viernes, 30 de abril de 2010

Albórbola / "es que soy de letras"


(…) Leo también que las multinacionales de la alimentación intentan presionar a los médicos para que recomienden sus alimentos funcionales (los que además de alimentar se supone que proporcionan salud, como si no fuera eso lo que tiene que hacer todo alimento) en competencia con eso buitres que se ven en los ambulatorios, dispuestos a obsequiar a nuestros médicos con viajes y estancias en hoteles de lujo (en forma de congresos) a cambio de que nos prescriban sus fármacos, sin que nosotros recibamos (ni exijamos) explicaciones (no doctrina) sobre la necesidad de tomarlos.

Así que ya puestos, sería conveniente que los ciudadanos también leyeran sobre ciencia. He visto pocas actitudes más paletas que eso de decir «es que yo soy de letras» para desentenderse de todo conocimiento científico y desinteresarse de… todo; porque cómo funciona la vida y el mundo (con todos los artilugios y fenómenos que usamos) lo explica la ciencia (quizá la literatura enseñe a vivir, pero no explica la vida).

Y sin embargo, muchas personas no tienen ningún interés en entender esos menajes publicitarios sobre alimentos que obran maravillas en su cuerpo, detergentes que hacen cosas sobrenaturales y cremas que contienen sustancias y moléculas prodigiosas; ni cómo puede ser que un volcán bloquee (o no) un continente, porque hay países que parecen condenados a que el destino los machaque a terremotos, a qué se debe esa manía de ir a pescar a Somalia (y porqué la alteración del fondo del mar que provocan las redes de arrastre lleva a la desaparición de los peces) y que no es posible dedicar la selva a cultivos después de talar los árboles.La fama de cenutrios siempre la ha tenido la gente de ciencias, pero lo cierto es que casi todas las personas que yo conozco de ciencias tiene una cultura notable (leen, van a exposiciones y a conciertos, ven películas, saben algo de historia, viajan…) y, desde luego, no presumen de no saber nada de letras. Será porque entender cómo se duplica el ADN y que dependemos de que estén bien situadas esas míseras cuatros bases nitrogenadas da un baño de realidad y humildad que aleja de las grandilocuencias (algún científico pedante también conozco).

Sí, es muy conveniente que los gobernantes aprendan algo de ciencia; y más aún que se apliquen los gobernados, para no ser manipulados por magos y alquimistas de esos que atesoran conocimientos vetados a los mortales. Por eso y porque hay que ser muy inculto para no considerar que la ciencia es cultura. Es difícil dejar de ser un patán sin conocer el segundo principio de la termodinámica, aunque te hayas leído todo Proust, todo Schopenhauer y entiendas a Joyce.
Publicado por Albórbola en A la gavia de Maqroll

Julio Cortázar / En uno de sus libros...



En uno de sus libros, Morelli habla del napolitano que se pasó años sentado a la puerta de su casa mirando un tornillo en el suelo. Por la noche lo juntaba y lo ponía debajo del colchón. El tornillo fue primero risa, tomada de pelo, irritación comunal, junta de vecinos, signo de violación de los deberes cívicos, finalmente encogimiento de hombros, la paz, el tornillo fue la paz, nadie podía pasar por la calle sin mirar de reojo el tornillo y sentir que era la paz. El tipo murió de un síncope, y el tornillo desapareció apenas acudieron los vecinos. Uno de ellos lo guarda, quizá lo saca en secreto y lo mira, vuelve a guardarlo y se va a la fábrica sintiendo algo que no comprende, una oscura reprobación. Sólo se calma cuando saca el tornillo y lo mira, se queda mirándolo hasta que oye pasos y tiene que guardarlo presuroso. Morelli pensaba que el tornillo debía ser otra cosa, un dios o algo así. Solución demasiado fácil. Quizá el error estuviera en aceptar que ese objeto era un tornillo por el hecho de que tenía la forma de un tornillo. Picasso toma un auto de juguete y lo convierte en el mentón de un cinocéfalo. A lo mejor el napolitano era un idiota pero también pudo ser el inventor de un mundo. Del tornillo a un ojo, de un ojo a una estrella... ¿Por qué entregarse a la Gran Costumbre?


Rayuela, cap. 73

Elías Canetti / Borges


"Yo no le daría el premio [Nobel] a Borges. Y no por razones políticas, que no son pocas, incluso la medalla que recibió de manos de ese tal Pinochet. No se lo concedería porque su literatura es trivial, bien escrita, pero superficial como el ajedrez".

ELÍAS CANETTI

De: La nave de los locos

En la cola del paro / W. Shakespeare


“ Soy un desempleado. ¿Es que un desempleado no tiene ojos? ¿Es que un desempleado no tiene manos, órganos, proporciones, sentidos, afectos, pasiones?¿Es que no está nutrido de los mismos alimentos, herido por las mismas armas, sujeto a las mismas enfermedades, curado por los mismos medios, calentado y enfriado por el mismo verano y por el mismo invierno que un empleador? ¿Si nos pincháis, acaso no sangramos ? ¿Si nos cosquilleáis, acaso no reímos? ¿Si nos envenenáis, acaso no morimos? Y si nos ultrajáis ¿no nos vengaremos?”

El que avisa no es traidor.

Monólogo del desempleado Shylock.


"En la cola del paro" de William Shakespeare (traducido por ELOTRO)

jueves, 29 de abril de 2010

Alfred Hitchcock


"Ver un asesinato por televisión puede ayudarnos a descargar los propios sentimientos de odio. Si no tienen sentimientos de odio, podrán obtenerse en el intervalo publicitario."
Don Alfredo

Julio Cortázar / Sé que un día...


Sé que un día llegué a París


Sé que un día llegué a París, sé que estuve un tiempo viviendo de prestado, haciendo lo que otros hacen y viendo lo que otros ven. Sé que salías de un café de la rue du Cherche-Midi y que nos hablamos. Esa tarde todo anduvo mal, porque mis costumbres argentinas me prohibían cruzar continuamente de una vereda a otra para mirar las cosas más insignificantes en las vitrinas apenas iluminadas de unas calles que ya no recuerdo. Entonces te seguía de mala gana, encontrándote petulante y malcriada, hasta que te cansaste de no estar cansada y nos metimos en un café del Boul’Mich’ y de golpe, entre dos medialunas, me contaste un gran pedazo de tu vida.


Rayuela, cap. 1

miércoles, 28 de abril de 2010

Julio Cortázar / Levanté la cámara


Levanté la cámara


Curioso que la escena (la nada, casi: dos que están ahí... ) tuviera como un aura inquietante. Pensé que eso lo ponía yo, y que mi foto, si la sacaba, restituiría las cosas a su tonta verdad.(...) Levanté la cámara, fingí estudiar un enfoque que no los incluía y me quedé al acecho, seguro de que atraparía por fin el gesto revelador, la expresión que todo lo resume, la vida que el movimiento acompasa pero que una imagen rígida destruye al seccionar el tiempo, si no elegimos la imperceptible fracción esencial.

Las babas del Diablo

Thomas Bernhard / Premio Nacional 1968


Discurso pronunciado el 22 de marzo de 1968 en ocasión de la entrega del Premio Nacional Austríaco.


Thomas Bernhard


Señor Ministro
Vosotros los aquí presentes


No hay nada que exaltar, nada que condenar, nada que acusar, pero hay muchas cosas risibles; todo es risible cuando se piensa en la muerte.
Se atraviesa la vida, se reciben impresiones, no se reciben impresiones, se atraviesa la escena, todo es intercambiable, se recibe una formación más o menos buena en la tienda de accesorios: ¡qué error! Se comprende, un pueblo que no sospecha de nada, un hermoso país-padres muertos o conscientemente sin conciencia, hombres con la simplicidad y la bajeza, la pobreza de sus necesidades.
Todo es prehistoria altamente filosófica e insoportable. Los siglos son pobres de espíritu, lo demoníaco en nosotros es la prisión perpetua del país de los padres donde los componentes de la tontería y de la brutalidad más intransigente se han hecho necesidad cotidiana. El Estado es una estructura condenada permanentemente al fracaso, el pueblo una estructura condenada sin cesar a la infamia y a la flaqueza de espíritu. La vida es desesperación en que se apoyan las filosofías, en las que todo, finalmente, es prometido a la demencia.
Somos austriacos, somos apáticos; somos la vida, la vida como indiferencia a la vida, vulgarmente compartida; somos, en el proceso de la naturaleza, la locura de grandezas, el sentido de la locura de grandeza como porvenir.
No tenemos nada que decir, sino que somos lamentables, que hemos sucumbido por imaginación a una monotonía filosófica-económica mecánica.
Instrumentos de la decadencia, criaturas de la agonía, todo es claro para nosotros, no comprendemos nada. Poblamos un traumatismo, tenemos miedo, tenemos mucho derecho a tener miedo, vemos ya, por más que indistintamente, en último término, los gigantes de la angustia.
Lo que pensamos ha sido ya pensado, lo que sentimos es caótico, lo que somos es oscuro.
No tenemos que tener vergüenza, pero no somos nada tampoco y no merecemos sino el caos.
Agradezco, en nombre personal y en el de aquellos a quienes se distingue hoy conmigo, a este jurado y muy especialmente a todos los aquí presentes.

W. H. Auden / El ciudadano desconocido


EL CIUDADANO DESCONOCIDO


El Departamento de Estadística descubrió que era

alguien contra quien no había queja oficial,

y todos los informes sobre su conducta coinciden

en que, en el sentido moderno de una palabra anticuada, era un

santo,

pues en todo lo que hizo sirvió a la Gran Comunidad.

Salvo por la guerra hasta el día de su jubilación

trabajó en una fábrica y nunca fue despedido,

sino que satisfizo a sus patronos, Motores Fudge S.A.

Y sin embargo no era un esquirol ni tenía opiniones extrañas,

pues su Sindicato informa que cumplió con su deber

(nuestro informe sobre su Sindicato indica que era de fiar)

y nuestros trabajadores de Psicología Social descubrieron

que era estimado entres sus compañeros y le gustaba ir de copas.

La prensa está convencida de que compraba el periódico todos los

días

y sus reacciones a la publicidad eran normales en todos los sentidos.

Las pólizas hechas a su nombre demuestran que estaba asegurado
a todo riesgo,
y su cartilla de Atención Sanitaria indica que ingresó una vez
en el hospital pero salió curado.
Tanto Sondeo de Producción como Alto Nivel de Vida declaran

que tenía actitud sensata entre las ventajas del Pago a Plazos

y poseía todo lo que necesita el Hombre Moderno,

fonógrafo, radio, coche y frigorífico.

Nuestros investigadores de Opinión Pública están convencidos

de que tenía las opiniones adecuadas según la época del año;

cuando había paz, estaba a favor de la paz, cuando hubo guerra,

acudió.

Se casó y aportó a la población cinco hijos,

lo que era el número adecuado para un progenitor de su generación
según nuestro Eugenista,
y nuestros maestros atestiguan que nunca se entrometió en su

educación.

¿Era libre? ¿Fue feliz? La pregunta es absurda:

si algo hubiera ido mal, con toda seguridad nos hubiéramos

enterado.


W.H. Auden

martes, 27 de abril de 2010

Harold Pinter / Nobel 2005


(Nos cuenta J. Berger que este discurso fue discretamente silenciado por la ejemplar y democrática BBC, para no ofender al señor Tony Blair.)


