martes, 30 de noviembre de 2010

Wikileaks


Los informes revelados por Wikileaks:

La “mamá” de todas las filtraciones.

* USA maniobró en la Audiencia Nacional para boicotear los casos “Guantánamo”, “Couso” y “Vuelos de la CIA”. Con la colaboración de políticos y fiscales españoles. (los nombres no figuran así que no podemos amonestarlos).


* Clinton (ella) indagó en la salud mental de la presidenta Kirchner. (¿Se aparecerían becarias mamonas por la Casa Rosada?)


* Hay 362 informes sobre los abdominales y 275 sobre su estética capilar. Aznar es mucho Aznar. (Forges)


* Berlusconi se pasa la vida organizando fiestas salvajes. (¡yo no las organizaba! Ha dicho Silvio).


* Israel no ha resultado dañado para nada con las publicaciones de Wikileaks. Los documentos muestran que numerosas fuentes (serán todas las democracias del mundo árabe) apoyan la valoración que hace Israel, particularmente respecto a Irán, ha dicho el jefe del Ejecutivo israelí.


(Y hasta aquí puede o quiere contar El País, de momento...).


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* “De momento, ninguna revelación sustancial.

Falta muchísimo por saber.

Como quién está matando a científicos (nucleares) iraníes. Hoy (29-11-10), dos nuevos atentados. ¿Descubrirá Wikileaks a los culpables? Es de temer que la factura presentada por los sicarios no se remita por valija diplomática”.


Enric González (corresponsal de El País en Israel)


Fuente: blog fronteras movedizas.

lunes, 29 de noviembre de 2010

Seelig / Walser

Carl Seelig: ¿Echamos un vistazo?
Robert Walser: Todo esto es mucho más bonito desde fuera. No hay que querer conocer todos los secretos. Me he atenido a eso durante toda mi vida. ¿No es hermoso que en nuestra existencia algunas cosas se mantengan extrañas y ajenas, como detrás de muros de hiedra? Eso les da un encanto indecible, que se va perdiendo cada vez más. Hoy en día todo es codiciado y poseído brutalmente.



Robert Walser acerca de Nietzsche.
“Se vengaba de que ninguna mujer le hubiera amado. Él mismo acabó por carecer de amor. ¡Cuántos sistemas filosóficos no son más que venganzas por perdidos disfrutes!”.



Robert Walser sobre sí mismo.
“En mi entorno siempre ha habido complots para rechazar a bicharracos como yo. Siempre se rechazaba, con arrogancia y distinción, todo lo que no tenía cabida en el propio mundo. Jamás me atreví a abrirme paso. Ni siquiera tuve el coraje de echar un vistazo. Así que viví mi propia vida, en la periferia de la burguesía, y ¿acaso no estuvo bien así? ¿No tiene mi mundo derecho a existir, aunque en apariencia sea un mundo más pobre e impotente?




“¡Una inolvidable excursión al Säntis! El cielo, gris como el pellejo de un asno. Me disculpo con Robert por no haber traído buen tiempo conmigo. Él dice: “¿Acaso la vida humana está siempre llena de sol? ¿No son sólo la luz y las sombras las que le dan sentido?”.

“Estoy convencido de que en los últimos treinta años de su vida Hölderlin no fue tan desdichado como lo pintan los profesores de literatura. Poder soñar en un modesto rincón, sin tener que responder a continuas pretensiones, no es ningún martirio. ¡Sólo la gente hace lo que sea!”




“…a menudo los poetas tienen unos tentáculos extraordinariamente largos, con los que presienten el futuro. Huelen los acontecimientos venideros como los cerdos las trufas.”




“Solo un porcentaje de personas curiosamente pequeño sabe disfrutar de la vejez, cuando puede ser tan satisfactoria. Se ha comprobado que el mundo aspira a volver siempre a las cosas sencillas, elementales. Por sano instinto, uno se resiste a que lo excepcional, lo extraño se haga dominante. La inquieta codicia hacia el otro sexo se ha extinguido, y ya sólo se aspira al consuelo de la naturaleza y a las cosas concretas y hermosas que están al alcance de todo el que las anhela. Por fin ha desaparecido la vanidad, y uno se solaza en la gran calma de la vejez igual que bajo un suave sol.”



“Por enervante que sea a veces ese entontecimiento, el burgués sigue sin ser, ni de lejos, tan insoportable como el literato que cree que se le ha encargado la tarea de enseñar modales al mundo.”


Carl Seelig (Paseos con Robert Walser)

Fernando Pessoa


“Pedí tan poco a la vida y ese mismo poco la vida me lo negó. Un haz de parte del sol, un campo próximo, un poco de sosiego con un poco de pan, no pesarme mucho el saber que existo, y no exigir nada de los otros ni ellos nada de mí. Esto mismo me fue negado, como quien niega la limosna no por falta de buena alma, sino por tener que desbrocharse la chaqueta.
Escribo, triste, en mi cuarto tranquilo, solo como siempre yo he estado, solo como siempre estaré. Y pienso si mi voz, aparentemente tan poca cosa, no encarna la sustancia de millares de voces, el hambre de decirse de millares de vidas, la paciencia de millones de almas sometidas como la mía al destino cotidiano, al sueño inútil, a la esperanza sin vestigios.(…)
Pero mi reacción contra mí desciende de mi inteligencia…Me veo en el cuarto piso de la Rua dos Douradores, me ayudo con sueño; miro, sobre el papel medio escrito, la vida sana sin belleza y el cigarro barato que apurándolo extiendo sobre el secante viejo. ¡Yo aquí, en este cuarto piso, interpelando a la vida!...”


Fernando Pessoa (Libro del desasosiego)

C.P. Cavafis


Oda y elegía de las calles

Los pasos del primer viandante,
el vivaz caminar del primer vendedor,
la apertura de la primera ventana
o de la primera puerta –es la oda
que las calles escriben en la mañana.

