse a sí mismo."
L. WITTGENSTEIN


Creí que sería sencillo, pero tuve que intentarlo seis o siete veces antes de encontrar el tono adecuado. Pedir perdón a alguien es un asunto complejo, un ejercicio de delicado equilibrio entre el terco orgullo y el apesadumbrado cargo de conciencia, y al menos que uno sea realmente capaz de abrirse a la otra pesona, toda disculpa adquiere un timbre falso y vacío.Mientras elaboraba los distintos borradores de la carta (con la moral cada vez más por los suelos, culpándome por todo lo que me había ido mal en la vida, flagelándome el alma atribulada y corrompida como una serpiente medieval), me acordé de un libro que Tom me había enviado por mi cumpleaños ocho o nueve años atrás, en la época dorada en la que June aún vivía y él seguía siendo un brillante y prometedor doctor Pulgarcito. Era una biografía de Ludwig Wittgenstein , filósofo del que había oído hablar pero al que nunca había leído: circunstancia nada inhabitual, teniendo en cuenta que mis lecturas se limitaban a la narrativa, sin la más mínima incursión en otros ámbitos. Me pareció un libro absorbente,bien escrito, en el que una historia destacaba sobre todas las demás y que no se me ha olvidado nunca. Según el autor, Ray Monk, después de haber escrito su Tractatus cuando era soldado en la Primera Guerra Mundial, Wittgenstein consideró que había resuelto todos los problemas de la filosofía y que ya no podía ir más lejos en la materia. Se colocó de maestro en una escuela de un pueblo perdido en la smontañas de Austria, pero resultó que no tenía cualidades para el puesto. Severo, malhumorado, violento incluso, regañaba contínuamente a los niños y les pegaba cuando no se sabían la lección. No los cachetes de rigor, sino puñetazos en la cabeza y en la cara, palizas impulsadas por la cólera, que acabaron causando graves traumas a una serie de chicos. Corrió la voz sobre aquella indignante conducta y Wittgenstein se vio obligado a renunciar a su puesto.Pasaron los años, al menos veinte, si no me equivoco, y para entonces Wittgenstein vivía en Cambridge, dedicado de nuevo a la filosofía y convertido ya en un personaje famoso y respetado. Por motivos que ya he olvidado, atravesó una crisis espiritual y sufrió un desequilibrio nervioso. Cuando empezó a recuperarse, decidió que el único modo de recobrar su salud consistía en voler al pasado y pedir humildes disculpas a cada persona a la que hubiera ofendido o perjudicado. Quería purgar la culpa que le corroía las entrañas, limpiar su conciencia y empezar de nuevo. Como es lógico, ese camino le condujo de nuevo al pequeño pueblo de montaña en Austria. Todos sus antiguos alumnos eran ya adultos, hombres y mujeres de veinticinco a treinta años, pero el tiempo no había atenuado el recuerdo del violento maestro. Uno por uno, Wittgenstein llamó a su puerta y les pidió perdón por su intolerable crueldad de dos décadas atrás. En ocasiones, llegó literalmente a hincarse de rodillas y suplicar, implorando la absolución de los pecados que había cometido.Cabría imaginar que una persona que se viera ante tales muestras de sincero arrepentimiento sentiría compasión por el doliente peregrino y acabaría transigiendo, pero de todos los antiguos alumnos de Wittgenstein, ni uno solo estuvo dispuesto a perdonarlo. El dolor que había causado era demasiado profundo, y su odio hacia el maestro trascendía toda posibilidad de gracia.


PAUL AUSTER. "Brooklyn follies"

¿Arte?


