domingo, 31 de octubre de 2010

Ramón (Greguerías)


Quizás si comenzásemos por meter en un monumental panteón un soldado desconocido de la próxima guerra no habría próxima guerra.

El viento acaba porque llega a cansarse.

El bebedor desesperado grita al camarero:
-¡Tráigame una copa de Delirium Tremens!

Muchas cosas se pueden encontrar en medio del campo, pero jamás un sacacorchos.

La M siempre se sentirá superior a la N.

Los corchos flotan hasta en la memoria.

Ningún espacio mejor aprovechado arquitectónicamente que una lata de sardinas.

Familia: un mantel y seis servilletas.

El “no se qué”, que encuentra la mujer en ese hombre, no es más que dinero.

Cuando se dice “por casualidad” es que no se le quiere dar gracias a Dios.

Ramón Gómez de la Serna

Roland Barthes


“Como le gusta encontrar, escribir, comienzos, tiende a multiplicar este placer: por ello escribe fragmentos: cuantos más fragmentos escribe, más comienzos y por ende más placeres (pero no le gustan los fines: es demasiado grande el riesgo de la cláusula retórica: tiene el temor de no saber resistir a la “última palabra”, la última réplica).
El Zen pertenece al budismo “torin”, método de la apertura abrupta, separada, rota (el kien, por el contrario, es el método de acceso gradual). El fragmento (como el haiku) es “torin”, implica un goce inmediato: es el fantasma de un discurso, un bostezo de deseo.”

Roland Barthes

sábado, 30 de octubre de 2010

J. D. Salinger


“Lo que quiero decir es que parece que no pueden querernos tales como somos. Parece que no pueden querernos si no intentan cambiarnos un poquito. Quieren sus motivos para querernos tanto como nos quieren a nosotros, y a veces más. Así no es tan bueno.”

J.D. Salinger ( “Teddy” de NUEVE CUENTOS)

Fragmentos...


"La vida no es un río que corre: la vida es una charca que se corrompe”
Martín Adán



Horacio Quiroga (1878-1937), quien, en una hipotética competencia por convertirse en el vanguardista latinoamericano que peor la pasó, se llevaría todos los premios: su padre murió en un accidente de caza, su padrastro se suicidó, dos de sus hermanos murieron de tifus, su mejor amigo murió cuando Quiroga le disparó por accidente, su primera mujer se suicidó después de una fuerte discusión matrimonial y la segunda lo abandonó y la aparición hacia 1930 de una nueva promoción de autores vinculados al vanguardismo acabó expulsándolo de la escena literaria. Ninguna de estas tragedias es mencionada en las trescientas ochenta cartas que conforman la correspondencia reunida por la joven académica y poeta española Erika Martínez en Quiroga íntimo, publicado por Páginas de Espuma. Estas resultan fascinantes por lo que dicen pero también por los hechos que callan, uno de los cuales es la determinación del suicidio, que Quiroga cometió poco después de echar la última de estas cartas.”




"Mamá tendió la camisa de papá en el baño. Desde arriba, de las mangas empapadas, chorreaba el agua como un chaparrón.
El abuelo preguntó: ‘¿Tengo que coger el paraguas mientras cago?' [...]
Papá gritó: ‘¿Hasta cuando va a durar este estado de guerra?'
El tío dijo: ‘¡Voy a hacer unos andamios para circular por la casa!'
Yo pregunté: ‘¿Estamos en un teatro?'
Mamá dijo: ‘¡Vais a ver, un día me encontraréis en el granero, colgando de una cuerda!'"

El papel de mi familia en la revolución mundial, de Bora Ćosic



El heredero del trono austrohúngaro Franz Ferdinand, asesinado en Sarajevo en 1914, describió genialmente al afirmar: "Si uno de nosotros quiere a alguien, aparece alguna pequeñez en el árbol genealógico que impide el matrimonio, y así sucede que, entre nosotros, marido y mujer siempre están emparentados veinte veces. El resultado es que la mitad de nuestros niños son idiotas y epilépticos".

Fuente: El blog de Patricio Pron.

viernes, 29 de octubre de 2010

Idea Vilariño




De quien dicen que plantaba jardines y los hacía florecer allí donde viviera. De quien dicen que era dura, implacable y hermosa, hermosa, hermosa. ¿Quién era usted, huérfana de madre, huérfana de padre, huérfana de hermano? Violinista. ¿Quién? Asmática, enferma de la piel, enferma de los huesos, enferma de los ojos. Profesora. Quién era usted, usted que hablaba poco y que habló tanto –tanto– de un solo amor de todos los que tuvo: de uno solo. Quién era usted. Usted, el haz de espadas. Usted, que dejó trescientas páginas de poemas, nada más, y sin embargo. Usted, que se murió en abril y en 2009 y que a su entierro fueron doce. Usted, que dejó una nota: "Nada de cruces. No morí en la paz de ningún señor. Cremar".
Publica: El Malpensante


Por: Leila Guerriero

(…)

Soledad "como una sopa amarga", escribía Idea Vilariño. Que era poeta, que era uruguaya.

(…)

"Ya no será / Ya no / ... No sabré dónde vives / con quién / ni si te acuerdas. / No volveré a tocarte. / No te veré morir". La voz hastiada. La voz suya. "

–¿Cuál es el estado presente de tu espíritu?

–Hace un tiempo que siento como si ya me hubiera muerto.

–¿Cómo te gustaría morir?

–Ya.

–¿Cuál es tu lema? –Ninguno. Pero podría ser: ¿para qué?".

(…)

Escribía desde siempre –decía que desde antes de saber escribir– poemas armados con palabras que muchas veces no entendía pero cuyo sonido le resultaba fascinante. A los doce ya estaba enamorada: Rubén Cosito, de catorce –"precioso, elegante, bonito, con los ojos azules rasgados y una cabeza bien puesta que era una maravilla de ver"–, fue su novio por dos años, a pesar de la persecución de la familia.–Yo fui amiga de Idea desde el cuarto año del liceo, teníamos 16 –dice Silvia Campodónico–. Ella vivía en una casa delante de la calera, muy pobre. Eso de que le echaba el ojo a los hombres fue desde chica. Se asomaba a los balcones del liceo donde estudiábamos y se hacía de novios en la calle. Pero tenía un problema terrible, además del asma, y era el eccema. Cuando tenía eccema se transformaba en un monstruo. Hicimos juntas el ingreso a medicina, pero nos cambiamos a literatura. Las clases de filosofía eran con Emilio Oribe. Le compramos un libro de Paul Valéry, entre las dos. Idea le bordó la tapa. Bordaba impresionante. Y ya tenía intenciones con él. Don Emilio fue uno de los primeros amores que ella tuvo. Pero no sé cuándo empezó. Se sabe, apenas, que fue en torno a 1940, y entonces ella habrá tenido 20 y él 46.

(…)

–Hablaba de los hombres como de "mis caballeros" –dice Ana Inés Larre Borges–. Tuvo muchos amantes. No porque fueran clandestinos, sino por el tipo de relación que ella sostenía. Manolo Claps sí fue un novio. Pero me parece que se le superponía con otros. Se enamoraba bestialmente, y se enamoraban de ella. El amor que le interesó es el amor pasión. Un amor intenso, que tiene que acabar para poder ser.

(…)

Se llama Generación del 45, en Uruguay, a un grupo de escritores, poetas, críticos y editores que, al decir de Rosario Peyrou, fueron "cosmopolitas, inconformistas, rigurosos, introdujeron la literatura uruguaya en la modernidad... Realizaron una revisión crítica del pasado literario nacional, estudiaron y revalorizaron a los escritores modernistas del 900, fundaron revistas y editoriales, ejercieron el periodismo cultural, tradujeron y publicaron a los nombres mayores de la literatura europea y norteamericana de postguerra". A esa generación, a la que pertenecieron Mario Benedetti, Ángel Rama, Emir Rodríguez Monegal, Ida Vitale y Juan Carlos Onetti, pertenecía Idea Vilariño. Fue la revista Marcha, una de esas publicaciones que fundan prestigios, la que fundó el suyo.

Vestía, de negro o de violeta oscuro, trajes y blusas –extrañamente, blancas–, y collares de perlas de una vuelta o de dos. Usaba a veces aros, a veces boinas. El pelo recogido en torzadas, rodetes, suelto al hombro. Las fotos del verano sugieren que se bronceaba demasiado, que alcanzaba un color de miel intenso, saludable, que eso la hacía sentir bien. Sus retratos son versiones de lo mismo: la frente un médano, los pómulos bruñidos, nunca sonrisas. Los ojos, hastiados más que tristes, o viendo algo que nadie más ve. Trabajaba en la Sala de Arte de la Biblioteca del Museo Pedagógico.Después llegó la enfermedad, y entonces todo eso importó poco.

(…)

–Estaba en cama –dice Silvia Campodónico–. El agua del eccema traspasaba el colchón y mojaba el piso. Yo pensaba que esa locura de amor de ella venía de eso, de esa enfermedad, de la idea de muerte que le traería eso.

(…)

En 1949, ella, Manuel Claps y Emir Rodríguez Monegal fundaron Número, una revista literaria que se transformó en un referente y a la que se incorporó, después, Mario Benedetti, que sería su amigo hasta el final. Para muchos fue fácil entender el afecto y la afinidad política pero no el respeto intelectual entre esa poeta exquisita y ese hombre al que se acusaba de escribir para el póster. Ella, en todo caso, no mentía: "Te debo carta desde que te fuiste –le escribía a Benedetti en 1998–. Pero la cosa era que se trataba de una carta difícil. Porque te dije entonces que te escribiría sobre tu libro, y no sé cómo decirte que no me gustó". En los años de Número los integrantes no se tomaban la molestia de ser educados para rechazar materiales de Neruda, de Borges, de Onetti. "Fuimos parricidas. Fuimos algo que debía suceder", diría después Idea Vilariño.

(…)

"La década de los cincuenta es fundamental para mí –diría después–. Empieza la enseñanza, la militancia política. Me enamoro de Onetti". Fue en el barrio de Malvín, Montevideo, un bar. Manuel Claps –que ya no era su pareja– le anunció que habría un encuentro con Juan Carlos Onetti, que por entonces vivía en Buenos Aires y acababa de publicar La vida breve. En Construcción de la noche (Planeta, 1993), la biografía de Onetti escrita por María Esther Gilio y Carlos María Domínguez, el encuentro se recrea así: "Cuando Manuel Claps le avisó a Idea que en la noche se encontrarían con Onetti, ella dijo que con ese cretino no quería saber nada... Onetti tenía entonces una versión de Idea, por lo menos, estrafalaria". "Él pensaba que yo era una mujer gorda –decía Idea Vilariño en el documental Idea–, vestida con colores fuertes y a la pesca de un hombre con quien pasar la noche. Él estaba esperando conocer a una persona bastante horrible, bastante barata. Entonces dice que se sintió sorprendido de ver a un ser delicado con una sonrisa giocondina. Y a mí me pasó lo mismo. Yo iba a ver a un tipo medio despreciable y me encontré con un tipo seductor y muy inteligente".