“Discurso de agradecimiento del Nobel de Literatura 2005”


Harold Pinter.
(Fragmento)


Los Estados Unidos apoyaron la brutal dictadura de Somoza en Nicaragua durante 40 años. El pueblo nicaragüense, guiado por los sandinistas, derrocó este régimen en 1979, una impresionante revolución popular.
Los sandinistas no eran perfectos. Tenían una claro componente de arrogancia y su filosofía política contenía un cierto número de elementos contradictorios. Pero eran inteligentes, racionales y civilizados. Se propusieron conseguir una sociedad estable, decente y plural. La pena de muerte fue abolida. Cientos de miles de campesinos pobres fueron librados de una muerte segura. A unas 100.000 familias se le dieron títulos de propiedad sobre tierras. Se construyeron dos mil escuelas. Una notable campaña educativa redujo el analfabetismo en el país a menos de una séptima parte. Se establecieron una educación y un servicio de salud gratuitos. La mortalidad infantil se redujo en una tercera parte. La polio fue erradicada.


Los Estados Unidos denunciaron estos logros como una subversion marxista/leninista. Desde el punto de vista del gobierno de los Estados Unidos, se estaba estableciendo un ejemplo peligroso. Si a Nicaragua se le permitía fijar normas básicas de justicia social y económica, si se le permitía incrementar los niveles de salud y educación y alcanzar una unidad social y un respeto nacional propio, los países vecinos se plantearían las mismas cuestiones y harían lo mismo. En ese momento había por supuesto una feroz resistencia al status quo en el Salvador.
He hablado anteriormente de 'un entramado de mentiras' que nos rodea. El presidente Reagan describía habitualmente a Nicaragua como un 'calabozo totalitario'. Esto fue aceptado de forma general por los medios, y por supuesto por el gobierno británico, como un comentario acertado e imparcial. Pero lo que ocurre es que, bajo el gobierno sandinista, no estaba documentada la existencia de escuadrones de la muerte . No había constancia de torturas. No estaba probada la existencia de una brutalidad sistemática u oficial por parte de los militares. Ningún sacerdote fue asesinado en Nicaragua. De hecho, había tres sacerdotes en el gobierno, dos jesuitas y un misionero Maryknoll. Los calabozos totalitarios estaban en realidad muy cerca, en El Salvador y en Guatemala. Los Estados Unidos habían hecho caer en 1954 al gobierno elegido democráticamente en Guatemala y se calcula que unas 200.000 personas habían sido víctimas de las sucesivas dictaduras militares.


Seis de los más eminentes jesuitas del mundo fueron asesinados brutalmente en la Universidad de Centro América en San Salvador en 1989 por un batallón del regimiento Alcatl entrenado en Fort Benning, Georgia, USA. Un hombre extremadamente valiente, el arzobispo Romero, fue asesinado mientras se dirigía a la gente. Se calcula que murieron 75.000 personas. ¿Por qué fueron asesinadas? Fueron asesinadas porque creían que una vida mejor era posible y que debía conseguirse. Esta creencia los convirtió de forma inmediata en comunistas. Murieron porque se atrevieron a cuestionar el status quo, la interminable situación de pobreza, enfermedad, degradación y opresión que habían recibido como herencia.
Los Estados Unidos finalmente hicieron caer el gobierno Sandinista. Tardaron varios años y hubo una resistencia considerable, pero una persecución económica implacable y 30.000 muertos al final minaron la moral del pueblo nicaragüense. Exhaustos y condenados a la pobreza una vez más. Los casinos volvieron al país, la salud y la educación gratuita se acabaron. Las grandes empresas volvieron en mayor número. La 'Democracia' había prevalecido.
Pero esta "política" no se limitó, de ninguna manera, a Centroamérica. Se realizó a lo largo y ancho del mundo. No tenía final. Y ahora es como si nunca hubiese sucedido.


Los Estados Unidos apoyaron y en algunos casos crearon todas las dictaduras militares de derechas en el mundo tras el final de la Segunda Guerra Mundial. Me refiero a Indonesia, Grecia, Uruguay, Brasil, Paraguay, Haití, Turquía, Filipinas, Guatemala, El Salvador, y, por supuesto, Chile. El horror que los Estados Unidos infligieron a Chile en 1973 no podrá ser nunca purgado ni olvidado.
Cientos de miles de muertes tuvieron lugar en todos estos países. ¿Tuvieron lugar? ¿Son todas esas muertes atribuibles a la política exterior estadounidense? La respuesta es sí, tuvieron lugar y son atribuibles a la política exterior estadounidense. Pero ustedes no lo sabrían.
Esto nunca ocurrió. Nunca ocurrió nada. No ocurrió ni siquiera mientras estaba ocurriendo. No importaba. No era de interés. Los crímenes de Estados unidos han sido sistemáticos, constantes, inmorales, despiadados, pero muy pocas personas han hablado de ellos. Esto es algo que hay que reconocerle a los Estados Unidos. Han ejercido su poder a través del mundo sin apenas dejarse llevar por las emociones mientras pretendían ser una fuerza al servicio del bien universal. Ha sido un brillante ejercicio de hipnosis, incluso ingenioso, y ha tenido un gran éxito.


Os digo que Estados Unidos son sin duda el mayor espectáculo ambulante. Pueden ser brutales, indiferentes, desdeñosos y bárbaros, pero también son muy inteligentes. Como vendedores no tienen rival, y la mercancía que mejor venden es el amor propio. Es un gran éxito. Escuchen a todos los presidentes de Estados Unidos en la televisión usando las palabras, "el pueblo americano", como en la frase, "Le digo al pueblo americano que es la hora de rezar y defender los derechos del pueblo americano y le pido al pueblo americano que confíe en su presidente en la acción que va a tomar en beneficio del pueblo americano".
Es una estratagema brillante. El lenguaje se usa hoy en día para mantener controlado al pensamiento.

Miguel de Unamuno / La locura


La locura, la verdadera locura, nos está haciendo mucha falta, a ver si nos cura de esta peste del sentido común que nos tiene a cada uno ahogado el propio.

Miguel de Unamuno (1864-1936)

Julio Cortázar / Las cosas como dadas...


"Yo creo que desde muy pequeño mi desdicha y mi dicha al mismo tiempo fue el no aceptar las cosas como dadas. A mí no me bastaba con que me dijeran que eso era una mesa, o que la palabra "madre" era la palabra "madre" y ahí se acaba todo. Al contrario, en el objeto mesa y en la palabra madre empezaba para mi un itinerario misterioso que a veces llegaba a franquear y en el que a veces me estrellaba.
En suma, desde pequeño, mi relación con las palabras, con la escritura, no se diferencia de mi relación con el mundo en general. Yo parezco haber nacido para no aceptar las cosas tal como me son dadas."

Julio Cortázar

lunes, 26 de abril de 2010

El inagotable misterio de M.M.

















ÁNGEL FERNÁNDEZ-SANTOS 04/08/2002

El 5 de agosto de 1962, y cada cinco años, los cronistas del lado sombrío del cine tienen subrayada en negro su cita con una vieja e inagotable ceremonia de profanación. Es, cada cinco años y desde hace 40, el rito del nuevo desenterramiento y la nueva criba de las cenizas de la inagotable noticia de la muerte, en su casa de Brentwood, en Los Ángeles, de una mujer de 36 años llamada Norma Jeane Baker, conocida en todo el mundo como Marilyn Monroe, que en la década de los años cincuenta dio el último empuje de esplendor a un Hollywood ya atrapado por las primeras rampas de su decadencia y cuya caída se llevó por delante a muchos de sus talentos, comenzando por el de esta inmensa mujer.

La inexplicable cercanía, la condición de espejo y la turbadora sensación de verdad y realidad que despide la imagen de esta actriz herida por un trágico choque entre su inteligencia y su belleza, la han convertido en uno de los focos iluminadores de las galerías subterráneas del siglo XX. Los rostros vociferantes de los políticos pasan y la mayor parte de los enrevesados itinerarios de los aventureros del espíritu de ese tiempo se difuminan. Pero permanecen y se hacen cada vez más nítidos algunos signos humildes de aquel turbulento tiempo que les tocó vivir. Uno de esos rostros, convertido en icono universal, que quedan y que fortalecen sus raíces cuanto más se nos alejan en el tiempo es Marilyn. Cuando ocurrió su suicidio, o lo que fuese aquello, el suceso se ensanchó hasta rozar zonas de vértigo, por estar indirectamente involucrado en él John Kennedy, un presidente ennoblecido por su asesinato, pero que hoy, 40 años después de aquello, vuela más alto por su condición de amante de Marilyn Monroe que por sus propias hazañas o fechorías.

Aunque la inercia de los primeros funerales periodísticos de Marilyn Monroe mantiene la fecha de la madrugada del día 5 de agosto, parece cada vez más probable que la actriz muriese unas horas antes de lo dicho, no en la madrugada del 5, sino entre las diez y las doce de la noche del domingo día 4 de agosto de hace cuatro décadas. A eso conducen la mayor parte de las conjeturas arrancadas de un suceso del que no se conocen, aunque parece evidente que los tuvo, testigos directos y en el que al zarpazo del suicidio, que ya se abrió paso otras veces en otras alcobas de la actriz, se añade, para unos, una estúpida negligencia médica y, para otros, el epílogo, sórdido y tumultuoso, de la larga y extenuante batalla de la actriz contra el poder, esta vez encarnada en una agria y violenta ruptura sentimental con Robert Kennedy, un hombre del poder.

Aunque casi todos los que tiraron de algún hilo de aquella siniestra trama ya han muerto o, si viven, han enmudecido, hartos de repetir su rencor o su disculpa y su coartada, la caja de las conjeturas acerca de lo que ocurrió aquella noche en Brentwood sigue aún abierta y de ella saltan a la luz nuevas esquinas de la intriga. Pero reconforta que ahora -en la nueva oleada de libros, reportajes, estudios y documentos salidos de este octavo lustro de la muerte de Norma Jeane-, tras la consabida avalancha de indicios e invitaciones a engrosar el enigma del suceso, éste parece por fin haber escapado de la lógica del thriller de la vida real en que fue encerrado durante tantos años. Este cambio se produce en gran parte gracias a la solvencia de la Biografía de Marilyn Monroe, que Donald Spoto publicó hace 11 años, en 1993, y que es el disparadero de que comience a moverse la idea de que fue algo y no alguien la causa de la muerte de Marilyn Monroe.

Ella misma diagnosticó sin percibirlo su muerte cuando dijo que una estrella era un objeto y ella, que era la estrella absoluta, detestaba ser objeto. Es este rechazo frontal a sí misma y, al sistema que la exigía convertirse en objeto, lo que la hacía al mismo tiempo fuerte y sumamente vulnerable. Y es todo esto, añadido a su dura ironía hacia lo que llamaba el prostíbulo abarrotado -en referencia a las trastiendas morales del negocio de Hollywood- lo que la mató. Y este rasgo suicida hace irrepetible, genial y secretamente corrosiva a la obra de esta mujer.
De ahí que su rostro sea más que el de una estrella, porque su tragedia, como su comedia, no fue nunca fingida, y por ello pervive. Sigue Marilyn, medio siglo después de romper el techo expresivo del estrellato, siendo víctima de cegueras como la del crítico Val Hennesy, que hace unos años la rememoró como 'una actriz irremisiblemente mala, una mujerzuela autocomplaciente, una niña malcriada disfrazada de mujer y una estrella emperifollada y descerebrada', navajazos a un cadáver que chocan estruendosamente con la delicada idea de quien la dirigió en Bus Stop, Joshua Logan, que poco antes, en 1984, dijo de ella: 'Era una de las actrices más geniales que he conocido. Va más allá del arte. Es la actriz de cine más completa desde Greta Garbo. Tiene ese mismo misterio insondable. Es puro cine'.