Arte entre tiburones


Al parecer, hay dos versiones sobre la muerte del marchante francés Ambroise Vollard en 1939, y en las dos interviene indirectamente Arestide Maillol. Según la primera, Vollard murió accidentalmente al ser golpeado por un bronce de Maillol que se deslizó por la repisa situada tras los asientos de su coche cuando el chófer del vehículo frenó bruscamente. De acuerdo con la otra versión, fue precisamente el chófer quien le asesinó al golpearlo repetidamente con la estatuilla de Maillol. En esta versión menos romántica el chófer era un asesino a sueldo de otro marchante. Sea como fuera, Vollard, a su muerte, era un hombre extraordinariamente rico que había convertido el arte en negocio con una habilidad sin precedentes. Picasso fue uno de sus artistas más notables, aunque es probable que su mejor operación financiera fuera la compra de 250 lienzos a un endeudado Paul Cézanne por 50 francos cada uno. Estos cuadros fueron vendidos, más tarde, por 40.000 francos y actualmente aquel fabuloso conjunto costaría en el mercado entre 3.000 y 4.000 millones de euros.
Quien ha calculado el valor de los lienzos de Cézanne y recordado el misterio de la muerte de Vollard es el economista y experto en arte Don Thompson en el libro El tiburón de 12 millones de dólares.(…)Es la historia pormenorizada de un gran fraude en el que los especuladores se mueven con la misma impunidad que los más distinguidos tramposos de Wall Street. El tiburón de 12 millones de dólares podría utilizarse como un excelente informe para explicarnos cómo ha podido convertirse en hegemónico un arte fraudulento auspiciado por engranajes mercantiles en los que la ignorancia con respecto a la gran tradición artística (incluida la vanguardista) sólo es superada por la codicia.
(…)En otras palabras, lo atractivo, creo, es preguntarnos cómo se ha impuesto, casi sin resistencia, una idea tan reaccionaria del arte para que tanta gente traduzca el valor artístico en términos económicos y mediáticos hasta encontrar lógica la confusión del estilo artístico con la marca comercial. (…)La selección de artistas-marcas se ha realizado con los mismos criterios que la de los otros protagonistas emblemáticos del engranaje mercantil, con un creciente desinterés por el talento artístico a favor de la "capacidad de impacto". La consecuencia inmediata de este proceso ha sido la sistemática postergación de todos aquellos que no encajaban en el prototipo u ofrecían resistencia desde su particular concepción artística.
De hecho, el arte mercantilmente hegemónico de nuestros días, y el único visible en los medios de comunicación, es un arte en el que no hacen falta artistas ni críticas ni conaisseurs, ni público si quiera, con tal de que unos subasteros suficientemente poderosos hagan visibles marcas reconocibles. El impacto de la marca, metamorfoseado en obra, es el que influirá en los pujadores millonarios y en los responsables de los "museos contemporáneos", quienes, con dinero público, contribuirán a certificar el valor artístico de lo que inicialmente en la mente de los especuladores, es una operación especulativa.
Naturalmente, el tiburón al que se refiere Don Thompson en su título es el de Damien Hirst, el mayor fabricante de productos de impacto en los últimos lustros y taxidermista más bien mediocre, como lo demuestra el hecho de que su renombrado escualo conservado en formaldehído se deterioró hasta el punto de tener que ser sustituido por otro ejemplar. (…) Thompson analiza con perspicacia cómo un tiburón australiano mal disecado, al que se ha titulado con perfecta arbitrariedad La imposibilidad física de la muerte en la mente de alguien vivo llega a ser valorado en 12 millones de dólares y, en consecuencia, es transformado en una obra de referencia para el arte contemporáneo.
La supuesta provocación de Hirst es, desde luego, un puro cálculo, pero esto, aunque evidente para todo, no evita que se incorpore al circuito de la autoridad artística, y a esa autoridad se remitirán compradores particulares, museos contemporáneos públicos y bienales de arte encargadas de mostrar lo que verdaderamente cuenta. Lo retrógrado de la concepción que toma como baluarte a los Damien Hirst o Jeff Koons no se fundamenta en la lluvia de millones que cae sobre las cabezas de los que acatan el sistema, sino en la exclusión de los que, con igual o mayor talento, no lo acatan. El mercado usurpa todo el territorio pero, como afirma el crítico de arte Jerry Saltz, "el mercado es una tormenta perfecta de palabrería, interpretaciones sesgadas y especulaciones, una combinación de mercado de esclavos, parqué de bolsa, discoteca, teatro y burdel, donde una casta cerrada y cada vez más numerosa celebra unos rituales en los que los códigos de consumo y distinción se manipulan a la vista de todos".
(…) Con impecable lógica mercantil, los inversores compran productos que puedan reportarles rápidos beneficios; pero lo más demoledor es que los grandes museos acepten las mismas premisas e incorporen a sus fondos, como muestras del arte actual, las mercancías colocadas en el escaparate por los especuladores. En los últimos años, centros de referencia como el MOMA de Nueva York o la Modern Tate de Londres se han plegado a las exigencias de los subastadores y, con frecuencia, si no han adquirido determinadas obras ha sido porque algún nuevo rico ruso o algún excéntrico millonario japonés los ha superado en las pujas. A escala local, cientos de "museos de arte contemporáneo" han actuado según la misma servidumbre, creando así un canon sobre lo que significaba contemporaneidad en el trabajo artístico. A nadie le ha importado que Hirst confesara que eran sus técnicos, y no él, quienes llevaban a cabo las obras que él firmaba. Nadie ha reaccionado porque ya nadie, en las llamadas instituciones artísticas, puede oponerse al poder de Christie's y Sotheby's, y aún menos a las opacas maneras fraudulentas de los Madoff del arte.Con todo, el escándalo no es tanto económico como artístico. Situado en las antípodas de la vanguardia, sin inconformismo espiritual alguno, el arte oficioso que resulta de estos mecanismos de selección es un arte acomodaticio y servil, por más que, al tener que responder a las piruetas impactantes que exige el mercado, quiera presentarse como provocador y original. Sin ningún género de dudas, las denostadas academias de bellas artes de los tiempos antiguos eran menos dirigistas que los grandes subasteros actuales, y los salones, aquellos ridículos salones que fueron objeto de las burlas de la modernidad, mucho más revolucionarios que la mayoría de nuestros museos de arte contemporáneo, tan estúpidamente arrodillados ante el poder y tan excluyentes. El escándalo no es tanto que un tiburón mal disecado, tras su transformación en obra de arte, quede valorado en 12 millones de dólares, sino que los depredadores devoren cualquier talento que trate de ir a contracorriente.


