martes, 11 de enero de 2011

Dashiell Hammett (1894-1961)



Una gabardina, tabaco, alcohol, desencanto y un inquebrantable código moral, que no necesariamente coincide con el de la sociedad, son los atributos con los que Dashiell Hammett, de cuya muerte se cumplen 50 años, vistió al detective Sam Spade en “El halcón maltés” e inventó de paso la novela negra. Hammet inició una "larga y compleja estirpe de escritores que usaron el género negro no tanto para resolver un misterio como para descubrir la podredumbre del entramado social y las miserias del alma humana".


“Las historias de Continental Op reflejan fidedignamente el trabajo de investigador del propio Hammett en la agencia Pinkerton. Tuvo que dejarlo por problemas de salud y porque no le gustaban los encargos de rompehuelgas que a menudo exigía la agencia.”


Un código moral de caballero andante, quizá espejo del propio Hammett, a quien su negativa de delatar a supuestos militantes comunistas le valió unos meses de cárcel en 1951. "Un hombre debe mantener su palabra", dijo la noche antes de ocupar su celda.


(Hammett fue) El que denuncia la más repugnante de las estrategias del terror: la del terrorismo de Estado. La actualidad de los textos de Hammett sobrecoge cuando el lector va más allá del glamour -Bogart fuma sin filtro y a Verónica Lake un mechón de pelo le tapa la mitad de la cara- para preguntarse qué cuentan sus novelas: por ejemplo, a quién votamos cada vez que metemos el voto en una urna; quién lleva las riendas; quién es el que manda. Eso es todo. La realidad que retrata Hammett nos es familiar, reconocible. Sigue habiendo razones para escribir novelas así, pero quedan muy pocos escritores dispuestos a arriesgar tanto.


El 10 de enero de 1961, Hammett moría en su Estados Unidos natal.

***

“Dashiell Hammet creía en el derecho del hombre a la dignidad y jamás, durante toda su vida, jugó a otro juego que al suyo propio: nunca mintió, nunca fingió, nunca se rebajó.”


Lillian Hellmann (en el funeral de Dash)

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