(…)

"Esa misma noche me enamoré de él. Me enamoré, me enamoré, me enamoré". Onetti regresó dos días después a Buenos Aires, y empezó una correspondencia abrumadora. "Si se encuentra con Idea –escribía él–, pídale que me escriba, dígale que ella y yo estuvimos o estamos histéricos, que mi última carta era asombrosamente imbécil". Idea le enviaba fotos de sí misma con frases como "estoy sola, dónde estás tú". Él no ocultaba esas cartas a su mujer, Elizabeth María Pekelharing, con quien acababa de tener una hija. "Éramos dos monstruos", diría Idea Vilariño, mucho después. Ese año publicó su cuarto libro, una plaquette de cuatro o cinco poemas, todos anteriores a Onetti. Lo llamó Por aire sucio.

(…)

–Yo creo que la relación con Onetti fue una relación literaria, una relación para la biografía –dice Silvia Campodónico.–Yo nunca pude saber si Idea lo quería. Fue la única persona que la maltrató de maneras muy bajas. Pero ella en un momento empezó a jugar un poco con esa situación –dice Numen Vilariño.–Yo creo que si Onetti la hubiera elegido, ella hubiera dicho que sí, porque fue su gran amor, y ella lo fue construyendo como un gran amor –dice Ana Inés Larre Borges. –Yo creo que a Idea lo que le importaba mucho era hacer una pareja tan especial. El mejor escritor, la mejor poeta. Él le propuso muchas veces casarse, pero ella dijo que no porque consideraba que una relación permanente era imposible –dice María Esther Gilio.

"Había un hombre que llegaba a mi casa sin aviso, a cualquier hora –le decía Idea Vilariño a Hilia Moreira, para la revista Punto y Coma–. Cerrábamos las puertas y las ventanas. Se detenían todos los relojes. Ya no sabíamos si era de día o de noche o si era sábado. Nos transformábamos en enemigos, en parientes, en desconocidos. En alguna oportunidad, llegamos a pasar días, encontrándonos a tientas, invocando algo que era como dar la vida. Era una experiencia de éxtasis... Una vez me propuso que nos casáramos. La propia intensidad y belleza de esos juegos los vuelve peligrosos, acaso al borde de una línea sin regreso. No son ceremonias que puedan repetirse a menudo".En 1953 Juan Carlos Onetti se separó, pero no para estar con Idea sino para casarse con Dorotea Muhr, Dolly, una mujer que su propia ex le había presentado. –Idea me contó que él le dijo: "El jueves me tengo que ir a Buenos Aires" –cuenta María Esther Gilio–. Y ella le preguntó: "¿Por qué?". "Porque me tengo que casar". Y yo le pregunté: "¿Y vos qué le dijiste?", y ella me contestó: "No debo haber dicho nada. Éramos muy especiales". En 1955 Onetti y Dolly se mudaron a Montevideo y empezaron a vivir en un apartamento helado, en el que él cultivaba oscuridad, alcohol, los cigarrillos. Idea, mientras tanto, trabajaba, escribía, enseñaba, vivía en una casa con luz, con biblioteca y piano, con las plantas. –Una vez la encontré a Dolly con una bolsa llena de latas, y me dijo: "Voy a casa de Idea, porque Onetti va a vivir con Idea unos días y ella no le da de comer, entonces le llevo latas" –dice María Esther Gilio–. Le dije: "Pero Dolly, ¿cómo es que no te importa que Onetti tenga otras mujeres?". Y me dijo: "Onetti trabaja con mujeres en sus libros. ¿Puedo pedirle que no conozca mujeres?". Ella quería que él fuera feliz. "Teníamos la relación más difícil y más imposible –decía Idea Vilariño en Construcción de la noche–. Es el último hombre de quien debí enamorarme... El sexo era para él una manera de explotarte, de torturarte, de revolverte el corazón y de hacerte decir hasta lo que no querías... Discutíamos, nos dejábamos de ver, pasaban meses, yo comenzaba otra relación y cuando estaba en lo mejor llamaba Onetti y se iba todo al demonio... Una noche me llamó desesperado para que fuera a verlo. Yo estaba con alguien que me amaba y lo dejé. Y recuerdo que lo único que hicimos fue ponernos de espalda, él leyendo un libro, y yo otro. A la mañana siguiente le agarré la cara y le dije: sos un burro, Onetti, sos un perro, sos una bestia. Y me fui".

(…)

En 1957 publicó Poemas de amor y lo dedicó –desembozada– "A Juan Carlos Onetti".Años más tarde quitaría esa dedicatoria, y él, ya viejo, sentiría rabia. Rabia. (…)"

–¿Cuál es el principal rasgo de tu carácter?

–El rigor.

–¿Tu principal defecto?

–La intolerancia.

–¿Tu ocupación preferida?

–Mis indagaciones sobre los ritmos poéticos. Las plantas".

(…)

Anotaba, en una libreta, los nombres de todos los hombres con los que había estado. Cuando le preguntaron si eso no resultaba escandaloso, respondió: "A Mario Benedetti nunca le pareció escandaloso. Los demás pensaban que yo era una ordinaria". Cuando le preguntaron si la poesía amorosa era el centro de su vida, respondió: "No. El centro de mi vida ha sido una corporalidad invasora, ávida, que asediaba mi trabajo de escritura".

(…)

Era agosto de 1961. Cuando una bala destinada al Che Guevara –que daba una conferencia en Montevideo– mató al profesor Arbelio Ramírez. Idea Vilariño y Juan Carlos Onetti llevaban tres días de encierro en la casa de la calle Durazno, "iluminados todo el tiempo con luz artificial, casi sin alimentarse, amenazados de extenuación amorosa", se lee en Construcción de la noche. En mitad de eso sonó el teléfono. Era una llamada del gremio de docentes para convocar a una asamblea. Idea se vistió, le dijo a Onetti que volvía en dos horas. "Cuando estaba por salir me dijo: ‘Si te vas, no me ves más´ –decía en Construcción de la noche–. Entonces volví. Me dice: ‘No, si te vas a quedar de esta manera es mejor que te vayas´. ‘¿Si? Bueno, entonces me voy´, y cuando llegué a la puerta agregó: ‘Te vas a arrepentir de esto. Vos sabés que yo no me puedo ir solo, pero me voy a ir de cualquier modo´. Conocía la manera de retorcerme el corazón. Regresé hasta él. Ahí nos volvimos a pelear y entonces sí, me fui". Cuando volvió a su casa, tres horas después, Onetti ya no estaba. Había dejado una nota, insultándola, y los poemas de amor, que ella le había dado, arrojados a los pies de la cama. "Cuando empiezo a ordenar, llena de tristeza, encuentro la inyección que debía darse ese día. Como no podía interrumpir el tratamiento, me fui hasta su casa. Toqué el timbre y me atendió Dolly... ‘Pasá, me dice, pasá que Juan está muy mal´... Estaba desesperado y triste, ya no tenía nada que ver con aquel tipo que me había estado amenazando toda la tarde. ‘¿Y los poemas? ¿Dónde están los poemas?´, me preguntaba. ‘Creí que formaban parte del insulto´, le dije. ‘No, no´, dice, ‘se me cayeron, yo quiero esos poemas´ ". Por esos días, cuando Idea volvió para ver cómo seguía, Dolly le preguntó: "¿Cómo es que queriéndolo así, de esa manera, tú puedes andar después con otros?". "Tú lo tenés y yo no –le dijo Idea–. Vivo sola, soy joven, a veces me paso años sin verlo, no puedo estar dependiendo de un hombre que se acuerde dentro de tres meses que existo. Ahora, lo que yo tampoco comprendo es cómo hacés tú para tolerar su relación conmigo y con otras mujeres". "Mirá", contestó Dolly, "lo que lo hace feliz a él, me hace feliz a mí. Yo quiero que él sea feliz". –Idea no fue ninguna víctima –dice Rosario Peyrou–. Para ser esposa de Onetti había que tener un grado de entrega y abnegación que ella no tenía. "Porque me voy, dijo; porque estaré con D; porque querrías que viviese contigo. No, no, que se muriese por mí, tal vez. Vivir, no; no nos dejaríamos vivir", anotaba Idea Vilariño en sus diarios, en 1959.

(…)

Ese año, (1973) Juan Carlos Onetti, y otros miembros del jurado de un concurso organizado por Marcha, fueron detenidos por premiar un cuento que resultó subversivo para el gobierno de facto, que cerró la revista. Onetti, por problemas de salud, fue trasladado a un hospital. Allí, después de años sin verse, el 15 de marzo de 1974 Idea Vilariño fue a visitarlo.

Esa misma noche escribió un texto que se reproduce en Construcción de la noche y que empieza con Dolly dejándolos solos. "Quedamos solos y callados... Me miraba por momentos; por momentos volcaba la cabeza; se mordía el labio superior, con una expresión ¿ de impotencia, de desesperación? ‘Así que yo no sé lo que es el amor. Vos sufrís de amnesia. La primera vez que entré a tu sala del Museo quedé loco por vos´. ‘Nunca me lo dijiste´. ‘Nunca entendí aquel deseo de posesión. No te dejaba ir a clase. Y no se trataba de deseo; si no, no sentiría esta horrible ternura que siento por vos... Lo que nunca pude recordar, lo que nunca pude saber, fue cómo terminó lo nuestro, cómo te perdí de vista, qué pasó´ ". Ella le recordó la noche de 1961, la muerte del profesor, la discusión, el abandono. " ‘Mirá, dijo, yo borracho, lloré una o dos veces en mi vida, vos sabés; pero en seco, nunca. Y siento que voy a llorar´. ¿Qué hacía yo ahí supremamente conmovida, inclinada hacia él desde mi silla, impotente, desesperada? Pensé que tal vez era la última vez que lo veía. ‘Tengo sesenta y tres´, dijo. ‘Se supone que es la edad de la impotencia. Pero no estoy impotente, y me acuerdo de tu amor, de todo, de tu boca, como si hubiera estado anoche contigo´. Estábamos como declarándonos. Entre otras cosas le dije: ‘Tuve años tu robe de chambre, aquella que fue de no sé quién, y que tú usaste, colgada allí, recordándote. Durante mucho tiempo la olía a veces, hundía la cara en la seda hasta que perdió aquel olor´... temí que iba a llorar. Me levanté y quise tocarlo, tocar su mejilla con la mía. Apenas llegaba a él cuando me agarró con un vigor desesperado y me besó con el beso más grande, más tremendo que me hayan dado, que me vayan a dar nunca, y apenas comenzó su beso, sollozó, empezó a sollozar por detrás de aquel beso después del cual debí morirme... Estábamos como enfermos de emoción... Era lo de siempre; me tenía en sus manos, me partía en dos. No me olvidaba de L. ni de D. Si no, si hubiera cedido a mi emoción, creo que me hubiera arrodillado junto a la cama, y le hubiera dicho: ‘Lo que quieras, como quieras´ ". Entonces entró Dolly e Idea dijo que tenía que irse. Cuando se acercó a saludarlo, Onetti la besó en la boca. "Ella me acompañó hasta la puerta, y no me volví a mirarlo. Esperé largo rato el ómnibus con ganas de llorar o de morirme". Onetti se iría, poco después, a España. Se verían dos veces más pero nada indica que, luego de esa noche, volvieran a encontrarse allí, en Montevideo.

