jueves, 30 de septiembre de 2010

Kafka / Diarios


“(…) Lo cierto, y esto puedo repetirlo ante quien quieras, es que no estamos bien aquí abajo, e incluso diría que nos va fatal, pero esto ahora, para mí, no tiene remedio, tanto si me quedo aquí tendido en el desagüe, atajando el agua de la lluvia, como si bebo champán arriba, bajo los candelabros, con los mismos labios, no hay ninguna diferencia para mí. Por otra parte, ni siquiera tengo posibilidad de elección entre estas dos cosas, nunca me ocurre algo de tal índole que pueda reclamar la atención de las gentes, ¿cómo podría bajo la superestructura de las ceremonias, para mí necesarias, bajo las cuales sólo puedo continuar arrastrándome exactamente igual que una sabandija? (…) “


F. Kafka.

miércoles, 29 de septiembre de 2010

Franz Kafka / Diarios




“26 de setiembre.

El dibujante Kubin recomienda como laxante “Regulin”, un alga molida que se hincha en el intestino, produce en él vibraciones, o sea que actúa mecánicamente, a diferencia de los efectos químicos, insanos, de otros laxantes, que simplemente desgarran las heces y las dejan por tanto colgando en las paredes intestinales.
Coincidió con Hamsun en casa de Langen. Él (Hamsun) ironiza sin motivo. Durante la conversación, sin que nadie le interrumpiese, se puso el pie sobre la rodilla, cogió de la mesa unas grandes tijeras de cortar papel y se cortó las hilachas del borde del pantalón. Lleva ropas raídas, con algún detalle de distinción, como por ejemplo corbata.
Anécdotas de una pensión de artistas en Munich, donde vivián pintores y veterinarios (la escuela de estos últimos quedaba cerca) y donde reinaba tal degradación, que las ventanas de la casa de enfrente, desde donde se gozaba de una buena vista, eran alquiladas. Para satisfacer a estos espectadores, un pensionista saltaba a veces sobre el alféizar y, adoptando la postura de un mono, iba devorando la sopa a cucharadas de la sopera.
Un fabricante de antigüedades falsas, que obtenía el efecto de vejez a fuerza de disparos de perdigones y que dijo de una mesa: ahora basta con que nos tomemos en ella dos o tres cafés y podremos mandarla al Museo de Innsbruck.


Kubin en persona: muy fuerte, cara de expresiones algo monótonas, con la misma tensión de un músculo describe las cosas más diversas. Su edad, estatura y vigor parecen distintos según esté sentado, de pie, en traje o con el sobretodo puesto.”

Franz Kafka.

Eduardo Lago / Llámame Brooklyn



Portada del The New York Times, 25 de febrero de 1970.

MARK ROTHKO, ARTISTA,
UN SUICIDIO, AQUÍ, A LOS 66

Inmediatamente debajo de la firma, a una columna:

Mark Rothko, pionero del expresionismo abstracto, considerado en los círculos pictóricos uno de los artistas más grandes de su generación, apareció muerto ayer, con las muñecas cortadas, en su estudio, ubicado en el número 157 de la calle 69 East. Tenía 66 años de edad. El Gabinete Forense ha dictaminado que la muerte se produjo por suicidio…
Doce renglones después, envió a la página 39, tercera columna. Últimas palabras del obituario:
…Su muerte nos recuerda que toda una era de la historia de la cultura norteamericana toca a su fin, haciéndonos conscientes a todos –no sólo a sus fieles admiradores, sino también a quienes tenemos serias dudas acerca de la importancia de su legado- un poco más viejos y más vacíos.


En la columna contigua, bajo la reproducción de un óleo de 1956 titulado “Blanco y negro”, un homenaje sobrio y sosegado.

“Pintar es un grito primordial que nace del talón, sacude la planta de los pies, reverbera en los genitales, y asciende por la columna vertebral, hasta alcanzar la bóveda del cráneo, atravesar la claraboya del estudio, y estallar en el cielo. Casi nadie entiende mis últimas pinturas. Yo esperaba que la gente llorase al verlas, como me sucede a mí cuando escucho la Quinta Sinfonía. Negro sobre gris, matices intermedios de la nada, colores atrapados bajo una losa de luz negra. Los marcos, ataúdes que acotan las fugas del espacio. Esperando una señal, Ad, Arshile, Willem, Robert, Jackson, tantos otros. Retazos del infinito, de 60 por 60 pulgadas, telas cruciformes que venían de otra región, según Reinhardt, cuadros impregnados de un misticismo que yo nunca sentía.”


Eduardo Lago (Llámame Brooklyn)

martes, 28 de septiembre de 2010

Miguel Hernández


Me sobra el corazón


Hoy estoy sin saber yo no sé cómo,
hoy estoy para penas solamente,
hoy no tengo amistad,
hoy sólo tengo ansias
de arrancarme de cuajo el corazón
y ponerlo debajo de un zapato.
Hoy reverdece aquella espina seca,
hoy es día de llantos en mi reino,
hoy descarga en mi pecho el desaliento
plomo desalentado.
No puedo con mi estrella.
Y me busco la muerte por las manos
mirando con cariño las navajas,
y recuerdo aquel hacha compañera,
y pienso en los más altos campanarios
para un salto mortal serenamente.
Si no fuera ¿por qué?…no sé por qué,
mi corazón escribiría una postrera carta,
una carta que llevo allí metida,
haría un tintero de mi corazón,
una fuente de sílabas, de adioses y regalos,
y ahí te quedas, al mundo le diría.
Yo nací en mala luna.
Tengo la pena de una sola pena
que vale más que toda la alegría.
Un amor me ha dejado con los brazos caídos
y no puedo tenderlos hacia más.
¿No veis mi boca qué desengañada,
qué inconformes mis ojos?
Cuanto más me contemplo más me aflijo:
cortar este dolor ¿con qué tijeras?
Ayer, mañana, hoy
padeciendo por todo
mi corazón, pecera melancólica,
penal de ruiseñores moribundos.
Me sobra corazón.
Hoy descorazonarme,
yo el más corazonado de los hombres,
y por el más, también el más amargo.
No sé por qué, no sé por qué ni cómo
me perdono la vida cada día.

Miguel Hernández

Abel Martín / Juan de Mairena


Aprende a dudar, hijo, y acabarás dudando de tu propia duda.
De este modo premia Dios al escéptico y confunde al creyente.

ABEL MARTÍN / JUAN DE MAIRENA

Francesc Cornadó


Restitución del ecosistema
El marrazo y la cimitarra
son útiles para restituir
el orden natural corrompido,
dañado por bestias invasivas
que se multiplican mordiendo
y rapiñando a diestro y siniestro.

Hay que eliminar las especies
que con engaño han hinchado su vientre
y se han comido el pan y la sal
y amenazan el ecosistema
y siguen royendo
y mordisqueando y llenando el buche.

No hace falta que esperemos a que revienten.
Utilicemos las herramientas de corte.

No es necesario que tengamos contemplaciones
ni que suframos por si se salpican
los pavimentos y las paredes,
esto es frecuente con herramientas de corte doble,
revientan, rompen y embadurnan;
sólo hace falta, después, pasar un paño.



Francesc Cornadó

Traducción al castellano de
Restitució de l'ecosistema
poema incluido en
DOBLE TALL
March Editor

lunes, 27 de septiembre de 2010

Coetzee sobre Faulkner



“¿Quién habría imaginado que un muchacho de un pequeño pueblo de Mississippi sin ninguna distinción intelectual excepcional se convertiría no solo en un escritor famoso, celebre en su país y en el extranjero, sino también en la clase de escritor en la que se convirtió: uno de los innovadores más radicales de los anales de la ficción estadounidense, un escritor de quien aprenderían las vanguardias europeas y latinoamericanas?

No hay duda de que la educación formal de Faulkner no pasó del mínimo. (…) Su historial universitario fue mediocre; un semestre de lengua y literatura inglesas (puntuación: D), dos semestres de francés y español. Este explorador del Sur posbélico no asistió a ningún curso de historia; este novelista que entrelazará el tiempo bergsoniano en la sintaxis de la memoria, no estudió nada de filosofía ni psicología.
(…) se volcó a una estrecha pero intensa lectura de la poesía inglesa de fin de siglo, en especial Swinburne y Housman, y de tres novelistas que habían dado a luz mundos de ficción lo bastante nítidos y coherentes como para rivalizar con el real: Balzac, Dickens y Conrad. Si a esto le añadimos una familiaridad con las cadencias del Antiguo Testamento, Shakespeare y Moby Dick, y, pocos años más tarde, un rápido estudio de lo que estaban haciendo sus contemporáneos de más edad T.S. Eliot y James Joyce, ya estaba totalmente equipado. En cuanto a materiales, lo que oía a su alrededor en Oxford, Mississippi, resultó ser más que suficiente: la épica, contada una y otra vez, incesantemente, del Sur, una historia de crueldad e injusticia y esperanza y desilusión y victimización y resistencia.




“Cautivado por la idea de convertirse en piloto (…) en 1918 se postuló para entrar en la Fuerza Aérea Real de Gran Bretaña.(…) Sin embargo, antes de que pudiera hacer su primer vuelo en solitario, la guerra terminó.
Regresó a Oxford ataviado con el uniforme de oficial de la RAF y luciendo un acento británico y una cojera, consecuencia, afirmaba, de un accidente de aviación. A sus amigos también les confió que le habían puesto una placa de acero en el cráneo.
Mantuvo la leyenda del aviador durante años; solo comenzó a bajarle el tono cuando se convirtió en una figura nacional y el riesgo de que lo descubrieran se volvió demasiado cercano. (…) En 1933, apenas dispuso de dinero extra, tomó lecciones de vuelo, se compró su propio avión, y durante un tiempo dirigió una compañía circense de acrobacias aéreas: “EL CIRCO AÉREO DE WILLIAM FAULKNER (autor famoso)”, decía el anuncio.



