viernes, 21 de enero de 2011

Otrerías


He de reconocer que desde hace algún tiempo casi todas las mujeres que frecuento (creo que estoy encoñao) de manera voluntaria, digo, son del tipo que el vulgo califica como viejas y que con respecto a su edad son octogenarias o están en puertas. Esta inofensiva y viciosilla perversión es una de mis últimas aficiones y he de reconocer que su práctica continuada me está resultando muy pero que muy gratificante además de, pásmense, absolutamente rejuvenecedora. De alguna forma, además, ha invertido la tendencia que me empujaba inexorablemente hacia una cada vez más firme y profunda misoginia. Para nadie que me conozca un poquito es un secreto que la gente, en general, me cae muy mal, no me gusta. Y cuando es en concreto y de cerca, salvo muy escasas excepciones, todavía peor; entiéndanme: por las apariencias (esas buenas pintas, ese buen olor, ese buen tono, esas sonrisitas) que como todo el mundo sabe es lo único de lo que te puedes fiar.
Yo, por mi parte, me trabajaba sin ningún disimulo la pose de misántropo generalista, quiero decir, sin marcadas tendencias de género: ecuménica. Pero resulta que últimamente y por reseñar algunos casos, entre las dos señoras vicepresidentas, las pajines, la sinde, la perrita y la bizca del pp (Tomeo dixit), las rosas díez y monteros, las elviritas lindas y demás…pues tengo que reconocerlo, en mi opinión a lo asquerosito de su calaña, a lo estólido de sus argumentos y a lo abyecto de su nada abnegada labor añaden la escasez de la ración y como ya sabemos que la gente como yo nunca está conforme con nada y menos con el lugar que le ha tocado en las relaciones de producción (mas que nada por lo del reparto de las plusvalías) y siempre está en plan llorica y poniendo pegas a todo…

Pero en éstas leí, porque tiempo libre sí que tengo, aunque no sé donde, que la gente insensata no debe de confundir la parte con el todo ni el todo con el lateral izquierdo ni el frontal con los bajos fondos y que aunque la mayoría de los componentes de un determinado género de acreditadas pelanduscas nos provoquen rechazo, hay que dar una oportunidad a la pazzzz y otra al amorrrrrrrr, porque donde menos lo esperemos te encuentras acampado a un consanguíneo o puede aparecer una espléndida oportunidad de negocio. (Por ejemplo: quien les iba a decir a ustedes, criaturas bienpensantes, que en lugar tan miserable como Haití se pueden amasar, como se han amasado, grandes fortunas. ¿Se percatan o siguen sin coscarse?)
Pero no nos vayamos por los cerros de Úbeda que estamos muy a gustito aquí en Babia. Como les iba predicando, de las octogenarias habitualmente uno piensa de todo y nada bueno. Que si la pérdida de la turgencia les ha quitado el encanto físico, que si se han quedado en puro pitraco arrugado, que si las pequeñas pérdidas las ponen perdidas, que si ya no ven, casi no oyen, que si están secas y no producen fluidos que compartir, que no les funciona regularmente el tránsito intestinal, no sienten, no padecen, son viejas y se les nota en demasía…y bien, en ciertas partes muy castigadas por el uso o su falta puede que sí, pero en su obra, tras degustarla muy placenteramente por cierto, paréceme que no, rotundamente no, afirmaría.
Un suponer: Idea Vilariño, Louise Bourgeois, Alice Munro, Patricia Highsmith, Nancy Spero, Adrienne Rich, Aurora Venturini, Wislawa Szimborska, Ana María Matute…

Como decía el siempre sobrio y sensato Charles Bukowski: “chavales, podéis quedaros con vuestras vírgenes…”

Y si se me permite añadir, de las octogenarias que lo acepten, faltaría más, ya me ocupo yo.

ELOTRO

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