–Ella me mostraba las cartas que le mandaba él desde España –dice Irina Bogdachevski–. Le decía que no podía vivir sin ella, y estaba en otro país con otra persona. Pero ella también era bastante cruel, definitiva: si no es así, entonces que no sea nada."Yo muy a menudo decía que no –le decía Idea Vilariño a María Esther Gilio–. Pero no tenía más remedio que decir no, salvo que estuviera dispuesta a dejar que me pisara la cabeza"."Cuando una mujer se siente amada totalmente, se entrega como una niña y es feliz siendo niña. Es el estado del amor", le decía Onetti a María Esther Gilio, en 1965. En 1991, cuando Gilio le preguntó con qué poema de los que le había dedicado Idea se quedaría, Onetti dijo: "Ya no" y, hojeando Poemas de amor, se lamentó:

–Lo único que no me gusta de esta edición es que ya no me la dedica.

–Bueno, ella añadió ahí poemas que no son para ti.

–No me interesan las explicaciones racionales. Me interesa que ya no estoy más allí... Yo nunca sentí que ella estuviera enamorada de mí... No digo que no estuvo, sino que nunca sentí que estuvo. Yo creo que lo suyo era algo muy cerebral, intelectual.

–¿Nada más?

–También es cama.

–Pero supongamos que sea verdad, que ella no te amó. ¿Y tú a ella?

–Andá a saber. Sé que ahí hubo un alto porcentaje de cosa sexual.


La entrevista llegó a oídos de Idea Vilariño. "Me enojó mucho –decía en el documental Idea–. Tener todos esos poemas de amor ahí y estar exhibiendo tu corazón deshecho, y que él después con unas frases así, livianas, desdiga todo eso, lo niegue. Eso me chocó, me dolió. ¿Cómo podés decir que una persona que escribió eso tuvo un amor intelectual por él? No sé. Era difícil este hombre. Decía que creía que yo estaba creando un amor para la historia de la literatura. Algo tan imposible. Vos no podés hacer eso cuando estás queriendo tanto y cuando estás escribiendo las barbaridades que yo he escrito para él".

(…)

Y en Madrid, en mayo, en 1994, Onetti se murió. "Quiere avisarme que él está internado, que está grave, que todo indica que esto es el final", anota en su diario el 28 de mayo de 1994, después de recibir una llamada de Raquel, la prima de Onetti. El texto sigue con un ruego (ella, que no creía en nada: con un ruego): "Que no se dé cuenta. Nunca quiso ni pensar en la muerte. En un cti. No sabe estar enfermo. Que no se dé cuenta". El 30 de mayo, después de hacer una llamada a Madrid, escribe: "Me atiende Paquita llorando. No hay esperanzas, no hay esperanzas". Se queda allí, llorando, pero cuando la radio dice que ha muerto ya no llora. Se queda laxa, tratando de recordar. Empiezan a llamar los diarios, pero ella dice no, no, y solo atiende a los amigos. La llama Manuel Claps. La llama Mario Benedetti. Alguien, le dicen, vio a Onetti el 8 de mayo, delgado, piel y huesos. "¿Cómo yo no supe eso? Le escribí esa carta que, dice Mario (Benedetti), llegó cuando ya había muerto. Muerto él".


"De tarde dicen que ya lo incineraron. Es un poquito de cenizas, todo aquel hombre, el amor mío".El amor suyo. "El amor mío". "Creo que la actitud más lúcida, más sana, es tener presente que la vida y el amor se acaban. Ver a los otros y a uno mismo caminando a la muerte, vivir el amor a término, tal vez hagan el amor y la vida más terribles pero también digo que los hacen más intensos y más hondos", le decía a Mario Benedetti, en una entrevista publicada en Marcha en 1971. "De Dios ni hablar. No es un problema, no es una preocupación. Todo se acaba. El amor, la vida, el mundo. Para hacer planes con tu obra o con tu cuerpo tenés que estar loco. Y bueno, ésa es la cosa. Nada de Dios", decía en el documental Idea.

(…)

Pasó diciembre, pasó enero. Se internó varias veces en un sanatorio –el Centro de Asistencia del Sindicato Médico de Uruguay– hasta que en abril de 2009 –el 28– la llevaron allí para operarla con urgencia –el intestino– y entonces se murió: Idea Vilariño se murió. Pocos días después, el 17 de mayo, murió Mario Benedetti. El gobierno decretó duelo nacional y velatorio en el Congreso. Al panteón del Cementerio Central, donde lo llevaron, fueron dos mil personas. Al funeral de Idea Vilariño, en cambio –empresa Rogelio Martinelli, Canelones 1450– no fue nadie. O sí: diez. Dos eran funcionarios del gobierno.


"–¿Qué quisieras ser? –Un arqueólogo. Un artesano. –¿Donde desearías vivir? –En un médano frente al mar donde viví en Las Toscas, cuando aquello era un solitario paraíso. –¿Tu sueño de dicha? –La soledad".


–Éramos pocos en el velatorio –dice Rosario Peyrou–. Después la llevaron al paraninfo de la universidad y ahí fue un poco más de gente. Pero al Cementerio del Norte apenas fuimos diez. Selva, la empleada, fue la depositaria de las instrucciones: un papel en el que, con letra vieja, Idea Vilariño había escrito lo que esperaba de allí en más. "Nada de cruces. No morí en la paz de ningún señor, etc. Empresa Forestier Pose o Martinelli. Decir allí murió Idea Vilariño. Cremar": la técnica de la omisión de la anécdota llegando, aquí, a su grado máximo. Selva le dio el papel a Coriún Aharonián y entonces él –y Ana Inés Larre Borges– salieron a buscar un ataúd sin cruces.

David Hockney













P I S C I N A S D E P A P E L
Abandoné Inglaterra y me fui a California en el verano de 1978. En aquella época Maurice Payne trabajaba para mí, y le dije que se adelantara para buscar un lugar donde trabajar y una vivienda. Encontró una casa en Miller Drive, justo por encima de Sunset Boulevard, y un estudio en Santa Mónica Boulevard. Así que me fui para allá. (…)
En mi viaje a California hice una escala en casa de Ken Tyler en Bedford Village, en el límite septentrional de Nueva York, y allí realicé todas las Piscinas de papel.
(…)Estábamos haciendo objetos únicos, no grabados, y era un trabajo apasionante. Trabajábamos durante muchas horas, pero nos gustaba. Ken tiene una energía y una inventiva increíbles. Cuando trabajas con pasta de papel tienes que ser valiente. Es exactamente lo contrario que cuando dibujas con una punta metálica sobre un aguafuerte. En una plancha para grabar el aguafuerte trazas una serie de líneas sobre la superficie encerada con una fina punta metálica. Con la pasta de papel, la línea no significa nada. No puede haber línea; tiene que haber masa, tiene que haber color.
Otra de las razones por las que me absorbieron tanto las Piscinas de papel fue porque empecé a utilizar lo que entonces me parecía que eran colores mucho más saturados. Siempre que me iba de Inglaterra, los colores de mis pinturas cobraban intensidad. Eso es lo que me ocurrió en los años sesenta, por ejemplo. Creo que ello se debe en parte a que cada lugar ejerce un determinado efecto sobre las personas.


David Hockney (Así lo veo yo)

Precipicios (9)

Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho, voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…




“A uno le adjudicó Correos ese destino, de forma arbitraria o atendiendo a sus deseos; el otro fue allí porque había leído libros; porque aquello era el Sur, donde creía que el dinero escaseaba menos, las mujeres eran mas clementes, y los cielos, extremosos y japoneses. Porque iba huyendo. Unas cuantas casualidades los hicieron arribar a ambos a la ciudad de Arles, en 1888. Aquellos dos hombres tan dispares se agradaron; cuando menos, el aspecto de uno de ellos, del de más edad, agradó al otro lo suficiente para que lo pintase cuatro o cinco veces: es, pues, creencia común que sabemos cómo eran los rasgos que tenía el hombre aquel en aquel año, a los cuarenta y siete de su edad, de la misma forma que sabemos cómo eran los de Luis XIV en cualquiera de sus edades, o de Inocencio X en 1650; y es innegable que no se destocó para retratarse, que es lo mismo que hacen los reyes, y aparece en sus retratos sentado como un papa; con eso basta. También sabemos unos cuantos asuntillos de su vida, que a él le causaría gran asombro ver, bajo su propio rostro, en las prolijas notas de libros muy eruditos. Sabemos, por ejemplo, que la administración de Correos lo trasladó, a finales de 1888, de Arlés a Marsella, y si se trató de un ascenso por su entregada labor o de una penalización por sus cogorzas, es cosa que no consta; sabemos a ciencia cierta que vio por última vez a Vincent en el hospital de Arlés en febrero del siguiente año…”


Pierre Michon (Señores y sirvientes)

jueves, 28 de octubre de 2010

Marina Tsvetáieva / Poemas




En la frente besar -penas borrar...


En la frente besar -penas borrar.
Beso la frente.

En los ojos besar, -el insomnio quitar.
Beso los ojos.

En los labios besar -dar de beber.
Beso los labios.

En la frente besar -la memoria borrar.
Beso la frente.


Marina Tsvetáieva

Versión de Severo Sarduy








Nostalgia de la patria: ¡qué fastidio!...



Nostalgia de la patria: ¡qué fastidio!
Después de largo tiempo delatado.
Ya me es indiferente
dónde sentirme sola.

Caminar sobre piedras,
a casa con la cesta.
La casa que no es mía:
hospital o caserna.

Me da igual quién me mire
como a un león cautivo.
Cuál es el clan humano
que me ha expulsado -siempre-.

Muy dentro de mí misma,
oso polar si hielo.
Dónde no poder convivir (¡ni lo intento).
Dónde me humillarán -da lo mismo-.

No, mi lengua natal ya no me engaña,
ni materna, me engaña su llamada.
Ya me es indiferente en qué lenguaje
no seré comprendida por el hombre.
(Lector, devorador de toneladas
de periódicos, adicto al cotilleo...)
El es del siglo veinte;
yo: ¡fuera de los siglos!

Enhiesta como un tronco,
resto de la alameda.
Todo y todos iguales;
igual indiferencia.

Lo natal, lo pasado,
rasgos todos y marcas:
toda fecha borrada-
donde ha nacido el alma.

Mi tierra me ha perdido,
y el que investigue, astuto,
el ámbito de mi alma -¡mi alma toda!
no encontrará la traza.

Las casas son ajenas y los templos vacíos.
Me da todo lo mismo.
Mas si aparece un árbol
en el camino, un serbal...



Marina Tsvetáieva

Versión de Severo Sarduy










Mis versos, escritos tan temprano...


Mis versos, escritos tan temprano
que no sabía aún que era poeta,
inquietos como gotas de una fuente,
como chispas de un cometa,

lanzados como ágiles diablillos al asalto
del santuario donde todo es sueño e incienso,
mis versos de juventud y de muerte
-¡mis versos, que nadie lee!-,

en el polvo de los estantes dispersos
-¡que ninguna mano toca!-,
como vinos preciosos, mis versos
también tendrán su hora.



Marina Tsvetáieva


Versión de Severo Sarduy

Ramón / "Greguerías"


“Glu-glu es otra cosa que fru-fru”.