Las huellas del último caminante,
el paso del último vendedor,
el cierre de las puertas y ventanas
-es la voz de la elegía
que las calles escriben en el anochecer.

Constantino P. Cavafis

domingo, 28 de noviembre de 2010

Un claro entre las nubes
































A veces se hace un claro entre las nubes grises del cerebro. Hay que aprovecharlo con urgencia. Ramón Gómez de la Serna

sábado, 27 de noviembre de 2010

Ramón (Greguerías)


En los hilos del telégrafo quedan, cuando llueve, unas lágrimas que ponen tristes los telegramas.

Sólo hay un olor que puede competir con el olor a tormenta: el olor a madera de lápiz.

La estatua ecuestre no es buena si el caballo no le da una coz al que lee el discurso.

Recordamos, sí, pero nunca nos atrevemos a recordar como tendríamos que recordar.

Cuando los navegantes tropiezan por azar con la región del ombligo del mar, se pierden indefectiblemente.

La luz tiene timidez en penetrar el día. Se anuncia poco a poco a todo antes de encenderse por completo.

Aquella mañana los pájaros cantaban al revés.

Las espinas son una obra de arte de la naturaleza.

La eternidad envidia lo mortal.

La pulga hace guitarrista al perro.

El plátano es el único pez sin espinas.

Los pasodobles debían tener dos autores.

Las habas quieren que se diga que no tienen que ver nada con las judías.

Las costillas nos sirven para situar los dolores. “Me duele entre ésta y ésta”.

La merluza es un pescado hecho de rodajas.

Los relojes de pared no descansan más que en las mudanzas.

Lo malo de que llore una mujer es que después no querrá salir de paseo.

Todos los días del limbo son domingo.

No hay nada que enfríe más las manos que el saber que nos hemos olvidado los guantes.

Lo misterioso en la lluvia es quién hace a las nubes los agujeritos de la ducha.

Los pararrayos hubieran sido inútiles en el diluvio universal. Por eso los inventaron mucho después.

Los alfileres de perla presumen mucho y no son nada.

Claudio Rodríguez





* Yo no puedo escribir poemas adrede.


* Bueno, por temperamento, no sé si porque he sido deportista y de provincias. Aunque tenga muchos amigos en las letras, prefiero hablar con la gente normal, el frutero, el carnicero, los niños…La espontaneidad y lo natural se han perdido mucho. Madrid es un sitio inhóspito, y los círculos pequeños son muy artificiales…


* ¿Pero qué es esa expresión horrible del cultivo de la imagen? Una persona es una persona no es una imagen…


* …tampoco soy un poeta profesional. No tengo una necesidad perentoria de escribir. La poesía está dentro del lenguaje, y poder acercarse a eso depende de muchos factores. De las circunstancias vitales, sociales, de una cierta fecundidad…El espíritu humano, como decía Fray Luis, está en sazón de recibir. Escribir poesía es una aventura, un riesgo, que por otra parte requiere una intensa vigilancia de la inteligencia, una destreza, un conocimiento del idioma. Y ahí está el nudo de la cuestión.


* La vida no es poesía, pero la poesía es vida, y si no, no es nada.


* “Ezra Pound decía en broma que la poesía es como el pescado: la buena huele bien, la mala no. Y Lorca dijo que la buena poesía tiene duende. Yo a ese duende lo llamé ebriedad. Creo que es verdad que la poesía requiere dolor, o al menos esa cosa mágica que se ha llamado un rapto…

* Estamos hablando de creación. Y del dicho al hecho hay mucho trecho. Goethe decía que lo importante es dar forma, y después ya vendrán las teorías y los dogmas…Pero el poeta no debe ser dogmático. Rebelde, sí. La poesía debe entrañar moralidad; no en un sentido ideológico sino como espejo de una parte de la condición humana.


* La historia y la memoria no se pueden tergiversar, aunque se esté haciendo.


* La poesía oral es la que queda: sin música y sin ritmo, no es nada.


Fuente: El País (15-11-98)





“Siempre la claridad viene del cielo;
es un don: no se halla entre las cosas
sino muy por encima y las ocupa
haciendo de ello vida y labor propias.
Así amanece el día, así la noche
cierra el gran aposento de sus sombras.”



Claudio Rodríguez (Don de la ebriedad)

Precipicios (13)

Precipicios (*)
(*) Despeñadero o derrumbadero por cuya proximidad no se puede andar sin riesgo de caer.

Hasta que me canse, se me ha encaramado a la chepa el capricho, voy a reseñar los comienzos (los precipicios) de los libros que leo y releo, por el gusto de rumiar…


“Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé. Recibí un telegrama del asilo: “Falleció su madre. Entierro mañana. Sentidas condolencias”. Pero eso no quiere decir nada. Quizá fue ayer.
El asilo de ancianos está en Marengo, a ochenta kilómetros de Argel. Tomaré el autobús a las dos y llegaré por la tarde. De esa manera podré velarla; regresaré mañana por la noche. He pedido dos días de permiso a mi patrón y no ha podido negármelos ante una excusa semejante. Pero no parecía satisfecho. Llegué a decirle: “No es culpa mía”. No me respondió. Pensé entonces que no debía haberle dicho eso. Al fin y al cabo, no tenía por qué excusarme. Más bien le correspondía a él darme el pésame. Pero lo hará sin duda pasado mañana, cuando me vea de luto. Por ahora, es un poco como si mamá no estuviera muerta. Después del entierro, por el contrario, será un asunto archivado y todo habrá adquirido aspecto más oficial.
Tomé el autobús a las dos. Hacía mucho calor. Comí en el restaurante de Celeste, como de costumbre. Todos se condolieron mucho de mí, y Celeste me dijo: “Madre hay una sola”. Cuando partí, me acompañaron hasta la puerta. Me sentía un poco aturdido, pues fue necesario que subiera hasta la habitación de Manuel para pedirle prestados una corbata negra y un brazal. Él perdió ha su tío hace unos meses.
Corrí para alcanzar el autobús. Me sentí adormecido sin duda por la prisa y la carrera, añadidas a los barquinazos, al olor a gasolina y a la reverberación del camino y del cielo. Dormí casi todo el trayecto. Y cuando desperté…”

