viernes, 7 de enero de 2011

Javier Tomeo


ESCLAVOS Y LAMPREAS

El patricio empuja al más anciano de sus esclavos a la piscina y las lampreas se lo agradecen con largos chillidos. Es muy probable que, de tener manos, aquellas lampreas le hubiesen aplaudido. Dos horas más tarde, sin embargo, todas aquellas voraces criaturas, convenientemente troceadas, están metidas en una cazuela de barro con un par de dientes de ajo, dos kilos de cebollas y un dedo de aceite de oliva.
Cuando empieza la cocción, el cocinero echa en la cazuela un pellizco de sal y la deja a fuego lento durante media hora. Después sirve las lampreas con un poco de arroz blanco y una rebanada de pan frito. Los doce comensales se frotan las manos y empuñan cubiertos. Ninguno de ellos tiene un recuerdo piadoso para el esclavo.
-¡Vivan los novios! –gritan los más exaltados, como si estuviesen en un banquete de boda.
Esa misma noche de pesadas digestiones se soñará convertido en gusano, pero nunca sabrá quién le ha enviado la pesadilla, si las lampreas que había devorado, o el esclavo al que las lampreas habían devorado.

Javier Tomeo (Los nuevos inquisidores)

1 comentario:

  1. Lo de siempre: unos esclavos y los otros comiendo.
    Salud
    Francesc Cornadó

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