Ramón Gómez de la Serna

Salinger / Un día perfecto para el pez plátano






“-Dime, ¿has hablado con ese psiquiatra?
-Bueno…sí… más o menos…-dijo la chica.
-¿Qué dijo? ¿Dónde estaba Seymour cuando le hablaste?
-En la sala Océano, tocando el piano. Ha tocado el piano las dos noches que hemos pasado aquí.
-Bueno, ¿qué dijo?
-¡Oh, no mucho! Él fue el primero en hablar. Yo estaba sentada anoche a su lado, jugando al bingo, y me preguntó si el que tocaba el piano en la otra sala era mi marido. Le dije que sí, y me preguntó si Seymour había estado enfermo o algo por el estilo. Entonces yo le dije…
-¿Por qué te hizo esa pregunta?
-No sé, mamá. Tal vez porque lo vio tan pálido, y yo qué sé –dijo la chica-. La cuestión es que, después de jugar al bingo, él y su mujer me invitaron a tomar una copa. Y yo acepté. La mujer es espantosa. ¿Te acuerdas de aquel vestido de noche tan horrible que vimos en el escaparate de Bonwit? Aquel vestido que tú dijiste que para llevarlo había que tener un pequeño, pequeñísimo…
-¿El verde?
-Lo llevaba puesto. ¡Con unas cadenas…! Se pasó el rato preguntándome si Seymur era pariente de esa Suzanne Glass que tiene una tienda en la avenida Madison…la mercería…
-Pero ¿qué dijo él? El médico.
-Ah, sí…Bueno…en realidad, no dijo mucho. Sabes, estábamos en el bar. Había mucho barullo.
-Sí, pero… ¿le… le dijiste lo que trató de hacer con el sillón de la abuela?
-No, mamá. No entré en detalles –dijo la chica-. Seguramente podré hablar con él de nuevo. Se pasa todo el día en el bar.
¿No dijo si había alguna posibilidad de que pudiera ponerse…ya sabes, raro, o algo así…? ¿De que pudiera hacerte algo…?
-En realidad, no –dijo la chica-. Necesita conocer más detalles, mamá. Tienen que saber todo sobre la infancia de uno…todas esas cosas. Ya te digo, había tanto ruido que apenas podíamos hablar.
-En fin. ¿Y tu abrigo azul?
-Bien. Le subí un poco las hombreras.
-¿Cómo es la ropa este año?
-Terrible. Pero preciosa. Con lentejuelas por todos lados.
-¿Y tu habitación?
-Está bien. Pero nada más que eso. No pudimos conseguir la habitación que nos daban antes de la guerra –dijo la chica-. Este año la gente es espantosa. Tendrías que ver a los que se sientan al lado nuestro en el comedor. Parece que hubieran venido en un camión.
-Bueno, en todas partes es igual. ¿Y tu vestido de baile?
-Demasiado largo. Te dije que era demasiado largo.
-Muriel, te lo voy a preguntar una vez más…¿En serio va todo bien?...”

J.D. Salinger (Un día perfecto para el pez plátano.)

miércoles, 27 de octubre de 2010

Ramón (Greguerías)




Prefiero las máquinas de escribir usadas, porque ya tienen experiencia y ortografía.

Hay momentos en que las moscas parecen querer arrancarse la cabeza como desesperadas de ser moscas.

El cerebro es un paquete de ideas arrugadas que llevamos en la cabeza.

Donde comienza uno a volverse loco es en casa del fotógrafo, mirando fijamente y sonriendo a donde no había por qué mirar ni sonreír.

Nos acordamos de cosas de las que no nos acordamos nosotros, sino lo que nos rodea.

El panegírico parece alimenticio pero no lo es.

Por los ojos nos vamos de la vida.

El colmo de la errata es poner “herrata”.

En la noche helada cicatrizan todos los charcos.

“Admon de Lotería” es un nombre bíblico más que una abreviatura.

El Quijote; II, 52


Teresa Panza escribe a Sancho noticias de la aldea:
"La fuente de la plaza se secó, un rayo cayó en la picota, y allí me las den todas"


(El Quijote; II, 52).

John Cheever / Diarios


Diarios – última entrada, 1982
He tenido que subirme a una cama del segundo piso para llegar hasta la máquina de escribir. Toda una hazaña. No sé que se ha hecho de la disciplina o fuerza de carácter que me ha permitido llegar hasta aquí durante tantos años. Pienso en un crepúsculo temprano, anteayer. Mi mujer planta algo en el jardín superior. “Quiero terminar esto antes de que anochezca”, habrá dicho. Cae una llovizna. Recuerdo que he plantado algo a esta hora y en este clima, pero no sé qué. Ruibarbo o tomates. Ahora me estoy desvistiendo para acostarme, y la fatiga es tan abrumadora que me desnudo con el apuro propio de un amante. Jamás me había sentido tan cansado. Lo noto durante la cena. Tenemos un invitado a quien debo llevar a la estación, y empiezo a contar la cantidad de cucharadas que necesitará para terminar el postre. Tiene que terminarse el café, pero afortunadamente ha pedido una taza. Antes de que lo termine, le obligo a ponerse en pie para ir a la estación. Sé que para mí son veintiocho pasos de la mesa al automóvil y, después de haberlo dejado en el andén, otros veintiocho pasos del automóvil a mi habitación, donde me quito la ropa, la dejo en el suelo, apago la luz y me dejo caer en la cama.


John Cheever (Massachusetts, 1912 – Nueva York, 1982)

martes, 26 de octubre de 2010

Charles Bukowski / Los más raros


Los más raros

No es frecuente verlos
porque donde hay multitud
ellos
no están.
Esos tipos raros no son
muchos,
pero de ellos
provienen
los pocos
cuadros buenos
las pocas
buenas sinfonías
los pocos
buenos libros
y otras
obras.
Y de los
mejores de los
extraños
quizá
nada.
Ellos son
sus propias
pinturas
sus propios
libros
su propia
música
su propia
obra.
A veces me parece
Verlos
por ejemplo
cierto viejo
sentado en cierto
banco
de una cierta
manera
o
un rostro fugaz
en un automóvil
que pasa
en dirección
contraria
o
hay un cierto movimiento
en las manos
de un chico o una chica
que empaqueta
las cosas
en el supermercado.
A veces
incluso es alguien
con quien estuviste
viviendo
algún tiempo,
te vas a dar cuenta
de una mirada rápida
y luminosa
que nunca
le habías visto
antes.
A veces
sólo notarás
su
existencia
repentinamente
en un
vívido
recuerdo.
Algunos meses
algunos años
después de que se hayan
ido.
Recuerdo
a uno:
Tenía unos
veinte años
iba borracho a
las 10 de la mañana
se miraba en un
espejo
resquebrajado
de Nueva Orleans,
un rostro soñador
contra los
muros
del mundo
¿Qué
ha sido
de mí?

Charles Bukowski

Ramón / Greguerías


Las mentiras deberían tener hueso, para que pudiésemos llevar la cuenta de las que comemos.


(Ramón Gómez de la Serna, levemente retocado)

Precipicios (8)

Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho, voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…



“- Renuncia de una vez a joder con otras o lo nuestro se termina.

Tal fue el ultimátum, el ultimátum totalmente imprevisto e inverosímil hasta la exasperación, que la llorosa querida de cincuenta y dos años planteó a su amante de sesenta y cuatro en el aniversario de una relación que se había prolongado con un asombroso desenfreno y, lo que no era menos asombroso, manteniéndose en secreto, durante trece años. Pero ahora que las infusiones hormonales menguaban y la próstata se agrandaba, ahora que con toda probabilidad no le quedaban más que unos pocos años de potencia en la que podía confiar a medias (y tal vez no le quedaba mucha más vida por delante), ahora que se aproximaba al final de todo, se veía exhortado, so pena de perderla, a cambiar por completo su manera de ser…”

Philip Roth (El teatro de Sabbath)

Nayem el Gareh / ELOTRO


Se llamaba Nayem el Gareh, un joven saharaui de 14 años, cayó abatido por las balas del Ejército marroquí en un control en el campamento de Agdaym Izik, situado a 15 kilómetros al este de El Aaiún, la capital del Sáhara.

De momento no ha habido reacciones fuera de tono por el suceso. Trini ha hecho unas declaraciones que demuestran lo bien preparada que estaba para el cargo, cuando estaba en Sanidad parecía que la tía habia nacido en un hospital y ahora parece que a la tía la parieron en una embajada, “si pude con la gripe…”)


El rey Mohamed VI, el amigüito del borbón, visiblemente consternado por la pérdida, ha dado orden de esperar a que la prensa y la televisión española comience su campaña de apaleamiento al actor Gillermo Toledo y en un visto y no visto, se descubrirá a los auténticos culpables: la conjura comunista entre Chávez, Cuba y el Frente Polisario.

El “laureado pajillero catalán”, Don Félix de Azúa, se ha pedido “primer” a pesar de que había declarado a bombo y platillo que se retiraba a los cuarteles de invierno en vista de que Montilla no le hace ni puto caso ni nadie le ofrece puestecitos como la dirección del Instituto Cervantes en París, que un señorito tan exquisito tiene muchos gastos y no es fácil llegar a fin de mes con lo de la universidad, lo de Prisa, lo de las conferencias, lo de Herralde, lo de la Sgae…

El cachondo de Eduardo Mendoza ha hecho un libro sobre la guerra civil, ha ganado el Planeta, 601.000 euritos y ha declarado que a la guerra civil hay que enviarla al trastero de la historia. Que cachondo el tío…

El señorito Marías, también ha puesto el grito en el cielo porque los dirigentes políticos desprecian las muy notables y sensatas sugerencias que ofrecen todos a una y por un módico precio, además de él mismo, los Savater, Ramoneda, Juliá o Gómez Pin…y avisa que pueden hartarse de ser tan generosos porque como todo el mundo sabe lo hacen, lo de opinar según los intereses del amo Cebrián, desinteresadamente y por su vocación de servicio público.

Vila-Matas se pregunta: “Y a todo esto, ¿en qué momento se jodió la literatura? (...)
Es alarmante y desagradable observar, por ejemplo, cómo éxito y vanidad -o fracaso y fanfarronería, combinación también muy frecuente-, se relacionan de un modo tan estrecho como miserable.”
Sospechamos de qué lado se encuentra ahora Don Enrique aunque no creo que se considere vanidoso, una vez más acude a Kafka y a Bolaño y hace un canto a la humildad. ¿Y dónde colocamos a esos miserables mediocres que tanto se rieron de usted? ¿O no eran mediocres como escritores sino miserables por triunfadores? ¿Y que coño tiene que ver todo eso con la literatura?
Parece que a Juan Mal-herido también lo van a contratar. Es la única plantilla que crece, la de los majetes…

Se llamaba Nayem el Gareh, un joven saharaui de 14 años, cayó abatido por las balas del Ejército marroquí en un control en el campamento de Agdaym Izik, situado a 15 kilómetros al este de El Aaiún, la capital del Sáhara.


ELOTRO

lunes, 25 de octubre de 2010

Ramón / Greguerías


El único que cambia de verdad la faz del planeta es el que ara modestamente el terruño.