Albert Camus (El extranjero)

Miles Davis

viernes, 26 de noviembre de 2010

Luis Cernuda


“LOS QUE SE INCORPORAN


Llega la vida a un momento en que los juguetes individualistas se quiebran entre las manos. La vista busca en torno, no tanto para explicarse la desdicha como para seguir con nueva fuerza el destino. Mas lo que ven los ojos son canalladas amparadas por los códigos, crímenes santificados por la religión y, en todo lugar, indignantes desigualdades en las que siempre resulta favorecido el estúpido. Se queda, pues, en peor situación de espíritu. Este mundo absurdo que contemplamos es un cadáver cuyos miembros, remueven a escondidas los que aún confían en nutrirse con aquella descomposición. Es necesario acabar, destruir la sociedad caduca en que la vida actual se debate apasionada. Esta sociedad chupa, agosta, destruye las energías jóvenes que ahora surgen a la luz. Debe dársele muerte; debe destruírsela antes de que ella destruya tales energías y, con ellas, la vida misma. Confío para esto en una revolución que el comunismo inspire. La vida se salvará así.”


Luis Cernuda (publicado en “Octubre”, 1933)

Vladimir Nabokov / El Quijote


“Vida real” y ficción.


Vamos a hacer todo lo posible por no caer en el fatídico error de buscar en las novelas la llamada “vida real”. Vamos a no tratar de conciliar la ficción de los hechos con los hechos de la ficción. El Quijote es un cuento de hadas, como lo es Casa Desolada, como lo es Almas muertas. Madame Bovary y Ana Karénina son cuentos de hadas excelsos. Pero sin estos cuentos de hadas el mundo no sería real. Una obra maestra de ficción es un mundo original, y en cuanto tal no es probable que coincida con el mundo del lector. Por otra parte, ¿qué es la tan cacareada “vida real”, qué son los “hechos” ciertos? Nos entra la sospecha cuando vemos a los biólogos acecharse unos a otros con sus genes cargados, o a los historiadores rodar trabados en combate sobre el polvo de los siglos. Se podrá discutir si el periódico y un conjunto de sentidos reducido a cinco son las principales fuentes de la llamada “vida real” del llamado hombre medio, pero una cosa sí es segura, afortunadamente, y es esta: que el mismo hombre medio no es sino un ente de ficción, un tejido de estadísticas.


La idea de “vida real”, pues, se basa en un sistema de generalidades, y si los llamados “hechos” de la llamada “vida real” enlazan con la obra de ficción es únicamente en cuanto generalidades. Por lo tanto, cuanto menos general sea una obra de ficción menos reconocible será en términos de “vida real”. O viceversa, cuantos más detalles vívidos y nuevos haya en una obra de ficción, más se apartará ésta de la llamada “vida real”, dado que la “vida real” es el epíteto generalizado, la emoción media, la multitud de los anuncios, el mundo del sentido común. Me estoy metiendo directamente y de cabeza en aguas un tanto heladas, cosa que es inevitable si se quiere romper el hielo. De nada vale, pues, buscar en esos libros una representación material y pormenorizada de la llamada “vida real”. Por otra parte, existe alguna correspondencia entre ciertas generalidades de la vida. Pensemos en el dolor físico o mental, por ejemplo, o en los sueños, o en la locura, o en cosas como la bondad, la misericordia, la justicia: pensemos en estos elementos generales de la vida humana, y estaremos de acuerdo en que sería provechoso estudiar de qué manera los maestros de la narrativa los trasmutan en arte.”


Vladimir Nabokov (El Quijote)

Benjamín Péret


La semana pálida

Rubia rubia
era la mujer que desapareció entre los adoquines
tan leves que se les habría creído hojas
tan grandes que se hubiera dicho que eran casas

Era me acuerdo bien un lunes
día en que el jabón hace llorar a los astrónomos

El martes la volví a ver
semejante a un diario desplegado
flotando al viento del Olimpo
Después de una sonrisa que humeó como una lámpara
saludó a su hermana la fuente
y regresó a su castillo

El miércoles desnuda pálida y ceñida de rosas
pasó como un pañuelo
sin mirar las sombras de sus semejantes
que se estiraban como el mar

El jueves no vi más que sus ojos
signos siempre abiertos para todas las catástrofes

Uno desapareció detrás de algún cerebro
el otro se lo tragó una pastilla de jabón

El viernes cuando se ama
es el día de los deseos
Pero ella se alejó gritando
Tilburi tilburi mi flauta se ha perdido
Ve a buscarla bajo la nieve o en el mar
El sábado la esperaba con una raíz en la mano
dispuesto a quemar en su honor
los astros y la noche que me separaban de ella
pero ella se había perdido como su flauta
como un día sin amor

Y esperé el domingo
pero el domingo no llegó
y permanecí en el fondo de la chimenea
como un árbol perdido

Benjamín Péret

jueves, 25 de noviembre de 2010

René Magritte

"No hay imbéciles, sólo imbecilidades.
La imbecilidad consiste en creer entender
lo que no se entiende.”

René Magritte


“Cada cosa que vemos cubre otra y nos gustaría mucho
ver lo que nos oculta lo visible”.