Rafael Argullol es escritor.

jueves, 25 de marzo de 2010

Philip Roth


Cuando leí estas lineas de Indignación, el libro de Roth, recordé algo que dijo Gombrowicz: No juzgues. Describe únicamente tus reacciones. Nunca escribas del autor o de la obra, sino de ti mismo en confrontación con la obra o con el autor. Pues bien, salvando todas las distancias, este párrafo me produce un efecto comparable a las famosas magdalenas, salvo pequeños matices,me transporta a mi propia pre-adolescencia, a Sevilla, a mi barrio, a la pescadería de mi padre, a su caricaturización de las manías de las clientas, a sus preocupaciones monetarias...creo que una vez más se confirma que si escribes sobre algo que puede parecer corriente, cercano, ordinario y vulgar, pero está directamente conectado a la vida (real) a lo "humano", por muy "local" que sea, le llega a la gente (corriente, cercana, ordinaria, vulgar), literatura mediante, claro, es "universal". Las botas de Van Gogh, la lechera de Vermeer, los campesinos de Millet, el coño de Courbet, los bufones de Velázquez...vulgares y universales.


“En la carnicería, los clientes deleitaban a mis padres diciéndoles qué agradable resultaba contemplar al pequeño al que antes solían traer galletas (en los tiempos en que su padre le dejaba jugar con un poco de grasa y cortarla como "un gran carnicero", aunque usando un cuchillo de hoja roma ), verle madurar ante sus ojos y convertirse en un jovencito de buenos modales y habla educada que les picaba la carne, que esparcía serrín por el suelo y lo barría, que obedientemente arrancaba las plumas que quedaban en el cuello de los pollos muertos y colgados de ganchos en la pared cuando su padre le gritaba:"Despluma dos pollos, Markie, ¿quieres?, para la señora Tal" . Durante los siete meses anteriores a mi ingreso a la universidad, hizo algo más que darme carne para picar y unos cuantos pollos para desplumar. Me enseñó cómo tomar un costillar de cordero y cortar las chuletas, cómo rebanar cada costilla y, al llegar al final, cómo trocear el resto con la cuchilla. Y siempre me enseñaba de la manera más fácil."No te des en la mano con la cuchilla y todo irá bien" , me decía. Me enseñó a ser paciente con los clientes más exigentes, sobre todo los que tenían que ver la carne desde todos los ángulos antes de comprarla, los que querían que alzara el pollo para poder mirar literalmente por el agujero del culo y asegurarse de que estaba limpio."No te haces una idea de lo que algunas de esas mujeres te harán pasar antes de comprar un pollo", me decía. Y entonces las imitaba: "Dele la vuelta. No, la vuelta. Déjeme ver el trasero" . Mi tarea consistía no solo en desplumar los pollos, si no también en eviscerarlos. Le abres un poco el culo, metes la mano, agarras las vísceras y las sacas. Detestaba esa parte. Asquerosa y repugnante, pero había que hacerlo. Eso es lo que aprendí de mi padre y lo que me gustó aprender de él: que haces lo que tienes que hacer.“


Philip Roth / Indignación

El hermano Marx (Carlos)





Discurso pronunciado por F. Engels en el cementerio de Highgate en Londres, el 17 de marzo de 1883.