“La facilidad con que embaucó a la buena gente de Oxford (…) le demostró a Faulkner que una mentira, si es ingeniosa y se expone de manera convincente, puede triunfar sobre la verdad, y por lo tanto que uno puede no solo inventarse una vida, sino ganarse la vida con la fantasía.”



“En 1925 Faulkner emprendió su primer viaje al extranjero. Pasó dos meses en París y le gustó; se compró una boina, se dejó crecer la barba, comenzó a trabajar en una novela –que pronto abandonaría- sobre un pintor con una herida de guerra que se traslada a París para perfeccionar su arte. Se dejaba caer por el café favorito de James Joyce, donde llegó a ver al gran hombre pero no se le acercó.”




“Cuando Faulkner llegó a Hollywood, en 1932, gracias a su transitoria notoriedad como autor de Santuario (1931), no sabía nada de la industria (en su vida privada despreciaba las películas tanto como le disgustaba la música fuerte). Tampoco poseía talento para redactar diálogos ágiles. Además, en poco tiempo se ganó la reputación de ser un borracho poco fiable. En 1942, su salario, que llegó a alcanzar los mil dólares semanales, cayó a trescientos. En el transcurso de una carrera de trece años trabajó con directores comprensivos como Howard Hawks, cultivó la amistad de actores célebres como Clark Gable y Humphrey Bogart, conquistó a una atractiva y atenta amante hollywoodense, pero nada de lo que escribió para el cine es digno de rescatarse.
(En los últimos tiempos me di cuenta de lo mucho que escribir basura y porquerías para el cine corrompió mi escritura, admitió en 1947)



“Como historiador del Sur moderno, el logro perdurable de Faulkner es la trilogía de Snopes (El villorrio, 1940; La ciudad, 1957; La mansión, 1959), donde sigue la conquista del poder político a cargo de una clase de pobres blancos en ascenso en una revolución tan silenciosa, implacable y amoral como una invasión de termitas. Su crónica del ascenso del empresario perteneciente a la clase baja, rural y reaccionaria de los sureños es al mismo tiempo mordaz, elegíaca y desesperanzada por muchas razones, algunas de las cuales son que, primero, el Sur que él ama se construyó, como él sabe mejor que nadie, sobre los crímenes mellizos del desposeimiento y la esclavitud; segundo, que los Snopes no son más que otros avatares de los Falkner, ladrones y violadores de la tierra en su día; y, por lo tanto, tercero, él, William “Faulkner”, no tiene ningún terreno en el que sostenerse como crítico y juez.”



“La prueba de fuego es lo que los biógrafos de Faulkner dicen sobre su alcoholismo. En este tema debería andarse con tiento. La anotación en el archivo del hospital psiquiátrico
de Memphis donde ingresaban constantemente a Faulkner en un estado de sopor etílico era, según informa Blotner, “alcoholismo agudo y crónico”. Aunque a los cincuenta años de edad Faulkner exhibía un aspecto elegante y lleno de vida, eso no era más que una coraza. Una vida de alcoholismo había comenzado a afectar su funcionamiento mental. “Esto es más que un caso de alcoholismo agudo –escribió su editor Saxe Commins en 1952- la desintegración de este hombre es algo trágico de presenciar”
Penini añade el escalofriante testimonio de la hija de Faulkner: cuando estaba borracho su padre podía ponerse tan violento que era necesario que “un par de hombres” se interpusiera para protegerlas a ella y a su madre.”


“Es mi objetivo que la suma e historia de mi vida sea: Él hizo los libros y murió.”

viernes, 24 de septiembre de 2010

Franz Kafka / Diarios


“A menudo reflexiono y siempre tengo que acabar diciendo que mi educación, en muchos aspectos, me ha perjudicado mucho. Este reproche va dirigido contra una serie de gentes que, por lo demás, aparecen todas juntas y, como en las viejas fotografías de grupo, no saben qué hacer unas al lado de otras; ni siquiera se les ocurre cerrar los ojos, y no se atreven a reír a causa de su actitud expectante.

Ahí están mis padres, unos cuantos parientes, algunos maestros, cierta cocinera, algunas muchachas de las lecciones de baile, algunos visitantes de nuestra casa en los primeros tiempos, algunos escritores, un profesor de natación, un cobrador de billetes, un inspector escolar, y luego algunos a quienes sólo he encontrado una vez por la calle, y otros que no puedo recordar exactamente, y aquellos a quienes no voy a recordar nunca más, y aquellos, en fin, cuya enseñanza, por hallarme entonces acaso distraído, me pasó completamente desapercibida, en una palabra, son tantos que uno debe andarse con cuidado para no citar a uno dos veces.

Y frente a todos ellos, formulo mi reproche, hago que, de este modo, se conozcan entre sí, pero no tolero réplicas, y como me han refutado en la mayoría de los casos, no tengo otro remedio que incluir estas refutaciones en mi reproche y decir que, además de mi educación, estas refutaciones me han perjudicado en más de un sentido.”


Franz Kafka.

Promesas al arriero


Maritornes había prometido al arriero que, "estando sosegados los huéspedes y durmiendo sus amos, le iría a buscar y satisfacerle el gusto en cuanto le mandase; y cuéntase de esta buena moza que jamás dio semejantes palabras que no las cumpliese, aunque las diese en un monte y sin testigo alguno, porque presumía muy de hidalga"


(El Quijote; I, 16).

jueves, 23 de septiembre de 2010

¿Huelga General?


Y como hasta en los blogs literarios cultos se está hablando del próximo lanzamiento de ese artefacto llamado HUELGA GENERAL con la amplitud conocimiento de causa y profundidad que les caracteriza casi tan asombrosa como cuando hablan de bilis y literatura me ajunto y aporto mi delirante opinión y no para negar que existan líderes obreros que luchen desde sus confortables poltronas por sus privilegios y los deberes de la clase trabajadora a pesar de que sus condiciones de vida no parecen que tengan ya afortunadamente para ellos y sus domésticos la más mínima similitud con la de sus representados esos vulgares currelas que tienen currelo de los otros pa qué hablar y a más a más de que tengan asegurada la vejez por el mismo precio una vez prestados sus impagables es una manera de hablar servicios con regalías del tipo de un puesto en el consejo de cajamadrid o cualquier otra chuchería ¡señores! seamos sinceros ¿quién en su lugar no haría lo mismo? hay que darse cuenta de que esa es la clave QUE SE PUEDE que no todo se lo lleva botín que él no puede ni quiere estirarse como un chicle para estar a todas que no es insaciable que estaría feo que su natural timidez se lo impide que el se conforma con mover los hilos animar a fernando alonso a lomos de su rojo ferrari y enseñar la roja su corbata axiomática en el estrado en la reunión anual de accionistas que ha preferido que sus fieles y bien tratados fámulos convoquen LA MADRE DE TODAS LAS HUELGAS que comprende que de vez en cuando hay que escenificar un paripé y permitir a los chic@s jugar en el recreo que el efecto placebo es más eficaz cuanto mas burdo que lo único que ha pedido a sus sobrealimentados pelotilleros es que se ocupen de repartir el coste del show él lo pronuncia chou en you tube entre todos los figurantes y que procuren airear en los lugares y momentos adecuados las más viles amenazas para que el simulacro no sea del todo grotesco que ha conseguido que la ideología de la mayoría trabaje contra los intereses de la mayoría que los que necesitan herramientas para su defensa las rechacen al grito de abajo las huelgas y vivan las cadenas pagadas en cómodos plazos y transformar aquello de un paso adelante dos atrás en ningún paso adelante 30 años atrás que es tal el acojone que han instalado en todos los cerebritos que la cosa ya es demasiado fácil casi feudal un paseo y se está empezando a aburrir…

yo comprendo ahora habla ELOTRO que para los que todavía tenéis erecciones con las que se pueden partir cocos esto de los servicios mínimos pactados que convierten una huelga en una juerga a escote de los que no llegan a fin de mes y ni siquiera han consumido os pueda parecer lo más normal del mundo pero os puedo asegurar que no que cuando todo se decidía cara a cara en una asamblea en la que todo el mundo podía argumentar su posición y luego se votaba a mano alzada esas ratas retorcidas siempre resultaban ser una escandalosa minoría…claro que esa situación duró un suspiro lo que tardaron en consensuar la inmaculada transición y aquí los tenéis montando tormentas y vendiéndonos baratos qué baratos pararrayos y todos haciendo cola… y algunos se intentan colar “¡Anda, chaval, larga de aquí, que te pego una hostia!” (*)

Si no me creen indaguen coño indaguen

(deseo dejar constancia que por la elaboración de este post no he recibido ni un euro más de lo estipulado aunque no puedo probarlo porque ÉL no emite recibos y no se hable más ha ordenado amablemente)
ELOTRO

Fuente: Equipo de investigación de “Sálvame”.

* (He cometido un pequeño hurto a Miguel Sánchez-Ostiz)

¿Huelga General?


"El movimiento obrero está acabado desde que los sindicalistas ya no tienen enfermedades venéreas".


(Por darle un barniz ingeniosillo, ¿comprenden?)



Fuente: No recuerdo de dónde saqué la cita que manipulé.

¿Huelga General?


No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.
No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme. No soporto repetirme.

¿Huelga General?