René Magritte


" Lo esencial era eliminar la diferencia entre lo que se ve desde fuera de la ventana
y lo que se ve desde dentro "

René Magritte



René y señora

Cuento popular


El sabio y el botero
“En una inundación, un botero ayudaba a un sabio y piadoso sacerdote a cruzar el río. El hombre de iglesia se dio cuenta de que el pobre botero era muy ignorante y quiso ayudarlo a su modo.
-Hijo mío, ¿has dedicado tu vida al estudio del evangelio?
-Soy botero y leñador, mis hijos tienen que comer, no tengo tiempo de estudiar, padre.
-¡Ay de ti!- se lamentó el sacerdote-. Un hombre que no estudia, pierde la cuarta parte de su vida. Pero dime, ¿al menos recitas tus oraciones durante varias horas todos los días?
-Padre, no puedo, tengo que acarrear mucha leña.
-Ay de ti. Un cristiano que no recita las oraciones, desperdicia la cuarta parte de su vida. Pero supongo que irás a la iglesia a escuchar misa como es debido.
-Padre, hago lo que puedo, creo en Dios, pero la iglesia está lejos y me cuesta mucho llegar.
-Ay de ti: así has gastado otra cuarta parte de tu vida.
En ese momento el bote chocó contra una roca y empezó a hacer agua.
-Padre –dijo el hombre-. ¿Usted sabe nadar?
-¡Nooo!- gritó el sacerdote, que ya se hundía.
-Entonces, ha desperdiciado los cuatro cuartos de su vida. Pero si se agarra fuerte de mí, quizá lo pueda llevar a la orilla con el cuarto que me queda.”


(Cuento popular europeo)

Carl Seelig / Robert Walser


15 de abril de 1949



Marcha de Viernes Santo, con calor veraniego, hasta Degersheim, donde celebramos el 71 cumpleaños de Robert frente a unas buenas carpas. Ante un prado repleto de botones de oro y genciana, observa:
-¡No somos más que una chapuza comparados con la naturaleza!
Desde la destitución de Bismarck, la política alemana se volvió criminal. El Kaiser Guillermo II había aprovechado todas las oportunidades para darles en la frente a los franceses. Desde entonces, ya no había grandeza en los alemanes.
La moderna generación de escritores le parece a Robert demasiado hija de mamá “público” y se queja de que le ha tratado mal. ¡Fíjese en las caras de los escritores actuales! Hay entre ellas verdaderos rostros de truhanes y asesinos. A la gente buena no se le ha perdido nada en el arte. Si el artista quiere crear algo interesante, tiene que llevar dentro un demonio. Los ángeles no son artistas.
-Pero ¿dónde empieza lo demoníaco y dónde termina? –pregunto.
-Sí, el límite es difícil de trazar –admite.



-Yo lo he visto en un compañero de armas –le cuento-. Con sus cabellos grises y cortos, parecía casi un presidiario. La mayor parte del tiempo se mantenía algo apartado de los otros compañeros, y cuando nos íbamos a la cantina después de pasar revista se le podía ver sentado delante de su catre, solo, apoyando en las manos, pensativo, su redondo cráneo. Algo así como una obstinada beatería emanaba de ese hombre. Pero durante mucho tiempo lo tuve por un alma mansa, bastante inofensiva, que me inspiraba más compasión que miedo. Aparte de su familia, su oficio de ebanista y escalar montañas, no había nada que le interesara. Como soldado cumplía con su obligación, e incluso, tras un curso de escalada, fue ascendido a cabo. Pero en las horas libres se le dejaba al margen como por tácito acuerdo, porque detrás de tales naturalezas la masa intuye instintivamente un elemento asocial. No era ni popular ni impopular en nuestra unidad. Era sencillamente un cero a la izquierda, y quizá yo me habría ocupado de él tan poco como los demás si durante una guardia no hubiera tenido la ocasión de atisbar como a la luz de un relámpago el interior de su alma. Sucedió de la siguiente forma: volvía de una patrulla, de un humor casi lírico, a nuestro oscuro acantonamiento. Una tarde de cálido viento, indescriptiblemente hermosa, temblaba entonces sobre el país. Los gigantescos riscos redodeados en los que alzaban las fortificaciones de Sargans parecían grises pieles de elefante. El castillo al otro lado de la frontera, coronando una cima ya en Liechtenstein, parecía a la luz violeta del atardecer un castillo fantasma, hacia el que miraba casi humilde, cien metros más abajo, la pequeña iglesia, que parecía hecha con las piezas de un juego de construcciones. Los bosques y los campos amarillos de trigo, los altos cañaverales y los prados de cortas espigas, sobre los que una pareja de aves de rapiña se deslizaba a la caza de ratones, creaban un ambiente como sólo se encuentra en los cuadros de Albrecht Altdorfer. Entonces, al cabo me sacó de esa atmósfera de consagración para llevarme a una conversación sobre su oficio. Me habló de los muchos peligros a los que alguien como él está expuesto en un taller mecánico. Describió con cuánta frecuencia él mismo había estado a punto de quedar mutilado. Trajo a colación docenas de ejemplos para demostrar cómo la máquina no sirve al hombre, sino que también amenaza con acortar su vida. Con gran exactitud, me mostró las posturas en las que sus colegas del gremio de ebanistas se encontraban en el momento en que les había sucedido esta o la otra desgracia. Mostró cómo en el momento de la explosión el dedo o la mano eran arrancados por la máquina, cómo una varilla despedida de una ballesta volaba directamente al pecho de un cepilladora que se encontraba a cinco metros de distancia, y cómo un padre anciano que miraba a su hijo trabajar en el taller perdía la cabeza por un descuido con la sierra mecánica. Lo sorprendente y espantoso era que este en apariencia manso cabo me contaba todas estas escalofriantes historias con el mayor sentido del humor. Exponía con deleite todos los detalles que podía recordar, y cuando alcanzaba el clímax de la desgracia reía tan complacido como si estuviera narrando una escena de una comedia. La proximidad de la muerte parecía reavivarle. Sus rasgos normalmente cerrados cobraban una apasionada movilidad, sus ojos castaños empezaban a brillar, y con la mano derecha, a la que faltaba el dedo pulgar, dibujaba casi con elegancia las figuras que estaba describiendo. Ese dramático entretenimiento duró más de una hora. Al final, dije al narrador: “¡Tenías que haberte dedicado a verdugo!”, observación que recibió con una carcajada tan demoníaca como triste.