La singularidad de ese rasgo de ser portadora de puro cine fue captado de forma intuitiva y perfecta por una célebre bailarina inglesa, la gran Margot Fonteyn, que la conoció en su momento de plenitud y dijo de ella, ya muerta: 'Era asombrosamente bella. Lo que más me fascinó fue su evidente incapacidad para quedarse inmóvil. Así como las personas normalmente mueven los brazos y la cabeza en una conversación, estos gestos se reflejaban en Marilyn en todo su cuerpo, produciendo un efecto delicadamente ondulado, igual que el movimiento de un mar casi encalmado. Yo vi muy claro que se trataba de algo de lo que ella no era consciente. Era en ella tan natural como respirar y en manera alguna es ese meneo afectado que han sugerido algunos escritores'

No hay mejor captura y descripción interior que ésta de aquel invisible, inexplicable, al mismo tiempo misterioso y diáfano, temblor que convertía a Marilyn Monroe en una actriz en carne viva, que actuaba con la totalidad de su cuerpo y que, por ello, era una adelantada a su tiempo, que se enfrentó -y rompió, con terca inteligencia instintiva, en uno de los actos de autodefensa más vigorosos que se conocen- a todo un desalmado y opulento sistema, que obviamente acabó con ella.




Andy Warhol (2)


No importaba lo que había pintado, su verdadera creación eran aquellos extraños seres que había conseguido reunir entre cuatro paredes blancas y que no se parecían en nada al resto de los habitantes de Nueva York, sino sólo a sí mismos como tribu. El rostro blanco con polvos de arroz, adornada la cresta roja con plumas de marabú y el cuerpo anoréxico alicatado con cristales de colores, de esa tribu formaban parte Valerie Solanas, feminista radical, violada por su padre, perdida desde los 15 años como una mendiga por las calles de Manhattan, que había escrito un guión titulado Up your ass (Mételo por el culo); Edie Sedgwick, hija de un millonario californiano, nacida en un rancho de 3.000 acres, que desembarcó en Nueva York como modelo con toda su belleza anfetamínica, acogida por su abuela en un apartamento de 14 habitaciones en Park Avenue; la cantautora Nico, la actriz Viva, Gerard Malanga, Ultra Violet, Freddie Herko, Frangeline, el escritor John Giorno, el cineasta Jack Smith, el grupo de música The Velvet Underground, Lou Reed, las chicas del Chelsea y un resto de jovenzuelos sin nombre pintarrajeados que entraban y salían de La Factoría, muchos de ellos dedicados sólo a mear sobre unas planchas de cobre para conseguir con la oxidación de la orina unos matices insospechados en los grabados, a los que a veces se añadía mermelada de frambuesa, chocolate fundido y semen humano. Era su parte en el cuarto de hora de fama.


Esta frenética cabalgada hacia el vacío impulsada con películas underground, experimentos con drogas, sexo en los ascensores, gritos en la noche, sobredosis en los retretes, que constituía la modernidad de los años sesenta en Nueva York, terminó abruptamente cuando el 3 de junio de 1968 Valerie Solanas, pasada de rosca, entró en La Factoría dispuesta a que Warhol le devolviera el guión que le había entregado. No estaba dispuesto a rodarlo, le parecía demasiado obsceno, pero lo cierto es que lo había perdido. Mételo en el culo. Fue suficiente para que Valerie sacara un revólver, el mismo que el artista había pintado como icono, y le sirviera todo el cargador, seis balazos, uno de los cuales le atravesó el cuerpo y casi lo llevó a la sepultura, de la que fue rescatado después de una operación quirúrgica de cinco horas, cuyas cicatrices se convirtieron en un póster. "Tenía demasiado control sobre mi vida" -dijo Valerie en el juicio-. Pero la fama siempre encuentra a otro más famoso. Este hecho fue oscurecido por el asesinato de Robert Kennedy unos días después. Se acabó el baile de san Vito. Desde entonces Warhol parecía un hombre de cartón piedra, decían las aves del paraíso que revoloteaban sobre su peluca plateada. Por otra parte Edie Sedgwich también se había destruido. Una mañana apareció muerta en la cama ahíta de barbitúricos. Sólo Basquiat, el negrito grafitero, rescatado por Warhol salió disparado hacia la gloria.Ser ante todo visible y hacer del espíritu un buen envase exterior fue lo que aportó Andy Warhol al mundo del arte. Por eso este artista diseñó también su funeral, celebrado en la iglesia bizantina del Espíritu Santo de Pittsburgh el 22 de febrero de 1987. Su féretro era de bronce macizo con cuatro asas de plata. Warhol llevaba puesto un traje negro de cachemira, una corbata estampada, una peluca plateada, gafas de sol con montura rosa, un pequeño breviario y una flor roja en las manos. Según las crónicas, en la fosa su amiga Paige Powell dejó caer un ejemplar de la revista Interview y una botella de perfume Beautiful de Estée Lauder. Pudo haber añadido un bote de sopa Campbell, un billete de dólar, una cocacola y un revólver. Toda América.


Manuel Vicent

Andy Warhol (1)


Andy Warhol (1)


MANUEL VICENT

Inventó la frivolidad como una actitud estética ante la vida y dictaminó que la esencia de las cosas sólo está en los envases. Este creador fue Andy Warhol, nacido en Pittsburgh, Pennsylvania, en 1928, hijo de un minero del carbón, emigrante eslovaco. Después de bautizarse en el rito católico bizantino el niño a los 13 años obtuvo la enfermedad del baile de san Vito, que le forzaba a mover las cuatro extremidades de forma incontrolada. Proscrito por sus compañeros de colegio debido a su rara pigmentación de la piel, postrado en cama largo tiempo y protegido en exceso por su madre, el pequeño Andy sólo halló salida alimentándose de héroes del cómic y de prospectos con los rostros de Hollywood, una mitomanía de la que ya no se recuperó.


Tampoco está claro que superara el síndrome del baile de san Vito, si se tiene en cuenta que, instalado en 1949 en Nueva York, no paró de moverse el resto de su vida en medio de un cotarro frenético de aristócratas excéntricos, artistas loquinarios, bohemios, drogadictos, modelos y otras aves del paraíso a los que, como gurú de la modernidad, comenzó a otorgar a cada uno los 15 minutos de fama que les correspondían y por los que algunas de estas criaturas estaban dispuestas a morir y a matar, como así sucedió.


Al principio Andy Warhol se dedicó a la publicidad, a ilustrar revistas y a dibujar anuncios de zapatos, pero hubo un momento en que ante una botella de cocacola, un bote de sopa, un billete de dólar y el rostro de Marilyn tuvo una primera revelación. Pensó que ciertas figuras y productos comerciales eran los verdaderos iconos de la vida americana y había que introducirlos en el territorio sagrado de la cultura y del arte. El pop-art que acababa de inventar necesitaba un fundamento filosófico y todo gran desparpajo lanzó al mundo este manifiesto: la cocacola iguala a todos los humanos. "En América los millonarios compran esencialmente las mismas cosas que los pobres. Ningún dinero del mundo puede hacer que encuentres una cocacola mejor que la que está bebiéndose el mendigo en la esquina. Todas las cocacolas son la misma y todas son buenas. Liz Taylor lo sabe, el presidente los sabe, el mendigo lo sabe y tú lo sabes".


Su filosofía de la superficie de las cosas se presentó en sociedad en 1954, en una exposición de la galería Paul Bianchinni, en el Upper East Side, titulada El Supermercado Americano, montada como una tienda de comestibles con pinturas y pósters de sopas, carnes, pescados, frutas y refrescos, mezclados con esas mismas mercancías auténticas en los estantes. La diferencia estaba en el precio. Un bote de sopa valía dos dólares en la realidad y costaba dos mil en la representación. Hoy un dólar es un dólar, pero si el billete está pintado por Warhol vale en una subasta seis millones de dólares.


Andy siguió añadiendo al arte más iconos de la vida americana, la silla eléctrica, el revólver, las cargas de la policía contra los manifestantes de los derechos humanos, los coches, los botes de sopa Campbell, los rostros de las celebridades de Hollywood, mientras a su alrededor se iba condensado un grupo de seres extraños, que eran mitad cuerpo humano real y el resto ficción o decoración. Todos revoloteaban alrededor de su estudio, la famosa Factoría, en la Calle 47 y la Séptima Avenida, empapelado por entero con papel de aluminio.


El salto cualitativo lo dio este artista ante el caso extraordinario de una exposición de 1964 en Filadelfia cuando por un percance del transporte no llegaron a tiempo los cuadros a la galería para la inauguración. El público llenaba la sala con las paredes desnudas y Andy desde un altillo descubrió que aquel espacio se parecía a una pecera llena de crustáceos que se movían en un baile de san Vito, excitados unos por otros, como única fuente de energía. A nadie le importaban las pinturas. La expectación sólo la proporcionaba la presencia del artista rodeado de sus criaturas, a las que todo el mundo trataba de parecerse. En ese momento tuvo Warhol su segunda revelación. La única forma de existir consistía en reflejarse en el espejo del otro. Si una cocacola o un bote de sopa Campbell es un icono americano, ¿por qué no puedo serlo yo?

domingo, 25 de abril de 2010

Fernando Pessoa / Intervalo doloroso


Todo me cansa, hasta lo que no me cansa. Mi alegría

es tan dolorosa como mi dolor.


Quien me diera ser un niño poniendo barcos de papel

en un estanque de la quinta, con un dosel rústico de

redes de parral poniendo ajedreces de luz y sombra

verde en los reflejos sombríos de la poco agua.


Entre yo y la vida hay un vidrio tenue. Por más nítidamente

que yo vea y comprenda la vida, yo no la puedo tocar.


¿Razonar mi tristeza? ¿para qué si el raciocinio es

un esfuerzo? y quien está triste no puede esforzarse.


Ni siquiera abdico de aquellos gestos banales de la

vida de los que yo tanto querría abdicar. Abdicar es

un esfuerzo, y yo no poseo el alma con que esforzarme.


¡Cuántas veces me aflige no ser el accionador de aquel

coche, el conductor de aquel tren! ¡cualquier banal Otro

supuesto cuya vida, por no ser mía, deliciosamente me

penetra para que yo la quiera y se me finge ajena!


Yo no tendría el horror a la vida como a una Cosa.

La noción de la vida como un Todo no me aplastaría

los hombros del pensamiento.


Mis sueños son un refugio estúpido, como un

paraguas contra un rayo.

Soy tan inerte, tan pobrecito, tan falto de gestos y de actos.


Por más que por mí me interne, todos los atajos de

mi sueño van a dar a claridades de angustia.


Incluso yo, el que sueña tanto, tengo intervalos en los

que el sueño me huye. Entonces las cosas me parecen

nítidas. Se desvanece la neblina en la que me cerco.

Y todas las aristas visibles hieren la carne de mi alma.

Todas las durezas miradas me duele saberlas durezas.

Todos los pesos visibles de objetos me pesan por

dentro del alma.


La vida es como si me golpeasen con ella.