A propósito de la ¿Huelga General?
“En mi blog no cuelgo (mis) ideas. Sería una descortesía para mis visitantes. Me parecería horrible imponerles la visión de mis ornamentados zaragüelles."

(Hugo Claus seriamente distorsionado.)

miércoles, 22 de septiembre de 2010

Coetzee sobre Beckett



“…es justo decir que Beckett no se sintió cómodo como escritor hasta que se pasó al francés.”

“(Se hacen visibles)…las líneas mayores del mundo beckettiano (…) así como los procedimientos mediante los cuales se generan sus ficciones. Es un mundo de espacios confinados o, en caso contrario, de terrenos yermos e inhóspitos, habitados por monologuistas antisociales y, desde luego, misántropos, incapaces de terminar sus monólogos, vagabundos de cuerpos enfermos y mentes que no los dejan dormir jamás, condenados a una rutina de purgatorio en la que repasan una y otra vez los grandes temas de la filosofía occidental…”


“…una criatura constituida por una voz sujeta, por razones desconocidas, a una especie de cuerpo encerrado en un espacio más o menos reminiscente del Infierno de Dante, es condenada durante un período de tiempo determinado a hablar, a tratar de encontrar sentido a las cosas. Es una situación que describe bien el termino de Heidegger Geworfenheit: ser arrojado sin explicación a una existencia gobernada por reglas incomprensibles.”



“Una carta de Beckett de 1983 capta bien el espíritu (…) y al mismo tiempo humorísticamente escéptico sobre lo que puede lograrse:
“La recta larga y torcida es difícil pero no carece de emoción. Cuando todavía era “joven” comencé a buscar consuelo en la idea de que entonces, si alguna vez, es decir, ahora, las palabras verdaderas por fin, de la mente en ruinas. Continúo aferrándome a esta ilusión”.





“…es justo considerar a Beckett un escritor filosófico, cuyas obras pueden leerse como una serie de ataques sostenidos y escépticos a Descartes y a la filosofía del sujeto fundada por Descartes. En sus sospechas sobre la axiomática cartesiana, Beckett se suma a Nietzsche y Heidegger, así como a su contemporáneo más joven Jacques Derrida. El interrogatorio satírico al que somete el “cogito” cartesiano (pienso, luego existo) es tan próximo en espíritu al plan de Derrida de dejar al descubierto las suposiciones metafísicas subyacentes al pensamiento occidental que deberíamos hablar, si no de una influencia directa de Beckett en Derrida, al menos de un sorprendente caso de vibración empática.”




“Después de empezar como un joyceano intranquilo y como un proustiano todavía más intranquilo, Beckett finalmente se decidió por la comedia filosófica como medio para su temperamento arrogante, escrupuloso, cargado de una angustia única y totalmente inseguro de sí mismo. En la mentalidad popular, su nombre se relaciona con el misterioso Godot que tal vez venga o tal vez no pero al que esperamos en cualquier caso, pasando el tiempo lo mejor que podamos. De este modo Beckett parece definir el estado de ánimo de una era.”




“Beckett era un artista poseído por una visión de la vida sin consuelo ni dignidad ni promesa de gracia, ante la cual nuestro único deber –inexplicable, imposible de lograr, pero un deber de todas maneras- es no mentirnos a nosotros mismos.”

J.M. Coetzee (Mecanismos internos)

Pessoa / Para além da curva da estrada


Para além da curva da estrada


Más allá de la curva del camino
quizás haya un pozo, y quizás un castillo,
o quizás sólo la continuación del camino.
No lo sé ni pregunto.
Mientras voy por el camino antes de la curva
sólo miro el camino antes de la curva,
porque no puedo ver más que el camino antes de la curva.
De nada me serviría estar mirando para otro lado
y para aquello que no veo.
Que nos importe sólo el lugar donde estamos.
Hay suficiente belleza en estar aquí y no en otra parte.
Si hay alguien más allá de la curva del camino,
que se preocupen ellos por lo que hay más allá de la curva del camino.
Ése es su camino.
Si tenemos que llegar allí, cuando lleguemos lo sabremos.
Por ahora sólo sabemos que allí no estamos.
Aquí sólo hay el camino antes de la curva, y antes de la curva,
el camino sin curva alguna.

Fernando Pessoa
Fuente: Blog "Sendas y divagaciones"

martes, 21 de septiembre de 2010

Hugo Claus / El asombro de un blasfemo





Hugo Claus (1929 – 2008)

En las paredes, hay obras de otros artistas, de épocas y estilos distintos (entre ellos, uno de Alechinsky).


"El orden no es mío; el gusto, tampoco -dice-. Mi esposa se ocupa de todo esto. En mi casa no tengo mis cuadros. Sería una descortesía para mis visitantes. Me parecería horrible imponerles la visión de mis telas."



"Nací en 1929 y por cesárea. No se trata de un detalle. Dicen que un nacimiento por cesárea predispone a la rebeldía, al malestar con el entorno, con la sociedad. En mi novela La pena de Bélgica , cuento algunos aspectos de mi niñez relacionados con esos hechos. Mi madre quedó embarazada un año y medio después de mi nacimiento y se sabía que una vez más debía someterse a una cesárea: entonces me internaron en un convento de monjas, hasta tanto mi hermano y ella necesitaran menos cuidados. Pero viví allí desde los dieciocho meses hasta los once años. Mi madre decía que de ese modo ella había podido recuperarse mejor del parto. De todos modos, diez años en un claustro me parecieron una exageración, aun para una madre con dos cesáreas. En realidad, me pusieron en el internado más barato. Mi abuelo era inspector general de escuelas católicas. Una especie de papa de las monjas educadoras. Lo veían llegar y temblaban de temor y de placer al mismo tiempo. Cómo no le iban a hacer un descuento al nieto del papa belga. Eso sí, no me ahorraban ninguna penitencia. El período que pasé como pupilo con esas monjas fue horrible. Me hizo perder la fe por completo y me llenó de culpa".



"Cuando tenía ya unos veinte años y estaba en París, en compañía de un amigo fotógrafo -recuerda-, me encantaba atacar a las monjas que pasaban a mi lado. En cuanto veía una, le arrancaba ese especie de cofia, de tocado que llevan. Hay fotos mías, tomadas por aquel muchacho fotógrafo, en que se ve cómo les sacaba esos velos y la cara de terror de ellas ponían. Yo estaba encantado".








"No tengo vergüenza de decir que de chico admiraba a los nazis -confiesa-. No tenía ni idea de lo que ellos representaban. Los alemanes entraron en Bélgica en 10 de mayo de 1940. Mis padres me habían retirado del internado. Vivía con ellos en Kortrijk, una pequeña ciudad de provincia, cerca de la frontera de Francia. Hasta que llegaron las tropas alemanas, había allí soldados aliados. Los franceses e ingleses eran prepotentes, desordenados, sucios, borrachos. En cambio, cuando llegaron los nazis, los chicos nos quedamos maravillados del orden que reinaba entre ellos, y que imponían a los demás. Ninguno de ellos se propasaba con las mujeres, y además llevaban esos uniformes tan hermosos, tan teatrales, que nos intimidaban. Uno pensaba en esas gorras militares que tenían calaveras negras delante, y ya empezaba a templar y a caer en ensoñaciones. Eran de verdad los señores de la guerra y de la muerte. Además eran altos, rubios, fuertes. Suponíamos que nadie podría vencer a esos dioses. Yo los admiré hasta que empezaron a perder la guerra. Como buen machista, ya de niño, era cobarde. Un machista siempre está con los ganadores. No hay nadie más cobarde que los hombres que hacen alarde de su sexo. Después de desencantarme de la religión, también las deidades nazis me desilusionaron".


"Todos alguna vez sentimos la necesidad de tener héroes -dice Claus-. Haya algo de púber en esa actitud. Por ejemplo, en una época yo tuve mucha admiración por Fidel Castro. Me parecía que encarnaba la democracia popular. Hice dos viajes a Cuba. En el primero, viajé con Fidel por el interior de la isla. Visitábamos pequeños pueblos. Él hablaba de la Revolución pero también se ocupaba de asuntos menores. La gente le planteaba problemas familiares. Una mujer le contaba cómo su cuñado le hacía la vida imposible, por ejemplo, y Fidel lo mandaba llamar y le decía que no debía comportarse así, que un verdadero hombre, un demócrata, un revolucionario debía actuar de otro modo. La vida pública y la privada se mezclaban. Y Fidel era algo así como un padre, como un juez, una especie de Salomón. Más tarde hice otro viaje y me di cuenta de que todo había cambiado para peor. La Revolución se había convertido en una dictadura. Era horrible, por ejemplo, el modo en que maltrataban a los homosexuales. Pero de aquella época todavía me queda una especie de eco admirativo. Cuando habla Fidel, lo escucho, pienso en lo que significó como promesa y trato de no pensar en lo que es. Se trata más bien de una nostalgia de lo que no fue".


"Ya entonces -dice- pensaba que había tres cosas importantes en la vida: el amor, la poesía y la revolución. Todavía lo sigo pensando. No puedo hablar de verdad con alguien que no comparta esos ideales. Me gustaba la aventura y también leer. Creía que podía ser un excelente autodidacta. Pero uno nunca termina de pagar la deuda de los autodidactas: nos la pasamos tratando de demostrar que sabemos más que los académicos.