Después de esta vivencia en los límites, Robert lleva la conversación hacia “Los demonios” de Dostoievski. Me recuerda que en sus notas a esa novela el escritor hizo profetizar al príncipe Stavrojin: “Creo que poco a poco las personas se convierten en ángeles o en demonios”.



Carl Seelig (Paseos con Robert Walser)

Louis Armstrong y Duke Ellington

miércoles, 24 de noviembre de 2010

Cesare Pavese / El oficio de vivir


17 de agosto (1950)
Los suicidios son homicidios tímidos. Masoquismo en vez de sadismo.
El placer de afeitarme después de dos meses de cárcel – de afeitarme yo, delante de un espejo, en una habitación de hotel, y fuera estaba el mar.
Es la primera vez que hago balance de un año todavía no terminado.
En mi oficio soy rey.
En diez años lo he hecho todo. ¡Si pienso en las dudas de entonces!
Nunca he estado más desesperado y perdido que entonces. ¿Qué he conseguido? Nada. He ignorado durante unos años mis taras, he vivido como si no existiesen. He sido estoico. ¿Era heroísmo? No, no me ha costado nada. Y luego, el primer asalto de la “inquieta acongojada”, he vuelto a caer en las arenas movedizas. Desde marzo me debato en ellas. No importan los nombres. ¿Son algo más que nombres al azar, nombres casuales –si no aquéllos, otros? Queda que ahora sé cuál es mi más alto triunfo- y a este triunfo le falta la carne, le falta la sangre, le falta la vida.
No tengo nada que desear en este mundo, salvo lo que quince años de fracasos excluyen ahora.
Éste es el balance del año no acabado, que no acabaré.
¿Te asombra que los demás pasen a tu lado y no sepan, cuando tú pasas al lado de tantos y no sabes, no te interesa, cuál es su pena, su cáncer secreto?

18 de agosto
(…)
Todo esto da asco.
No palabras. Un gesto. No escribiré más.


Cesare Pavese (1908-1950)

Luis Cernuda


“Sigue, sigue adelante y no regreses,
Fiel hasta el fin del camino y tu vida,
No eches de menos un destino más fácil,
Tus pies sobre la tierra antes no hollada,
Tus ojos frente a lo antes nunca visto.”


Luis Cernuda

Proverbios...



“El que nada sabe, de nada duda”.
Proverbio italiano


“No hay respuesta sabia a un comentario tonto.”
Proverbio rumano


“Cuando veas reflejado en tu vaso alguien que no está allí, no bebas más.”
Proverbio chino.


“De las treinta y seis alternativas, la mejor es escapar”Proverbio chino

martes, 23 de noviembre de 2010

Paseos con Robert Walser


“Cuando Robert me pregunta por mis recuerdos navideños, le cuento que en una ocasión fui remando con un misionero británico a la isla de Malekula, en los Mares del Sur, de cuyos habitantes se decía que aún eran auténticos caníbales. Cuando penetramos en el interior de la isla, salieron de entre los arbustos unos cuantos hombres armados de aspecto salvaje, cuyas aplastadas narices estaban atravesadas por cañas de bambú. Aparte de unas hojas que cubrían sus genitales, iban desnudos. Hacían gestos bastantes furibundos, nada navideños. Pero el misionero tuvo la feliz ocurrencia de sacarse la dentadura postiza, lo que asombró de tal modo a los superticiosos isleños que miraban atónitos a mi acompañante y hacían señas que daban a entender que no querían hacernos nada malo. En cualquier caso, renunciaron a emplearnos como cena festiva.


-En general, las gentes llamadas “malas” no son en absoluto tan malas como las llamadas “buenas”. Hace pocos días –sigo contando a Robert- participé en las fiestas de Navidad de la penitenciaría de Regensdorf, en Zurich. Durante la cena con el director y algunos invitados oficiales me enteré de lo siguiente: en el año 1914, después del servicio religioso dominical, el director del centro comunicó a los internos que se iba a formar un coro de presos. Quien quisiera cantar en él tenía que apuntarse con su director, Ernst Honegger. Éste recibió a cada uno de ellos para probar su voz y su oído. Luego presentó al director de la cárcel a los diez mejores cantantes. El director se sobresaltó, llevó a un lado a Honegger y dijo: “¡Qué extraño! ¿Quiere usted formar un coro precisamente con diez asesinos?”.
Robert dice:
-No fue casualidad. La mayoría de los crímenes se produce por causas irreflexivas. ¿Y qué otra cosa son la mayoría de los artistas, sino naturalezas irreflexivas? ¿Y acaso los cantantes no son artistas?


Tras esta observación, continúo:
-El director me confesó después que a menudo lamentaba tener que perder a los mejores cantantes cuando cumplían su pena. En una ocasión había tenido a un bajo de poderosa voz, que hubiera podido cantar con los cosacos del Don. Otro preso, que había asesinado a su madre y era su mejor tenor lírico, había hecho carrera como músico en Roma después de su puesta en libertad.
-Con eso se podría escribir una novela, o incluso una ópera: un director de prisión se enamora de tal modo de una voz que instiga a su poseedor a cometer un crimen para poder incluirlo en su coro…”


Carl Seelig (Paseos con Robert Walser)