Ramón Gómez de la Serna

"Un siglo creando espacio"



“No ocupar el lugar, sino crear espacio”




“La escultura tiene varios inconvenientes que son consecuencia necesaria de sus medios. Brutal y positiva como la naturaleza, es al mismo tiempo vaga e inasible, porque muestra demasiadas caras al mismo tiempo”.
Charles Baudelaire



“Mi escuela es la negación de toda escuela”
Joaquín Torres-García



“El que nos apoyemos sólo en elementos concretos no quiere decir que la obra tenga que ser sin figuración, pues puede o no ser figurativa. Al contrario, lo concreto absoluto (el llamado arte abstracto), el Neoplasticismo, por ejemplo, así como la copia fotográfica, son extremos, creo que deben ser condenados. En el fondo de todo ordenamiento plástico debemos exigir que, de un modo u otro, esté la naturaleza, que es de donde debe partirse.”
Joaquín Torres-García



“Claro, uno nunca sabe lo que va a dibujar…pero cuando empieza a hacerlo, nace una historia, una idea…y ya está, luego la historia crece, como en el teatro, como en la vida…y el dibujo se convierte en otros dibujos, en una verdadera novela. Es muy entretenido, créeme. Al menos yo me entretengo muchísimo inventando cosas y paso horas enteras, mientras dibujo, viendo y pensando en las locuras que hacen mis personajes. En el fondo, es mi manera de escribir historias.”
Pablo Picasso



“¡Cuánto me gustaría tener la facilidad y la coquetería de lo inconcluso! Pero, por desgracia, se debe hacer pintura tal como es. Tengo un espíritu demasiado preciso para manchar un azul o torcer una recta”.
Juan Gris



“Dibujemos también lo que soñamos, lo que nos cuentan, lo que leemos, lo que escuchamos, lo que sentimos. Dibujemos lo que quisiéramos que existiese.”

Ángel Ferrant





(Textos e imágenes de la exposición:”Un siglo creando espacio”, Museo Colecciones ICO)

Julio Cortázar


Un cronopio pequeñito buscaba la llave de la puerta de calle en la mesa de luz, la mesa de luz en el dormitorio, el dormitorio en la casa, la casa en la calle. Aquí se detenía el cronopio, pues para salir a la calle precisaba la llave de la puerta.


Julio Cortázar

domingo, 24 de octubre de 2010

Alice Munro / Odio, amistad...


“Cuántos cambios en Sabitha en apenas tres semanas, el lapso en que Edith había trabajado en la tienda y su madre se había repuesto de la operación. Sabitha tenía la piel de un marrón dorado suculento y el pelo más corto, flotaba alrededor de su cara. Sus primas se lo habían cortado y le habían hecho la permanente. Llevaba una especie de vestido sport con falda pantalón, botones al frente y volantes en las mangas de un adecuado color azul. Había engordado un poco y cuando se inclinó a recoger su vaso de café con hielo, que estaba en el suelo, exhibió un escote mórbido y resplandeciente.
Pechos. Debían de haberle empezado a crecer antes de que se marchara, pero Edith no lo había notado. Quizás una se los encontraba un día al despertarse. Quizá no.
Surgieran como surgieran, parecían marcar una ventaja totalmente injusta e inmerecida.
Sabitha hablaba hasta por los codos de los primos y de la vida en el chalet. Decía: “Oye, tengo que contarte algo increíble”, y luego se ponía a chapurrear sobre lo que le había dicho tía Roxanne a tío Clark en medio de una pelea, y cómo Mary Jo los llevaba a todos a un bar de la carretera conduciendo el coche de Stan con la capota baja y sin permiso (¿quién era Stan?), y nunca quedaba del todo claro por qué la historia era tan genial o increíble.


Pero al cabo de un tiempo se aclararon otras cosas. Las auténticas aventuras del verano. Las niñas mayores –entre ellas, Sabitha- dormían en el piso de arriba del cobertizo de las barcas. A veces hacían guerras de cosquillas. Y luego se juntaban todas contra una y le hacían cosquillas hasta que se rendía y aceptaba bajarse el pantalón pijama y mostrar si tenía pelos. Se contaban historias sobre niñas del internado que hacían cosas con el mango del cepillo de dientes, con el mango del cepillo del pelo. Guugui. Una vez, dos primas habían montado un show: una se había puesto encima de la otra y había hecho de chico, y habían trenzado las piernas y gemido y jadeado y perdido la cabeza.
La hermana del tío Clark y su marido habían ido a pasar la luna de miel, y a él se le había visto meterle mano bajo el traje de baño.
-Esos dos sí que se querían. Haciéndolo día y noche –dijo Sabitha. Se apretó un cojín contra el pecho-. Cuando la gente está tan enamorada no puede evitarlo.
Una de las primas ya lo había hecho con un chico. Era un ayudante de verano del centro turístico que había carretera abajo. Se la había llevado en un bote y había amenazado con empujarla al agua si no dejaba hacérselo. O sea, que no había sido culpa de ella.
-¿Y no sabía nadar? –preguntó Edith.
Sabitha se metió el cojín entre las piernas.
-Aaay –dijo-. Qué gusto da.
Edith lo sabía todo sobre los placenteros tormentos que sentía Sabitha, pero la pasmaba que alguien se los infligiera en público. A ella, por su parte, le daban miedo. Años atrás, sin saber aún qué estaba haciendo, se había dormido con las sábanas entre las piernas; su madre la había descubierto y le había contado la historia de una niña que hacía esas cosas tan constantemente que, para solucionar el problema, habían acabado por operarla.
-Primero le echaban agua fría, pero ni de ese modo se curó –había contado su madre-. Así que tuvieron que amputarla.
De lo contrario se le habrían congestionado los órganos y podría haber muerto.
-Para ya –le ordenó a Sabitha.
Pero Sabitha siguió gimiendo, desafiante, y dijo: -No es nada. Lo hacemos todas. ¿Tú no tienes cojín?...”


Alice Munro (Odio, amistad…)

sábado, 23 de octubre de 2010

Henry James


“Y aún espera, sin duda, más allá de esa esquina,
una vuelta aún, una vuelta de tuerca más
a la bondad humana.”

Henry James

viernes, 22 de octubre de 2010

A propósito de "Black Mountain College"



An Answer
¿qué clemencia no se
fuerza, qué justicia no
se compra, qué
amor no utilizado pasa de largo?
me pregunta mi dama
no sin razón
¿dónde está el placer? ¿dónde el sentido?
mi oído no sirve de mucho
en estas materias, aunque sea
como una concha, y muy fino.
¿qué ofrecer más allá de una dedicación?
y un especial cuidado.


Joel Oppenheimer




“Experimentar es, en principio, más importante que producir; en los inicios, la libre experimentación contribuye a desarrollar el coraje. (…) Se resumen los métodos más habituales de manipulación (de los materiales); y durante cierto tiempo se prohíbe a los estudiantes que recurran a ellos. Por ejemplo: el papel suele emplearse, en la industria y en la artesanía, tumbado horizontalmente; rara vez se utiliza el canto. Por eso intentamos utilizar el papel en posición vertical, o incluso como material de construcción; lo reforzamos mediante un complejo plegamiento; utilizamos las dos caras; enfatizamos el filo. El papel se suele pegar; en vez de ello, intentamos atarlo, prenderlo, coserlo, remacharlo (…)
Nuestra intención no es tanto trabajar de otro modo como trabajar sin copiar o repetir a otros. Procuramos experimentar, adiestrarnos en el “pensamiento constructivo”.
(…) Un aspecto esencial de nuestras enseñanzas es la economía. La economía consiste en ahorrar trabajo y material, y lograr el efecto deseado haciendo el mejor uso posible de ambos.”

Josef Albers




“No podemos comunicar gráficamente aquello que no vemos. Si vemos algo mal, lo plasmaremos mal. Aunque nuestra visión óptica sea correcta, nuestro excesivo énfasis en la visión psíquica a menudo nos hace ver mal. Por esta razón aprendemos a examinar nuestra visión y a estudiar sistemáticamente el escorzo y el solapamiento como los principales problemas formales de articulación gráfica, así como la distinción entre ambos y la plasmación de la cercanía y la distancia.”

Josef Albers



“Por la belleza de las formas entiendo, no la belleza de los seres vivos o de las imágenes, como supone la mayoría de la gente, sino las líneas rectas y los círculos, y las figuras planas o tridimensionales hechas con el torno, la regla y la escuadra. La belleza de esas formas no es relativa, como la del resto de las cosas, sino eterna y absoluta.”

Platón




“En lo que a mí respecta, mi marco de referencia es profundamente humanista. No estoy dispuesto a contemplar al hombre por su valor de uso. Para mí, el ser humano tiene un valor absoluto; el arte es su manifestación primordial (…).
Respecto a la ola de arte no-objetivo que actualmente (1951) barre el país, no siento en absoluto –y tampoco lo creen sus principales representantes- que sea antihumanista.”

Ben Shahn.



“El rojo “puro” del que hablan algunos artistas abstractos no existe, por mucho que se modifique su contexto físico. El color rojo hunde sus raíces en la sangre, el cristal, el vino, los gorros de los cazadores y miles de fenómenos concretos. De no ser así, el rojo o sus derivados no nos producirían ninguna sensación, y sería inútil como elemento artístico.”

Robert Motherwell.




“Bill (De Kooning) celebró su primera exposición individual en la galería Egan en abril de 1948, el mismo mes en que yo empecé a escribir reseñas para Artnews. No vendió ninguna obra, y mis reseñas sólo se pagaban a dos dólares. Mirábamos al verano con verdadera inquietud. Estábamos sin un céntimo y no había perspectivas de que la situación cambiase. Los cuatro veranos anteriores que habíamos pasado en la ciudad nos habían enseñado que vivir en situación precaria, algo en lo que éramos expertos, resultaba mucho más difícil en julio y en agosto que durante el resto del año, cuando “siempre podía ocurrir algo”.

Elaine de Kooning





“Sobre los métodos de enseñanza de Josef Albers y Willem de Kooning:
Albers prefería dirigirse a los alumnos en grupo; Bill prefería hablar con ellos uno a uno. Los alumnos de Albers se sentaban en pupitres y trabajaban con esmero en pequeñas y cuidadas composiciones; los de Bill lo hacían de pie ante los caballetes, y pintaban audazmente sobre grandes lienzos. Albers planteaba los mismos problemas a todos sus alumnos; Bill esperaba a que se encontraran con sus propios problemas sobre el lienzo antes de analizar las distintas posibilidades con que contaban. Como la mayoría de los alumnos trabajaban con los dos profesores, los diferentes enfoques resultaban estimulantes, y no mutuamente excluyentes.”

Elaine de Kooning




“Había pintores para los que pintar rápido, sin dejar tiempo al análisis consciente, era la cuestión fundamental. Sin embargo, todos sabían que De Kooning aplicaba una pincelada y se sentaba un rato a contemplar la pintura antes de aplicar la siguiente”.

Rudy Burckhardt



“Hay hombres a los que nunca les parece que anochece. Como, por ejemplo Klee, para quién nunca parece haber suficiente sol, etc. (…) Con la obra de Kline (…), tiene que ser negro sobre blanco, porque ahí está él, Nueva York, etc. No quiere vérselas con los sentidos y todo eso. Pero es un guasón despiadadamente preciso, por así decirlo (…). ¿Qué puede haber más “cómico” que unas formas que no van a moverse del sitio? Si le dices esto a cualquiera, se reirá de ti, pero todo el tiempo, justo detrás de ellos, ¡hay un rascacielos! Es increíble, ¿cómo pueden verlo y, aun así, seguir hablando como si tal cosa?”