El 14 de marzo, a las tres menos cuarto de la tarde, dejó de pensar el más grande pensador de nuestros días. Apenas le dejamos dos minutos solo, y cuando volvimos, le encontramos dormido suavemente en su sillón, pero para siempre.
Es de todo punto imposible calcular lo que el proletariado militante de Europa y América y la ciencia histórica han perdido con este hombre. Harto pronto se dejará sentir el vacío que ha abierto la muerte de esta figura gigantesca.
Así como Darwin descubrió la ley del desarrollo de la naturaleza orgánica, Marx descubrió la ley del desarrollo de la historia humana: el hecho, tan sencillo, pero oculto bajo la maleza ideológica, de que el hombre necesita, en primer lugar, comer, beber, tener un techo y vestirse antes de poder hacer política, ciencia, arte, religión, etc.; que, por tanto, la producción de los medios de vida inmediatos, materiales, y por consiguiente, la correspondiente fase económica de desarrollo de un pueblo o una época es la base a partir de la cual se han desarrollado las instituciones políticas, las concepciones jurídicas, las ideas artísticas e incluso las ideas religiosas de los hombres y con arreglo a la cual deben, por tanto, explicarse, y no al revés, como hasta entonces se había venido haciendo. Pero no es esto sólo. Marx descubrió también la ley específica que mueve el actual modo de producción capitalista y la sociedad burguesa creada por él . El descubrimiento de la plusvalía iluminó de pronto estos problemas, mientras que todas las investigaciones anteriores, tanto las de los economistas burgueses como las de los críticos socialistas, habían vagado en las tinieblas.(…) Para Marx, la ciencia era una fuerza histórica motriz, una fuerza revolucionaria. Por puro que fuese el gozo que pudiera depararle un nuevo descubrimiento hecho en cualquier ciencia teórica y cuya aplicación práctica tal vez no podía preverse en modo alguno, era muy otro el goce que experimentaba cuando se trataba de un descubrimiento que ejercía inmediatamente una influencia revolucionadora en la industria y en el desarrollo histórico en general. (…)
Pues Marx era, ante todo, un revolucionario. Cooperar, de este o del otro modo, al derrocamiento de la sociedad capitalista y de las instituciones políticas creadas por ella, contribuir a la emancipación del proletariado moderno, a quién él había infundido por primera vez la conciencia de su propia situación y de sus necesidades, la conciencia de las condiciones de su emancipación: tal era la verdadera misión de su vida. La lucha era su elemento. (…)por último, nació como remate de todo, la gran Asociación Internacional de Trabajadores, que era, en verdad, una obra de la que su autor podía estar orgulloso, aunque no hubiera creado ninguna otra cosa.
Por eso, Marx era el hombre más odiado y más calumniado de su tiempo. Los gobiernos, lo mismo los absolutistas que los republicanos, le expulsaban. Los burgueses, lo mismo los conservadores que los ultrademócratas, competían a lanzar difamaciones contra él. Marx apartaba todo esto a un lado como si fueran telas de araña, no hacía caso de ello; sólo contestaba cuando la necesidad imperiosa lo exigía. Y ha muerto venerado, querido, llorado por millones de obreros de la causa revolucionaria, como él, diseminados por toda Europa y América, desde la minas de Siberia hasta California (…)Su nombre vivirá a través de los siglos, y con él su obra.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Alberto Sánchez / Miguel Hernández


