miércoles, 26 de enero de 2011

Vicente Molina Foix


Paqui Aguilar
“La Devesa”
Carretera de Teulada
Jávea (Alicante)
Espagne


París 2 de septiembre de 1964

Querida Paqui:


Te escribo aunque dentro de dos semanas ya me tendrás en Valencia, y con mil cosas que contarte. Pero como son tantas las que cada día me pasan, tanto lo que veo y escucho y aprendo, me apetece adelantarte algo.
Acostada por acostada. Por fin me fui a la cama anteayer con Tullio, pero no en su “chambre de bonne”. Aquí todos vivimos en esas habitaciones de chacha, unos cuartos asquerosos que las familias tienen en las buhardillas de los edificios y que antiguamente eran los cuchitriles del servicio; ahora que ya no hay criadas o si las hay no son de las de dormir en casa, los parisinos alquilan esos cuartuchos sin water ni lavabo a los estudiantes como nosotros. La mía es muy céntrica, está al lado de la academia donde estudio francés y de los cines del Barrio Latino que son a los que más voy. Pago poco, y hago ejercicio subiendo todos los días los seis pisos sin ascensor.
Lo que te decía. Como a Tullio su portera no le deja subir con gente y en mi chambre no era plan, nos dejó su cama, en un cuarto más grande que los de “bonne”, Faustino el Juez, así se le llama porque prepara desde hace tiempo y yo creo que no muy en serio oposiciones a judicatura. Tendrá más de treinta años y es muy amable y muy culto y muy politizado. Pero mi acostada te la quiero contar cuando nos veamos, me da no sé qué por carta. Sí te digo que ni fu ni fa, quizá porque era la primera vez que lo hacía “con premeditación”, como diría el Juez. Con Moncho no, no he estado nunca en ese plan, aunque dos o tres veces nos metimos mano en su coche y él se corrió una noche, no sabes el apuro que le entró, porque me hizo una mancha en la falda.


Cuando acabamos Tullio y yo (él se vuelve mañana a Italia, y yo creo que nunca más nos veremos), le tenía que devolver las llaves de su cuarto al Juez, y nos encontramos en un café del bulevar Saint-Michel. Faustino estaba con dos chicos de Madrid, más jóvenes que él, y uno muy mayor, que era un exilado español de la Guerra Civil. También se unieron después al grupo del café uno de unos 50 años, Ramiro, que había sospechas de que fuera un confidente de la policía española, aunque a mí me cayó bien, hablando con él al salir del bar sobre literatura, en la que está empollado, y otro muy simpático y hablador, más bien “trosko”, Antonio López Campillo, casado con una francesa rubia, Evelyne, que también vino y hablaba poco.

Estuvimos charlando dos horas todos los del café, y esa conversación y lo que vino después me ha hecho pensar mucho y me ha abierto algunas puertas en mi cabecita ignorante. Paqui, ¿te suena el nombre de Julián Grimau? Seguro que no, como a mí. Grimau era un dirigente comunista importante, un pez gordo de su partido, que fue detenido, dicen que por un “soplo”, en Madrid, donde vivía haciendo trabajo político clandestino. En uno de los interrogatorios en la Dirección General de Seguridad los de la Social le tiraron por una ventana, después de “haber pasado por sus manos”, aunque la policía dijo que Grimau se había tirado él mismo, para suicidarse. Tuvo fractura de cráneo y heridas graves en las muñecas, pero en cuanto se curó le juzgaron en Consejo de Guerra, acusándole de delitos de tortura que habría cometido durante la Guerra Civil. Fue condenado a muerte y fusilado el 20 de abril del año pasado, y eso que medio mundo se movilizó en contra y hasta el Papa le escribió a Franco una carta pidiéndole que conmutara la pena. Le dieron veintisiete balazos, y como la Guardia Civil no quiso formar pelotón, tuvieron que disparar soldados jóvenes de los que están en la mili. Una carnicería. La prensa española, que está toda controlada por el gobierno y censurada, no dijo nada, y por eso nadie en España se enteró del caso, que en toda Europa fue sonadísimo. Ahora además se ha sabido que el Fiscal que le acusó ante el tribunal militar, un tipo que pedía siempre penas de muerte en todos los juicios, ni siquiera tenía los estudios de Derecho, y parece que le han metido en la cárcel por falsificar sus títulos. Pasado mañana, aprovechando que el Ministro de Información y Turismo Fraga Iribarne pasa por París dentro de la campaña del gobierno para hacer propaganda en Europa de nuestros “25 Años de Paz” (sin comentarios), hay una manifestación de protesta ante la embajada española, pidiendo la revisión del caso de Julián G. y una condena de la ONU por los abusos legales de ese tribunal que le condenó sin pruebas. Ya te diré de palabra todo lo que vea y escuche.
Ahora me despido, con muchos besitos y ganas de verte


Begoña.



Vicente Molina Foix (El abrecartas)

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