Deseaba vivir. Había visto cosas atroces durante la guerra. Nada podía ser peor que eso. Había estado en contacto diario con la muerte, si bien por mi edad no me había tocado ir al frente. Pero mi padre tenía un sentido cívico y humano tan formidable como implacable e imbécil. Kortrijk, la ciudad en la que vivíamos, fue la más bombardeada de Bélgica. Cuando terminaba un bombardeo, se oía una sirena que indicaba el final del ataque: entonces mi padre se unía a los médicos, a los enfermeros, a los grupos de ayuda y de rescate, de los que formaba parte. Y me obligaba a acompañarlo. Yo tenía trece años y me espantaba ver esos cuerpos tranchados, cubiertos de sangre. Hurgábamos entre las ruinas y de pronto encontrábamos una pierna, un brazo, pero no sabíamos de quién era.


Una vez los aliados bombardearon un tren militar en el que viajaba un pelotón de soldados nazis. Las bombas también cayeron sobre un depósito de carbón que estaba al lado de las vías. Una verdadera muralla de carbón se derrumbó sobre los vagones destrozados y sobre los cuerpos de los alemanes. Nosotros ayudábamos a los heridos de los dos bandos, de modo que tratamos de rescatar a aquellos hombres sepultados bajo el carbón. Los hallábamos pintados de negro, como si esos dioses rubios, esos arios puros, se hubieran convertido, por obra de un hado maligno, en seres de otra raza, de la raza negra que despreciaban. Al principio, creí que nada de todo aquello me había afectado".


Entró a trabajar en una refinería de azúcar.
"El azúcar era muy caro en Europa en aquel entonces. En Francia estaba racionado. Con unos compañeros empezamos a robar pequeñas cantidades, después pasamos a sustraer un kilo, cinco, diez. Ya se sabe cómo son esas cosas. No pasó mucho y ya habíamos armado una red fantástica: robábamos camiones enteros de azúcar. Tenía muchísimo dinero. Pero como era surrealista (adoraba a Breton), acumular dinero me parecía inmoral. El dinero era para gastarlo, sobre todo en mujeres. Encontraba una prostituta que me gustaba y allí me iba con ellas. Me pasaba dos, tres, cinco días, encerrado con la que más me gustaba. Eran verdaderas maratones".


Dice Claus:


"Cuando tenía entre veinte y veinticinco años, mi mayor ambición era ser un gigoló. No un prostituto, sino una especie de odalisca de sexo masculino. Un hombre entregado por completo a una mujer, al cuidado de su amada. Quería tener una amante a la que pudiera hacerle el amor, la comida, lavarle los platos, recibirla con una sonrisa después de su trabajo; soñaba con anticipar y satisfacer cada uno de sus deseos. Tuve algo así. Una mujer bellísima, una actriz, Eli Norden. Quitaba el aliento de sólo verla. Era una estrella, me mantenía para que yo fuera su amante perfecto. Y creo que lo fui, hasta por los disgustos que debo de haberle dado".






Los sueños, como floraciones del inconsciente, fueron importantes para Claus durante muchos años:


"Ese interés procedía de mi adhesión al surrealismo. Buscaba soñar para poder despertarme y anotar lo que había soñado, interpretarlo e incorporarlo a mis poemas y a mis libros. Era un soñador profesional. Hasta que un día, no sé cuándo, me cansé y tiré todas esas anotaciones. Por supuesto, no dejé de soñar: todo lo contrario. Sueño con una intensidad insoportable. Tengo pesadillas, o más bien una sola pesadilla: sé que hice algo horrible y entonces aparecen unos jueces que me piden cuentas por el crimen cometido. Pero esos jueces son a la vez verdugos cargados con las hachas que les servirán para cortarme en pedazos. Yo trato de defenderme y entonces, inevitablemente, me despierto a los gritos. La sensación que tengo es tan real que salto de la cama y golpeo a mi esposa, que duerme a mi lado. Una vez me abalancé sobre los vidrios de la ventana y los rompí a puñetazos. Supongo que todos esos elementos cortantes proceden del recuerdo de aquellos fragmentos humanos, triturados, que vi en la guerra".



"Hoy ya no creo en aquellas consignas de Cobra -dice Claus-. Los niños no son puros: todos estamos hechos de luces y de sombras, a cualquier edad. Por otra parte, los artistas de Cobra se inventaron un estilo, se atrofiaron. Hoy uno va a los museos, ve los cuadros de esos hombres y los puede identificar. Cedieron al propio narcisismo. Detesto tener un estilo. Yo no lo tengo, ni como pintor ni como escritor. Me parece deshonesto y empobrecedor tener un estilo: es vivir y crear con anteojeras. Tampoco se trata de hacer cosas bonitas; se trata de hacer y decirlo todo. Por eso me encantaba Picabia: no le importaba hacer obras malas. No iba detrás de la belleza, sino de una verdad que está más allá de la hermosura".



"Siempre sentí envidia y cierta desconfianza por los novelistas que tienen ideas muy claras, como Thomas Mann. Un intelectual irreprochable, demasiado quizá".



El escritor belga especula: "Descartes detestaba el frío, pero era un cortesano; más aún, debía de ser un esnob. Y allí ya hay una pizca de irracionalismo. Cristina salía a cabalgar por las mañanas, y el pobre Descartes la seguía, envuelto en mantas y pieles, mientras le explicaba teoremas. Pero qué podían las cibelinas contra la nieve nórdica. Descartes se murió de pulmonía o de pleuresía, pero en realidad la causa de su deceso fue el esnobismo. Y todo eso por Cristina de Suecia, que era una reina amante de la filosofía, pero que no se parecía a Greta Garbo, porque era más bien masculina. ¡Qué habría hecho por lady Di! Otro dato curioso: Descartes escribió para la reina un ballet con un tema anticipatorio, la unión europea. Debe de ser algo así como el tatarabuelo del Mercado Común".






Claus se encerró tres semanas y copió lo mejor que pudo la estructura, el estilo, los tics de Faulkner. Cuando le entregó La caza del pato al editor, éste le pagó lo que habían convenido pero no le publicó la novela porque no le pareció suficientemente norteamericana. Claus presentó entonces la obra a un concurso muy importante y lo ganó. De inmediato se dijo que había aparecido un gran creador nacional:



"Todos dijeron que había sintetizado el alma de Flandes, que no se había escrito en décadas algo tan flamenco como esa novela. Les perdí el respeto a todos los críticos que dijeron eso. Lo extraño es que hace poco volví a leerla y tuve que admitir que tenían razón. Como copión de Faulkner, no soy más que un flamenco".
En cuanto a la poesía, una de sus últimas series le fue inspirada por la visita del papa a Bélgica. "Son blasfemas y vulgares -confiesa-. No sé por qué. O, más bien, lo sé, tuve necesidad de escribir todo eso. Pero yo no empecé: fue el papa el que lo hizo. Él vino aquí y, en cierto modo, me provocó".
"En cada libro, trato de encontrar un estilo, una forma, distintos del anterior. La vida ha sido siempre asombro para mí, el asombro del que habla el título de una de mis novelas. Las cosas me han sucedido de un modo imprevisto y lo planeado resultó a la larga distinto de lo que había pensado. Ese asombro está hecho de angustia, pero también de alegría, de perplejidad y de esperanza. Con mis pinturas, con mis piezas de teatro, con mis novelas, he tratado de que el lector, el espectador vuelvan a encontrarse en la vida, es decir, en el asombro perpetuo. No hay nada más alto que el asombro porque no hay nada más alto que la vida".


Fuente : LA NACION (Miércoles 25 de marzo de 1998)

La felicidad...



“La felicidad no la tenemos, ni existe, la deseamos solamente.”
Antón Chejov

Juan Marsé / Por si acaso...


“Hoy ya no creemos en nada, nos están cociendo a todos en la olla podrida del olvido, porque el olvido es una estrategia del vivir, si bien algunos, por si acaso, aún mantenemos el dedo en el gatillo de la memoria.”

Juan Marsé (Un día volveré)

Kenzaburo Oe / Amnesia inducida


¡Borrad eso de los libros de texto!

La lucha entre preservar o borrar la memoria histórica, por lo que se lee, no es solamente un “temita español” sino un asunto de carácter global; como ejemplo, estas declaraciones de Kenzaburo Oe, premio Nobel de Literatura del año 1994.



“Me han demandado asociaciones de ultraderecha que pretenden modificar los libros de texto, obviando los crímenes del ejercito imperialista.
Argumentan que mi libro periodístico Okinawa Notes no tiene fundamento. En él describo cómo el ejército obligó a unos 700 ciudadanos de Okinawa, entre los que había mujeres, niños y ancianos a quitarse la vida.
Todo porque los civiles ayudaron a construir bases militares en la isla y el ejército tuvo miedo de que algunos de ellos fueran capturado por los norteamericanos y les pasara información. Todo esto aparecía en los libros de texto, pero hace unos años estos y otros párrafos sobre la actuación del ejercito se empezaron a retirar con el visto bueno del gobierno. Lo increíble es que si yo pierdo este juicio es muy posible que desaparezcan estos hechos de los libros y a los niños se les cuente una historia muy diferente. No se si se acabará por imponer este olvido. Pero si se impone, será amnesia inducida.
Los gobiernos de Japón están invitando a la gente a que olvide. Lo malo es que la izquierda, que puede luchar contra ello, ahora es demasiado débil”.

lunes, 20 de septiembre de 2010

"Liniers"


Una sabia reflexión de uno de los últimos y
mejores gatos de la historieta argentina:
Fellini, creado por el genial Liniers


Del blog: Poemas del río Wang

William Carlos Williams

Una flor desgarbada
e impropia
del clima;
¿cómo es que ha
conseguido tenerme
aquí, boquiabierto
inmóvil frente a esta ventana,
en medio del frío,
sin más
voluntad, sin ojos
para nada que no sean
sus torcidos
pétalos amarillos?.