Robert Creeley




Un glifo

Romanos, compatriotas míos
vuestros demonios
están desatendidos, abundancia
es lo que tenéis, todo
lo que producís

así que os sorprenderíais

de lo que nos queda, sólo
encerrarnos en nuestras casas
como aves para cebar, y llenar
nuestras panzas en la oscuridad hasta
que reventemos de gordos.

Charles Olson




“Black Mountain fue una extraordinaria escuela de autoconfianza. Nunca me sentí a la defensiva ante una situación, aislado del resto de compañeros, tácitamente solo o rechazado. En Black Mountain me encontré de repente entre iguales, entre gente de ideas afines, que me respetaban por lo que hacía y me prestaban atención. (…) Aquello cambió mi vida, porque hallé una compañía que siempre fue estimulante. Nunca había tenido la sensación de encajar en ningún sitio, y en Black Mountain la tuve. Chamberlain lo expresó muy bien. Alguien le preguntó qué era lo que más valoraba de Black Mountain o que era lo que le había atraído de aquel lugar, y él contestó: “Black Mountain era el único lugar al que había ido donde la gente estaba más interesada en lo que no sabía que en lo que sabía”.

Robert Creeley




A los diecisiete, las mujeres eran fenómenos extraños y prohibidos.
Hoy me lanzan miradas lascivas desde las esquinas. Y, sin embargo,

quién iba a decir
que íbamos a llegar a un acuerdo.

Incluso ahora, envejecido, escucho una canción,
un remoto impulso,

un argumento todavía visible,
una excusa.

Robert Creeley




“Georgette era… maricón. Ella (él) no intentaba disimularlo u ocultarlo con un matrimonio mientras satisfacía su homosexualidad recopilando en un álbum secreto las fotos de sus actores y atletas preferidos, o vigilando las actividades de los jovencitos, o visitando los baños turcos o los vestuarios masculinos, o mirando lascivamente de soslayo mientras se protegía tras una cuidada apariencia de virilidad (temeroso de que en alguna fiesta o en algún bar esa fachada pudiera empezar a agrietarse por efecto del alcohol y se desmoronara completamente con un furtivo beso o un toqueteo de un atractivo joven que le rechazaría de un puñetazo –¡asqueroso marica!-, seguido de histéricas e incoherentes disculpas y excusas y del rápido abandono de la sala)…”

Hubert Selby, Jr.

J. M. Coetzee


“En el periódico de hoy, un anuncio de un abogado estadounidense, un experto en responsabilidad legal, que por una tarifa de seiscientos cincuenta dólares la hora adiestrará a compañías australianas a expresar disculpas sin admitir responsabilidad”


“Primero Adam Smith puso la razón al servicio del interés; ahora el sentimiento se pone también al servicio del interés. En el curso de esta última evolución, el concepto de sinceridad es despojado de todo significado.”


“El maquillaje puede ser una falsedad, pero no si todo el mundo lo lleva. Si todo el mundo va maquillado, el maquillaje se convierte en la manera que son las cosas, ¿Y qué es la verdad sino la manera en que son las cosas?”


J. M. Coetzee (Diario de un mal año)

Bertolt Brecht


EPITAFIO

Escapé de los tigres
alimenté a las chinches
comido vivo fui
por las mediocridades

Bertolt Brecht

José Vidal Beneyto


Sobre la “cumbre” de Copenhague y el calentamiento (¿recuerdan?)

Lo más repugnante son las "generosidades" de la Cumbre al ofrecer 10.000 millones de dólares, como ayuda total y, por una vez, para resolver el problema del calentamiento, frente a los 3.000 millones diarios en gastos de defensa y los 820.000 millones de rescue que Norteamérica destina cada año para rescatar la deuda bancaria.

José Vidal Beneyto

jueves, 21 de octubre de 2010

Alejandra Pizarnik


Peregrinaje

A Elizabeth Azcona Cranwell


Llamé, llamé como la náufraga dichosa
a las olas verdugas
que conocen el verdadero nombre
de la muerte.

He llamado al viento,
le confié mi deseo de ser.

Pero un pájaro muerto
vuela hacia la desesperanza
en medio de la música
cuando brujas y flores
cortan la mano de la bruma.
Un pájaro muerto llamado azul.

No es la soledad con alas,
es el silencio de la prisionera,
es la mudez de pájaros y viento,
es el mundo enojado con mi risa
o los guardianes del infierno
rompiendo mis cartas.

He llamado, he llamado.
He llamado hacia nunca.


Alejandra Pizarnik

Antonio Machado


“Huye del triste amor, amor pacato
sin peligro, sin venda ni aventura,
que espera del amor prenda segura,
porque en amor locura es lo sensato.”


Antonio Machado

Ángel González


Ayer

Ayer fue miércoles toda la mañana.
Por la tarde cambió:
se puso casi lunes,
la tristeza invadió los corazones
y hubo un claro
movimiento de pánico hacia los
tranvías
que llevan los bañistas hasta el río.

A eso de las siete cruzó el cielo
una lenta avioneta, y ni los niños
la miraron.
Se desató
el frío,
alguien salió a la calle con sombrero,
ayer, y todo el día
fue igual,
ya veis,
qué divertido,
ayer y siempre ayer y así hasta ahora,
continuamente andando por las calles
gente desconocida,
o bien dentro de casa merendando
pan y café con leche, ¡qué
alegría!
La noche vino pronto y se encendieron
amarillos y cálidos faroles,
y nadie pudo
impedir que al final amaneciese
el día de hoy,
tan parecido
pero
¡tan diferente en luces y en aroma!

Por eso mismo,
porque es como os digo,
dejadme que os hable
de ayer, una vez más
de ayer: el día
incomparable que ya nadie nunca
volverá a ver jamás sobre la tierra.

Ángel González

miércoles, 20 de octubre de 2010

Brassai como pretexto


“¿Adónde iría yo si pudiera ir a algún sitio, que sería yo si pudiera ser algo, que diría yo si tuviera una voz que hablase así, pretendiendo ser yo?

Samuel Beckett


"La diferencia entre realidad y ficción es que la ficción debe ser coherente".

Truman Capote


Lucha para recobrar la inocencia del ojo de la infancia.

Lawrence Ferlinghetti




"Lo que me interesa, no es la felicidad de todos los hombres, es la de cada uno."

Boris Vian



"En nosotros siguen vivos los oscuros rincones, los pasajes misteriosos, las ventanas cegadas, los patios sucios, las ruidosas tabernas, y las posadas cerradas con llave. Recorremos las anchas calles de la ciudad nueva, pero nuestros pasos y miradas son inseguros. La ciudad judía vieja e insalubre que hay en nosotros es mucho más real que la ciudad nueva e higiénica que nos rodea. Despiertos vamos atravesando un sueño: no somos más que fantasmas de tiempos pasados...".

Franz Kafka

Nazim Hikmet


Tus manos y la mentira

Graves como las piedras,
tristes como canciones de presidio,
pesadas y macizas como bestias de carga,
tus manos se parecen
al rostro endurecido
de los niños hambrientos.

Ágiles, laboriosas como abejas,
pródigas como ubres desbordantes de leche,
intrépidas lo mismo que la naturaleza,
bajo su dura piel, tus manos guardan
la amistad y el afecto.
No está nuestro planeta sostenido
por los cuernos de un buey:
Tus manos lo sostienen...

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Los mantienen a fuerza de mentiras,
siendo que andan hambrientos,
faltos de carne y pan,
y dejan este mundo, al que cargan de frutos,
sin poder verlos en la mesa propia
ni siquiera una vez.

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Sobre todo los de Asia, los de África,
del medio Oriente, del Cercano Oriente,
los de las tantas islas del Pacífico
y los de mi país,
es decir, mucho más del setenta por ciento
de los hombres del mundo:
Están adormecidos, están viejos,
siendo listos y jóvenes como lo son sus manos...

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Ustedes, mis hermanos de América o Europa,
tan alertas y audaces,
a quienes, sin embargo, los aturden
lo mismo que a sus manos,
y les mienten,
y los hacen marchar...

¡Qué hombres, nuestros hombres!
Si mienten las antenas de las radios,
si mienten las enormes rotativas,
si miente el libro y mienten los afiches,
si mienten los anuncios de los diarios,
si mienten las desnudas piernas de las muchachas
en el teatro y en el cine,
si hasta mienten las canciones de cuna,
si miente el sueño, si el pecado miente,
si miente el violinista de la boite,
si miente el plenilunio
en las noches sin ninguna esperanza,
si mienten la palabra,
el color y la voz,
si miente el que te explota,
el que explota tus manos,
si todo el mundo y todas, todas las cosas mienten,
a excepción de tus manos,
es para que tus manos siempre sean
dóciles como arcilla,
ciegas como la noche,
idiotas como el perro del pastor,
y para que jamás se subleven tus manos

Y para que no acabe jamás tanta injusticia
-Ideal del traficante-
Sobre este mundo nuestro,
este mundo mortal
Donde poder vivir
sería lo mejor.

Nazim Hikmet

Idea Vilariño


Maldito sea el día


Maudite sois la Nuit
Ch.B


Aplastadas las horas la resaca
Del día por lo alto en lamparones
Quedándose en el aire
De las estrellas para acá
Colgando
Y tú y yo y tú pisando lo del día
Es decir olvidando la memoria
Es decir tú y yo y tú
Nosotros mismos
Por una vez
Por fin
Después de todo
Dejado todo aquello por el aire
Desembocando enteros como piedras
En el agua
En el ámbito intacto de una noche
Que no alcanzaba a nadie
Como piedras
Arrastradas rodando por un lecho
Musgoso y bien cavado por los siglos.

Idea Vilariño

Precipicios (7)

Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho, voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…



“A la hora de ocultar sus problemas, Tommy Wilhelm era tan capaz como cualquiera. Al menos eso pensaba, y le sobraban argumentos para demostrarlo. En tiempos había sido actor –bueno, figurante, más bien- y sabía lo que era hacer comedia. Además, iba fumando un puro, y cuando uno fuma puros y lleva sombrero, juega con ventaja: es más difícil adivinar lo que siente. Bajó desde el piso veintitrés hasta el vestíbulo para recoger el correo antes de desayunar, y creía –esperaba- ofrecer un aspecto medianamente presentable: como si le fuera muy bien. Sólo era cuestión de esperanza…”

Saul Bellow (Carpe diem)

martes, 19 de octubre de 2010

John Cheever / Diarios


Cuando la autodestrucción entra en el corazón, al principio parece apenas un grano de arena. Es como una jaqueca, una indigestión leve, un dedo infectado; pero pierdes el de las 8:20 y llegas tarde para solicitar un aumento del crédito. El viejo amigo con quien vas a comer de repente agota tu paciencia y para mostrarte amable te tomas tres copas, pero el día ya ha perdido forma, sentido y significado. Para recuperar cierta intencionalidad y belleza bebes demasiado en las reuniones, te propasas con la mujer de otro y acabas por cometer una tontería obscena y a la mañana siguiente desearías estar muerto. Pero cuando tratas de repasar el camino que te ha conducido a este abismo, sólo encuentras el grano de arena.