CUARTILLAS LEIDAS POR ALBERTO SÁNCHEZ

EN UN HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ


“Me encontraba una tarde sentado en la terraza de un café de Madrid, con varios amigos y otros que no lo eran. Ya estaba dialogando no recuerdo con quién.
Pues, como íbamos diciendo, y en un momento de este volví la cabeza y me encontré que junto a nuestra mesa había un mozo de pueblo muy tostado de sol, en traje de pana, calzado de alpargatas y con una carpeta pequeñita en la mano.
Yo me quedé mirando y me dije para mis adentros: ¿Qué hará este paleto entre tantos señoritos? En esto llega el escritor José Bergamín y me dice:
Mira, aquí te presento a Miguel Hernández, un buen poeta.
Y como siempre:-tengo tanto gusto en conocerlo. Hombre, a ver si le hacemos un sitio.Al que estaba sentado a mi lado le dije:-¿Quiere usted correrse para que se siente este hombre?Después de una ligera conversación con Bergamín, nos pusimos los dos a dialogar: él, de campos y montes de Orihuela, y yo de las tierras y montes de Toledo. Consecuencia de este diálogo fue una invitación que le hice para pasar una tarde por los campos de Vallecas.
A los dos días de este primer encuentro nos vimos andando por los magníficos campos plásticos y nutritivos de Vallecas, pues a medida que íbamos caminando íbamos comiendo espigas de cebada y trigo de la que llevábamos los bolsillos llenos.De pronto, Miguel se para y arranca una planta de la tierra y me la muestra en la palma de la mano:-¿Esto qué es?-Esto es un cardillo- dije yo.-Fue cardillo –dice él. Ahora es carduncha, para últimos de agosto será cardo, y para septiembre dará flor, que pelada con cuidado, se come y tiene el sabor de alcachofa- recargando esta última palabra y empujándola con el pecho para que tuviese mayor fuerza.
Confieso que me quedé un poco molesto por este examen y sin más me metí por un campo de cebada buscando una planta que él no conociera.Arranqué una y se la mostré.-¿Esto que és?Y tranquilamente se echó a reir:- Pero hombre, si esta planta es la que da la flor que nosotros llamamos margarita de sol.Después de esto le propuse subir a los cerros a coger tomillos y a demostrarle que no todos huelen igual.-¿En tu tierra hay tomillos?- le dije.Medio ofendido me contestó:-¡Pero tú qué te has creído que es mi tierra! En mi tierra seguramente los hay mejores y de olor más penetrante.-Ten cuidado –le dije-, con lo que dices, que los de aquí crecen en las piedras y entre los cuarzos.
Así es que nos fuimos de cerro en cerro arrancando y oliendo tomillos y llegamos a la conclusión, de que tienen su propiedad particular, según el sitio donde se dan.
Así nos sorprendió la noche y es una verdadera lástima que no recuerdo bien la conversación habida en esta magnífica noche sobre la propiedad y olor de los tomillos. Sólo recuerdo que en un momento de este diálogo me dijo:-La vida de los hombres suele ser retorcida como las raíces de los tomillos en su lucha por subsistir, pero hay muy pocos que al final de esta lucha huelan tan profunda y limpiamente como éste –y me entregó uno de los varios tomillos que llevaba en su mano.

¿Lejos?


Un muchacho judío decide dejar su mísera aldea en Galitzia o Besarabia, y su madre llora sin consuelo:

"Hijo mío, ¿por qué te vas tan lejos?".

"¿Lejos?", dice el hijo. "¿Lejos de dónde?".

Alberto Manguel

¿Perdidos?


Un viajero en el norte de Canadá, desorientado por la vastedad del Ártico, se vuelve hacia su guía inuit y exclama: "¡Estamos perdidos!".

El guía, sorprendido, le contesta:

"¿Perdidos? No estamos perdidos: estamos acá".

Alberto Manguel

Rrose Sélavy / Duchamp


Duchamp


“Un grifo que deja de gotear cuando nadie le escucha.“


“El gusto no es más que una mera repetición de una opinión establecida.“


“He convertido el parasitismo en un arte refinado.“


“El contenido de una obra es: lo no expresado pero pretendido y lo expresado sin querer.“