Si no nos lleva
más allá de la muerte,
más allá de los días de lluvia,
...más allá de sus propias remotas
fronteras,
la poesía
es inútil.


William Carlos Williams

Velocípedos en Madrid
















"También esto me place: el canto del cuclillo en mayo."

Flann O'Brien

domingo, 19 de septiembre de 2010

Kurt Vonnegut


- Estoy a mitad de frase –le he dicho.
- ¿Y quién no? – me contestó.

Kurt Vonnegut

Auguste Rodin


* Es feo en el arte lo que es falso, lo que es artificial, lo que pretende ser bonito o bello en lugar de expresivo, lo que es afectado y precioso, lo que sonríe sin motivo, lo que amanera sin razón, lo que se arquea o se endereza sin causa, todo lo que carece de alma y de verdad, todo lo que no es más que alarde de hermosura y de gracia, todo lo que miente.


* Cuando un artista, con la intención de embellecer la Naturaleza, añade verde a la primavera, rosa a la aurora, púrpura a los labios jóvenes, crea fealdad porque miente.


* Cuando atenúa la mueca de dolor, la deformidad de la vejez, el espanto de la perversidad, cuando corrige la Naturaleza, cuando la vela, la disfraza, la modera para complacer al público ignorante, crea fealdad porque tiene miedo a la verdad.

Auguste Rodin

Franz Kafka


"No puedo dormir. No hago más que soñar"


F. Kafka

José Antonio Labordeta


Ha fallecido, a los 75 años,
JOSÉ ANTONIO LABORDETA
(1935-2010)



Me voy decepcionado, porque uno viene aquí pensando que puede solucionar mucho, y al final te das cuenta de que puedes hacer poquicas cosas.

¿Ha llegado el día en que todos al levantar la vista vemos una tierra que pone libertad?
No. Yo creo que hay que levantar la vista con más fuerza, porque la libertad está cada día más apretada contra la pared.



Fuente: El País

sábado, 18 de septiembre de 2010

Eduardo Lago / Llámame Brooklyn


“Hay coincidencias que no sé cómo interpretar. Supongo que no tienen ningún significado. Son casualidades, eso es todo. El día que fui a la clínica cumplí veintinueve años. Me parece imposible. ¿Por dónde se me ha escapado el tiempo? Doblas una esquina y has llegado a la vejez. Mira mi madre, sesenta y un años ya; me resulta inconcebible que haya perdido la belleza deslumbrante que hacía que la gente se volviera. Por las mañanas, cuando salgo de la ducha, miro mi cuerpo, compruebo los estragos del tiempo en mi rostro, tengo arrugas en los ojos, en los labios, no las ve nadie, no se ven, sólo las veo yo. Pero no lo digo como quien se lamenta, no es eso. La verdad es que no me importa tanto ir envejeciendo. Es algo tan redondo que carece de sentido tratar de disimularlo. Pero sobre todo, Gal, sobre todo no me importa envejecer porque no me da miedo lo que me aguarda. He perdido toda esperanza, y esto lo digo sin cansancio.


Procuro no engañarme. Me acerco al futuro como quien se asoma a un precipicio. No se distingue nada al fondo del abismo. Me conformo con lo que pueda hallar a mi alrededor. A veces encuentro belleza en los momentos, en los lugares, en alguna gente que conozco. Pero no soy capaz de llegar al fondo de las cosas, de abandonarme a nadie, Gal, tú eso lo sabes muy bien. Nadie me conoce como tú. Algo en mi me lleva a seguir buscando, sin saber muy bien qué es lo que busco. ¿Será por eso que hubiese querido tener un hijo, mejor dicho, una hija? ¿O será un anhelo irracional, que no sé por qué está ahí? A lo mejor lo ha puesto la naturaleza, aunque conozco a muchas mujeres que no quieren ni oír hablar de eso. Un hijo, Gal, una hija. Me tendré que resignar. Por eso me conformo con la pequeñez de ciertos instantes. La belleza es casi lo único que me reconforta, aunque tantas veces, de hecho casi siempre, sea una belleza triste. Hay gente que sabe lo que quiere y está dispuesta a conseguirlo. Yo no lo sé, no lo he sabido nunca. No procuro que mi voluntad influya en nada: acepto las cosas como me las encuentro. Y al apartar el velo que las cubre es cuando a veces surge un pequeño milagro, de paz o de belleza. Deberíamos conformarnos con eso. Ese es, tal vez, el sentido que tiene envejecer. Es como el otoño, que preludia la muerte de las cosas. Como la nieve, como el fuego.


Cosas que son sencillamente hermosas. Pero yo no puedo evitar que para mí también sean tristes. Escribo todo esto pensando en que algún día lo vas a leer tú; a medida que escribo, siento que se me aclaran las ideas, al hacerlo entiendo mejor algunas cosas. Estando contigo, jamás te pude hablar así: no es posible cuando se tiene a alguien tan cerca. Cuando la distancia es tan pequeña, sólo es posible entenderse con el cuerpo. Eso lo decías también tú. Si te tuviera aquí, me gustaría tocarte, morderte, dulcemente, o con rabia, pero en cuanto sucede eso, el deseo nos envuelve. Así, tan lejos, mientras cae la noche, escribo para decirte las palabras que entonces no supieron nacer solas. Aquí vienen ahora, aquí las dejo para ti, sólo para que tú las leas.”


Eduardo Lago (Llámame Brooklyn)



Franz Kafka / Diarios



“27 de noviembre. Bernhard Kellermann ha hecho una lectura. “Algunas cosas inéditas salidas de mi pluma”, empezó diciendo. En apariencia, un hombre simpático, de pelo tieso, casi canoso; afeitado cuidadosamente, la nariz puntiaguda, sobre los pómulos, la carne de las mejillas oscila a menudo de un lado a otro, como una ola. Es un escritor mediocre, con buenos momentos (un hombre sale al corredor, tose y mira a su alrededor, a ver si no hay nadie), es además un hombre honrado, que quiere leer lo que ha prometido, pero el público no le dejó; el terror ante el primer relato sobre un manicomio, el aburrimiento por su forma de leer, hicieron que a pesar de las tensiones, mal resueltas, de la historia; salieron con diligencia, como si hubiese otro lector en la sala contigua. Cuando, tras el primer tercio de la historia, bebió un vaso de agua mineral, se fue un montón de gente. Él se asustó. “Esto se está acabando”, mintió sencillamente.


Cuando estuvo listo, todo el mundo se levantó, hubo unos pocos aplausos que sonaron como si, entre toda la gente puesta en pie, hubiera alguien sentado aplaudiendo para si. Entonces Kellermann pretendió continuar la lectura, otro relato, tal vez algunos más. Ante la desbandada, se quedó simplemente con la boca abierta. Al fin, tras habérselo aconsejado algunos, dijo: “Me gustaría leer un breve cuento, que sólo dura quince minutos. Voy a hacer un descanso de cinco minutos.” Algunos se quedaron todavía, y él les leyó un cuento con pasajes que habrían justificado a cualquiera salir corriendo a través y por encima de todos los oyentes, desde el último rincón de la sala.”


F. Kafka.

Antoñito, como ya presentíamos, está dubitativo...





Muñoz Molina y la Guerra Civil



JUAN ANTONIO FERNÁNDEZ ARÉVALO - Cartagena, Murcia - 13/09/2010

Hace unos días apareció un suelto en el que Antonio Muñoz Molina expresa una opinión que me ha producido irritación, más que sorpresa. Viene a decir que en el caso de haber estado en la situación de quienes vivieron en los momentos próximos a la Guerra Civil no hubiera sabido qué bando hubiera escogido.
Deduzco, pues, que Antonio Muñoz Molina dudaría si apoyar al Gobierno legítimo de la II República o al movimiento militar golpista, encabezado por el general Franco, que desencadenó la Guerra Civil española.
A menudo estos intelectuales, antaño progres, se quedan en la superficie del enfrentamiento bélico, repartiendo mandobles por igual, obviando a propósito que la Guerra Civil, aparte de provocar los centenares de miles de muertos que produjo, fue la antesala de una dictadura feroz, en donde el exilio, los campos de concentración, las cárceles, las torturas, los trabajos forzados, la represión generalizada y el terror, siempre el terror, anularon a millones de personas decentes y a todo un pueblo sojuzgado y anulado.
Para Antonio Muñoz Molina y para otros intelectuales hay que mantener la equidistancia (por ejemplo, entre Franco y Azaña). Qué pena que proliferen tantos equidistantes interesados entre los llamados intelectuales.