¡Ah!, queréis saber... / Ch. Baudelaire



Los ojos de los pobres


¡Ah!, queréis saber por qué hoy os aborrezco. Más fácil os será comprenderlo, sin duda, que a mí explicároslo; porque sois, creo yo, el mejor ejemplo de impermeabilidad femenina que pueda encontrarse.
Juntos pasamos un largo día, que me pareció corto. Nos habíamos hecho la promesa de que todos los pensamientos serían comunes para los dos, y nuestras almas ya no serían en adelante más que una; ensueño que nada tiene de original, después de todo, a no ser que, soñándolo todos los hombres, nunca lo realizó ninguno.
Al anochecer, un poco fatigada, quisisteis sentaros delante de un café nuevo que hacía esquina a un bulevar, nuevo, lleno todavía de cascotes y ostentando ya gloriosamente sus esplendores, sin concluir. Centelleaba el café. El gas mismo desplegaba todo el ardor de un estreno, e iluminaba con todas sus fuerzas los muros cegadores de blancura, los lienzos deslumbradores de los espejos, los oros de las medias cañas y de las cornisas, los pajes de mejillas infladas arrastrados por los perros en traílla, las damas risueñas con el halcón posado en el puño, las ninfas y las diosas que llevaban sobre la cabeza frutas, pasteles y caza; las Hebes y las Ganimedes ofreciendo a brazo tendido el anforilla de jarabe o el obelisco bicolor de los helados con copete: la historia entera de la mitología puesta al servicio de la gula.
Enfrente mismo de nosotros, en el arroyo, estaba plantado un pobre hombre de unos cuarenta años, de faz cansada y barba canosa; llevaba de la mano a un niño, y con el otro brazo sostenía a una criatura débil para andar todavía. Hacía de niñera, y sacaba a sus hijos a tomar el aire del anochecer. Todos harapientos. Las tres caras tenían extraordinaria seriedad, y los seis ojos contemplaban fijamente el café nuevo, con una admiración igual, que los años matizaban de modo diverso.
Los ojos del padre decían: «¡Qué hermoso! ¡Qué hermoso! ¡Parece como si todo el oro del mísero mundo se hubiera colocado en esas paredes!» Los ojos del niño: «¡Qué hermoso!, ¡qué hermoso!; ¡pero es una casa donde sólo puede entrar la gente que no es como nosotros!» Los ojos del más chico estaban fascinados de sobra para expresar cosa distinta de un gozo estúpido y profundo.
Los cancioneros suelen decir que el placer vuelve al alma buena y ablanda los corazones. Por lo que a mí toca, la canción dijo bien aquella tarde. No sólo me había enternecido aquella familia de ojos, sino que me avergonzaba un tanto de nuestros vasos y de nuestras botellas, mayores que nuestra sed. Volvía yo los ojos hacia los vuestros, querido amor mío, para leer en ellos mi pensamiento; me sumergía en vuestros ojos tan bellos y tan extrañamente dulces, en vuestros ojos verdes, habitados por el capricho e inspirados por la Luna, cuando me dijisteis: «¡Esa gente me está siendo insoportable con sus ojos tan abiertos como puertas cocheras! ¿Por qué no pedís al dueño del café que los haga alejarse?»
¡Tan difícil es entenderse, ángel querido, y tan incomunicable el pensamiento, aun entre seres que se aman!

Charles Baudelaire

Bukowski




eres una bestia, dijo ella
con tu panza blanca
y esos pies peludos.
nunca te cortas las uñas
y tienes manos gordas
garras como un gato
esa nariz roja brillante
y las pelotas más grandes
que he visto nunca.
disparas esperma como una
ballena dispara agua por el
agujero de su lomo.

bestia, bestia, bestia,
me besó,
¿qué quieres para
desayunar?

Charles Bukowski

lunes, 22 de noviembre de 2010

El fracasado escolar / Daniel Pennac


Identifica usted al fracasado escolar con la palabra cancre...


Es una palabra específicamente francesa, difícil de traducir en ninguna otra lengua. Cuando me preguntan qué es un mal alumno me cuesta responder. Hoy nadie habla de cancres: simplemente se le califica de zoquete, o inútil. Un cero a la izquierda. Pero, etimológicamente, el cancre es el cangrejo, un animal que camina de lado, lentamente; la otra acepción se refiere al cáncer, la enfermedad del miedo y la vergüenza que le marca a uno de por vida. Ser un fracasado en la escuela es como un cáncer que no se cura, un proceso sometido a sucesivas recaídas. Una persona acomplejada. Yo me enfrento a ese niño que no comprende al profesor. Ese, que tras las primeras evaluaciones negativas, acaba confinado en la inhibición intelectual. En esa tristeza, que conozco tan bien, se incuba la personalidad del que huye, del perezoso, de aquel que no consigue nunca explicar lo que le ocurre. El cancre vive instalado en el estupor permanente, una situación que me interesa como profesor. Un objeto de análisis que se asemeja mucho al niño que yo fui y que nunca olvidaré. Niños que llevan la misma cicatriz que yo conservo: que sienten una profunda vergüenza cuando no consiguen dar con la respuesta correcta. Un malestar que me asalta en cualquier momento: puede ser en el transcurso de una cena, o cuando empiezo a escribir un libro. ¡Y la escuela no se interesa por ese problema, sino por lo sociocultural y lo lingüístico!
¡No olvido ni un instante que yo fui cancre! En la vida adulta se traduce en complejos: de inferioridad, pero también de superioridad. El complejo de superioridad es muy frecuente en Francia, casi una enfermedad nacional, tan peligrosa como el complejo de inferioridad.


(…)


La sociedad de consumo nos infantiliza a todos, no importa la edad. La mejor forma de ser adultos es revisar nuestra adicción al consumismo. El tiempo mental que dedicamos al consumo nos produce una preocupación gigantesca. Un tiempo que podríamos dedicar a nuestros hijos. Mientras tanto, ellos se han situado en esa misma lógica consumista y al final nadie se ocupa de nadie. No se trata de un discurso moralista, sino de una convicción personal.


Daniel Pennac

Fuente: Barcelona Metrópolis

Proverbios...


“Si quieres ver la llanura, trepa a la montaña.”