John Cheever

Charles Bukowski


La historia de un sufrido hijo de puta
una noche llegó piel y huesos a mi puerta, mojado apaleado
temeroso
era un gato blanco bizco rabón
lo dejé entrar lo alimenté fue uno más en la casa
desarrolló hacia mí cierta cariñosa confianza
hasta que un buen día un conocido,
estacionando en mi cochera
pasó con su auto por encima del gato blanco bizco rabón
de inmediato llevé lo que quedaba de él a un veterinario que dijo:
"no hay mucho para hacer…dale estas pastillas… su espinazo
está aplastado, pero fue aplastado anteriormente y de algún modo
logró sanar, si sobrevive no volverá a caminar, mira
estas radiografías, le metieron un escopetazo,
mira estos puntos oscuros
son perdigones enquistados…además, alguna vez tuvo una cola
y alguien se la cortó…
me llevé el gato a casa, era un verano caliente, uno
de los más calientes en décadas, puse al gato en el piso del baño,
le serví agua, sus pastillas, no deseaba comer ni beber agua,
yo sumergía mi dedo en el agua, le humedecía la boca el hocico
y le hablaba, ese verano no fui a ningún lado, pasé muchos días
de ese verano en el baño hablándole, acariciándolo suavemente,
él me miraba con esos ojos que se le entrecruzaban
mientras tanto pasaban los días,
una tarde realizó su primer movimiento
arrastrándose con sus patas delanteras
(las traseras no querían moverse)
llegó hasta el rincón donde yo había preparado su cama
se arrastró un poco más y se dejo caer en ella,
fue para mí como el sonido de un clarín presagiando la victoria posible
aturdiendo el baño, desparramándose por la ciudad, yo
le conté entonces a ese gato -que la había pasado mal también, no tan mal,
pero bastante mal…
una mañana se irguió, se paró sobre sus patas, cayendo luego de espaldas,
me observaba mansamente.
"lo puedes hacer" le dije.
él insistió, se levantaba y volvía a caer, una y otra vez,
finalmente
caminó unos pocos pasos, era la viva imagen de un borracho
sus patas se negaban a obedecerle, cayó nuevamente, descansó
y nuevamente se levantó.
ustedes conocen el resto de la historia: está mejor que nunca,
bizco casi sin dientes, pero ha recuperado su gracia, y esa mirada
de sus ojos, pícara, no lo ha abandonado…

algunas veces me hacen entrevistas, ellos desean saber
de mi vida, de mi literatura,
yo me emborracho, alzo en brazos a mi gato
bizco, herido de bala, atropellado dos veces, rabón
y digo: "miren, miren esto!!!"

ellos no entienden nada, insisto, nada de nada, preguntan
algo por el estilo de: " "reconoce usted influencias de Celine?".
"no", levanto mi gato, "por lo que sucede, con cosas
como esta, como esta !!!".

sacudo a mi gato, lo llevo
hacia la luz brumosa por el humo y el alcohol, está relajado, él sabe…

este es el momento en que la entrevista finaliza
a veces me siento orgulloso cuando miro las fotografías
ahí estoy yo, ahí está mi gato, hemos sido
retratados juntos
él también comprende que son boludeces, pero que de alguna manera te ayudan.


Charles Bukowski


Versión: Esteban Moore

Roberto Bolaño


Doy por descontado que en literatura un gato nunca es un gato, como dejó claro de una vez y para siempre Lewis Carroll.


Roberto Bolaño

José Martí


“Cada emoción tiene sus pies, y cada hora del día, y un estado de amor quiere dáctilos, y anapestos la ceremonia de las bodas, y los celos quieren iambos. Un juncal se pintará con versos leves, y como espigados, y el tronco de un roble con palabras rugosas, retorcidas y profundas.”

José Martí

Ramón Gómez de la Serna


"Entre los railes del tren crecen flores suicidas".


Ramón Gómez de la Serna

lunes, 18 de octubre de 2010

Nicolas Chamfort / (Máximas)




Si eres sospechoso de una falta que tus jueces hayan podido cometer, tú eres un hombre perdido.







Cualquiera que haya destruido un prejuicio, un solo prejuicio, es un bienhechor de la humanidad.




La sociedad está dividida en dos grandes clases: la de los que tienen más comida que apetito y la de los que tienen más apetito que comida.




La mujer es como la sombra: si la huyes, sigue; si la sigues huye.





El amor gusta más que el matrimonio, por la misma razón que hace que las novelas sean más entretenidas que la historia.





Es preciso elegir entre amar a las mujeres o conocerlas; no hay otro medio.





Hace siglos que la opinión pública es la más malvada de las opiniones.





Dignidad sin méritos se hace acreedora a cumplidos sin estimación.






En las cosas grandes los hombres se muestran como les conviene; en las pequeñas se muestran tal como son.






El mundo físico parece la obra de un ser pode­roso y bueno que se vio obligado a abandonar la ejecución de una parte de su plan a un ser malig­no. Pero el mundo moral parece ser el producto de los caprichos de un diablo que se volvió loco.

Nicolas Chamfort

Juan José Saer sobre Mario Vargas Llosa


Juan José Saer:
“Mario Vargas Llosa es ese tipo de lacayos que se anticipan siempre a los deseos del amo.”


Mañana de lluvia en Buenos Aires, un día más que propicio para entrevistar al autor de Cicatrices, Nadie nada nunca, Glosa, La ocasión y Las nubes, entre otros. El escritor argentino reside en Francia desde el año 1968, donde da clases en la Facultad de Letras de la Universidad de Rennes, también escribe artículos para diferentes periódicos. Sus mañanas en París son tranquilas, se levanta a eso de las nueve y sale a caminar. Siempre por la sombra - explica Saer- Vuelve a casa, y después de almorzar se queda un rato en su sofá mirando por la ventana. Cumple con un ritual demasiado sencillo para un gran escritor: antes de sentarse a escribir toma un café con un pedacito de chocolate se sienta en un sillón y mira por la ventana" y así se va creando poco a poco el momento para comenzar a escribir" ,"no he tenido métodos de trabajo sino más bien periodos diferentes". "En una época escribía todo el tiempo, ahora eso no es posible, porque ya no tengo tanto que decir". La ironía es también uno de sus rasgos claves.

¿Qué piensa de las entrevistas?
Me resigno a ellas. Tengo que hacer eso para que el editor me pague el hotel, me trate bien, me invite a comer y además es verdad que eso ayuda un poco para la venta. A veces salen cosas interesantes en las entrevistas y otras no. Depende del entrevistador, a veces pueden ser muy deprimentes, porque uno siente que el trabajo que ha hecho no aparece valorado, o puede haber una serie de malentendidos sobre el trabajo, pero me han hecho muy buenas entrevistas a lo largo de todos estos años, en las cuales he aprendido cosas sobre mí mismo, he elaborado cosas que de otra manera no hubiese elaborado jamás, gracias a las preguntas que me hacían.

(…) Para admirar a un escritor hay que merecerlo, no se puede admirar a Shakespeare y escribir como Paulo Coelho, lo dijo usted . También hizo referencia a una declaración de Coelho donde el escritor brasilero decía que admiraba a Borges y a Jorge Amado...
Claro! Y dije que uno de los dos tenía que protestar. Si a Coelho le gustan los dos hay algo que falla en su juicio estético, es una manera de involucrarlos a ambos en una estética que es totalmente inexistente, es imposible. A mi me gusta Borges, pero no me gusta Jorge Amado aunque es una persona estimable y generosa, pero su literatura evidentemente es un poco folklórica. Al principio era una literatura de protesta social y después dejó de serlo, perdió ese dramatismo social y se transformó en una especie de cultor del color local de Bahía, del cual yo desconfío, nunca estuve en Bahía pero yo desconfío de todo el color local. Aquí en Buenos Aires el color local es el tango, me tiene harto, me dan ganas de vomitar cuando veo bailarines de tango, y eso que me gusta mucho el tango, pero se ha transformado en una especie de cosa estilizada para turistas. A mi me gusta Borges y no me gusta Amado.
Otro caso similar es el de Mario Vargas Llosa , él dice que su autor preferido es Flaubert, yo no veo absolutamente nada ni en la obra, ni en la vida, ni en las opiniones que pueda provenir de Flaubert. En los métodos de escritura de uno y de otro, es ahí donde hay que juzgar a un escritor, en la concepción de la novela es totalmente diferente. Uno hace novelas enormes, mamotretos comerciales que son cada vez peores, y el otro tenía la religión del "Buen Gusto" la palabra justa, decía que en una novela una palabra no puede ser cambiada porque cambia todo el sentido de la novela. Escribió muy pocos libros y cada uno de esos libros era una aventura nueva que empezaba y abría un camino nuevo para la narrativa. Son todos libros muy diferentes que lo único que tienen en común es el estilo inimitable de Flaubert cuya música basta con cerrar los ojos para escucharla inmediatamente. Él probaba sus prosas en voz alta, a la noche, solo, para ver si funcionaba. No podemos decir lo mismo de (Mario)Vargas Llosa cuya prosa siempre está hecha con gran rapidez para poder llegar a las mejores ventas lo antes posible, para no retrasarse. Parece que ahora ha hecho declaraciones contra Kirchner, es ese tipo de lacayos que se anticipan siempre a los deseos del amo.
Ya había existido un entredicho cuando Vargas Llosa declaró que había que perdonar a los militares en nombre de la democracia...
Si, él dijo eso y que todo el pueblo argentino estaba comprometido con lo que pasó. Jamás perdería ni cinco minutos en contestarle. Nunca leo sus artículos, ni las posiciones estéticas de Paulo Coelho, ni de Isabel Allende, no me interesan ese tipo de personajes, a los que les deseo la mayor cantidad posible de ventas y de años de vida naturalmente, además son lo bastante astutos como para no meterse en cosas en las que no se tienen que meter, en cambio Vargas Llosa, tal vez sea un mérito de su parte ese empecinamiento en opinar sobre todo, es un opinador profesional, y siempre opina mal.
(…)…de todos modos yo no quiero tener tumba ni epitafio, quiero ser quemado y que mis cenizas sean dispersas dónde quieran, las pueden tirar a la basura si quieren, no porque piense que no valgo nada, sino que en cualquier lugar donde las tiren van a retomar la molienda universal de la materia y algún día volveré a este mundo, quizás, según la teoría del eterno retorno de Nietzsche, pero esta vez transformado en Paulo Coelho, lleno de dinero (risas).

Por Andrea Stefanoni y Damián Lapunzina
Fuente: Radio Montaje

domingo, 17 de octubre de 2010

Mario Santiago Papasquiaro


“La lluvia tarda en cortarse las venas”. (Ulises Lima)


Mario Santiago Papasquiaro era torrencial y escribió miles y miles de versos.
Era excesivo en todos los órdenes. Basta recorrer las páginas de Los detectives salvajes para atravesar la médula de un hombre que convirtió las palabras en una forma de vida y que hizo de la poesía su manera de respirar. Juan Villoro contó en el perfil que escribió sobre Papasquiaro cuando murió atropellado a los 44 años que cuando le decía que sus poemas le parecían “una mamufada”, le respondía “Eres un pendejo”. Y añade: “Cuando me gustaban, me los arrebata furioso: ‘Eres todavía más pendejo”.
La brutal corriente de alguno de sus poemas, como su larguísimo Consejos de 1 discípulo de Marx a 1 fanático de Heidegger, te arrastra y te golpea contra las piedras de la vida.