“El tiempo pasa sin más, soy un respirador, lo disfruto muchísimo.“

Alban Berg


Sobre Alban Berg y sus ídolos,

de Soma Morgenstern


Alban Berg amanece un día con un forúnculo en el culo, es muy molesto pero no le da gran importancia, en esos tiempos está muy deprimido, su música ha sido calificada por los nazis, ya en el poder, como “arte degenerado al servicio de la causa bolchevique “ sus obras ya no se representan en ninguna sala de conciertos y su casa de discos alemana tampoco le paga royalties, su fuente habitual de ingresos deja de manar, esta casi en la ruina, aunque no pasa hambre. Y eso que él no es judío ( tuvo que rellenar unos impresos para demostrar su origen ario ) y su mujer, Helene, ya termina sus cartas con un Heil Hitler ¡¡
Soma que se ganaba los garbanzos y lo demás con su trabajo de periodista en un diario de Frankfurt es despedido; con la llegada al poder de los nazis, se limpió de izquierdistas y judíos todos los medios culturales y de comunicación y, su novela, que iba a ser publicada por una editorial alemana, rechazada. Lógico, es judío y no se ha escondido nunca ni ha ocultado sus opiniones. Las escasas fuentes de ingresos se secan, a tomar por culo la vida bohemio-burguesa de la mayoría de los intelectuales centro-europeos. Soma se siente completamente hundido y enfermo de los nervios.
Volvamos al forúnculo: Cierto día la forúnculosis que padece Berg se manifiesta en un superforúnculo (en el mismo) y su mujer Helene, cuya extrema tacañería era bien conocida por todos, decidió que Berg no fuese atendido por ningún médico a pesar de tener muchos amigos y conocidos que eran doctores ( esta mezquina tacañería la ejerció Helene tanto para sí misma como para los demás y en los tiempos de bonanza económica como en los de escasez ) y se puso manos a la obra: esterilizó unas tijeras y sajó la úlcera limpiándola de su contenido. Cuando Berg le contó la hazaña a Soma alabó la determinación y habilidad de su mujer. Soma, después de escuchar la historia se preocupó profundamente y esa misma noche llamó a un amigo médico y le transmitió su inquietud, a lo que el galeno le respondió que efectivamente esa cirugía casera era muy peligrosa, ya que se corría el riesgo de provocar una septicemia ( envenenamiento de la sangre).
Soma le pidió a su amigo el doctor que acudiera esa misma tarde al café donde tenía cita con Berg para otro asunto y proponerle un reconocimiento por su parte. El amigo-doctor aceptó y cuando ya en el local, Soma le propuso a Berg que le presentaría al doctor que casualmente estaba en el café, tanto Berg como sobre todo su mujer se negaron en redondo; en ese momento, Soma, que sabía que lo que no deseaban era gastar ni un chelín, les dijo que no se preocuparan por la factura ya que se trataba de un buen amigo y además un gran admirador de Berg. Ni por esas. Dos días después Berg moría en el hospital por septicemia provocada por la tacañería irresponsable de su mujer y su propia actitud sumisa. Tenía 50 años.

Louis-Ferdinand Céline


Céline y los 'microodios'

No suelo aconsejar sobre lecturas sino sobre marcas de cerveza.(…) Me emplearé en convencerles de mi lectura capital, Viaje al fondo de la noche, de mi héroe literario, el francés Louis-Ferdinand Céline. No está de más advertirles que, si son felices bajo los entándares de la ONU, estructurados familiarmente, con amigos y existencias previsibles, absténganse de abrir las tapas de este libro maldito entre los malditos. No les aportará más que zozobra gratuita. Pero si el resentimiento sin motivo concreto les reconcome, si les ha arruinado la vida un amante o si se sienten gobernados en el trabajo o en sus vidas por estúpidos de baba, corran a leer este tratado divino de la amargura y de la rebeldía.
Cayó en mis manos por casualidad a los 21 años y lo devoré en una madrugada. Nunca después tuve trato con droga alguna que me causara tanta excitación seguido de tal desplome vital. Su estilo es irrepetible. Un monólogo continuo con apariencia de jerga pero trabajado hasta la extenuación, que pareciera escrito a pachas entre Shakespeare y su sepulturero.
Céline fue un airado pacifista. Voluntario en la Gran Guerra, regresó mutilado y humillado. Lanzó un aviso a los parias como él que, al grito de "Nación" (¿les suena?), habían corrido a alistarse y ahora se veían atrapados en las trincheras, ateridos de frío, a mordiscos con las chinches y los obuses, olvidados por todos: "Os lo digo, infelices, jodidos de la vida, vencidos, desollados, siempre empapados de sudor; os lo advierto: cuando los grandes de este mundo empiezan a amarlos es porque van a convertirlos en carne de cañón". Sobrevivió como médico de los arrabales y al término de la II Guerra Mundial, sus compatriotas, que en su mayoría habían convivido plácidamente con los jerarcas nazis durante la ocupación, le condenaron por colaboracionista, y le marcaron con la mácula de la esvástica, que nunca se pudo quitar.
Céline, bendito asocial ("La moral de la Humanidad a mí me la trae floja, como a todo el mundo, por cierto"), enseñó que era posible escribir y engrandecerse odiando. Y no sólo a propósito de los odios genéricos, contra el poder o la guerra, de los que hablan los falsos poetas, sino sobre esos microodios homicidas que sentimos cien veces al día cuando por ejemplo, esperamos en una cola, alguien estornuda o llora un bebe en un avión. Los hizo suyos y nuestros en la mejor novela del siglo XX. Murió solo, loco y rodeado de perros.


Ramón Muñoz

martes, 23 de marzo de 2010

Gómez de la Serna


“La morcilla es una transfusión
de sangre con cebolla.”