Fuente: El País.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Paul Celan / Fuga de la muerte







Fuga de la muerte

Negra leche del alba la bebemos al atardecer
la bebemos a mediodía y en la mañana y en la noche
bebemos y bebemos
cavamos una tumba en el aire no se yace estrechamente en él
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
lo escribe y sale de la casa y brillan las estrellas silba a sus
mastines
silba a sus judíos hace cavar una tumba en la tierra
ordena tocad para la danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos en la mañana y al mediodía te bebemos al atardecer
bebemos y bebemos
Un hombre habita en la casa juega con las serpientes escribe
escribe al oscurecer en Alemania tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita cavamos una tumba en el aire no
se yace estrechamente en él
Grita cavad unos la tierra más profunda y los otros cantad sonad
empuña el hierro en la cintura lo blande sus ojos son azules
cavad unos más hondo con las palas y los otros tocad para la
danza

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos al mediodía y la mañana y al atardecer
bebemos y bebemos
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita él juega con las serpientes
Grita sonad más dulcemente la muerte la muerte es un maestro
venido de Alemania
grita sonad con más tristeza sombríos violines y subiréis como
humo en el aire
y tendréis una tumba en las nubes no se yace estrechamente allí

Negra leche del alba te bebemos de noche
te bebemos a mediodía la muerte es un maestro venido de
Alemania
te bebemos en la tarde y la mañana bebemos y bebemos
la muerte es un maestro venido de Alemania sus ojos son azules
te hiere con una bala de plomo con precisión te hiere
un hombre habita en la casa tus cabellos de oro Margarete
azuza contra nosotros sus mastines nos sepulta en el aire
juega con las serpientes y sueña la muerte es un maestro venido
de Alemania
tus cabellos de oro Margarete
tus cabellos de ceniza Sulamita



Paul Celan, De "Amapola y memoria" 1952
Versión de José Ángel Valente









Paul Celan ( Chernovtsi 1920- Paris 1970)
Era poeta, era judío, sus padres murieron en un campo de concentración –esta triada debería tener una única tecla en todos los teclados del mundo-.
Fue traductor (Rimbaud, Mandelstam, Michaux, Char, Valéry y Pessoa) hablaba rumano, alemán, ruso, francés y hebreo y editor, trabajó en Bucarest, Viena y definitivamente en París, donde contactó con el grupo surrealista.
A mediados de los sesenta fue internado en un psiquiátrico, sufría fuertes depresiones y manifestaba comportamientos violentos. El tratamiento – con electroshock incluido- fracasó. Para curarme me han destrozado, escribió. En 1970 se dirigió al parisino puente de Mirabeau y se arrojó a las frías aguas del Sena.
Está considerado el más importante poeta en lengua alemana de la posguerra; aunque él presentía que, sobre todo en Alemania, se le malinterpretaba deliberadamente.

Anna Ajmátova


Y allá donde se inventan los
sueños no hubo suficientes
para nosotros.

Anna Ajmátova

Francisco Casavella / Filosofía de salón




FRANCISCO CASAVELLA / El País 13/01/2007

(…) Remy de Gourmont sigue la estela de los moralistas franceses y acusa la influencia de Nietzsche. Recuperado ahora en España, este autor francés, fallecido en 1915, inspiró a muchos modernistas.
Uno de tantos philosòphes desconocidos del siglo XVIII, nómada de cortes, tentado siempre a morder la mano que le alimentaba por un entonces nuevo y hoy -casi- obvio sentido de libertad, consiguió la sentencia de sentencias cuando enunció: "Los aforismos cuestan lo que valen: nada". La inversión de los términos -valen lo que cuestan- también hubiera sido certera si comulgásemos con su contenido. No lo compartimos del todo, así que explicaremos en unas frases la historia del más sintético de los géneros literarios. Reminiscencia natural de los proverbios latinos, de la enseñanza clásica ("que tus preceptos sean breves", Horacio) el aforismo rebrilló en los salones cortesanos durante el reinado de Luis XIV en forma de agudeza rápida y malévola: una estocada en duelo incruento cuya herida era más dolorosa por la infección de ridículo ("el amor propio es el mayor de los aduladores", La Rochefocauld). Una versión más reflexiva, menos detonante y mundana, llegó de la mano de Pascal en sus Pensamientos ("cuando se lee demasiado deprisa o demasiado despacio no se entiende nada"). Así, durante el siglo XVIII y, sobre todo, en Francia (aunque Lichtenberg brille con luz propia en Alemania), la sentencia, la pulla ingeniosa, la frase tocada por la gracia y el esprit, no sólo hizo que las damas rieran tras sus abanicos y las lenguas torpes o de amplia retórica se vieran humilladas antes de orientar sus pesados cañones: también edificó una cultura basada en la ligereza bien afilada, mientras se abrían vías de agua en los rumorosos estanques del Antiguo Régimen.


La prosa francesa, cuando no retoma el clasicismo en su vertiente heroica y guillotinaria, aún conserva esa voluntad de servir, por un lado, el ingenio de Port-Royal y, por otro, las pecas postizas ("el alcohol brinda mañanas conmovedoras, pero difíciles", Guy Debord). El peligro del género es que, en la mayoría de ocasiones, su fascinante apariencia sólo resiste una primera impresión. Así que el oyente se asombra, pero no tanto el lector, quien tras revisar el aforismo cae en la cuenta de la perogrullada. Porque hasta lo muy breve requiere un talento específico. Así, la chorrada fácil abunda en Voltaire, cuya magia, por llamar de algún modo a su ilusionismo, requiere la necesidad de una réplica o el desarrollo de un astuto despliegue; sin embargo, el brillo aforístico es el único legado de autores como Chamfort ("¿qué es el mundo literario?: ¡asnos coceando ante un pesebre vacío!") o Rivarol ("hacemos más por quienes tememos que por quienes amamos"). Este último, la alegría de los salones en los años previos a la toma de la Bastilla, cayó en el olvido durante el siglo XIX y fue recuperado en sus postrimerías por quien sería su alumno en la peculiar disciplina del ágil latigazo verbal. Hablamos de Remy de Gourmont el autor de estos Pasos en la arena.


"En 1914, Remy de Gourmont, el escritor del Mercure de France, era una gran figura literaria de ese país. Escribía de un modo aéreo y ligero; dotado del genio de la lengua, su espíritu anarquizante parecía totalmente libre de prejuicios. Físicamente era un monstruo y socialmente un tímido. Murió el 29 de septiembre de 1915. (...) En la consideración general, hoy De Gourmont ha descendido enormemente. Se ha volatilizado, desvanecido”.


Ésa es la idea que, en época de entreguerras, le merecía De Gourmont a un Josep Pla poco dado a la ornamentación de fondo y forma. En efecto, De Gourmont fue, durante su vida, una poderosa e influyente figura literaria cuyo relumbrón social quedó anulado a los treinta años por una enfermedad de la piel que deformó su rostro. Eso no le impidió, desde las filas del simbolismo, disponer el campo para el resto de ismos que habrían de llegar, no sólo mediante un ingente trabajo crítico y erudito, sino con una serie de novelas y cuentos de tono subido que, en el ámbito de su influjo, marcarían también la pauta de nuestro primer modernismo. Rubén Darío le veneraba: "Me creí estar en casa de un Erasmo, que fuese un Pascal, que fuese un Lulio". De su audaz narrativa, hoy apenas se recuerda la nouvelle Una noche en el Luxemburgo, editada aquí por última vez en el mítico sello Nostromo con un epílogo mareante de Ramón Gómez de la Serna, quien quizá le admirase también. Mayor valor, por el clasicismo inherente al género, tienen los aforismos recogidos en estos Pasos en la arena con un impecable prólogo de Luis Eduardo Rivera y semblanzas del autor por Guillaume Apollinaire (de circunstancia) y Paul Léautaud (cruda, pero estupenda).


En sus aforismos, De Gourmont sigue, no le queda otro remedio, el camino que en la misma arena fue abriendo una tradición de moralistas franceses. Sin embargo, la influencia decisiva, el genial desenfoque conceptual, la bravura, de Friedrich Nietzsche se dejan notar en cada uno de esos pasos. De entre los muchos logros del prusiano, uno fue espabilar la autocomplacencia de los literatos europeos con la sutil ferocidad de sus máximas, escritas por un ángel con el veneno del mundo: "Quien llora quiere que se llore con él; así ejerce dominio y se alegra". De Gourmont, por su parte, se las apaña tan bien, si no mejor, que el maestro: "El hombre es un animal que ha logrado serlo, eso es todo".



Esta pequeña, pero suculenta obra, no es la de un epigramático vacío. De Gourmont trata los asuntos propios del género: la estética, el amor, la vanidad, la moral y la muerte, cada una por su lado o en ágiles combinaciones. La única discrepancia con el prologuista sería determinar el asunto donde más acierta el de De Gourmont. Para Rivera es en la faceta estética, y tendrá razón. Sin embargo, opino que aquel escritor muy feo, generoso y nada sentimental afinaba en el terreno que decía aborrecer, las intermitencias del espíritu: "Hay que ser dichosos. Nos debemos esto, aunque sólo sea por orgullo". "Estar por encima de todo. Despreciarlo todo y amarlo todo. Saber que no hay nada y que sin embargo esa nada lo contiene todo". "Yo sonrío ante las ilusiones humanas; pero no quisiera unificarlas en una sola ilusión obligatoria". "Palabras de un cura de pueblo a una devota muy escrupulosa: 'Dios no es tan tonto como parece".
Hay escritores que merecen recuperarse. Y, al menos aquí, De Gourmont consiguió un libro de cabecera que aguanta el paso del tiempo.

Idea Vilariño / Con los brazos atados


CON LOS BRAZOS ATADOS

Con los brazos atados a la espalda
un hombre
un hombre feo y joven
un rostro algo vacío
con los brazos atados a la espalda
lo hundían en el agua de aquel río
–un rato nada más
lo estaban torturando no matándolo–
con los brazos atados a la espalda.
No hablaba y lo pateaban en el vientre
con los brazos atados lo pateaban
le pateaban el vientre los testículos
se arrollaba en el suelo
lo pateaban.
Ahora mismo
Hoy
lo están pateando.

Idea Vilariño.

Silencio


“Nadie lo sabe y sin embargo todos nos tratan como si lo supieran”.

Kafka.


“La melancólica verdad en la que nos inicia el arte de Casanova no es solo que siempre estamos enmascarados, sino también que no podemos sobrevivir desenmascarados.”

J.M. Coetzee



“En la literatura, así como en la vida, solo el silencio es sincero”

Sandor Márai


“No solo actuamos, hablamos, pensamos, soñamos; también preservamos nuestro silencio sobre algo. Toda la vida nos callamos sobre quiénes somos, algo que solo nosotros sabemos y sobre lo que no podemos hablar con nadie. Sin embargo sabemos que quienes somos y eso que no podemos decir constituyen la “verdad”. Somos aquello de lo que guardamos silencio.”