Fernando Pessoa

Antonio Lobo Antunes / Buganvillas




Crónica con buganvillas

El escritor portugués dice no asociar el placer con la escritura de libros, pero lo cierto es que no hay ninguna otra cosa que prefiera más en el mundo. Hubo un tiempo que sufría por no ser capaz de crear. Descubrió el verdadero dolor de la impotencia. Se refugió en los casinos. Un nuevo mundo. Conoció las estrategias secretas de mujeres y hombres para seguir jugando. Tanta porquería a la vista. Y el arte de escribir volvió.

Las buganvillas en flor a lo largo del muro. A menudo, no importa qué esté haciendo o en qué ande pensando, me vienen las buganvillas en flor, azules y moradas, a lo largo del muro, el viejo y oscuro muro de mi infancia, entre la travesía y el callejón. Tanta sombra, siempre, por debajo de la buganvilla: e insectos diminutos, lagartijas, amenazas. Recuerdos así: mi bisabuela, aturdida, desataba un pañuelo de bolsillo y desparramaba un montón de joyas en la mesa. Me quitaba los caramelos y se los comía ella con esa boca elástica de los viejos, la expresión de Popeye que tienen todos: sólo les faltan los bíceps y la pipa. Me olvidaba del ancla tatuada: les falta también el ancla tatuada, claro. Antes del desatino, mi bisabuela se metía en el tren, a escondidas, para ir a jugar a la ruleta en el casino. De Benfica a Estoril quietecita, con miedo a que la reconociesen. Antes de comenzar a escribir Memoria de elefante, me pasé un año entero jugando todas las noches en el casino. No a la ruleta
(nunca me gustó la ruleta)
sino a la banca francesa. Al cabo de un mes ya conocía a muchas personas con el mismo vicio. Y a las mujeres que se prostituían sólo para tener dinero y poder seguir jugando. Llegaba a las once y salía a las tres de la mañana, cuando se cerraban las puertas. En muchas ocasiones me iba con alguna de esas mujeres: vivía en un apartamento pequeñito, por encima del mar. He descrito buena parte de esto en la novela. He descrito también el apartamento. Las pasé moradas para dejar el casino. Supongo que sufría un poco: de soledad, de no ser capaz de crear. Tenía dos hijas. No tenía nada salvo mi esterilidad en cuanto artista. No cogía el papel, no cogía la pluma, la cabeza se me había vaciado. La guerra, al lado de esta miseria, había sido el Paraíso para mí. Es la primera vez que hablo del dolor de la impotencia, e imagino lo que será el martirio de los hombres que fracasan en la cama. Y, no obstante, si me diesen a elegir, preferiría eso a la imposibilidad de la escritura. Sigo prefiriendo eso
(y todo lo demás)
a la imposibilidad de la escritura. ¿Por qué? No merece la pena preguntar por qué. Es así. Y será así hasta el final.
Las buganvillas en flor a lo largo del muro, azules y moradas a lo largo del muro. Qué destino del demonio es este que hace que un hombre
(que hace que yo)
mate incluso, si fuere necesario, para proteger un hado que no da ni goce ni alegría. Hacer libros es una tarea que no asocio al placer. Y, no obstante, ¿qué otra cosa me interesa de verdad? Además me ha vuelto humilde, es decir, me ha dado un orgullo humilde. Quería ser el mejor. Soy el mejor. ¿Y? ¿Qué he ganado con eso? Más miedo a escribir, más humildad todavía. Hola, buganvillas en flor a lo largo del muro.
En la sala de juego, me acordaba de mi bisabuela: ¿cuál era su mesa? ¿Ésta, aquélla? ¿Vendería cosas, como tantos hacen, para comprar fichas? En los casinos, y eso es algo que siempre me ha perturbado, nadie sonreía. Expresiones indiferentes. Personas, que se notaba que eran pobres, apostando unos dinerillos menudos; personas, que no sospechaba que fuesen ricas, lanzando al paño, con desdén, en una sola jugada, más que todo mi sueldo. Los crupiés lo recogían, imperturbables. Señoras elegantes en el bar que cruzaban las piernas, con el comienzo del liguero al aire, fumando con una expresión absorta. Echaban nubes blancas por la nariz. Homosexuales a la deriva como los perros en las playas desiertas, intentando descubrir un olor que los guiase. Inspectores de esmoquin con un paso lento de flamencos. Y yo un año entero
(buganvillas, buganvillas)
en esto. En momentos de suerte, las señoras elegantes me convocaban con la boquilla, poniendo el liguero un poco más a la vista, y yo me metía la mano en el bolsillo para disimular el entusiasmo. Vistas de cerca no eran tan jóvenes, y al dejar el whisky sus bocas eran amargas. Pero era bueno que me susurrasen amabilidades al oído, que acababan con una puntita de lengua que me estremecía. Uñas que buscaban los espacios entre los botones de mi camisa. Rodillas contra mis caderas. Salían con abrigos de piel, frioleras, caminando, como Cristo sobre las aguas, sobre sus tacones de aguja. Durante días y más días mi coche
(un pobre coche siempre sucio)
olía a perfume, y ahí están las buganvillas en flor a lo largo del muro, el viejo y oscuro muro de mi infancia, entre la travesía y el callejón. Tanta sombra e insectos diminutos, lagartijas, amenazas. Una mañana de vacaciones, una serpiente: no una serpiente grande, es evidente, una de esas pequeñas, inofensivas. La aplasté con una piedra, la ensarté en una caña, fui a asustar a mi madre con aquello:
-Quita esa porquería de mi vista.
Dios mío, la cantidad de porquerías que debería haber quitado de la vista. ¿Estaré aún a tiempo de comenzar ahora?

Antonio Lobo Antunes / Traducción de Mario Merlino.

sábado, 24 de abril de 2010

Harold Bloom / El listo que todo...




SIGMUND FREUD (1856-1939)


[...] un sueño, por elaborado que sea, no es más que un sustituto de un texto más real, un sustituto interpretativo en realidad y, por lo tanto, especialmente sospechoso. En la visión freudiana, un sueño es un texto postergado, un comentario inadecuado a un poema que falta. Su argumento es, seguramente, irrelevante: lo que importa es algún elemento que sobresale, alguna imagen que resulta difícil de asociar al texto. Y en este sentido, Freud es el padre legítimo de Lacan y Derrida, con sus deconstrucciones del impulso, excepto en que él, Freud, les hubiera instado a ahondar en los abismos del sueño y no en sus propios textos. [...]Los sueños, como el psicoanálisis, parodian y simplifican los poemas, si seguimos a Freud al tratar los sueños en términos de su contenido latente, o «significado». Pero los sueños, en su contenido manifiesto, en su argumento y en su imaginería, comparten los elementos poéticos que tienden a desafiar la simplificación y el reduccionismo.Freud deseaba y necesitaba esta simplificación, porque su búsqueda era científica y terapéutica. Como terapeuta adivinador de sueños está más allá de toda comparación, antigua o moderna, aún más a pesar de su exceso de confianza interpretativa. [...]


JEAN-PAUL SARTRE (1905-1980)



El triunfo de Sartre comenzó en 1938, con su primera novela, La náusea. Pero en la actualidad, ¿qué queda de Sartre? Las modas pasan, y el Existencialismo ya no es más que un recuerdo borroso. Las novelas de Sartre, con la posible excepción de La náusea, ya no se leen. Mejor dramaturgo que narrador, sus obras de teatro aún tienen vida: A puerta cerrada se sigue representando, con cierto éxito. Como pensador político y como moralista Sartre tuvo en tiempos una enorme repercusión, pero aquella supremacía ha decaído. ¿No fue, después de todo, una buena obra de su época, de gran éxito en los años cincuenta y principios de los sesenta, que dejó de ser relevante con el advenimiento de la Contracultura, entre 1967 y 1970?[...] No hay mucho en la narrativa de Sartre que pueda resistir una comparación con Dostoievsky, con Conrad o Faulkner. Sartre siempre sabe demasiado bien lo que hace, y sus personajes nunca se alejan de él. En este sentido es como Camus, su amigo y rival, que escribió ensayos morales y los llamó «ficción». [...]No se puede comparar a Sartre con Molière o Racine; él no era un gran dramaturgo. Tal vez debió dedicarse antes a la biografía literaria y a la autobiografía, pero su deseo de alterar las vidas de sus lectores era demasiado fuerte. La suya será sólo una supervivencia parcial, pero Las palabras bastará, por sí misma, para que le recordemos mientras pasamos a otra era.

ALBERT CAMUS (1913-1960)



La auténtica influencia que se ve en El extranjero es, a mi juicio, la del Moby-Dick de Melville: Camus sustituye la blancura de la ballena por la del sol. Y Mersault no es un buscador, no es Ahab; Ahab no le hubiera dejado subir a bordo del Pequod. Pero el cosmos de El extranjero es en esencia el cosmos de Moby-Dick, aunque en muchos de sus aspectos externos el de Meursault se haya formado en el terror. [...]Cuarenta años después de su publicación, La peste (1947) de Camus ha adquirido una especial intensidad en esta era de la nueva peste, de ambigua denominación, que es el SIDA. La peste es una novela tendenciosa, más parcial incluso que El extranjero. Un autor requiere una enorme exuberancia para sostener esa parcialidad; Dostoievsky la tenía, pero Camus no. O bien es un maestro de la evasión, como Kafka, que puede evadirse de sus propias compulsiones, pero Camus es demasiado fácil de interpretar. La comparación más oscura sería con Beckett, cuya trilogía de Molloy, Malone muere y El innombrable contiene ese aire de amenaza y de angustia, metafísica y psicológica, que deja en nada a La peste. [...]Camus fue un admirable, aunque confundido, moralista, y el heredero legítimo de una larga tradición de lucidez racional. No escribió un Cándido, ni siquiera un Zadig, no consigo recordar ni siquiera un momento de humor en toda su ficción. El extranjero y La peste, como el resto de sus novelas, son grandes obras de su tiempo, reflejo crucial de la moral y las preocupaciones de Francia y de Occidente en los años 40, antes y después de la Liberación de los nazis, poderosas representaciones de una era que tienen su propio uso y justificación, y ofrecen valores que no son estéticos en sí mismos.

Sam Sephard / Fredericksburg, Texas


Fredericksburg, Texas.


¿Por qué pienso

"Este tipo está completamente loco"

Sentado en un bar de pueblo

Vestido con un traje de terciopelo negro, con chaleco

Oliendo a Marica de la Calle Catorce

Con un tic nervioso en unos ojos pardos

En los que casi no se ve la pupila?


¿Por qué pienso

"Este tipo está chiflado"

Cuando pregunta si ha nevado alguna vez en San Francisco

Si Herb Alpert toca a veces música clásica?


¿Por qué pienso

"Este tipo está majara"

Cuando me dice que tiene muchísimo talento

Pero le falta tiempo para desarrollarlo?


¿Por qué pienso

"Este tipo está como una chota"

Cuando coge la jarrita de la leche

Y la llama "Esta vaquita tan mona"?


Sé por qué

Porque no oculta

La desesperada distancia que le separa de la gente


Sam Sephard

José Emilio Pacheco / Ya somos todo aquello...