Proverbio chino

Robinson y los robinsones / Claudio Magris








Originalmente en página 12 / radar


Recién salvado del naufragio y arrojado por las olas a la isla desconocida y solitaria, Robinson Crusoe, apenas instalado en un refugio provisional, organiza un sistema para medir el tiempo y –en la angustia de su situación y en la incertidumbre de su suerte– hace un verdadero y auténtico balance (mejor Balance, con mayúscula) “del estado de sus asuntos”, de lo bueno y lo malo de su situación, náufrago pero superviviente, separado del mundo pero en una isla no demasiado inhóspita ni peligrosa, solo pero provisto de muchas cosas que el mar arrastra a la playa. Realizado en unas tablillas, este balance de lo perdido y lo mantenido libera la mente de Robinson de la angustia por su situación, impide que su razón se precipite en el pánico; no afecta a una esfera de la actividad sino a la vida entera, y lo recibe con placer físico, casi sensual, como las ásperas ropas sobre la piel, el calor del fuego y los olores del bosque.
La epopeya burguesa de la conquista del mundo desconocido, de la que la novela de Defoe (1719) es la primera y más grande expresión poética, vive la economía como fuerza vital, el fluir del dinero como la impetuosa circulación de la sangre; también la contabilidad es aventura, como los tráficos y los naufragios que ésta registra. En la isla desierta de Robinson ni hay dinero ni es necesario; no existe el valor de cambio: “Sólo tenía Valor lo que podía Utilizar”. Pero la partida doble abarca todo; la construcción de la casa en el bosque, la exploración de los alrededores, la caza, el miedo, la oración y la fe en la Providencia, como decía Marx. El tiempo, en esa lucha solitaria por la supervivencia, es más que nunca dinero. Las tempestades de la naturaleza alteran la existencia y el orden preestablecido, pero toda acción humana es Proyecto, planeado racionalmente y vivido con pasión; ninguna obra, dice Robinson en la selva, “puede emprenderse antes de calcular los Costos”. (...)
Un gran libro no se agota nunca en las interpretaciones ideológicas, que no lo empobrecen sino que lo enriquecen, demostrando su inacabable riqueza que a cada época, como a cada lector, desvela nuevos aspectos y nuevos significados y responde así a las diferentes preguntas de las generaciones que se suceden. Cuando Marx lee y discute sobre Robinson Crusoe es como Platón cuando lee y discute sobre Homero, yendo más lejos que él, pero sólo gracias a él, y encontrándoselo a cada paso inesperadamente delante.



Robinson Crusoe es el libro de aventuras por excelencia, uno de esos magníficos libros en los que cada línea es insustituible, pero cuya grandeza es tal que puede ser captada incluso a través de resúmenes y adaptaciones reducidas como las que nos dieron a conocer a casi todos nosotros, en la infancia y adolescencia, esa historia inmortal, cuyo sentido esencial también resplandecía en aquellas sencillas versiones. (...) Esa gran y libre aventura de Robinson, que ensancha el corazón y lo abre a paisajes infinitos y a episodios arriesgados y tenaces, es asimismo una de las más grandes parábolas de la modernidad, de la que Defoe es “un Padre Fundador” (Cavallari). Robinson continúa y al mismo tiempo transforma la novela de aventuras y de viajes de los siglos precedentes; su pluma conquista lo desconocido y lo imaginario a la realidad y al conocimiento, puntillosamente práctico y utilitario, ampliando el viaje a una nueva alegoría moral del individuo moderno.

Robinson es el nuevo homo oeconomicus, un protestante capitalista entregado ascéticamente al trabajo; Defoe, que también ha narrado en otras obras maestras –poéticamente todavía más importantes– las desprejuiciadas hazañas eróticas de Moll Flanders y Lady Roxana, hace de Robinson un personaje sin vida sexual, “Adán sin Eva” (Cavallari): en la penúltima página, matrimonio tardío, paternidad y viudez del héroe se resumen en dos líneas y media, dentro de un total de trescientas páginas. Con el buen salvaje Viernes, Robinson vive en fraterna y democrática amistad, pero él es dueño y señor de la isla, vanguardia de la colonización blanca, encarnación bifronte de la ambigüedad del progreso, que lleva civilización y dominio, libertad y nuevas esclavitudes, en una trágica espiral que marca el pecado original de la modernidad.




En muchas historias precedentes de mar y de naufragio, la isla a la que arribaban muchos fugitivos, amotinados y rebeldes, era un refugio, un lugar de pureza y libertad donde escapar de los males de la historia y la sociedad; en cambio Robinson –como tantos imitadores suyos– vive la isla al principio como un exilio de la civilización y después la goza casi como una colonia. Profundamente religioso, Robinson es el adalid de una religión ilustrada del progreso y de la técnica que poco a poco absorbe cualquier trascendencia en una despiadada y niveladora secularización; como Ulises disuelve con su racionalidad el encanto –y el horror– del mito, de las sirenas y de los cíclopes, Robinson tritura la poesía de la vida en la férrea ejecución del Proyecto, en la finalidad social a la que se someten todas las diversidades de la existencia, y la novela es la sobria y muy poética representación de este triunfo de la prosa burguesa.

Defoe es al mismo tiempo cronista neutral, cantor imaginativo e inevitable develador del nuevo homo oeconomicus, destinado a dominar el mundo, y del capitalismo, la fuerza más revolucionaria, subversiva y desarraigadora de la historia, con su vitalidad creadora, destructiva y autodestructiva como el hado. No es casualidad que sea uno de los creadores si no el creador –después del Quijote– de la novela moderna, el género literario que asume en su propia forma la vitalidad, la vulgaridad, lo prosaico, el compromiso y la contradicción de la modernidad burguesa. Defoe capta este mundo en sus grandes novelas y lo refleja sin prejuicios en su trabajo de gran periodista que, consciente de cuánto condiciona el poder económico la libertad de prensa, logra decir la verdad confundiendo a quienes le dan trabajo, ya que pasa de los liberales a los conservadores para expresar ideas liberales, cobrando a menudo de los unos cuando trabaja para los otros.