Gómez de la Serna

Sobre Delibes


Nos dio una lección magistral cuando nos contó la facilidad con que había rechazado un premio de bastantes millones que le ofrecían cuando apenas había escrito dos capítulos.
-Qué pensarán de mi -dijo.
-¿Quién? -le contestó el mensajero.
-Los que han presentado sus novelas al premio y se encuentran con que está dado antes.
-Eso qué importa, pensarán que su historia era la mejor, sin duda.
-A mí me importa. Y mucho.
Y de esta manera zanjó la cuestión.

Marcel Duchamp


Duchamp



“Mi vida está definitivamente inacabada...“

“Yo no tenía meta. Lo único que quería era que me dejaran en paz para hacer lo que se me antojara.“


“El arte impresionista es absurdo, porque incluso más que Courbet, la retina prima sobre el cerebro.“


“Lo de satisfacer la mirada es cosa de los pintores retinianos.“


“Quería escapar de la cárcel de la tradición, no me liberé por completo, pero lo intenté, a sabiendas desaprendí a dibujar...de hecho tuve que olvidar con la ayuda de mi mano.“


“Cuando descubres algo, no siempre reconoces el sonido.“


“Shakespeare os importa un rábano, ¿No? tampoco sois sus nietos“


“No fijar residencia en nadie. Nada de lazos emocionales que puedan degenerar en cadenas.“


“Me gustaría que la fotografía llevara a la gente a despreciar la pintura hasta que surja algo que consiga que la fotografía resulte insoportable.“


“Cadaqués, verano de 1933: clima ideal y peseta encantadora.“

Ricardo Piglia


"La lectura es el arte de construir una memoria personal a partir de experiencias y recuerdos ajenos. Las escenas de los libros leídos vuelven como recuerdos privados"


Ricardo Piglia en Formas Breves

lunes, 22 de marzo de 2010

Wislawa Szymborska


CONTRIBUCIÓN A LA ESTADÍSTICA


De cada cien personas,

las que todo lo saben mejor:

cincuenta y dos,

las inseguras de cada paso:

casi todo el resto,


las prontas a ayudar,

siempre que no dure mucho:

hasta cuarenta y nueve,

las buenas siempre,

porque no pueden de otra forma:

cuatro, o quizá cinco,


las dispuestas a admirar sin envidia:

dieciocho,

las que viven continuamente angustiadas

por algo o por alguien:

setenta y siete,


las capaces de ser felices:

como mucho, veintitantas,

las inofensivas de una en una,

pero salvajes en grupo:

más de la mitad seguro,


las crueles

cuando las circunstancias obligan:

eso mejor no saberlo

ni siquiera aproximadamente,


las sabias a posteriori:

no muchas más

que las sabias a priori,

las que de la vida no quieren nada más que cosas:

cuarenta,

aunque quisiera equivocarme,


las encorvadas, doloridas

y sin linterna en lo oscuro:

ochenta y tres,

tarde o temprano,


las dignas de compasión:

noventa y nueve,

las mortales:

cien de cien.

Cifra que por ahora no sufre ningún cambio.


Wisława Szymborska
(Quiero dedicar esta entrada a Willy Toledo cuya lucha
ilumina nuestras desoladoras estadísticas.)

domingo, 21 de marzo de 2010


jueves, 18 de marzo de 2010

Bertrand Russell


" Hay personas que son incapaces de sobrellevar con paciencia los pequeños contratiempos que constituyen, si se lo permitimos, una parte muy grande de la vida. Se enfurecen cuando pierden un tren, sufren ataques de rabia si la comida está mal cocinada, se hunden en la desesperación si la chimenea no tira bien y claman venganza contra todo el sistema industrial cuando la ropa tarda en llegar de la lavandería. Con la energía que estas personas gastan en problemas triviales, si se empleara bien, se podrían hacer y deshacer imperios. El sabio no se fija en el polvo que la sirvienta no ha limpiado, en la patata que el cocinero no ha cocido, ni en el hollín que el deshollinador no ha deshollinado. No quiero decir que no tome medidas para remediar estas cuestiones, si tiene tiempo para ello; lo que digo es que se enfrenta a ellas sin emoción. La preocupación, la impaciencia y la irritación son emociones que no sirven para nada. Los que las sienten con mucha fuerza pueden decir que son incapaces de dominarlas, y no estoy seguro de que se puedan dominar si no es con esa resignación fundamental de que hablábamos antes. Ese mismo tipo de concentración en grandes proyectos no personales, que permite sobrellevar el fracaso personal en el trabajo o los problemas de un matrimonio desdichado, sirve también para ser paciente cuando perdemos un tren o se nos cae el paraguas en el barro. Si uno tiene un carácter irritable, no creo que pueda curarse de ningún otro modo."