PALABRAS DE JOSÉ EMILIO PACHECO, PREMIO CERVANTES 2009


Poeta no es una profesión. "Que alguien escriba poesía es un absoluto misterio porque todo está en contra. Cuando uno tiene 14 años tiene tanta vergüenza de escribir que no se atreve a decírselo a sus compañeros de clase. Luego tampoco puede. No parece serio. Una vez al hacerme un carnet dije que era escritor y la funcionaria me dijo: "¡Eso no es profesión!" Y puso: "Trabaja por su cuenta".
Por eso actuaba con gran libertad, porque no tenía ninguna esperanza más que la de seguir escribiendo.
"Ya somos todo aquello / contra lo que luchamos a los 20 años". Mucha gente me ha recordado ahora, sí, estos versos del poema Antiguos compañeros se reúnen. Por suerte nunca satanicé los premios literarios".
Nabokov decía: "Si hablo soy un niño de siete años. Si escribo, soy un gran autor". Tenía razón. Yo necesito ver lo que escribo, para corregir. Y hablando no le puedes decir a la gente: "Borra eso, que te lo digo mejor".A mí, me llegaron los 15 minutos de fama de los que hablaba Andy Warhol, pero me llegaron a un cuarto para las 12. O sea, que tengo un cuarto de hora de provecho.
Pero no perdamos de vista la obsolescencia de los aparatos. Todavía recuerdo cómo hace 20 años me quedé asombrado al ver salir un fax del teléfono. Hoy es tan antiguo como una locomotora de vapor.
Alguna vez dije que el siglo XX se podía situar entre un título de Dickens y otro de Balzac, entre grandes esperanzas y las ilusiones perdidas.
La sensibilidad por la poesía, como por la música, se tiene o no se tiene. ¿Una definición de poesía? No tengo, lo siento. Yo escribo porque me pasa algo. Un epigrama griego dice que la poesía es pintura que habla y la pintura, poesía del silencio. Antes decía yo que todo conspira contra ella, pero la poesía está en el propio lenguaje. Basta pensar en lo que preguntan los niños. Cosas como: ¿A dónde van los días que pasan?

El Caballero de la Triste Figura se despide: “No he muerto ni moriré nunca… Mi brazo fuerte está y estará siempre dispuesto a defender a los débiles y a socorrer a los necesitados”.

En aquella mañana tan remota descubro que hay otra realidad llamada ficción.
Para mí el Quijote no es cosa de risa. Me parece muy triste cuanto le sucede. Nadie puede sacarme de esta visión doliente.

Como todo, Internet es al mismo tiempo la cámara de los horrores y el Retablo de las Maravillas.

Para volver al plano de la realidad irreal o de la irrealidad real en que los personajes del Quijote pueden ser al mismo tiempo lectores del Quijote, me gustaría que el Premio Cervantes hubiera sido para Cervantes. Cómo hubiera aliviado sus últimos años el recibirlo. Se sabe que el inmenso éxito de su libro en poco o nada remedió su penuria.
Cuánto nos duele verlo o ver a su rival Lope de Vega humillándose ante los duques, condes y marqueses. La situación sólo ha cambiado de nombres. Casi todos los escritores somos, a querer o no, miembros de una orden mendicante. No es culpa de nuestra vileza esencial sino de un acontecimiento ya bimilenario que tiende a agudizarse en la era electrónica.
En la Roma de Augusto quedó establecido el mercado del libro. A cada uno de sus integrantes -- proveedores de tablillas de cera, papiros, pergaminos; copistas, editores, libreros--le fue asignado un pago o un medio de obtener ganancias. El único excluido fue el autor sin el cual nada de los demás existiría. Cervantes resultó la víctima ejemplar de este orden injusto. No hay en la literatura española una vida más llena de humillaciones y fracasos. Se dirá que gracias a esto hizo su obra maestra.
El Quijote es muchas cosas pero es también la venganza contra todo lo que Cervantes sufrió hasta el último día de su existencia.

viernes, 23 de abril de 2010

Thomas Bernhard / Un horrible vacio





No puedo explicarle ahora mi vida, ni lo que soy. No, eso no se puede hacer. Necesitaría tres mil páginas y posiblemente se me olvidarían aún las cosas importantes, que se me ocurrirían luego. Para eso haría falta otro volumen complementario. Lo esencial se me olvidaría en esas tres mil páginas, y en mi lecho de muerte diría: ¡Santo Cielo!, ahora veo lo más importante de todo, ahora, al mirar desde un lecho de muerte, eso lo explicaría todo de otra manera, no tiene ningún sentido.
Hay que llegar a todo por sí mismo. Uno no tiene ninguna tarea ni nada parecido. Tareas sólo tienen los colegiales y los que obedecen a sus maestros.Y entonces pierdo de algún modo las ganas, porque no tengo ya nada que hacer, eso es lo idiota. Por eso he tenido que tener siempre una compensación y hacer algo, aunque fuera absurdo. Pero da igual. Como las mujeres, que tienen que sacudir incansablemente alfombras para tranquilizarse y poder freír sus tortillas. Todo ser humano se busca algo parecido. De algún modo siento un —¿cómo se llama ese famoso vacío?—, un horrible vacío, desde hace un año. ¿Qué puedo hacer ahora? No me interesa ya nada. Pero bueno, siempre ocurre algo, aunque sea una desesperación pura, algo llega siempre. Y entonces lo explotaré otra vez. Porque la vida es una explotación. Y uno se precipita sobre lo que sea, otra persona o uno mismo, no sé. Todo eso no conduce a nada.
Eso me recuerda dónde estuve ayer, en casa de un campesino, que me contó que un tabernero, al que yo también conocía, había muerto de pronto, aunque podía preverse desde hacía un año, pero sin embargo, de pronto, tenía un pie totalmente podrido, y desde luego hubo mucha gente en su entierro, y uno de ellos, ex carnicero y posadero, que había sido anteriormente oficial de carnicero pero tenía ya más de sesenta años, tuvo que llevar una cruz, de dos metros, enormemente pesada... siempre tienen, cuando llevan algo así, una especie de soporte de cuero, donde va metida la cruz. Y sólo hace falta sujetarla, pero no cargarla. Sin embargo, no encontraron el soporte y el hombre tuvo que llevar la cruz durante dos horas, y le pusieron encima además una corona, y entonces él se derrumbó y ahora estaba en cama, también listo. Ahora me acuerdo.

Marcos Ana / Decidme como es...


(Su padre se llamaba Marcos y su madre Ana, en su pequeño homenaje, qué mejor firma para los poemas. Hijo de campesinos pobres, que como muchos huyeron del hambre y emigraron a Madrid. Cierto día tuvo la ocasión de asistir de manera accidental a un mitin de las Juventudes Socialistas, pensó que aquellos eran los suyos, se afilió a pesar de su juventud, era un niño. Los militares se rebelaron contra el gobierno legítimo de la República. Luchó sin tregua hasta la derrota final. A los 19 años entró en el negro túnel de las cárceles franquistas, en una de ellas coincidió con Miguel Hernández, no obtuvo la libertad hasta 23 años después ( desde los 19 años hasta los 42). Nunca ha dejado de considerarse comunista. Todavía hoy sigue luchando por la libertad.)
Decidme como es un árbol.


Decidme como es un árbol,

contadme el canto de un río

cuando se cubre de pájaros,

habladme del mar,

habladme del olor ancho del campo

de las estrellas, del aire

recítame un horizonte sin cerradura

y sin llave como la choza de un pobre

decidme como es el beso de una mujer

dadme el nombre del amor

no lo recuerdo

Aún las noches se perfuman de enamorados

que tiemblan de pasión bajo la luna

o solo queda esta fosa?

la luz de una cerradura

y la canción de mi rosa

22 años, ya olvidé

la dimensión de las cosas

su olor, su aroma

escribo a tientas el mar,

el campo, el bosque, digo bosque

y he perdido la geometría del árbol.

Hablo por hablar asuntos

que los años me olvidaron,

no puedo seguir

escucho los pasos del funcionario.


Marcos Ana

Triada cervantina


jueves, 22 de abril de 2010

Carver / Machado


En este país, en el que se publica mucho (de algunos), quizá demasiado (habita entre nosotros un tal Trapiello que lleva publicados tropecientos tomos -16- de tropecientas páginas cada uno: ¡¡de sus diarios!!) y se lee tan poco (del susodicho no sabemos, bueno si sabemos pero nunca lo podremos demostrar), abundan sin embargo, los entendidos, los que saben, los prestigiosos, los que tienen voz pero sobretodo voto, los cosmopolitas, los que publican, los que ejercen de jurado y amañan los premios (hoy por ti mañana por mí, macho), los que dominan varias lenguas, incluso extranjeras, los que no han lucido nunca una chaqueta de pana, los que jamás han sido vistos en chandal-carrefour, los que viajan en días laborables a un cantón suizo para visitar el escondido establecimiento de un anticuario judío que posee una pequeña tabla que muy probablemente y aunque carece de firma, sea un espléndido Pisanello del que, francamente, me he encaprichado; los que han estudiao, los que han impartido cátedra en recintos de elite, selectos o oxonienses, los que no se columpian si no que dicen boutades, los que tienen sillón en la Academia, los que no practican actividades garbanceras, los que no dan la tabarra con la memoria histórica ni tienen el mal gusto de hablar de la República (no es esto, no es esto), de la Guerra Civil (ambos bandos tal para cual) ni de la postguerra (es costumbre universal que los vencedores ajusten cuentas) salvo para decirnos que los suyos tampoco lo pasaron bien y que procuremos ¡sobre todo! que no se tenga que repetir, y que dejémonos de rencores y de tocar los cojones con lo de las fosas y donde están los restos de mi abuelo.
Pues bien, este “ganao anticomunista” tan exquisito, tan leído, tan equilibrado, tan equidistante, tan genial, considera la poesía y la prosa de Antonio Machado, más bien vulgar, ramplona, antigua, gastada, provinciana e incluso en supuesta oposición al modernismo, “reaccionaria”. (Uno de ellos, quizás el “más anticomunista”, ha calificado al poeta como “pederasta” señalando la edad de Leonor.)De ahí, sostienen, su popularidad entre la chusma iletrada y su falta de valedores entre los que saben de qué va esto.

Raymond Carver, mira tu por dónde, sentía una gran admiración por Antonio Machado, a quien dedicó el siguiente poema:


ONDAS DE RADIO


La lluvia ha cesado, y la luna ha salido.

No entiendo nada de las ondas de radio.

Pero creo que se transmiten mejor justo

después de llover, cuando el aire está húmedo.

En cualquier caso, ahora puedo coger Ottawa, si quiero,

o Toronto. Últimamente, de noche, me sorprendo

ligeramente interesado por la política canadiense

y sus asuntos internos. Es verdad. Pero normalmente

lo que buscaba era sus emisoras con música. Me siento

aquí en la butaca y escucho, sin tener nada que hacer,

o pensar. No tengo televisor, y dejé de leer

los periódicos. De noche pongo la radio.

Cuando escapé aquí trataba de alejarme

de todo. Especialmente de la literatura.

De lo que ella entraña, y de lo que trae a rastras.

Hay en el alma un deseo de no pensar.

De estar quieto. Emparejado con éste,

un deseo de ser estricto, sí, y riguroso.

Pero el alma también es una afable hija de puta

no siempre de fiar. Y olvidé eso.

Escuché cuando dijo: Mejor cantar a lo que se ha ido

y nunca volverá que a lo que aún sigue

con nosotros y estará con nosotros mañana. O no.

Y si no, también está bien.

Tampoco importa demasiado, dijo, si un hombre nunca

canta.

Esa es la voz que escuché.