Como decía Trevelyan, es el primero en ver morir el viejo mundo con ojos modernos; el primero en advertir que Europa y Occidente ya no eran capaces de comprender, de exorcizar, de integrar al Otro que estaban descubriendo y conquistando, ni de librarse de su fantasma. Como conviene a la obra maestra de un autor a menudo sin un céntimo, pero consciente del nuevo papel del dinero y del mercado, Robinson Crusoe fue el primer best seller de la literatura mundial: ya en la bibliografía de Ullrich, editada en 1898, se habla de 196 ediciones, muchas de ellas aparecidas muy pocos años después de la primera, y de 110 traducciones (incluidos gaélico, bengalí y turco). Por otra parte, la novela tuvo innumerables imitaciones y refundiciones, sobre todo en Alemania, donde aparecieron las llamadas Robinsonaden, cuyo número oscila en torno a las 200-250, si bien –como he podido verificar personalmente tras haber leído un centenar de ellas– es difícil establecer una cifra precisa, porque con frecuencia se superponen y se plagian unas a otras.
(...)
La robinsonada total, según Adorno, la escribió Kafka, en cuyos textos el hombre no es más que un náufrago solo en una realidad inexplicable. No hay final para el naufragio, pero tampoco inicio. Así como Selkirk, el marinero náufrago en cuyas aventuras se inspiró Defoe, había encontrado en la isla a otro que había llegado antes que él, Will el Mosquito, casi todo Robinson encuentra en la isla a un predecesor o las huellas de su estancia: un sajón encuentra a un viejo español; el alemán, en cambio, el cadáver de su padre; otros hallan escritos de náufragos, muertos mucho tiempo antes, en los que se habla de otros náufragos todavía más antiguos y así sucesivamente en un “pozo del pasado” que fascinaba a Thoman Mann y en el que nunca se toca el fondo. El origen es más incierto, intangible e infundado que el final; quizá no exista y el naufragio –el mal, el dolor, la insensatez y la resistencia a todo esto– se repite desde siempre. No es casualidad que Camus eligiera una frase de Defoe como epígrafe para La peste.

Franz Kafka


“No es necesario que salgas de casa. Quédate a tu mesa y escucha. Ni siquiera escuches, espera solamente. Ni siquiera esperes, quédate completamente sólo y en silencio. El mundo llegará a ti para hacerse desenmascarar, no puede dejar de hacerlo, se prosternará extático a tus pies.”
Franz Kafka

domingo, 21 de noviembre de 2010

Entrevista: Santiago Sierra


(…)
Pregunta. No abundan los casos de artistas que hayan renunciado a la púrpura de los premios oficiales (Sartre y el Nobel, Godard y el Oscar honorífico). ¿Por qué decidió rechazarlo?
Respuesta. Creo haber expuesto con mucha claridad mis razones en mi carta a la señora González-Sinde. No obstante, y por explicárselo de otro modo, digamos que ni por treinta ni por ochenta mil euros le daré nunca la mano a cómplices de la incoherente barbarie bancaria y militar, ni tampoco a gente que trabaja activamente contra el bien común.
P. ¿Era consciente del revuelo que se iba a armar?
R. Esperaba ser descuartizado como en otras ocasiones. Por el contrario mi correo está bloqueado con felicitaciones procedentes de todo el mundo. Creo que somos muchos los que estamos hartos ya de estar hartos de una casta política que se turna en el poder con el único objetivo de explotar a la población y ponerla al servicio de intereses privados.
P.Según ha explicado la ministra, cuando se lo comunicó usted respondió que estaba profundamente agradecido. No entiende que renunciara 24 horas después.
R. La ministra dice la verdad, estoy sinceramente agradecido a los profesionales del arte y la cultura por la decisión tomada. Lo digo sin ningún tipo de ironía.
P. En uso de su libertad, denuncia un Estado cómplice de las guerras, responsable de desmontar y liquidar del Estado de bienestar... Supongo que habrá leído los comentarios de satisfacción que muchos han volcado en el blog...
R. La democracia es una estafa, es la dictadura perfecta. Se elige entre dos dictadores: uno que sonríe y otro que gruñe. Ambos tienen los mismos jefes. Han convertido las elecciones en un acto de adhesión al régimen. Y si tras sus campañas propagandísticas multimediáticas no tragas, te mandan a los antidisturbios y listo. No sé hasta cuándo vamos a soportar esto, realmente no lo sé.
P.
También hay lectores de su blog que no entienden qué diferencia hay entre aceptar un Premio Nacional o el encargo para trabajar en el pabellón de España en la Bienal de Venecia. ¿Puede argumentarla?
R. Pues es muy simple de entender: en un caso te pagan por una reverencia y en el otro por hacer tu trabajo. Mi trabajo, evidentemente, no es hacer genuflexiones ante nadie.
P.Su trabajo ha tenido siempre un fuerte contenido político. ¿Cree que es cada vez más necesario que los artistas presten su voz a la realidad política?
R. Los artistas, como cualquier otro miembro de la sociedad, deben hacer lo que les plazca, es cosa de cada uno, y yo no soy quién para decir a nadie lo que debe o no debe hacer.
P. ¿Qué importancia da al mercado un artista como usted?
R. El mercado lo es todo y no parece haber más allá.
(…)
P. ¿Qué le inspira la masacre que acaba de ocurrir en el Sáhara?
R. Lo mismo que las de México, Guatemala, Brasil o África Central. Si me permite la expresión, son unos malditos hijos de banquero, es decir, todo es puro business.


Fuente: “El País”

Sam Shepard


A ver si lo entiendo
¿Dices
Que te tortura el no poder escribir
O que
No puedes escribir porque estás torturado?

¿Dices
Que estos tiempos te han convertido en un escéptico
O que
Estos tiempos confirman tu escepticismo?

Mira, voy a decirte una cosa
Preferiría tener que echarles el lazo a las reses
Que hablar de política contigo

Preferiría caer borracho perdido
Debajo de un camión con remolque

Tu desesperación es más aburrida
Que el Merv Griffin Show

Tu gimoteante lloriqueo
Tus grandes soluciones baratas para la delincuencia

Levanta el culo y ponte a cocinar
Haz con tu tiempo
Lo que quieras
Pero no malgastes el mío.

Sam Shepard (Crónicas de motel)