jueves, 27 de enero de 2011

Ricardo Piglia / Diarios


Jueves


Curiosamente nadie parece haber reparado en que no fue T. W. Adorno el primero en establecer una relación entre el futuro de la literatura y los campos de exterminio nazis. En 1948 Brecht, en sus Conversaciones con los jóvenes intelectuales, ya había planteado el problema. "Los acontecimientos en Auschwitz, en el ghetto de Varsovia y en Buchenwald no admiten indudablemente descripción alguna en forma literaria. En efecto, la literatura no está preparada para semejantes acontecimientos, no ha desarrollado medio alguno para ellos".


Luego Adorno se refirió al mismo asunto en su ensayo de 1955 La crítica de la cultura y la sociedad, donde escribe con su habitual tono admonitorio: "La crítica cultural se encuentra frente al último escalón de la dialéctica entre cultura y barbarie: después de lo que pasó en el campo de Auschwitz es un hecho de barbarie escribir un poema, y este hecho corroe incluso el conocimiento que señala por qué se ha hecho hoy imposible escribir poesía". Brecht no acepta por supuesto esa condena de la poesía, sólo se refiere a las dificultades técnicas que plantean las relaciones entre historia y literatura.


Unos años antes, en su Diario de trabajo, el 16 de septiembre de 1940, había escrito: "Sería increíblemente difícil expresar el estado de ánimo con que sigo la batalla de Inglaterra en la radio y con que luego me pongo a escribir Puntila. Este fenómeno demuestra por qué no se detiene la producción literaria, a pesar de guerras como ésta. Puntila casi no significa nada para mí, la guerra lo significa todo; sobre Puntila puedo escribir casi cualquier cosa, sobre la guerra nada. Y no quiero decir que no escribir, sino que realmente. Es interesante observar cómo la literatura, en tanto práctica, está alejada de los centros en los que se desarrollan los acontecimientos de los cuales depende todo".


La tesis de Adorno encontró rápida difusión entre los críticos culturales siempre dispuestos a aceptar la metafísica del silencio y los límites del lenguaje. Brecht en cambio, con astucia y sin ilusiones, siguiendo la experiencia de los perseguidos y de los malvivientes, nunca se preguntó si era lícito lo que estaba haciendo, sólo le interesaba saber si era posible.

Ricardo Piglia (Diarios)


Fuente: El País

2 comentarios:

  1. Hola Luis:

    ¡Ay, Piglia de mis amores y mis dolores!

    Cargarse a Adorno es fácil. A veces, leo en revistas literarias o en suplementos más o menos "Bobelios" consideraciones sobre la relación Adorno-Benjamin que poco menos que lo acusan a Adorno de haber entregado a Benjamín a los nazis en Port Bou. Piglia es hábil y lo enfrenta a Brecht. Pienso que tal enfrentamiento conceptual no existe. ¡¡Cuánto daría yo en estos momentos por que existieran un Adorno!!, sólo uno para que hiciera un poco de daño entre tanto pensamiento único y tanta mierda posibilista que nos acosa. Muertos Foucault, Deleuze, Derrida quien nos queda como pensadores desde la crítica pura y dura ¿Umberto Eco? ¿Chomsky? Todo depende hasta donde estemos dispuestos a bajar el listón.

    En esta reflexión de Piglia hay un poco de trampa porque nadie o casi nadie puede estar en contra de la postura de Brecht, lo que Piglia calla es que, allí donde en Adorono había teoría pura y dura -marxismo de la Escuela de Fracnfort pero marxismo al fin- en Brecht había compromiso estético y militancia política -militancia desde un marxismo brechtiano, pero marxismo al fin-.

    En estas épocas en que la barbarie no sólo gana terreno sino que además señorea los triunfos de la burguesía -de la de siempre de y de los nuevos ricos chinos o de los neomafiosos rusos, todo vale- retrotrayéndonos ya no a comienzos del s.XX,sino a épocas premarxistas uno echa en falta alguien, uno o una, levante la voz en la teoría y en la práctica.

    (ya veremos quién salda políticamente el tirón tunecino, me temo que los de siempre).

    un abrazo,
    salut,
    hugo

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  2. Hola Hugo:

    Leo a Piglia desde hace bien poco, “El último lector” y “Plata Quemada”, creo recordar, me gustó y sobre todo me parece interesante los asuntos que pone sobre el tapete, recordando a Benedetti. A mí, Piglia, ni dolores ni amores, con los años se acabó la promiscuidad.

    Yo sí veo contradicciones entre la postura de Adorno y la de Brecht, aunque estoy de acuerdo contigo en que no son antagónicas. Es el tiempo el que, en este asunto, ha arrimado el ascua a la sardina de Brecht, pero la clave del tema más allá del holocausto judío, sigue ahí, ¿literatura para qué?

    Precisamente en Catalunya, existen algunos señoritos, por ejemplo Azúa, que no escribe una sola vez el nombre de Brecht sin calificarlo de “abyecto”. A Adorno ya lo dan por amortizado pero a Brecht lo siguen atacando con saña porque su obra, la poética, la ensayística, la teatral, sigue haciendo daño al sistema y como de frente no dan la talla utilizan lo que sea, “Benjamin”, para tratar de desviar la atención de lo que realmente importa. Son los mismos devotos de Vargas Llosa, hasta el extremo de que J.Cercas lo califica de izquierdista y afirma muy farruco que si la izquierda no acepta “el izquierdismo de SuperMario, a él que también lo borren de la lista”. ¡Y éste es el tipo que les cuenta a los españolitos lo que fue la transición y en su anterior éxito de crítica y público la clave “de la guerra civil”!.
    Ésta es la gentuza que tiene público y que escribe la historia avalada por el poder dominante. Y los discrepantes somos además de ínfima minoría, unos fracasados resentidos, así que…
    Y para colmo cuando los capataces de la patronal convocan a una fantochada de huelga general, para coronar el pastel, hasta los más “enteraos” pican el anzuelo, en fin.

    ¿Literatura para qué?
    Un saludo.

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