¿Puede imaginarse que alguien piense cosas así?

¡Qué absurdo!

Pero tengo estas estúpidas ideas de noche

cuando me siento en la butaca y oigo la radio.

Entonces, Machado, ¡su poesía!

Era como un hombrecillo mayor que se vuelve

a enamorar. Una cosa digna de observar,

y embarazoso, además.

Y llevo tu libro a la cama conmigo

y me duermo con él a mano. Un tren pasó

en mis sueños una noche y me despertó.

Y lo primero que pensé, el corazón acelerado

allí en el dormitorio a oscuras, fue esto:

Todo es perfecto, Machado está aqui.

Entonces me volví a dormir.

Hoy llevé tu libro conmigo cuando salí

a dar mi paseo. “¡Presta atención!” -decías,

cuando alguien preguntó qué hacer con su vida.

Conque miré alrededor y tomé nota de todo.

Luego me senté al sol, en mi sitio

de junto al río desde donde puedo ver las montañas.

Y cerré los ojos y escuché el sonido

del agua. Luego los abrí y me puse a leer

«Abel Martín».

Esta mañana pensé mucho en ti, Machado.

Y espero, incluso cara a lo que sé de la muerte,

que recibirás el mensaje que pretendo enviarte.

Pero está bien aunque tú no lo recibas. Que duermas bien.

Descansa. Antes o después espero que nos veamos.

Y entonces yo podré decirte estas cosas directamente.


(En 1987, a R. Carver le diagnosticaron cáncer de pulmón. Escribió en su diario: “Cuando ya no hay esperanza, lo único cuerdo que queda es aferrarse a unos frágiles asideros”. En 1988 murió, tenía 50 años.)

Cesare Pavese


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos...


Vendrá la muerte y tendrá tus ojos

-esta muerte que nos acompaña

de la mañana a la noche, insomne,

sorda, como un viejo remordimiento

o un vicio absurdo-. Tus ojos

serán una vana palabra,

un grito acallado, un silencio.

Así los ves cada mañana

cuando sola sobre ti misma te inclinas

en el espejo. Oh querida esperanza,

también ese día sabremos nosotros

que eres la vida y eres la nada.

Para todos tiene la muerte una mirada.

Vendrá la muerte y tendrá tus ojos.

Será como abandonar un vicio,

como contemplar en el espejo

el resurgir de un rostro muerto,

como escuchar unos labios cerrados.

Mudos, descenderemos en el remolino.

Cesare Pavese

Wislawa Szymborska / Entrevista


Wislawa Szymborska está en su casa, pero pide permiso para fumar. "Una vez", cuenta, "recibí una carta de varias páginas en la que una mujer me pedía que dejara de fumar. Me hubiera gustado responderle: he ido a tantos entierros de gente que nunca había fumado y que era más joven que yo... Me limité a decirle que le agradecía que se preocupara por mí". Szymborska nació hace 86 años en Kórnik, cerca de Poznan, al oeste de Polonia. Ahora vive en un bloque descolorido sin ascensor -una especie de vivienda de protección oficial- en un suburbio de Cracovia, la ciudad de la que no se ha movido desde que su familia emigró allí cuando ella tenía ocho años, en 1931.


Lecturas no obligatorias (Alfabia), una selección de las vibrantes notas que durante años publicó en una particular sección de los periódicos. Allí, y en un par de folios, comentó a Jüng y a Montaigne, pero también libros de jardinería, pájaros y decoración. El resultado es pura chispa. Así, del Poema del Cid dice: "Fue escrito por un Balzac medieval. La guerra es para él, ante todo, una empresa financiera. Dado que la guerra es costosa, ésta debe ser rentable. La cabeza del caballero, hasta que alguien se la corta, estaba siempre llena de cálculos". Y al comentar un manual de ideogramas chinos apunta: "Esposa es una mujer y una escoba; amante, una mujer y una flauta. Desconozco la existencia de un signo que represente el ideal al que nos conducen todas las revistas europeas para mujeres: la fusión de la escoba y la flauta".
Son las 11 de la mañana y en una mesa hay café, galletas y chocolatinas. Ella añade una botella de coñac que abre para la ocasión.


"¿Que si el premio me cambió la vida? Y tanto. Para bien y para mal. Para bien, porque multiplicó el número de cartas que me envían, de paquetes con libros, de invitaciones, de propuestas y de preguntas a las que hay que responder en las entrevistas". Y socarrona, añade: "Para mal, porque multiplicó el número de cartas que me envían, de paquetes con libros, de invitaciones, de propuestas y de preguntas a las que hay que responder en las entrevistas. A las invitaciones para viajar a otros países siempre respondo lo mismo: cuando sea más joven".
No crea que soy brillante. Hay preguntas para las que no tengo respuesta. No le gustan las fotos, así es que trata de distraer al fotógrafo cuanto puede: "Si hubiera venido hace 30 años... con esa cámara tan aparatosa me sacará todas las arrugas, ¿verdad? ¿No podría retocarlas un poco, como hacen con Sharon Stone?". Al cabo de unos minutos vuelve al ataque: "¿Es usted tan alto porque no fuma? ¿Hizo el servicio militar? Descanse un poco, deje la cámara y tome otro coñac".
Para mí la vida es una aventura con fecha de caducidad. Cuando estaba en la escuela murió una profesora y tuve conciencia de la muerte como algo natural. Con 86 años pienso igual que con 8.


¿El amor también es un tema facilón? Ah, ése ya no es tan fácil. Y lo más difícil es el erotismo, que de hecho se ha tocado muy poco en poesía. Nunca he leído un poema que sea capaz de trasladar lo que sucede entre dos personas. Hablo del erotismo puro, no del amor como sentimiento, que sí es más fácil de expresar.
¿Hay palabras que trata de evitar… Las arcaicas y las grandilocuentes. La belleza es una idea relativa, que depende de la tradición y de las costumbres, y sobre todo de los gustos personales, que el lector puede no compartir. Para mí, las catedrales románicas son más bonitas que las góticas, la cerámica más bonita que la más refinada de las porcelanas y la muñeca de trapo con la que en mi infancia podía hablar de cualquier cosa, mil veces más bonita que esa horrorosa Barbie. Porque, a ver, ¿sobre qué se puede hablar con una de esas Barbies? Bueno, a lo mejor de trapitos y esmalte para las uñas.
¿El humor le sirve para escribir sin vergüenza sobre temas más serios? Es mi forma de ser. Desde niña he tenido tendencia a darle vueltas a un asunto y a buscarle la parte cómica. Hay cuestiones, sin embargo, que ni me hacen gracia, ni me han hecho nunca gracia, ni me la harán: el odio, la violencia, la estupidez agresiva.
¿Cómo recuerda la guerra? Lo mejor que puedo decir es que sobreviví. Recuerdo el hambre, el frío. Tuve que trabajar haciendo zanjas en la calle. Mi padre fue inteligente: mucha gente huyó de Cracovia y se fue a Lvov, en la actual Ucrania, y pasaron a formar parte de la ocupación soviética. Sobreviví, sí. Pero hubo gente que murió. Mi primó cayó en el levantamiento de Varsovia.
¿Qué piensa de la idea de Adorno de que no se puede escribir poesía después de Auschwitz? Supongo que para una escritora polaca que vive a 70 kilómetros de ese campo de concentración la frase tiene un significado especial. Adorno no tenía razón, y eso lo pudo comprobar personalmente, porque vivió todavía más de veinte años después de terminar la guerra. En ese tiempo hubo poetas nada desdeñables que escribieron poemas nada desdeñables. Si ese trabajo hubiera carecido de sentido, ¿para qué habría servido?
¿Y puede un poeta escribir sobre la historia? Aunque su deseo de no escribir sobre ella fuera muy grande, es imposible evitarlo. Hay poetas para los que la historia es una fuente directa de inspiración. Para mí los mejores en ese aspecto son Cavafis y Zbigniew Herbert. Pero incluso la poesía que carece de cualquier referente histórico se inscribe para siempre en la historia, ya que utiliza un lenguaje que determina de forma exacta dónde y cuándo nace. La poesía supratemporal es una ilusión idiota. El lenguaje de los políticos suele servir para ocultar y no para expresar pensamientos. Pero a algunos políticos no intentaría yo convencerlos de que fueran sinceros: podría darse el caso de que no hubiese nada que ocultar.
¿Recuerda el día en que cayó el muro de Berlín? Estaba en Cracovia y fue un momento maravilloso. Aquéllos fueron unos tiempos inolvidables. La gente de Solidaridad era maravillosa. Luego eso cambió y empezaron a surgir cosas desagradables, pero entonces eran jóvenes y bellos. Estábamos todos eufóricos
¿Es verdad que estudió español? Me parece una lengua muy bonita. Un latín bellamente estropeado.
¿Y escribe? Como tengo poco talento, necesito un silencio de varios días: sin llamadas, sin visitas. Conozco pintores que pueden trabajar mientras llevan una conversación. En poesía eso es absolutamente imposible.
¿Y sus collages? Me inventé esas postales precisamente para que todo el mundo reciba algo personal sin que yo tenga que escribir. No se vaya sin terminarse la copa. Por cierto, no me ha preguntado por el feminismo. Es que siempre me preguntan si soy feminista o no.
¿Es usted feminista? Yo me niego a tener ninguna etiqueta, pero en Polonia las feministas tienen muchísima razón y muchas cosas por las que luchar: por los sueldos, por derechos que tienen que ver con su cuerpo, porque todavía hay resortes reaccionarios en la Iglesia... Sueño con el momento en que las feministas no sean necesarias.

martes, 20 de abril de 2010

Fragmentos


Ignacio Vidal-Folch / Amigos que no he vuelto a ver.

En un cementerio se encontró con la tumba de un rabino con fama de santo donde la gente escribía sus peticiones en papeles que dejaban en los resquicios de la cripta. Pero en vez de colocar su petición consiguió que los que limpiaban de tanto en tanto la tumba le guardasen los papeles:


«Querido rabino Loeb, dame un novio fuerte y alto.»

«Venerado rabino, quiero un novio que sea guapo y dulce y quiera tener hijos.»

«Una máquina de coser alemana. Un novio fijo. Que papá de repente odie la cerveza.»

«Que esta misma noche le dé un cólico a Husak.»(Gustav Husak fue el último presidente de la Checoslovaquia comunista.)

«El año que viene en Jerusalén.»

«Rabino, quiero acostarme una noche con Monika en el jardín de su primo.»

«Quiero viajar a Río de Janeiro y ligar con dos mulatas riquísimas que me mantengan a todo tren a cambio de mi sexo.»

«Rabino Loeb, oblígales a concederme el visado y creeré en ti.»

«Querido rabino, quiero ser más graciosa y más lista porque así como soy los chicos se cansan de mí.»

«Quiero que Lenka me quiera.»

«Quiero que Monika se enamore de mí.»

«Que Gabriela me quiera.»

«Quiero casarme con Walter y que tengamos una vida fácil.»

«Quiero ser muy feliz cada día a partir de hoy.»

«Rabino Loeb, por el poder que tienes, cúrale.»

«Hombre Santo: haz que la chica del tranvía 6 me sonría y me coja de la mano y me diga algo; de lo demás ya me encargo yo.»

«Permíteme morir antes que mi mujer. Que sea una muerte dulce. En sueños.»

«Rabino, por este papel te conjuro a que Monika se enamore de mí.»

«Ser millonaria. Amor y salud. Una finca en Kutna Hora. Un Mercedes.»