Sandor Márai (A la luz de los candelabros)

jueves, 16 de septiembre de 2010

¿Huelga General?


¿Huelga General?


¿Y quién dices que la convoca?

¿Y cuándo dices que la convocaron?


Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja

ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, Ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja, ja.....


- Déjalo ya que te va a dar algo y encima le vas a regalar una alegría a esos palanganeros de Emilio Botín-Sanz de Sautuola y García de los Ríos, Marqués consorte de O'Shea.

Idea Vilariño / Enumerándolo




ENUMERÁNDOLO

Enfermedad y frío
y tristeza cerrada
y días días días
enfermedad tristeza
cansancio enfermedad.
Aire helado abandono
frío fatigas penas
ninguna carta nadie
miserias limosnas
remedios notas cuentas.
Viento sur tercer piso
madrugadas horribles
noches perdidas
penas
y días días días
viento miseria frío
enfermedad tristeza.



IDEA VILARIÑO

Idea Vilariño / Escribo Pienso Leo


ESCRIBO PIENSO LEO

Escribo
Pienso
Leo
traduzco veinte páginas
escucho las noticias
escribo
escribo
leo.
Dónde estás
dónde estás.

Idea Vilariño

Idea Vilariño / Me pregunto


ME PREGUNTO

No pensarás a veces
no volverás los ojos
a aquel estante al libro
que volví a su lugar
a aquella mesa de café en Malvín
ya tarde
al aire libre
conmigo y los muchachos
o tal vez al café pajarería
de donde huí y dejé que me alcanzaras.
No te acordás
Supongo
de mi puerta entreabriéndose
a las dos de la tarde
y tú con un sombrero
que por fin regresabas.
No te acordás
Seguro
no sabés que una noche
te esperé y fue una noche
de amor
y no viniste
y fui feliz vagando por la casa
escuchando la escalera
esperándote.
Hubo también las noches
–torpe de mí
te odiaba–
en que llamabas
–dígame
cómo ordeno esta serie
es mejor esto o esto–
y esa otra en el suelo
con luna y mis retratos
tirados por ahí que todavía
tienen manchas de vino.
O la noche terrible en que tú estabas
llorando en el teléfono
nunca lloré decías
dejame ir decías
y yo mi amor mi amor
–te había echado
había muerto–
y yo mi amor
mi amor
y yo estaba con otro.

IDEA VILARIÑO

miércoles, 15 de septiembre de 2010

Cuando ya no importe / Onetti


“Miro la montañita de los apuntes y sé que no tienen destino. En la vida de todo hombre normal y maduro hay siempre una mujer lejana. Por la geografía o los días. Nunca volveré a ver a mi lejana. Si vive, pisa un punto de la tierra ignorado por mi. Y si llegara a producirse el milagro, ya marchito, del reencuentro, tampoco te ofrecería mis apuntes como lectura. Tal vez, Lejana, te mostrara el montón de hojas como una avergonzada y lastimosa prueba de que yo estuve viviendo en tu ausencia.”

Juan Carlos Onetti. (Cuando ya no importe)

Rafael Sánchez Ferlosio


(...) La mera idea de "lo colectivo" muchos la ennoblecen, porque no es personal; lo personal suele ser arbitrariamente tachado de individualismo y egoísmo; lo colectivo, en cambio, pertenece al Nosotros. Convendría, por tanto, señalar que el Nosotros no sólo en la gramática es tan persona como el Yo, sino también, por añadidura, como se ha visto en la unanimidad del Totalitarismo, muchísimo peor persona.


Rafael Sánchez Ferlosio.

Raymond Carver


Madera de Balsa

Mi viejo parado frente a la cocina sostiene
sobre la hornalla encendida una sartén
en la que prepara un revuelto de huevos y seso.
Yo me pregunto: ¿Quién tiene hambre esta mañana?
En un día como el de hoy siento en mi cuerpo
la porosa fragilidad de la madera de balsa.
Las palabras flotan en el aire. Algo ha sido dicho.
Mamá lo dijo. ¿Qué es lo que dijo?
Algo, estoy seguro, relacionado con el dinero.
Quiero ayudarlos. Lo haré si no desayuno.
Mi viejo le da la espalda a la cocina oxidada.
Grita: "estoy en un pozo",
vuelve a gritar: "no me hundas más".
La luz se filtra a través de la ventana.
Alguien llora.
Lo único que puedo recordar es el olor intenso
del seso y los huevos quemados en la sartén.
La mañana entera mezclada con otros desechos
es arrojada al tacho de la basura.
Minutos más tarde salimos en el auto hacia la quema,
un viaje de unos 15 kms., no nos hablamos en el trayecto.
En los montículos, oscuros, malolientes,
tiramos nuestras bolsas y cajas de basura.
Las ratas chillan, emiten cortos silbidos,
se mueven arrastrando el vientre hinchado
entre los restos de los desperdicios putrefactos.
Volvemos al auto y observamos el fuego, las llamas,
el humo espeso se adhiere a los charcos negros.
El motor del auto sigue funcionando.
Huelo el aroma del cemento para pegar avioncitos
que ha quedado adherido a la punta de mis dedos.
Él me observa cuando acerco los dedos a mi nariz.
Después mira hacia otro lado, mira hacia el pueblo.
Quiere decir algo pero no puede.
Está a un millón de kms. de distancia.
Los dos estamos muy lejos, y alguien sigue llorando.
En ese momento yo empecé a comprender
cómo es posible estar en un lugar
y en otro al mismo tiempo.

Raymond Carver

martes, 14 de septiembre de 2010

Bruno Schulz / Correspondencia






A Stanisław Ignacy Witkiewicz


Comencé a dibujar hace mucho tiempo: la historia de mi vocación se pierde en una especie de bruma mitológica. Yo todavía no sabía hablar cuando ya cubría de garabatos papeles y márgenes de periódicos; ya esos primeros intentos despertaron la atención de mi entorno. Al comienzo yo sólo dibujaba coches de caballos. Viajar en calesa me parecía un acontecimiento de la más alta importancia, cargado de todo un simbolismo secreto. Cuando tenía seis o siete años, volvía una y otra vez a mis dibujos la imagen de una calesa que, con la capota alzada y las linternas encendidas, salía de un bosque nocturno. Esa imagen pertenece al caudal fijo de mi imaginación, es una especie de centro de gravedad de innumerables vías que –ramificándose– van en las direcciones más diversas y se pierden en alguna parte en el infinito. Hasta hoy, aún no he agotado su contenido metafísico. La visión de un caballo de tiro no ha perdido para mí su poder de fascinación, continúa siendo turbadora. Su anatomía esquizoide, con todas las extremidades llenas de ángulos, nudos y prominencias, parece haber sido detenida en su desarrollo, cuando la misma intentaba desarrollarse y ramificar. La calesa es también una creación esquizoide, salida del mismo principio anatómico: una estructura fantástica, fuertemente membrada, hecha de chapas curvadas como aletas, de cuero equino y enormes ruedas tintineantes.

(…)

Hay temas que de alguna manera nos están predestinados, que parecen haber sido preparados expresamente para nosotros y nos esperan en el umbral mismo de la vida.

(…)

Estas imágenes son en sí mismas todo un programa; son las que constituyen el capital fijo de nuestra alma: un capital que se acumula en nosotros muy pronto, bajo la forma de presentimientos y sensaciones sólo en parte conscientes. Me parece que después, durante toda la vida, lo único que hacemos es interpretar esas visiones, intentar sacar a la luz la totalidad de las significaciones que encubren para nosotros y de filtrarlas tanto como sea posible a través de todo el alcance de nuestro intelecto. Esas primeras imágenes le imponen al artista límites que son los de su creatividad. Su obra nace de esas premisas. Después no descubre nada nuevo, sólo intenta comprender cada vez mejor el secreto que le ha sido confiado en el origen; su obra es una incesante exégesis, un comentario a ese único versículo que le ha sido otorgado al principio. Por lo demás, el arte no resuelve completamente este enigma; será siempre una parte del misterio. El nudo que ha servido para anudar el alma no es un falso nudo que se deshace al tirar por uno de sus cabos: al contrario, lo que hace es cerrarse aún más. Nosotros lo manipulamos, seguimos el curso de los hilos, buscamos su fin y el arte nace de esas manipulaciones.



A la pregunta de si se manifiesta la misma trama en mis dibujos y en mi prosa, responderé afirmativamente. No son más que capas separadas de la misma realidad. El material, la técnica, desempeñan aquí un papel selectivo. Por razones de orden técnico el dibujo le impone al artista límites más estrechos que la escritura.Eso es por lo que creo haberme expresado más plenamente en la prosa.

(…)

Creo que racionalizar la visión de las cosas contenidas en una obra de arte es algo así como querer desenmascarar a los actores de un drama: eso no conduce más que a interrumpir el juego y empobrecer la problemática de la obra. Sin embargo, el arte no es un logogrifo cuya llave esté escondida en algún lugar, y la filosofía no es un medio para resolver ese logogrifo. La diferencia entre los dos es más profunda todavía. El cordón umbilical que une la obra de arte a la totalidad de nuestra problemática no ha sido cortado, la sangre del misterio continúa circulando ahí libremente, venas y arterias van a perderse en la noche circundante para volver a regresar, cargadas de fluido tenebroso. La interpretación filosófica sólo nos da una especie de preparado anatómico desgajado del conjunto de la problemática.



