sábado, 12 de febrero de 2011

El esplendor del románico




El esplendor del románico a través de la colección del Museu Nacional d’Art de Catalunya.


Fundación Mapfre, Madrid 10 febrero – 15 mayo 2011

* El término románico se aplica al arte y a la arquitectura europeos del período comprendido entre los siglos XI y XIII. En realidad el concepto fue introducido en el siglo XIX por los lingüistas para designar las lenguas derivadas del latín, y fue adoptado en el mundo del arte al entenderse que las fórmulas arquitectónicas de esta etapa derivaban, también, del mundo romano. El románico constituyó pues una de las primeras manifestaciones artísticas relativamente homogéneas en el conjunto de Europa, algo inédito desde la Antigüedad.

* Desde una estrecha relación con el marco arquitectónico, las otras artes del románico se caracterizaron por la tendencia a la geometrización y abstracción formales, con una estética de signo antinaturalista que se manifiesta en el tratamiento del color o en la casi ausencia de referencias espaciales. Prevalece, por tanto, lo simbólico. Sin embargo, también tuvo un gran peso la herencia de la Antigüedad romana y el contacto con el imperio bizantino.





* El descubrimiento de estas obras de arte medieval había tenido lugar a comienzos del siglo XX, a menudo en iglesias aisladas del Pirineo que carecían de protección oficial. Al detectarse que iban a ser arrancadas de sus muros para ser vendidas y exportadas, intervino la Junta de Museos de Barcelona, que gestionó su compra…

* El arranque de las pinturas murales catalanas lo llevó a cabo un grupo de restauradores italianos entre 1919 y 1923. Utilizaron una técnica denominada “strappo”, que consiste en extraer la capa pictórica del muro. En esta técnica, se aplica a la superficie de la pintura unas telas de algodón empapadas en cola orgánica soluble al agua (telas de arranque). Al secarse la cola, se arrancan estas telas con la ayuda de martillo y escarpa, quedando la pintura original perfectamente pegada a ellas. A continuación, ya en el museo, se adhiere a la parte posterior de la pintura la llamada “tela de traspaso”, que servirá como soporte definitivo, y luego se retiran las telas de arranque disolviendo con agua la cola orgánica. Una vez traspasadas, las pinturas se fijan en unas armaduras de madera que reproducen los volúmenes y las superficies originales.

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