«Que Jean-Pierre se quede a vivir en Praga y siga enamorado de mí, y nos casemos, y seamos felices.»

«Que seamos muy felices.»

«Que seamos felices.»

«Que seamos felices.»

Ojalá el rabino Loeb o el azar o el destino haya cumplido todos esos deseos, porque sólo se vive una vez y los cementerios se remueven.



Eloy Tizón / Velocidad de los jardines

“No he vuelto a ver a ninguno. Tercero de letras no existe. He oído decir que las gemelas Estévez trabajan de recepcionistas en una empresa de microordenadores. ¿Por qué la vida es tan chapucera? Daría cualquier cosa por saber qué ha sido de Christian Cruz o de Mercedes Cimentes. Adonde han ido a parar tantos rostros recién levantados que ví durante un año, dónde están todos esos brazos y piernas ya antiguos que se movían en el patio de cemento rojo del colegio, braceando entre el polen. Los quiero a todos. Pensaba que me eran indiferentes o los odiaba cuando los tenía enfrente a todas horas y ahora resulta que me hacen mucha falta.Los busco como eran entonces a la hora de pasar lista, con sus pelos duros de colonia y las caras en blanco. Aquilio Gómez, presente. Fernández Cuesta, aún no ha llegado. Un apacible rubor de estratosfera se extiende por los pasillos que quedan entre la fila de pupitres, la madera desgastada por generaciones de codos y nalgas y desánimo. Una mano reparte las hojas del examen final, dividido ingenuamente en dos grupos para intentar que se copie un poco menos. Atmósfera general de desastre y matadero. La voz de la profesora canturrea: «Para el grupo A, primera pregunta: Causas y consecuencias de…» Hay una calma expectante hasta que termina el dictado de preguntas. El examen ha comenzado. Todo adquiere otro ritmo, una velocidad diferente cuando la puerta se abre y entra en clase Olivia Reyes…”


Del cuento “La vida intermitente”.


“En verdad os digo que la vida era perfecta, y existía sólo para que ellos dos la consumieran, y ella era Sonia y él era Víctor, vírgenes ambos, qué nervios. ¿Se amaban ellos porque estaban en el mismo curso o estaban en el mismo curso porque se amaban? Sonia compró un canario y se lo mostró. Le compró a Víctor el regalo diez semanas antes del cumpleaños, no pudo soportar la espera y le entregó el paquete brillantemente envuelto con dos meses de antelación. Los autobuses eran estupendos, los círculos de café con leche en los mostradores eran sociables y el locutor de Radio Hora era notable, verdaderamente notable. Estatuas de caudillos muertos vigilaban la prosperidad en los parques. El mundo parecía recién lavado, el mundo se inflamaba como un pájaro con fiebre, y la vida estaba llena de pequeñas cosas fascinantes.”

El último Cortázar...


El último Cortázar que vagó en París


La muerte de Carol Dunlop le postró en una gran depresión y le hizo deambular por las calles de París y visitar con frecuencia el cementerio de Montparnasse, donde descansaba el amor de su vida y en el que dos años después acabaría él mismo, consumido por una leucemia. "Ahora es el hueco, es un París zombie, no puedo escribir ni vivir mientras veo cómo nacen estas palabras y corre la tarde...".Félix Grande: No he conocido a nadie tan feliz como Julio Cortázar tras conocer a Carol. Era una chiquilla con una inocencia y una dulzura encantadora. Se hizo muy amiga de mi mujer, Paquita, y consiguió que Julio rejuveneciera. Tras su muerte se fue apagando poco a poco.
El 24 de septiembre de 1982, semanas antes de su muerte con sólo 36 años, Cortázar escribió: "Carol sigue igual, pero el lunes comienza un tratamiento que debería reactivar el funcionamiento de la médula y producir los leucocitos que le faltan. Tiene un coraje admirable y sé que se curará, pero llevará meses hasta salir de esta pesadilla". No fue así, y tuvieron que pasar dos años hasta que pudo librarse del tormento de la soledad que le acompañaba.
F.G.: En La Habana nos conocimos, nos encantaba la música. Yo tocaba la guitarra y a él le interesó el flamenco. Nos juntábamos con gente que por aquel entonces tenía unos 20 años, como Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. Nos hicimos muy amigos y ya siempre que viajaba a Madrid se quedaba en casa. Cenábamos hasta tarde y después nos gustaba ir a tomar unas copas al Whisky Jazz hasta que lo cerraban a las seis de la mañana. Después se empeñaba en pasear, que era algo que me agotaba a esas horas aunque yo era mucho más joven que él. Le gustaba dar paseos por la Castellana.

Textos Subrayados




* ¿Cuántos días de boda han terminado con el achispado y dispéptico novio mirando tristemente a su flamante novia mientras ésta rebota debajo de él en la cama de matrimonio de la suite nupcial y él ve no la cara de ella, si no la de su mejor amiga o la de su hermana más guapa o incluso, el cielo nos asista, la de su madre alegre de cascos?
* Soy como el hombre al que le duele una muela y que a pesar del dolor siente un vengativo placer en hurgar la palpitante cavidad con la punta de la lengua una y otra vez.
J. Banville

* Más que el intercambio mercantil, es el intercambio de humillaciones lo que estructura la sociedad actual.
Leopoldo María Panero.


* Mi naturaleza es contraria a toda exhibición y, como sufro de una modestia casi enfermiza no dejo ver mis órganos procreadores a nadie, excepto a mis mujeres y a mis médicos.
Brassens

* Casi todos los escritores franceses que pretenden hoy día hablar en nombre del proletariado provienen de padres acomodados o adinerados. No es una tara, en el nacimiento entra el azar y eso no me parece ni bien ni mal, me limito a señalar al sociólogo una anomalía y un objeto de estudio.
* 15.ooo francos al mes, la vida de la fábrica, y Tristán ya no tiene nada que decir a Isolda.
Albert Camus.

Quim Monzó


Preguntas a Quim Monzó


¿Crees que el ser humano realmente tiene "alma" o como dice Punset "Somos una comunidad andante de células en busca del amor"?
¿Eso lo dice Punset o lo dijo Campoamor? "Una comunidad andante de células en busca del amor "...por favor.
Bon día Quim. Siento una gran admiración por sus fantásticos relatos. Como un olor puede recordarme a una persona olvidada, sus historias desentierran experiencias o momentos que algún día viví. ¿Son sus libros una catarsis para ordenar y aclarar situaciones que pululan por su interior? Saludos desde Teruel.
Francamente, todo eso de catarsis me supera. Escribo historias porque me divierte mucho más que jugar a la play station. Escribir es el empeño más excitante que he encontrado hasta el momento.
¿Qué es un papanatas?
Un papanatas es un crédulo, uno que marca el paso de la corneta que le tocan. Y cuando le cambian la corneta él sigue marcando el paso de esa otra nueva corneta.
Capote, Roald Dahl, Salinger… usted los conoce bien porque los ha traducido, ¿qué autores le interesan más ahora?
Llevo unos cuantos años enamorado de César Aira. Pero hay muchos más. Y no sólo de ahora, sino de todos los tiempos. Ahora acaban de reeditar las obras de Copi y pienso volvérmelas a leer por séptima o novena vez.
Qué música podrías recomendar, que grupos has escuchado y te han gustado últimamente? Podrías recomendar música que se pueda relacionar con el estilo de tu libro?
Estos últimos meses no paro de escuchar los discos de The Avalanches y de Vinicio Capossela. Este último me lo dieron a conocer en Mundo Babel de Radio3.
Bon dia Quim. Eres el capo. Así a bote pronto diría que tu y Thomas Bernhard sóis dos de los más grandes humoristas que ha dado la literatura en los últimos años. ¿Qué opinión te merece Bernhard?
Me gusta porque es sumamente serio y es esa seriedad exacerbada lo que hace que sus textos sean tan humorísticos. Pasa como con Kafka. Aquí tenemos una idea de Kafka angustiada, apocalíptica, pero en Centroeuropa lo consideran un autor humorístico, que es lo que es, a mucha honra.
Se puede vivir de escribir?Sí, si eres de buena familia no hará falta que te esfuerces mucho. Con que escribas un libro cada siete u ocho años será suficiente. Si por el contrario eres de familia trabajadora, pues quizá tendrás que compensarlo dando clases de literatura en una universidad.
¿Qué cuentistas de hoy en España le interesan? ¿Y de América Latina? Muchas gracias
Gonzalo Calcedo me gusta muchísimo. César Aira, como dije antes. Fogwill. Andrés Neuman...
Señor Monzó, qué hay que hacer para triunfar en la vida?
Sobre todo, hacer lo que a uno le apetezca. Si consigues eso (hacer lo que a uno le apetece) ya has triunfado.
¿Cree que estamos solos en el Universo o que probablemente ya nos hayan visitado y, al ver el panorama, llegado a la conclusión de no volver jamás?
No estamos solos. El problema es que no sólo ya nos han visitado sino que se han quedado entre nosotros. ¿Se ha fijado cómo visten los banqueros, los directores de las compañías aéreas, y los del Foro de Davos? ¿Usted cree que lo de las americanas de Sala i Martín es normal?
Quim, perdona por esta pregunta egoísta. He acabado mi primera novela, voy por la segunda. ¿Tienes algún consejo para lograr que la publiquen? Un abrazo.Cuando yo era joven la única forma de conseguir publicar era ganar un premio. Ahora lo de los premios es más complicado porque o son muy poco importantes o ya está todo previamente pactado. Y, además, se publica tanto y tanto... la cosa está jodida, realmente. Yo no quiero que te deprimas pero o consigues que un editor se lea tu novela (cosa ya difícil) y se enamore de ella o... Aunque hay otra solución: hazte presentador de televisión y enseguida te publicarán lo que escribas.
Buenas tardes QUIM. Ayer fui uno de los 18000 participantes en la Cursa de Bombers de Barcelona. Te ví con tu pastel y tu diario bajo el brazo, con cara de incrédulo, posiblemente pensando que hacía tanta gente a las 10 de la mañana corriendo. Sé que estás deseando apuntarte a la próxima edición, verdad?Una propuesta: ¿por qué el próximo año, vosotros y todas las otras cincuenta mil carreras que se hacen entre el Paral.lel y Montjuïc, no las hacéis alrededor de la casa de Jordi Hereu, que estará la mar de contento de que le amarguéis uno de cada dos fines de semana de forma perpetua e improtestable? Porque, cuando no es la Cursa dels Bombers es la Marató, cuando no la Media Marató, cuando no la de los patinetes, cuando no la de la Mercè, cuando no una pedalada popular... ¿No os aburre ver siempre el mismo paisaje? Cambiad de barrio, por favor!
Soy inmigrane y respeto enormemente la cultura catalana, pero no entiendo que multen por poner carteles que no sean en catalán. ¿qué opinas?
No multan por poner carteles que no sean en catalán. Multan por no poner también carteles en catalán.
¿Qué le sugeriría a quien ha decidido dedicarse a escribir cuentos en los tiempos que corren? Intentemos descartar la mendicidad, por favor.Que los escriba y los reescriba y los reescriba hasta que le parezca que ya no hay nada mejorable. Que no hay nada de lo que se pueda prescindir, que ha llegado al límite de la economía, de la brevedad. Y que intente publicarlos en revistas, aunque aquí hay poca tradición de publicar relatos en revistas a diferencia de lo que sucede en Estados Unidos, donde los textos siempre se publican primero en un periódico y después en libro.
Un microrrelato en este instante. Así, a pelo.
Pero, ¿tú qué crees? ¿que esto es una cafetería donde pides un cortado, uno con leche...?
Hola Quim, si tuvieras que llevarte 5 libros a una isla desierta, cuáles te llevarías? Muchas gracias y no dejes de escribir!
El Libro de Familia. Con ese ya tendría suficiente para, cuando me llegue el Alzheimer en la isla desierta, saber quién me ha impelido a huir de mi mundo anterior.
Yo ya sé que adoptar es costoso en trámites, pero ¿y acoger? ¿le interesa a usted acoger niños y no tan niños? ¿quiere hacer usted feliz tanto culturalmente como económicamente a un pobre estudiante de filología?Quizás si yo fuese sacerdote y dependiendo de la edad que usted tenga podríamos hablar del asunto.

