miércoles, 5 de enero de 2011

Flann O'Brien / El tercer policía


“-El principio básico de la sabiduría se basa en hacer preguntas pero no contestar ninguna –dijo-. Usted adquiere conocimiento preguntando, y yo, no contestando. ¿Sabe usted que ha habido un gran aumento de la delincuencia en esta localidad? El año pasado tuvimos sesenta y nueve casos de conducción sin luces y cuatro robos. Este año hemos tenido, de momento, ochenta y dos casos de conducción sin luces, trece casos de conducción por la acera y cuatro robos. Existe un caso de vandalismo sobre una bicicleta de tres marchas; con toda seguridad habrá una demanda cuando vuelva a reunirse el Tribunal, y la parte acusadora será la parroquia. Tengo la certeza de que antes de que acabe el año habrá algún robo de bombín, signo de criminalidad muy depravado y despreciable, un descrédito para el condado.
-Sin duda –le dije.
-Hace tres años tuvimos un caso de manillares sueltos. Fíjese que cosa tan rara. Tardamos entre los tres una semana en formular la acusación.
-Manillares sueltos –murmuré. No entendía el motivo de tanta cháchara sobre bicicletas.
-Y luego está la cuestión de los frenos. El condado está infectado de frenos en mal estado, la mitad de los accidentes se debe a esto, miles de casos.
Pensé que sería mejor desviar la conversación hacia otro tema que no tuviera nada que ver con bicicletas.
-Me dijo usted la primera regla de la sabiduría –dije-, ¿Cuál es la segunda?
-A eso sí que le puedo responder –dijo-. Hay cinco en total. Haga siempre cualquier pregunta que tenga que hacer y no responda ninguna. Aproveche en su propio interés todo lo que oiga. Lleve siempre consigo material de repuesto. Gire a la izquierda el mayor número de veces posible. Nunca frene primero con el freno de delante.
-Unas reglas muy interesantes –dije secamente.
-Si las sigue –dijo el Sargento- salvará su alma y nunca sufrirá una caída en carreteras resbaladizas.
-Le estaré muy agradecido si me explica cuáles de estas reglas conciernen al problema que he venido hoy a relatarle.
-Ahora no es hoy, es ayer –dijo- pero, ¿de qué problema se trata? ¿Cuál es el crux rei?
¿Ayer? Decidí sin titubear que era una pérdida de tiempo tratar de entender siquiera la mitad de lo que decía. Perseveré en mi indignación.
-He venido a informarle de manera oficial del robo de mi reloj de oro americano.
Me miró a través de una atmósfera de enorme sorpresa e incredulidad y levantó las cejas hasta casi tocar el pelo con ellas.
-Esa es una declaración sorprendente –dijo al fin.
-¿Por qué?
-¿Por qué iba nadie a robar un reloj pudiendo robar una bicicleta?
(…)
-¿Ha visto usted alguna vez a alguien montado en reloj carretera abajo, o transportando un saco de turba hasta su casa en el cuadro de un reloj?”

Flann O’Brien (El tercer policía)

No hay comentarios:

Publicar un comentario