domingo, 2 de enero de 2011

Antonio Machado: Tres apuntes




EL TABÚ
Solución de todo problema


La cuestión religiosa es el gran tabú de nuestros indígenas. Todos han llegado a persuadirse de que tal cuestión no debe mentarse. La cuestión de régimen político, de forma de gobierno, es otro tabú, aunque de menor cuantía, desde que unos cuantos pedantotes la declararon inesencial. Nuestra posición ante la guerra europea es ya otro tabú. La cuestión social lleva el mismo camino. No está lejano el día en que con un ¡lagarto, lagarto! en boca de nuestros hombres de buen tono, la conciencia española (porque hay una conciencia española castiza) sacuda esta pesadilla. El problema de Marruecos dejará de ser problema muy en breve. Es el tabú en puerta. Cuando el cólera, que hace estragos en Rusia, llegue, si llega, a este gran promontorio de Occidente, tampoco habrá problema de higiene. El cólera será tabú, y nuestras autoridades inventarán un talismán o una simple palabra de conjuro para librarnos de esta preocupación.




VIRGILIO

Si me obligan a elegir un poeta, elegiría a Virgilio. ¿Por sus ÉGLOGAS? No. ¿Por sus GEÓRGICAS? No. ¿Por su ENEIDA? No.
1º Porque dio asilo en sus poemas a muchos versos bellos de otros poetas, sin tomarse el trabajo de desfigurarlos.
2º Porque quiso destruir su ENEIDA, ¡tan maravillosa!
3º Por un gran amor a la naturaleza.
4º Por su gran amor a los libros.





DIVAGACIONES Y APUNTES SOBRE LA CULTURA

¿A que debe tender el Estado futuro –dice Baroja- con más fervor? ¿A la producción de la alta cultura o a la difusión de la cultura media? Acaso el deber del Estado sea, en primer término, velar por la cultura de las masas, y esto, también, en beneficio de la cultura superior. No puede atenderse con preferencia a la formación de una casta de sabios, sin que la alta cultura degenere y palidezca como una planta que se seca por la raíz. Pero los partidarios de un aristocratismo cultural piensan que mientras menor sea el número de los aspirantes a una cultura superior, más seguros estarán ellos de poseerla como un privilegio. Arriba, los hombres capaces de conocer el sánscrito y el cálculo infinitesimal; abajo, una turba de gañanes que adore al sabio como un animal sagrado. Por lo demás, tiene razón Baroja cuando afirma que el sabio y el artista, aunque parezcan revolucionarios, son por su instinto conservadores. Pero el Estado debe sentirse revolucionario atendiendo a la educación del pueblo, de donde salen los sabios y los artistas.

Antonio Machado (Madrid, 1922)

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