lunes, 19 de abril de 2010

Rainer María Rilke / Cartas a un joven poeta


La necesidad de la expresión artística…


Las cosas no son tan tangibles ni tan susceptibles de ser descriptas como se suele hacernos creer. La mayor parte de lo que ocurre es inexpresable, se consuma en un espacio en el cual jamás ha penetrado palabra alguna, y más inexpresables aún son las obras de arte existencias grávidas de secretos y con vida perdurable, al contrario de la nuestra, que es efímera.
...Pregunta usted si sus versos son buenos. Me lo pregunta a mí. Ya se lo ha planteado a otros. Los envía a las revistas. Los compara con otras poesías y se inquieta cuando ciertos editores rechazan sus intentos literarios
En lo sucesivo, ya que me permite aconsejarle, ruégole que abandone todo eso. Usted mira hacia afuera y es, precisamente, lo que no debe hacer de ahora en más. Nadie puede aconsejarle ni ayudarle Nadie. Sólo hay un recurso: vuelva sobre sí mismo. Indague cuál es la causa que lo mueve a escribir; examine si ella expande sus raíces en lo más profundo de su corazón. Confiése se a usted mismo si moriría, en el supuesto caso de que le fuera vedado escribir. Ante todo, pregúntese en la más silente hora de la noche: "Debo escribir?". Hurgue dentro de sí en procura de una profunda respuesta y, si esta resulta afirmativa, si puede afrontar tan serio interrogante con un fuerte y simple "debo", entonces construya su vida según esta necesidad. Su vida, hasta en los más vacíos e insignificantes momentos debe convertirse en señal y testimonio de este impulso. Después, acérquese a la naturaleza. Entonces, procure expresar, como si fuera el primer hombre, aquello que ama y pierde.
No escriba poesías de amor. Al principio, evite las formas demasiado comunes y habituales; son las más difíciles, pues se requiere una fuerza grande y madura para gestar algo propio allí donde existen buenas y hasta a veces, brillantes tradiciones. Por eso, descarte motivos generales y encamínese hacia aquello que su cotidianeidad le ofrece, exprese sus tristezas y deseos, los pensamientos pasajeros y su fe en alguna forma de belleza. Hable de todo eso con la más honda, íntima y humilde sinceridad, y utilice para expresarse, las cosas de su entorno, las imágenes de sus ensueños y los objetos de los recuerdos. Si su vida diaria le parece pobre, no la culpe, cúlpese a sí mismo; dígase que no es lo bastante poeta como para atraer sus riquezas.
Para los creadores no hay pobreza ni sitio que sea indiferente. Y aun cuando usted estuviese en una prisión cuyas paredes impidiesen que rumor alguno del mundo llegara hasta sus sentidos, ¿no le quedaría siempre su infancia, esa riqueza preciosa, imperial, ese cofre de recuerdos? Vuelva usted a ella su atención. Intente recuperar las sumergidas sensaciones de aquel vasto pasado: su personalidad se fortalecerá, su soledad se poblará y convertirá en una morada de luz crepuscular, ante la cual pase lejano, el estrépito del mundo.
Y si de esta vuelta a su interior, si del estar inmerso en el mundo propio, surgen versos, no pensará en preguntarle a nadie si los versos son buenos. Tampoco tratará de que las revistas se interesen por tales trabajos, pues usted disfrutará de ellos como de una preciada posesión natural, por ser jirones de su propia vida.
Una obra de arte es buena si nace de la necesidad. En esta característica de su origen está implícito su juicio: no hay ningún otro. He aquí por qué, estimado señor, no he sabido darle otro consejo sino este: volver sobre sí y sondear las profundidades de donde proviene su vida en esa fuente encontrará la respuesta a la pregunta acerca de si debe crear. Admítala tal como suena, sin interpretarla.
Puede que usted sea convocado por el arte. Entonces, asuma su destino y llévelo con su pesadumbre y grandeza, sin indagar jamás acerca de cuál es la recompensa que pueda venir desde fuera. Pues el creador tiene que ser un mundo para sí y hallar todo en sí mismo y en la naturaleza a la cual se ha incorporado.


Rainer María Rilke, Cartas a un joven poeta.

domingo, 18 de abril de 2010

Robert Walser / Los hermanos Tanner (2)


"Todos vienen de direcciones muy distintas, algunos llegan incluso en tranvía desde zonas alejadas y aguzan las orejas para oír si aún tienen tiempo de darse un paseíto por su cuenta antes de entrar. Son pacientes como un rebaño de corderos, vuelven a dispersarse por donde vinieron al caer la tarde, y a la mañana siguiente, a la misma hora, se encuentran todos una vez más. Se ven, se reconocen por el modo de andar, por la voz, por la manera de abrir una puerta, pero tienen poco que ver unos con otros. Todos se parecen y, sin embargo, son extraños, y si algunos de ellos muere o comete algún desfalco, los demás se asombran durante una mañana y luego prosiguen su faena, Puede ocurrir que alguno tenga un ataque de apoplejía mientras está escribiendo. ¿De qué le sirvió entonces haber “trabajado” cincuenta años en la empresa? Durante cincuenta años habrá entrado y salido cada día por la misma puerta, habrá empleado cientos de miles de veces la misma fórmula en sus cartas comerciales y se habrá cambiado varios trajes, asombrándose a menudo de lo poco que gastaba sus botines en el curso del año. ¿Y ahora? ¿Podría decirse que ha vivido? ¿Y no viven así miles de seres humanos? ¿Serán tal vez sus hijos el contenido de su vida, o su mujer la alegría de su existencia? Sí, puede que sí. Prefiero no pontificar sobre estas cosas, pues me parece que, dada mi juventud, no me corresponde hacerlo. Ahora es primavera allá fuera y me gustaría saltar por la ventana, ¡tanto mal me hace este prolongado no-poder-mover los miembros! El edificio de un banco es sin duda algo absurdo en primavera. ¿Qué aspecto tendría una institución bancaria en medio de una pradera verde y lujuriante? Quizás mi pluma me parecería una joven flor, recién brotada de la tierra. Ah, no, no quiero burlarme. Tal vez todo esto deba ser así, acaso todo tenga una finalidad. Solo que no llego a ver el entramado porque veo demasiado la apariencia exterior. Y es una apariencia un tanto desalentadora: frente a las ventanas, este cielo; en los oídos, este dulce canto. Las nubes blancas pasan por el cielo y yo aquí escribiendo.¿Por qué miraré las nubes? Si fuera zapatero, al menos haría zapatos para niños, hombres y mujeres que saldrían a pasear a la calle, con mis zapatos, cualquier día de primavera. Y yo sentiría la primavera al ver los zapatos hechos por mí en esos pies extraños. Aquí no puedo sentir la primavera, me molesta.”

Robert Walser
/ Los hermanos Tanner

Robert Walser / Los hermanos Tanner (1)



“Era un banco de proyección internacional, un imponente edificio de corte palacial en el que trabajaban cientos de personas jóvenes y viejas, de sexo masculino y femenino. Todas ellas escribían con dedos solícitos, calculaban con máquinas calculadoras y a veces también con sus propias cabezas, pensaban con sus pensamientos y se hacían útiles con sus conocimientos. Había unos cuantos corresponsales jóvenes y elegantes que sabían hablar y escribir de cuatro a siete idiomas y se distinguían de la masa de los contables por su aspecto refinado, extranjero. Habían viajado en barco, conocían los teatros de París y Nueva York, habían estado en las casas de té de Yokohama y sabían cómo hay que divertirse en El Cairo. Eran los encargados de la correspondencia y esperaban un aumento de sueldo, mientras hablaban en tono burlón de su patria, que les parecía minúscula y miserable. La masa contable estaba integrada en su mayoría por personas mayores que se aferraban a sus puestos y puestecitos como si fueran vigas o palos. Tenían todos la nariz larga de tanto contar y la ropa deformada, raída, brillante por el uso y llena de pliegues y de arrugas. Entre ellos había, sin embargo, gente inteligente que tal vez se abandonara, en secreto, a extraños y deliciosos amoríos, sin dejar de llevar una vida digna, aunque tranquila y retirada. Muchos de los empleados jóvenes eran, en cambio, incapaces de entregarse a pasatiempos refinados; de origen campesino en su mayoría –hijos de terratenientes, hoteleros, campesinos y artesanos-, se esforzaban, nada más llegar a la ciudad, por adquirir cierto aire de refinamiento urbano que, sin embargo, se les escapaba de suerte que jamás lograban superar su torpe ordinariez. Pero también había mozalbetes tranquilos, de modales delicados, que contrastaban extrañamente con los demás palurdos. El director del banco era un anciano taciturno que nunca se dejaba ver. En su cabeza parecía tener entreverados los hilos y raíces de aquella gigantesca empresa. Así como el pintor piensa en colores, el músico en sonidos, el escultor en piedra, el panadero en harina, el poeta en palabras y el campesino en lotes de terreno, así también ese hombre parecía pensar en dinero. Una buena idea suya, pensada en el momento adecuado, le aportaba medio millón a la empresa en media hora. ¡Y quién sabe: quizá más, quizá menos, quizá nada! Claro que a veces también perdía, por lo bajo, sin que ninguno de sus subalternos se enterase. Cuando la campana daba las doce se iban todos a comer, regresaban a las dos, trabajaban cuatro horas, se marchaban, dormían, se despertaban, desayunaban y volvían, como el día anterior, al edificio a reanudar su trabajo, y ninguno lograba, pues nadie tenía tiempo, averiguar nada sobre aquel ser misterioso. Y el silencioso viejo y avinagrado caballero seguía pensando en su despacho de director. Para los problemas de sus empleados no tenía más que una sonrisa opaca, que esbozaba a medias. Era un gesto a la vez poético, elevado, creativo e imperativo. Simon trataba muchas veces de ponerse, mentalmente, en la situación del director. Pero en general la imagen se le desvanecía, y cuando se ponía a pensar en ella, las ideas lo abandonaban por completo: “Hay en todo esto algo sublime y orgulloso, pero también incomprensible y casi inhumano. ¿Por qué entrará toda esa gente, amanuenses y contables, e incluso muchachas de tierna edad, por la misma puerta y en el mismo edificio para garabatear papeles, probar plumas, calcular y gesticular, para matarse trabajando y sonarse la nariz, sacar punta a los lápices y pasearse con papeles en las manos? ¿Lo harán acaso a gusto? ¿Lo harán por necesidad? ¿Lo harán con la conciencia de estar realizando algo sensato y lucrativo?"


Robert Walser / Los hermanos Tanner