“Me largo de este verso igual que vine
Desnudo: fulgurante: icárico: atroz
Igual arderé nirvánico o terrestre
Al este o al oeste
adánico mearé”,

puso al empezar uno de sus poemas.
Y otro lo terminó así:

“Amanezco garabato
anochezco grito
Mi música es opiácea
Mi cascada de 1 fulgor punzocortante”.

Mario Santiago Papasquiaro, uno de los detectives salvajes, un poeta inmenso, un exceso de la naturaleza que se fue demasiado rápido.


Fuente: El rincón del distraído

Precipicios (6)

Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho, voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…



“Lunes 11 de febrero
Sólo me faltan seis meses y veintiocho días para estar en condiciones de jubilarme. Debe hacer por lo menos cinco años que llevo este cómputo diario de mi saldo de trabajo. Verdaderamente, ¿preciso tanto el ocio? Yo me digo que no, que no es el ocio lo que preciso sino el derecho a trabajar en aquello que quiero. ¿Por ejemplo? El jardín, quizá. Es bueno como descanso activo para los domingos, para contrarrestar la vida sedentaria y también como secreta defensa contra mi futura y garantizada artritis. Pero me temo que no podría aguantarlo diariamente. La guitarra, tal vez. Creo que me gustaría. Pero debe ser algo desolador empezar a estudiar solfeo a los cuarenta y nueve años. ¿Escribir?...”

Mario Benedetti (La tregua)

Augusto Monterroso


EL PARAÍSO IMPERFECTO

—Es cierto —dijo mecánicamente el hombre, sin quitar la vista de las llamas que ardían en la chimenea aquella noche de invierno—; en el Paraíso hay amigos, música, algunos libros; lo único malo de irse al Cielo es que allí el cielo no se ve.

Augusto Monterroso.

sábado, 16 de octubre de 2010

Bukowski


Oh sí

hay cosas peores que
estar solo
pero a menudo toma décadas
darse cuenta de ello
y más a menudo
cuando esto ocurre
es demasiado tarde
y no hay nada peor
que
un demasiado tarde


Charles Bukowski

John Banville


“Me he pasado la tarde intentando recordar cómo lo llamaban, sin resultado, así, me digo, es como estoy condenado a pasar los días, dándole vueltas a las palabras, líneas errantes, fragmentos de la memoria, para ver qué acecha debajo, como si fueran losas, mientras yo me marchito lentamente.”

John Banville (Eclipse)

viernes, 15 de octubre de 2010

J.M. Coetzee / Diario de un mal año


“En los tiempos de los reyes, se le decía al súbdito: eras súbdito del rey A, ahora el rey ha muerto y he aquí que eres súbdito del rey B.
Llegó la democracia y, por primera vez, se le dio al súbdito una alternativa: ¿Quieres (colectivamente) que te gobierne el ciudadano A o el ciudadano B?


Al súbdito se le presenta siempre el hecho consumado: En el primer caso el hecho de su condición de súbdito; en el segundo, el hecho de la alternativa. La forma de la alternativa no se puede discutir. La papeleta de la votación no dice: ¿Quieres a A, a B, o a ninguno de los dos?. Ciertamente nunca dice: ¿Quieres a A, a B, o a nadie en absoluto?.

Dada la clase de A y la clase de B que suelen llegar a aparecer en las papeletas, la mayoría de la gente, las personas corrientes, se inclinan en su fuero interno a no elegir a ninguno de los dos. Pero eso es solo una inclinación, y el estado no se ocupa de las inclinaciones.

El ciudadano que expresa su insatisfacción con la forma de la alternativa ofrecida por los únicos medios de que dispone, absteniéndose o bien invalidando su papeleta de votación, sencillamente no cuenta, es decir, no se le tiene en cuenta, se le ignora.”


J. M. Coetzee (Diario de un mal año)

Samuel Beckett


Música de la indiferencia...


música de la indiferencia
corazón tiempo aire fuego arena
del silencio desmoronamiento de amores
cubre sus voces y que
no me oiga ya
callarme


Samuel Beckett

William Shaskespeare


“Dad palabra al dolor, el dolor que no habla va estremeciéndose en el corazón hasta que lo despedaza.” William Shakespeare (Macbeth)

Eclipse / John Banville


“Me puse a soñar. Había una habitación, fresca, de suelos y paredes de mármol, como una villa romana, y a través de unas ventanas sin cristales se veía una empinada colina ocre y una hilera de árboles que hacían de centinelas. Había pocos muebles: un sofá adornado con volutas en los extremos y una mesa baja en la que había ungüentos en tarros de pórfido y frascos de cristal de colores, y en la otra punta un alto jarrón con una sola azucena inclinada.
En el sofá, de cuya superficie podía ver unos tres cuartos, una mujer estaba echada de espaldas, era joven, pecho abundante, una piel inverosímilmente pálida, los brazos desnudos estaban levantados y ocultaba la cara con abandono y vergüenza. Junto a ella estaba sentada una negra cubierta con un turbante, también desnuda, una figura inmensa con unos muslos lustrosos como melones y unos pechos duros, grandes y relucientes, y las palmas de las manos anchas y rosadas.
Los dedos corazón y pulgar de la mano derecha se hundían hasta el nudillo y la base del pulgar en los orificios del regazo que con tanta licencia ofrecía la mujer. Observé los flecos rosáceos de la vagina, exquisitos como las volutas de la oreja de un gato, y el tenso borde del ano, aceitoso y de color té. La esclava volvió la cabeza y me miró por encima del hombro con una amplía y desenvuelta sonrisa, y, en honor a mí, agitó sus dedos en el interior de la carne abierta de su señora, y la mujer se estremeció y emitió un maullido.
En el sueño súcubo mi cara formaba un rictus, y a medida que el sueño se apoderaba de mí, arqueaba la espalda y apretaba la nuca en el almohadón, y entonces me quedé quieto durante un instante muy prolongado, como un dictador muerto que yace en la capilla ardiente sobre un lecho de felpa.
Abrí los ojos y no sabía dónde me encontraba…”

John Banville (Eclipse)

jueves, 14 de octubre de 2010

Milan Kundera


“En la euforia de su vida uniforme,

la gente ya no ve el uniforme que lleva”.


Milan Kundera.

Precipicios (5)

Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho, voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…



“PRIMEROS PASOS
Abril. El Museo. Un amigo

Dulces son de dormir las mañanitas de abril, dice el dicho. Dulces de vivir también, cuando la vida no aprieta demasiado. Cuando deja, por ejemplo, tres horas completas, para el goce del arte. Ejercicio mejor, y fruición, que el sueño y que la vida.
Madrid tiene abriles exquisitos (afirmaba Octavio de Roméu que Madrid era una villa de muchos cientos de abriles de edad) y un sin par Museo…Tantas veces he asociado yo entrambos elementos de felicidad, que ya suele tentarme la inclusión de un tercer elemento: la alegría de servir de cicerone a un amigo, para una visita así, en una mañana así.
El amigo ideal para el ensayo es joven, inteligente; posee un gusto instintivo y sólo atisbo de cuatro confusas generalidades en materia de arte. Conviene, además, que el doctrino no sea vanidoso: rara vez el vanidoso entiende; nunca, a media palabra…”

Eugenio d’Ors (Tres horas en el Museo del Prado)

Roberto Bolaño


Alabaré estas carreteras y estos instantes. Paraguas de vagabundos abandonados en explanadas al fondo de las cuales se yerguen supermercados blancos. Es verano y los policías beben en la última mesa del bar. Junto al tocadiscos una muchacha escucha canciones de moda. Alguien camina a estas horas lejos de aquí, alejándose de aquí, dispuesto a no volver más. ¿Un muchacho desnudo sentado junto a su tienda en el interior del bosque? La muchacha entró en el baño con pasos inseguros y se puso a vomitar. Bien mirado, es poco el tiempo que nos dan para construir nuestra vida en la tierra, quiero decir: asegurar algo, casarse, esperar la muerte. Sus ojos en el espejo como cartas desplegadas en una habitación en penumbra; el bulto que respira, hundido en la cama con ella. Los hombres hablan de rateros muertos, precios de chalets en la costa, pagas extras. Un día moriré de cáncer. Los utensilios de limpieza comienzan a levitar en su imaginación. Ella dice: podría seguir y seguir. El muchacho entró en la habitación y la cogió de los hombros. Ambos lloraron como personajes de películas diferentes proyectadas en la misma pantalla. Escena roja de cuerpos que abren la espita del gas. La mano huesuda y hermosa hizo girar la llave. Escoge una sola de estas frases: «Escapé de la tortura»... «Un hotel desconocido»... «No más caminos»...


Roberto BolañoAmberes, 2002


Fuente: Descontexto

miércoles, 13 de octubre de 2010

Lawrence Ferlinghetti



Perro
El perro trota libremente por la calle
y ve la realidad
y las cosas que ve
son más grandes que él
y esas cosas que observa son su realidad
Borrachos en los portales
lunas en las copas de los árboles
El perro trota libremente a través de la calle
y todas las cosas que ve
son más pequeñas que él
Pescado envuelto en papel de diario
Hormigas en los agujeros
Pollos en una vidriera del barrio Chino
sus cabezas a una cuadra de distancia
El perro trota en libertad por las calles
y los olores que percibe
poseen el propio aroma de su cuerpo
El perro trota libremente por la calle
entre charcos y bebés
gatos y cigarros
salones de billar y policías
Él no odia a los policías
Él simplemente cree que no sirven para nada
pasa frente a ellos
y también de las reses sangrantes
colgadas
frente al mercado de San Francisco
Él prefiere comer una vaca tierna
que las carnes de un policía duro
aunque entiende que cualquiera de las dos
pueden saciarlo
Pasa frente a la fábrica de pastas de los Romeo
y de la torre Coit y del diputado Doyle
La torre Coit le inspira temor
pero el diputado no le mueve un pelo
a pesar de que ha escuchado cosas deprimentes
descorazonadoras
absurdas
para un joven cachorro triste como él
para un perro serio como él
Sólo que él posee un mundo libre propio
Sus propias pulgas
No le pondrán bozal
El diputado Doyle
es para él
sólo una boca de incendio
El perro trota libremente por la calle
tiene su vida de perro y la vive
piensa en ella reflexiona
toca prueba
absolutamente todo
todo lo investiga
sin los beneficios del acto de perjurio
un verdadero realista
una historia verdadera para contar
una cola verdadera con la cual contarla
un verdadero perro vivo
vivo
democrático
que ladra
comprometido con la verdadera
libertad de empresa
que puede opinar acerca de la ontología
con algo que decir de la realidad
y cómo entenderla
y cómo observarla
Mira de soslayo al cruzar las calles
como si estuviera posando
para una foto de la RCA
VICTOR
esperando el sonido
la voz de Su Maestro
y se parece
a un gran signo de interrogación
penetrando
el gramófono gigante
de la enigmática existencia
que con su prodigiosa bocina hueca
aparenta siempre
estar listo
para declamar
alguna
de sus VICTORiosas respuestas
a todo.


Lawrence Ferlinghetti