(…)

Un principio particular se manifiesta en los hábitos y maneras de ser de esta realidad: es el principio de la mascarada universal. La realidad sólo asume ciertas formas de apariencia; es para ella una broma, una simple diversión. Se es hombre o cucaracha, pero esta forma no alcanza al ser en profundidad, no es más que un papel momentáneo, una especie de corteza superficial de la que uno se desembaraza un instante después. Todo eso viene a postular un monismo extremo de la sustancia; bajo esa óptica los objetos son solamente máscaras. Para vivir debe utilizar un número ilimitado de máscaras. Esa errancia de las formas es la esencia misma de la vida. Es por lo que emana de esa sustancia el aura de una especie de ironía universal. Una atmósfera de entre bastidores reina ahí perpetuamente; creeríamos ver detrás de la escena a los actores despojarse de sus ropajes y reírse de lo patético de su papel. La ironía es inherente al mismo hecho de existir en tanto que individuo: es una farsa en la que uno se deja coger, como un payaso que os saca la lengua.

(…)

Algunos han creído ver en mi libro una tendencia destructiva. Quizá sea cierto desde el punto de vista de ciertos valores establecidos. Pero el arte opera en profundidades anteriores a la moral, en una zona en que el valor se encuentra todavía in statu nascendi. Es el arte el que, siendo una expresión espontánea de la vida, debe asignarle tareas a la ética y no al contrario. Si sólo sirviese para confirmar lo que ya ha sido establecido, sería inútil. Su papel es ser una sonda arrojada en ese abismo que no tiene nombre. En cuanto al artista, es un aparato encargado de registrar los procesos que tienen lugar en las profundidades, ahí donde nacen los valores.



(…)

Siempre he creído que las raíces del espíritu individual –a poco que profundicemos en ello– se pierden en una mítica selva virgen. Ese es el fondo del abismo: más allá ya no hay salida.

(…)

Por mi parte, he intentado encontrar, a una escala más modesta, una especie de mitología privada, mis propias “historias”, mi propia génesis mítica. Igual que los antiguos hacían nacer a sus ancestros de matrimonios mitológicos con los dioses, yo he intentado establecer –para mi uso personal–, una generación mítica de antepasados, una especie de familia ficticia de donde saco mi verdadero origen.En cierto modo, esas “historias” son auténticas, toda vez que las mismas representan mi manera de vivir, mi destino particular. La dominante de ese destino es una profunda soledad, una vida radicalmente cortada de lo cotidiano.La soledad es un reactivo que provoca en mí la fermentación de lo real, la aparición de esos precipitados hechos de figuras y colores.

[Bruno Schulz: Correspondencia, Maldoror ediciones, Vigo 2008, 185 p. Traducción: Jorge Segovia y Violetta Beck]

Bruno Schulz / "Sanatorio bajo la clepsidra"






Los sucesos ordinarios están alineados en el tiempo, permanecen enhebrados en su curso como en un hilo. Allí tienen sus antecedentes y sus consecuentes que, apretujándose, se pisan los talones sin parar, sin cesar. Mas, ¿qué hacer con los acontecimientos que no tienen su propio lugar en el tiempo, los acontecimientos que llegaron demasiado tarde, cuando el tiempo ya había sido distribuido, compartido, descompuesto, y ahora se hallan suspendidos, no clasificados, flotando en el aire desamparados y errantes? ¿Acaso el tiempo es demasiado insignificante para todos los sucesos? ¿Es posible que todas las localidades del tiempo fuesen vendidas? Preocupados, corremos a lo largo del tren de sucesos preparándonos para el viaje. Por el amor de Dios, ¿acaso no hay aquí venta de billetes para el tiempo?...
¡Señor revisor!


Bruno Schulz (Sanatorio bajo la clepsidra)

Leído por ahí



"Las artes del disfraz están tan desarrolladas que con toda seguridad uno se queda corto a la hora de cuantificar el número de hijos de puta con los que ha tropezado"

Saul Bellow




Al fin y al cabo, somos lo que hacemos para cambiar lo que somos.


Eduardo Galeano




"Siempre he visto la parte podrida del mundo. Hay algo innato en mí que me inclina a percibir la mierda. Yo me encuentro con hijos de puta todos los días, así que no puedo hablar de la parte bonita de las cosas"

Angélica Liddell



Como exclamó un célebre actor en su agonía:
"Morir es fácil, lo difícil es la comedia".
(Anónimo)



Mi punto de vista es simple. Mientras exista un lugar en el que haya aire, sol y hierba, tenemos la obligación de lamentar no estar allí, sobre todo si somos jóvenes.

(Boris Vian)



Las últimas palabras de Gogol: "¡Una escalera, deprisa, una escalera!"

lunes, 13 de septiembre de 2010

La niña con gafas que no le temía a nada



Llevo cuarenta años viviendo en Madrid y vaya usted a saber por qué, nunca, hasta el pasado día 11 de septiembre –¡Chile en el corazón!-, había puesto los pies en la Residencia de Estudiantes, centro que este año celebra su primer centenario: fue fundado en 1910 como producto directo de las innovadoras ideas de la Institución Libre de Enseñanza (1876) de Giner de los Ríos.


Esta es la Residencia que sale en todos los libros y que ha pasado a la historia del arte y del pensamiento porque en ella coincidieron Dalí, Lorca, Buñuel, Pepin Bello... y también por ser el lugar donde dictaron sus conferencias: Einstein, Stravinski, Marie Curie, Le Corbusier, Paul Válery y un largo etcétera de intelectuales absolutamente mareante.

¿Y porqué encaminé mis pasos a la tan famosa Residencia de los niños de papás adinerados del primer tercio del siglo veinte?

(“...por si era eso lo que me faltaba“)

Y porque esa noche estaba anunciado un recital poético titulado “Jugar con la poesía“ en el que –entre otros- participaba una poeta malagueña a la que conozco (parte de su obra) desde hace poco –gracias a otra poeta, Ana Pérez Cañamares- a través de sus blogs, y que visito diariamente como el que va a la fuente.

Hay bloguer@s que dicen que prefieren no conocer cara a cara a los otros bloguer@s con los que comparten lectura y comentarios a través de la red. Hay quién opina todo lo contrario. Y están los “majetes“ que predican su amor a todo el mundo y de todas las maneras (y supongo que posturas) en cumplimiento estricto de su vocacional patología. Yo me callo. Me contradigo. Y me fui a escuchar.

Una estupenda noche de verano, cálida que no calurosa, en la que se permite a la gente tomar la calle por unas horas y acudir a los “eventos“ o simplemente pasear y curiosear. Nuestro acto se celebra en los jardines de la Residencia que han sido salpicados, por algún instalador, de luces de colores y de altavoces amatojados que susurran poemas. Unas cien sillas de tijera -con un ejemplar que contiene los poemas que serán recitados por sus autores, lo que en algunos casos se revelará completamente desacertado- se alinean en semicírculo en torno al pequeño escenario.

En su caso, su extraordinaria poesía resultó aún más fascinante escuchada de su propia voz, con su tono, con su “tempo“, con su acento malagueño.
Luego, hablamos de poetas, de Camus, de insomnios y sueños, de dolores, de los ojos marrones, de Vonnegut, de pintura... una noche inolvidable, para mi; “Vendrán noches y más noches. Pero nunca ésta“. La versión en carne y hueso de la bloguera ha resultado un excepcional hallazgo. En ocasiones conviene jugar y callarse y contradecirse.

Gracias Isabel.

ELOTRO

Stephen Spender



TOSCO
Mis padres me protegían de niños que eran toscos
que emitían palabras como piedras y llevaban raídas ropas,
mostrando sus muslos a través de harapos. Corrían por la calle,
escalaban riscos y se desnudaban junto a los arroyos del campo.
Temía a sus músculos de acero más que a tigres,
a sus agitadas manos y a sus rodillas firmes sobre mis brazos
Temía el grosero señalar con descaro de aquellos niños
que imitaban mi ceceo a mi espalda en la calle.
Eran ágiles y aparecían como perros desde detrás de setos
para ladrar a mi mundo. Lanzaban barro
mientras yo miraba hacia otro lado fingiendo sonreír.
Deseaba perdonarlos ardientemente, pero ellos no sonreían nunca.



Stephen Spender




El autor Stephen Spender (1909-1995), fue un poeta, crítico y editor inglés. Estudio en Oxford, en donde conoció a futuras figuras literarias inglesas como W. H. Auden, Christopher Isherwood, C. Day Lewis y Louis MacNeice,
Tras su paso por Alemania se manifiesta claramente como socialista, especialmente en su obra Poemas (1933), en donde defiende claramente el movimiento obrero radical, ideas que volvió a expresar en Viena (1934), poema homenaje al levantamiento de los socialistas vieneses en 1934. Llegando, en 1937, a enrolarse en el Batallón Británico que formaba parte de las brigadas internacionales en la Guerra Civil Española.
Tras el pacto entre nazis y soviéticos de 1939 sus opiniones se tornaron más conservadoras.





"También estaba allí Stephen Spender. Ha perdido por completo su antigua apostura (...) y ahora parece un flan que se derrumba. Es obtuso, desaseado, viste fatal, es desgarbado de cuerpo y comportamiento (...). Hablamos sobre los Mitford y califica a Decca (Jessica) de puta comunista. Debería yo haberle dicho que también él era un perro comunista hace unos años".
James Lees-Milne
(Lees-Milne es un personaje desagradable, de una inmoralidad abyecta; mejor dicho, de una moralidad repugnante. Un tipo altanero, cobarde, racista, fatuo, reptilmente monárquico y vaticanista. Félix de Azúa)