BERTRAND RUSSELL

"La conquista de la felicidad"

La memoria histórica francesa


En el velódromo de la vergüenza


El filme 'La rafle', que recrea la detención de 13.000 judíos en París en 1942, reabre en Francia las heridas por la colaboración con los nazis.


El País - 18/03/2010


"¡Pero qué bonita es Francia!". El grito, sarcástico y repleto de indignación de un espectador, suena en la oscuridad de una sala de cine parisiense. En la pantalla corre el año 1942 y un gendarme francés propina una paliza a una mujer judía en un campo de retención en las afueras de París. La escena forma parte de La rafle (La redada), película estrenada en Francia la semana pasada. Dirigido por Roselyne Bosch, retrata por primera vez sin tapujos una de las páginas más oscuras -y durante décadas, tabú- de la historia reciente de Francia: la redada del Velódromo de Invierno de París, la mayor realizada en territorio francés y en la que fueron detenidos más de 13.000 judíos, la mayoría mujeres y niños.
La batida se inició a las cuatro de la mañana del 16 de julio de 1942. Durante dos días, los agentes franceses fueron casa por casa con la orden de "actuar con la máxima rapidez, sin palabras inútiles y sin ningún comentario". "Mi madre les suplicaba, pero yo me di cuenta de que no serviría de nada", recuerda en el filme Anna Traube, una de las supervivientes, que entonces tenía 20 años.
Los solteros fueron trasladados directamente a Drancy, al norte de París, escala previa a la deportación a los campos de concentración alemanes, mientras que las familias acabaron en el Velódromo de Invierno, entonces situado junto a la Torre Eiffel. "Era infernal, el ruido, la gente que lloraba, que gritaba, los niños que jugaban en la pista central", recuerda Traube.
Más de 8.000 hombres, mujeres y niños sobrevivieron sin agua ni comida hacinados durante cinco días en el Velódromo. Anna Traube logró huir gracias a la ayuda del responsable de saneamiento, Gaston Roques, y del médico judío de la Cruz Roja, David Sheinbaum, interpretado en la película por Jean Reno. Los que no pudieron escapar fueron trasladados a campos de detención y de ahí a Auschwitz. Del gigantesco Velódromo no queda ni rastro. Fue derruido en 1959 y sólo una pequeña placa conmemorativa da constancia de lo que ocurrió aquel verano de 1942. De la redada tan sólo queda una fotografía, en la que se ven los autobuses que transportaron a las familias.
Aquel traumático episodio no entró en los libros de historia escolares hasta la década de los ochenta. En 1995, el presidente Jacques Chirac se decidió a reconocer la responsabilidad francesa en la deportación de judíos. "La locura criminal del ocupante fue, lo sabemos, secundada por franceses, por el Estado francés", recalcó, en un histórico discurso.
(…)La película recuerda que los que llevaron a cabo la redada, aunque en territorio ocupado por los nazis, eran policías franceses bajo las órdenes del régimen colaboracionista del mariscal Pétain. Cierto es que el Gobierno respondía a la exigencia alemana de entregar un cupo determinado de judíos, pero suya fue la iniciativa de incluir en la redada, por primera vez, a menores de 16 años. De los 13.000 judíos detenidos, más de 4.000 eran niños. La motivación -recalcada en la cinta- no era otra que evitar cargar con el problema de los huérfanos.
Pero la obra también se esfuerza en honrar a los héroes que se arriesgaron para salvar la vida de sus vecinos, como una portera que avisó de la llegada de la policía, una pareja de prostitutas que salvó a una madre con su bebé o la enfermera Annete Monod...

miércoles, 17 de marzo de 2010

Miguel Hernández / Canción última


Canción última


Pintada, no vacía:

pintada está mi casa

del color de las grandes

pasiones y desgracias.


Regresará del llanto

adonde fue llevada

con su desierta mesa,

con su ruinosa cama.


Florecerán los besos

sobre las almohadas.

Y en torno de los cuerpos

elevará la sábana

su intensa enredadera

nocturna, perfumada.


El odio se amortigua

detrás de la ventana.


Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.


De "El hombre acecha" 1938- 1939